Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Jardín de la Inocencia

El Jardín de la Inocencia

Durante siglos, el feroz guardián del umbral entre dioses y humanos ha vivido en un aislamiento total. Pero ahora, la carga de una soledad eterna pone en riesgo su misión sagrada en el Jardín de la Inocencia. Todo cambia cuando una joven aparece por error en sus dominios, despertando sentimientos que él jamás había experimentado. El protector deberá entender su propio corazón y averiguar si este nuevo afecto podrá ser correspondido alguna vez.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

En un mundo que no es nuestro, ubicado en los sueños, el hombre vivía en armonía con los dioses por miles de años. Pero la maldad se apoderó del corazón del hombre y así pierde su inocencia.

Al ver corrompida la esencia del hombre, los dioses deciden romper lazos con ellos, ya que no cuidaban los regalos que les entregaron. Pero decidieron dejar un pedazo de este paraíso en la tierra, para que el hombre regresa el camino de la pureza, donde todos podían ver sus maravillas y riquezas, sólo desde la distancia, ya que, al ingresar a este bosque sagrado, la muerte sería su castigo.

Para ello, determinaron los límites del bosque con un haz de luz rojo y para proteger sus riquezas nombraron a un Guardián. Él sería por siglos la imagen de la muerte ante el hombre, aunque jamás nadie lo ha visto, solo a sus víctimas afuera de la línea roja, dejando solo sus cuerpos sin vida.

Es así como el hombre nombró al lugar de los dioses como el jardín de la inocencia.

...

En un poblado a 50 km de los límites del jardín de la inocencia, una joven se preparaba para un viaje con esperanzas e ilusiones de su boda que se aproximaba. La despedían afuera de su casa su prometido y madre, antes de subir al carruaje, siendo escoltada por varios guardias, además de ir con su dama de compañía.

— Si el clima es favorable, espero regresar en 2 días — dice Verónica

— Pequeña, cuidado en el camino, existen muchos bandidos por los alrededores — le contesta su madre.

— Madre, soy fuerte y ya he realizado viajes sola y más largos que esté. Además, voy con Felicia, ella sabe defenderse ante algún atrevido — Verónica ríe divertida

— Déjame acompañarte mi amor, el camino que realizarás es peligroso — dice Roberto — Tengo miedo de perderte, no me perdonaría si algo te llegase a ocurrir

Verónica mira Roberto con ternura.

— No puedes venir, sabes que no podemos estar juntos hasta que seas mi esposo, el vestido de novia que me dará mi prima, es el más hermoso que nunca he visto.

— Pero te aseguro que no lo veré, sólo quiero acompañarte para saber que estás bien.

— Mi amor, aún te quedan cosas por hacer aquí, mi padre llegará mañana. Por otro lado, la escolta que me diste es bastante grande.

— Señorita, es momento de marcharnos si es que queremos llegar antes de la puesta de sol — interviene Felicia

Verónica toma las manos de Roberto y las besa.

— Volveré en 2 días, cuida de mi madre y no te preocupes, regresaré.

— Que Dios te proteja hija mía. Adiós — se despide la madre de Verónica.

Verónica sube el carruaje en compañía de su doncella y se despiden desde la ventana, pero está saca la cabeza y grita desde el carruaje muy feliz.

— Regresaré en 2 días, no empiecen la boda sin mí.

Verónica tiene 21 años, es hija de una acomodada familia que encontró fortuna en la venta de especias. Su belleza es indudable, tiene grandes ojos grises muy expresivos, lo que le daban una apariencia dulce, su cabello castaño oscuro era largo que le llegaba hasta la cintura con suaves ondulaciones, lo que le permitía realizarse hermosos peinados. Su delgadez no ocultaba sus delicadas curvas que eran llamativas a pesar de los vestidos poco reveladores que le obligaba a usar su padre, protegiendo los atributos de su adorada hija y para evitar que su prometido tuviera pensamientos lascivos con ella antes del matrimonio.

De muchos pretendientes, quién fue digno de cortejarla era Roberto. Ellos se conocían desde la adolescencia y sus padres eran buenos amigos. No existía mejor combinación que unía a los negocios familiares con el amor.

Roberto era alguien serio y determinado. Su presencia imponía respeto, debido a que era alto y de espalda ancha, sus ojos marrones por lo general demostraban madurez, pero siempre eran tiernos al ver a Verónica, ya que desde que la conoció, ha estado enamorado de ella y con cada gesto adorable y romántico que él realizaba, no muy tarde, ella le entregó su corazón. Ahora su boda se aproximaba y con ellos, todas las ilusiones de una vida feliz.

El carruaje sigue su camino por el borde de un acantilado y abajo del él, se encontraba el jardín de la inocencia. La emoción de ver tan bello lugar desde la lejanía, hizo saltar de alegría a Felicia, quién apremia a su señora para que lo vea.

