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Portada de la novela El hijo del millonario y la chica reprimida

El hijo del millonario y la chica reprimida

El heredero ilegítimo de un imperio financiero busca justicia y el control total de la empresa familiar tras años de humillaciones. Su vida se entrelazó con la de una joven que escapaba de un entorno doméstico hostil, pero el tiempo terminó distanciándolos. Ahora, el destino los sitúa en la misma oficina: ella como empleada y él como el poderoso CEO. En este entorno corporativo, la antigua conexión y el deseo desafían cualquier barrera profesional.
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Capítulo 2

En una noche pesada, Adam da vueltas en la cama mientras trata de conciliar el sueño. Muchas veces sufre de insomnio, por lo tanto, se pasa la madrugada viendo series, jugando vídeos juegos o escuchando música. Pero esa situación le ha traído consecuencias en su rendimiento, puesto que al otro día amanece soñoliento, con ojeras, distraído y le es difícil concentrarse.

—Necesito dormir, mañana tengo clases y no quiero arruinarlo. Tengo que graduarme con honores o papá no me llevará con él —se recrimina con frustración.

Todos los días lucha contra la presión que ser un heredero Fine conlleva, en especial si eres un hijo bastardo, entonces debes esforzarte el doble. Muchas veces tiene ganas de mandar todo a la borda y buscarle un significado a su vida, que no consista en estudiar una carrera para complacer a su padre millonario con clase y a la bruja de su abuela paterna.

Después de patalear y quejarse por no poder dormir, toma uno de los libros de economía que le compró su papá y empieza a leerlo. No pasa mucho tiempo para que comience a bostezar y, al cabo de unos minutos, se queda dormido.

***

—Oye, puto. —Es el saludo que le da su hermana cuando este entra a la cocina—. Mi celular se rompió.

—¡Qué desgracia! —exclama con sarcasmo, y se pone la mano sobre el pecho mientras sobreactúa dolor—. Me importa un carajo tu celular y lo que le haya pasado —dice indiferente.

—Dado que mi cumpleaños está cerca... —añade, ignorando la ironía de parte de él.

—Corrección, Jimena —interrumpe. Se sienta frente a ella y echa cereal en su tazón—. Es mi cumpleaños el que se acerca, el tuyo ya pasó.

—Bueno, como sea. —Hace un puchero berrinchudo—. Dado que es tu cumpleaños, tu papá millonario te va a dar un regalo...

—No le voy a pedir un celular para ti. —Niega con su dedo índice, después de poner la caja de leche sobre la mesa.

—¿Por qué no? —interpela, frunciendo el ceño.

—Se supone que es mi cumpleaños, no el tuyo.

—Pero puedes pedir dos regalos. Él es rico, te puede mandar todo un barco de presentes si así lo quieres —alega.

—No le pediré nada a ese..., a mi papá... —masculla lo último entre dientes.

—¡Pero es tu cumpleaños! Él te engendró y está podrido en dinero, no le veo la complicación.

Adam se queda en silencio un rato y se enfoca en terminar su desayuno. Medita las palabras de su hermana y le da la razón en su interior; él está seguro de que su padre no le negaría nada que le pidiese, sin embargo, no le gusta molestarlo ni para lo básico.

—Tienes un papá que trabaja, pídele a él que cumpla tus caprichos —rompe el silencio.

—Sabes que él no me comprará un celular nuevo. Y menos del modelo que lo quiero, puesto que no es millonario como el tuyo. Eres un egoísta y mal hermano; mientras tú recibes regalos caros desde el extranjero, yo me tengo que conformar con las baratijas que papá y mamá me compran por ser unos pobretones —se queja con expresión frustrada.

Como respuesta a su berrinche, Adam resopla del hastío.

«No tengo por qué soportar a drama Queen. Esta niña solo es una caprichosa y manipuladora», piensa mientras juega con la comida.

—Eres una exagerada, nuestros padres cubren todas nuestras necesidades —la reprende.

—Pero no me dan regalos valiosos como tu papá a ti. ¡Es tan injusto! ¡Quiero un papá rico! —chilla de manera insoportable.

—¡Qué fastidio! Mejor me largo... —Se levanta de la silla, dispuesto a marcharse.

—Deberías considerarlo, es lo menos que puedes hacer por mí. He compartido a mi papá contigo...

