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Portada de la novela El italiano despiadado

El italiano despiadado

Lorenzo Lombardi es un magnate tan brillante como implacable. Pese a su compromiso con Bianca, este hombre cruel no frena sus deseos y mantiene múltiples amantes. Su mundo se trastoca al cruzarse con Lucía Navarro, quien se vuelve una obsesión adictiva para él. Aunque ella intenta mantenerse firme y no doblegarse ante su imponente presencia, la gran duda es cuánto tiempo logrará resistir el control de un hombre que no acepta un no por respuesta.
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Capítulo 2

Dejo el maletín sobre el inmenso sofá de la sala y voy hasta la habitación de mi madre. Ésta casa siempre huele a limpio, me gusta lo grande y hermosa que es, fue buena elección de mi parte, para regalo de su cumpleaños, hace 10 años, cuando tenía 16.

—Hola madre —digo acercándome a ella para besar su frente.

—Hola Lorenzo, tú por aquí tan temprano.

—Si, tengo una cena importante en una hora.

—Lo imaginé  —dice dejando el celular a un lado —Bianca me tiene la galería llena de tantas fotos de vestidos de novia que me envía —dice frotando sus sienes.

—Haz como yo, bloquéala.

—Por Dios hijo, que cruel eres. Dime  aque se debe tu visita.

—Ya casi la empresa de Hanna Cruz, es mía —digo sentándome en el bench.

—¿Cuántos le ofreciste? —pregunta mi madre mirándome con acusación.

—6 millones de dólares.

—Quedamos que eran 8, Lorenzo Lombardi. —me reprocha.

—Le dije que le pagaría la liquidación a cada uno de sus empleados, sólo son 15, tienen poco tiempo, además de ahí pagaré el abogado, sumando todo, sería 8.5 millones de dólares. Todo fue bien calculado madre —digo sonriendo con malicia.

—No sé que haré contigo, eres tremendo —dice riendo.

—Si si, también te amo —digo levantándome —debo irme, si Bianca pregunta por mi, le dices que me fui a Colombia en yola.

—¡Por Dios Lorenzo! —dice mi madre poniendo su mano en la frente.

—Es que me tiene hastiado —digo besando se frente para marcharme.

Llego a mi apartamento y preparo algo de comer mientras escucho las canciones de Andrea Bocelli. Amo la cocina, aunque tengo poco tiempo, el cuál lo distribuyo entre el gimnasio, mi madre, mi novia y las putas.

Después de comer y ducharme, me visto y voy hasta el estacionamiento en donde está mi chofer, me abre la puerta  y subo.

Llegamos a la casa de  Hanna y yo entro cuando la puerta se abre.

—Muy bonita y segura tu casa —digo observando todos los cuadros.

—Gracias, siéntete cómodo —dice tomando una botella de vino.

Me siento y dejo mi celular sobre la mesa delante de mi.

Ella extiende la copa y yo la tomo, se sienta a mi lado y observo sus piernas delicadas. Ella la cruza y habla haciendo que la mire.

—¿Qué tiempo tienes con Bianca?

—Más o menos un año —digo luego de dar un sorbo.

—Interesante —dice dejando la copa en la mesa y yo hago lo mismo.

Se levanta y se saca el vestido dejando su ropa interior blanca bastante sexy; ami vista.

—Mmmm linda pieza —digo acercándome como un tigre a su presa.

—Me la puedes quitar —dice acariciando mi hombro.

La levanto por la cintura y la coloco en la mía, la pego a pared, la acerco y hundo mi cara en su cuello. Huele delicioso.

Lamo todo su cuello y el lóbulo de su oreja, sintiendo mi miembro reaccionar a dicho acto. Ella con sus manos nerviosas empieza a desabrochar mi camisa, la bajo y la hago arrodillarse ante mi. Ella me mira y luego quita el cinturón y el botón de mi pantalón.

Me saca los zapatos, el pantalón y el bóxer.

—Ya sabes lo que debes hacer —digo mirando mi miembro levantado ante ella.

En un vaivén de lamidas y chupadas me hace un rico oral.

Después de más de media hora arrodillada frente a mi, me corro en su boca. La sostengo por el pelo para que no se me escape.

—Estás muy delgada, necesitas vitamina. Tómatelo todo —digo entrando más mi pene en su garganta.

Se levanta y la hago lamerse los labios, se acerca para besarme, pero la detengo y la giro con un movimiento. La pongo recostada sobre el espaldar del sofá. Le doy una  nalgada. Voy hasta mi pantalón y saco un condón.  Me lo pongo y de golpe entro en ella haciendo que chille y se aferre al sofá con todas sus fuerzas.

—No haz sido muy buena mamando, tendré que castigarte —digo moviéndome rápido  sosteniendola de los hombros.

Doy estocadas fuerte y ella gime pidiendo más.  Me muevo sin salir de ella, como si de una ametralladora se tratara mi cintura. Ella grita y pide qe pare, pero no lo hago.  La agarro por el pelo y la levanto un poco.

—¿Te gusta?

—Si, me... encanta —dice entre cortado me muevo saliendo lento y entrando violento.

Ella jadea y grita mi nombre mientras le doy estocadas. Aprieto sus senos y peñisco sus pezones duros. Ella vuelve a gritar y se corre. Yo continúo mis movimientos a pesar de que ella me pide que pare.

Después de dejar su culo adolorido y rojo por las nalgadas me corro y lamo su cuello.

Me visto y me despido de ella.

—Mañana mi abogado pasará a traerte unos papeles para que firmes y a las 10 te deposito todo el dinero —digo besando su mejilla.

—¿Ya te vas? —pregunta recostada de la puerta.

—No, dormiré en el jardín  —digo con sarcasmo yendo hasta la salida para entrar en el auto.

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