— Mire señorita, se puede ver desde aquí el jardín.

— Si pudiera sólo tener una de esas flores doradas del jardín para adornar mi cabello, sería la más envidiada de todas - decía Verónica con un tono soñador.

— Yo me conformaría con ver una criatura mística. Mi padre una vez me dijo, que vio un pájaro con plumas que cambiaban de color.

— Tú crees que sea verdad todas esas cosas que venden en el mercado de joyas. Dicen que son piedras del jardín.

— No lo creo señorita, estafadores existen en todas partes y el Guardián del jardín no dejaría vivo a nadie quien se atreva a cruzar la línea roja

— Dice que los mata de forma horrible. Mi futuro suegro dijo que uno de sus trabajadores encontró a un desafortunado fuera de la línea roja — Verónica le hablaba con tono macabro a Felicia — lo encontraron destajado en cinco pedazos. La familia tuvo que unir sus miembros para colocarlo en el féretro.

— Señorita no me diga esas cosas, me da mucho miedo — decía asustada Felicia.

Verónica no se detenía y seguía asustando a Felicia y hablaba con voz misteriosa.

­­ — Dicen que tampoco perdona a los niños que entran en sus territorios, es un ser maldito que los Dioses no quisieron tenerlo cerca y por eso le dieron tan malvada misión. Algunos dicen que es un monstruo con cuerpo de elefante y cabeza de León

— Por favor señorita, no continúe — dice Felicia suplicante y llorosa — no quiero escuchar más esas cosas, me dan mucho miedo y ahora que estamos tan cerca de jardín, pienso que podríamos caer en él, eso me causa pánico.

Verónica reía de manera traviesa.

— Pensaba que eras más valiente. Además, no tienes por qué temer, primero tendríamos que caer en sus terrenos antes de que el Guardián venga hacia nosotras.

Mientras miraba aquellas jóvenes el hermoso paisaje de tierras prohibidas, en otro lado muy cercano a su carruaje, estaban dos hombres hablando.

— Se está acercando una caravana, traen una gran cantidad de guardias, deben ser muy ricos

— Qué bien, hace días que no teníamos diversión. Por lo general sólo transitan campesinos por aquí.

— Creo que son 20, contando al conductor

— Será muy fácil derrotarlos.

Aquellos hombres eran bandidos de los caminos y les dan una señal a sus hombres, un total de 50 bandidos que venían armados con armas artesanales.

— Ya saben qué hacer, matan a los valientes, los que quieran correr que se vayan

— Si encuentran mujeres y si son bellas, el primero seré yo — decía uno de los bandidos

— ¡¡¡VAMOS MI GENTE!!!

Los bandidos salen corriendo por las pendientes del acantilado, lugar estratégico para encerrar a sus víctimas y eliminar las posibilidades de escapar.

— ¿Por qué nos detenemos? Hay mucho ruido afuera — dice Verónica preocupada, al notar que su carruaje no avanzaba y gritos se escuchaban.

Felicia mira por la ventana y regresa rápidamente hablando con apuro.

— Señorita, son ladrones, están atacando y tenemos que salir de aquí.

Bajan rápidamente del carruaje. La batalla entre los guardias y bandidos era ardua y la sangre teñía el camino. Ya se podía ver algunos caídos y lastimosamente eran más guardias de la escolta de Verónica que algunos de los ladronzuelos.

Uno de los bandidos ve a las mujeres que estaban aterradas al lado del carruaje.

— Pero miren qué premio encontramos aquí, unas hermosas muñequitas con vestidos de princesas.

— Señorita corra lo más que pueda — Felicia en su desesperación, empuja Verónica para que corra detrás del carruaje.

Verónica asustada, corre al borde del acantilado, pero escapar sin caer por él o sin que un bandido la atrape, era casi un milagro.

Verónica escuchaba a la distancia, como Felicia gritaba mientras los bandidos la golpeaban y quitaban sus prendas rudamente, sosteniéndola con firmeza para impedir que huya.

Uno de aquellos hombres se acerca lentamente de manera desafiante en donde se encontraba Verónica mirando estupefacta lo lo estaba ocurriendo con Felicia, y con tono burlón le habla.

— Princesa, no tengas miedo, te trataremos muy bien

— Exactamente, te enseñaremos algo que tu mamá no — reía otro de los hombres de manera desagradable

— Pero no queremos hacerte daño, ven para que te diviertas con nosotros

— Exacto, como tu amiga que está gozando con nuestros hombres

La escena de Felicia era tan horrible que, Verónica nunca imaginó que la conducta humana fuera tan cobarde. Hombres miraban la escena esperando ser el próximo, mientras otros robaban los caballos y saqueaban a los cadáveres. Verónica miraba desesperadamente entre los bandidos y el acantilado y reflexionaba: "Si me dejase atrapar por estos hombres, podré regresar con Roberto, quizás él me rechace por no ser pura. En ese caso prefiero morir y siempre dejarle el recuerdo de quién era yo"

Verónica se acerca al borde del acantilado y mira hacia abajo.

