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Portada de la novela El italiano despiadado

El italiano despiadado

Lorenzo Lombardi es un magnate tan brillante como implacable. Pese a su compromiso con Bianca, este hombre cruel no frena sus deseos y mantiene múltiples amantes. Su mundo se trastoca al cruzarse con Lucía Navarro, quien se vuelve una obsesión adictiva para él. Aunque ella intenta mantenerse firme y no doblegarse ante su imponente presencia, la gran duda es cuánto tiempo logrará resistir el control de un hombre que no acepta un no por respuesta.
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Capítulo 3

Llego a la empresa a la misma hora de siempre. Oprimo el piso 43 para llegar a mi oficina y tomar mi café mientras espero a las dos chicas nuevas que van a ocupar el puesto de la enana. 

Me paro frente a la ventana para observar los edificios y la carretera mientras disfruto del café de mi mejor amigo Lukas. Las mujeres de ésta empresa ni siquiera saben preparar un café como me gusta.

─¿Ansioso por conocer a tus nuevas putas? ─me giro para ver a mi mejor amigo entrar como si de su oficina se tratara.

─Algo así, necesito un coño urgente ─digo tomando haciendo en mi cómoda silla negra, que hace juego con la mesa de vidrio negra no muy grande. 

─No tardan en llegar, quizás ya llegaron y la recepcionista que está encabronada contigo no las deja pasar ─dice riendo.

─Pues deberías de largarte y enviarme una, si ya llegó ─digo señalándole la puerta.

En ese momento la puerta es tocada dos veces y Lukas abre sin que yo le ordene. Entra una chica de pelo rojo, labios pintados del mismo color, una sonrisa de puta y unos senos visiblemente grandes entra y mi amigo me guiña un ojo antes de irse.

─Buenos días señor... ─observa la placa de plata sobre mi escritorio ─Lombardi ─dice extendiendo su mano, pero la ignoro.

─¿Qué edad tiene? ─pregunto observando su cintura.

─Veintitrés ─dice relamiendo sus labios.

─Bien, ¿Sabe preparar café?

─No.

─¿Sabe italiano?

─No, sólo español y árabe.

─No necesito que explotes la empresa, da vergüenza que no sepas inglés y mucho menos masticar chicle ─digo acercándome a ella.

─Me imagino que usted vió mi curriculo ─dice recorriendome con la mirada.

─Créame que si lo había visto, no estuviera aquí, no sabe hacer nada ─digo susurrándole al oído.

─¿Cómo puedo ganarme el trabajo? ─pregunta respirando hondo.

─Arrodillándose ─digo acariciando su espalada.

─¿Quiere que le suplique? ─pregunta con asombro.

No gano nada con que esa estúpida me suplique. Que ingenua.

─No, que me la chupe ─digo desabrochando mi pantalón.

La muy descarada sonríe, se quita los tacones y se arrodilla. Saca mi miembro de la tela elástica y lo lleva a su boca. Me mira con esos ojos verde esmeralda mientras hace su trabajo, muy mal, por cierto.

La tomo por el pelo y la hago tragarse mi pene completo, se le salen las lágrimas y sonrío. Después de unos largos  minutos me corro en su cara y ella me mira enojada.

─El baño ─digo subiendo mis pantalones y mostrándole la puerta blanca.

No sé de donde salió semejante torpeza. Me siento luego de tomar un poco de alcohol. Necesito bajar éste coraje.

─No se ganó el empleo, señorita ─digo al verla salir del baño.

─¿Qué hice mal? ─pregunta enojada.

─Casi me corta el pene con sus dientes, no creo que yo tenga el valor de salir en televisión con semejante cosa ─digo viendo su cara desmaquillada. 

─¡Imbécil! ─dice tomando sus zapatos

Río al escuchar su insulto. ¿Será que las mujeres no saben otro insulto? Ya me los sé todos.

Da un portazo y escucho la risa de Lukas tras la puerta.

─¿Qué le pasó en la cara? ─pregunta asomando su cabeza.

─Estaba muy gordita como para hacer que se trague mi vitamina y la eché en su cara el cual fué un error ─digo a carcajadas.

─Ahí viene tu fiera ─susurra.

¡Maldita sea!

Bianca entra echa una furia y me mira con odio.

─¿Se puede saber en donde estabas ayer? ─pregunta dando un golpe en la mesa.

─En algún lugar de Miami ─digo contestando una llamada del teléfono de la oficina ─Está contratada ─digo a la recepcionista, para avisarme que había otra chica.

─Te llamé un montón de veces y no me contestaste, tu madre no sabía de ti, ¿qué coño te pasa? ─pregunta cruzándose de brazos

─Estás en mi empresa y aquí no vendrás hacerme escenas y segundo, recuerda que lo nuestro es por conveniencia, porque ni me interesas ni te amo, que te quede bien claro. Ahora, largo ─digo levantándome de la silla para abrirle la puerta

─Imbécil ─dice dándome en el pecho antes de irse.    

Y seguimos con la misma palabrita.

Me siento en el computador para ver como van las ventas de mis perfumes en Italia. Las ventas han aumentado un diez por ciento después de la nueva colección  hace 4 días. Veo en mi reloj que son las 12 del medio día y decido parar el trabajo por hoy. Es viernes y mi cuerpo lo sabe.

Primero iré a comer donde mi madre. Y después quien sabe a donde.

Recojo mi  maletín y mi celular y voy hasta la salida para encontrarme con mi chofer.  El camino es lento por el maldito tráfico. Una de las cosas que odio en este mundo.

Por fin llegamos a casa de mi madre y ella me recibe muy alegre. 

─Vayamos al estudio ─dice tomando mi mano.

Ruedo los ojos cuando veo a mi hermano menor sentado como todo un don nadie.

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