— Cuidado niña, no querrás caer y ser comida de buitres — dice uno de los bandidos

— Preferiría morir antes que unos bastardos como ustedes me toquen.

Sin decir más y antes de que uno de los bandidos pudiera detenerla, Verónica salta por el barranco. Mientras caía podía ver como Felicia se despedía a través de sus ojos desde la distancia.

La escena ocurría de manera lenta y podía ver momentos de su vida mientras pensaba.

"Mi vida fue buena, les agradezco. Perdóname madre, perdóname padre, perdóname Roberto mi amor... por ser cobarde"

Mientras caía, el cielo se abría para ella y colores brillantes envolvían su cuerpo, la preocupación pasó y luego a nada. Todo se volvió negro.

Uno de los bandidos miraba por el barranco a la joven que yacía en el fondo.

— Chica estúpida, deberíamos ir a buscar su cuerpo y cobrar un rescate a su familia

— Olvídalo, está completamente en los terrenos del jardín, si la caída no la mató le dará el toque final el Guardián.

El líder de los bandidos grita dando una orden para que todos salgan del lugar. Nuevamente uno de los bandidos vuelve a mirar por el acantilado el cuerpo de la bella joven, pero ya no se encontraba ahí, sólo un rastro de sangre que dejó su caída.

— Realmente el Guardián es implacable — decía el bandido con asombro y regresa con los suyos.

También te puede gustar

Portada de la novela Culpable, su majestad
9.3
La caída de la realeza comenzó con una traición devastadora. Mientras la princesa suplicaba piedad, el príncipe se hundía en el engaño. Freya, obligada a robar en las calles para no morir, halló un nuevo propósito tras sufrir una condena injusta. Aquella mañana de tortura y falsas acusaciones cambió su rumbo: tras ser declarada culpable, juró dedicar cada segundo de su vida a desmantelar la corona y obtener su anhelada venganza contra el reino.
Portada de la novela Dilemas de un rey enamorado
8.8
Tras largos años de un compromiso acordado por sus padres, el rey Zuberi cumplió su sueño de casarse con el amor de su vida, la reina Brida del reino del Oeste. Sin embargo, ella no corresponde a sus sentimientos porque aún no olvida a su primer amor que falleció en penosas circunstancias. Un día, se presenta al trono una chica de quince años, quien se autoproclama la hija perdida de la reina. La presencia de la joven causa revuelo en la Corte y Zuberi se debate entre si despreciarla o aceptarla, siendo que pertenece a aquel hombre que, a pesar del tiempo, todavía ocupa el corazón de su esposa.
Portada de la novela Dos Hermanas, Un Alfa
7.9
Para proteger a su hermana Florencia, Aurora confiesa un pecado que no cometió: haberse entregado a Romeo Ferrara, el Alfa de la manada rival. Este sacrificio le arrebata a su prometido, Víctor, quien termina casándose con Florencia. Exiliada con el enemigo, Aurora descubre un deseo irrefrenable por Romeo. Sin embargo, cuando el amor florece entre ellos, Florencia regresa para intentar reclamar al Alfa, desatando una guerra de traiciones y pasiones.
Portada de la novela Esta Vez Pido Divorcio
9.6
Elena vivió una pesadilla de seis años tras casarse con Ricardo mediante engaños. Tras sufrir humillaciones y perder a su hijo y su propia vida en un trágico accidente, despierta inexplicablemente en el pasado. Ahora que ha regresado al momento previo a su embarazo, tiene la oportunidad de cambiar su destino. Decidida a no repetir su historia de dolor, opta por abandonar a su esposo y buscar su libertad, dejando atrás esa obsesión que la destruyó.
Portada de la novela La otra cara del príncipe
8.5
Tras trece años de exilio y el trauma de ver morir a su madre, el príncipe Tuva Eke regresa marcado por el desprecio familiar y sus limitaciones físicas. Aunque muchos lo tachan de demente, él busca justicia en un mundo en plena transformación. Su destino se une al de una mujer llena de prejuicios tras un matrimonio impuesto. Juntos, superarán el rechazo inicial para formar un vínculo capaz de desafiar el poder de los grandes líderes de las estepas.
Portada de la novela Las bellezas del rey
9.3
La corte imperial se convierte en un campo de batalla donde diversas mujeres luchan por el afecto del soberano y el poder absoluto. Ezra Azzar ingresa al harén buscando una vida de servicio y tranquilidad, pero se topa con una red de conspiraciones que pone en riesgo su seguridad. Entre traiciones y secretos, las candidatas florecen y caen. Ezra deberá sortear intrigas peligrosas para sobrevivir mientras se decide quién ganará el corazón del rey.