—¡Ya! Déjame en paz. No le pediré nada a ese hombre —la interrumpe, fuera de sus cabales.

—De algo te debe servir tener un papá rico, puto.

—Pues, me va a servir. Cuando termine mi carrera me iré a vivir con él y dirigiré una de sus franquicias —ataca con aire victorioso.

—Si fueras un buen hermano, me llevarías contigo. Pero eres un egoísta de lo peor.

«Tonta...»

—Como digas, bruja —concluye la discusión sin sentido.

Después de desayunar, va por su mochila y su patineta, ya que en esa universidad cuentan con lugares exclusivos, donde pueden pagar para guardar sus menesteres. Mira su medio de transporte con orgullo. Es una Santa Cruz morada con negro, que está decorada con una palmera y un sol anaranjado que simulan la playa; para él, ella es perfecta y ama cada centímetro de esta.

La ida a la universidad se torna divertida porque lo hace encima de su amada patineta. En su andar, el viento le acaricia el rostro atractivo y simétrico que enloquece a las chicas, de igual manera, le levanta el cabello rubio con mechones castaños, cuyas hebras terminan fastidiándole la vista cuando se le pegan, gracias a los movimientos de él.

Llega a la universidad donde un sonriente Ricky lo saluda con el puño. Minutos más tarde, Jason se une al grupo para empezar la charla matutina, antes de que les toque entrar a sus clases.

En ese momento, Sandra se acerca a ellos y Adam le finge una sonrisa para que se sienta victoriosa y siga su camino; es lo ella que quiere, es lo que él le da. Chicas como ellas solo buscan conseguir la envidia de las demás, por eso Sandra les hace creer a todas que Adam es su chico.

***

—Hola, guapo —lo aborda una joven de semblante atractivo cuando este sale de su última clase. Él la recorre de arriba abajo y se moja los labios por lo hermosa que está la morena. La ha visto en algunas materias, pero es la primera vez que ella le habla.

—Hola, lindura —saluda con picardía. Le regala esa sonrisa de galán que le ha ayudado a conseguir buenos ligues y, puesto que ella no es la excepción, cae en el encanto y le devuelve el gesto mientras se acerca, acortando el espacio que los separa. De inmediato, su fragancia femenina le inunda las fosas nasales, por lo que este celebra en su interior el buen gusto de la chica.

—Tengo una duda —le dice mientras le acaricia la mejilla con su dedo índice, haciendo movimientos circulares con este—. Te he visto cerca de una chica que se llama Sandra, incluso escuché por ahí que ustedes son novios.

—No somos novios si es lo que vienes a preguntar —recita con rapidez. Sabe bien lo que busca ella y él está dispuesto a cumplirle el capricho, debido a que las morenas son su debilidad.

—Ya veo... —Sonríe y se acerca un poco más—. Entonces, tú y yo podemos divertirnos juntos —suelta sin reparo.

—Cuando quieras y donde quieras —responde sin vacilar.

—Es bueno saberlo. Estaré en el baño del área deportiva en unos diez minutos —Tira un beso en el aire y se marcha con pasos sensuales. Como respuesta de confirmación, él le guiña un ojo.

—¿De casanovas? —lo sorprende Ricky, quien sale de la nada y lo saca de sus perversos pensamientos, donde maquina todo lo que hará con esa chica.

—Para nada —responde cortante.

—Sí, claro. —Sonríe con ironía—. Esa morena está buenísima y tiene buena delantera.

—No olvides la parte trasera. —Ambos se carcajean con malicia.

Minutos más tarde, Adam se dirige al área deportiva donde se encuentra con la morena.

—¡Qué puntual! —exclama ella mientras se lame los labios. No pasa mucho tiempo para que los dos terminen comiéndose en el baño de mujeres, ya que a esa hora es raro que estos sean utilizados.

La chica intenta quitarle el pantalón, pero él la detiene. Ella va a proferir un reclamo, mas es interrumpida por el impacto de la puerta al abrirse. Dado que estos están dentro de uno de los cubículos, Adam le tapa la boca a la morena y hace un gesto de silencio al ponerse el dedo índice en la boca.

Ella, por su parte, sonríe divertida y empieza a besarlo en el cuello, puesto que no le importa que otra chica descubra que ella se liga tremendo hombre. Le encanta ser el motivo de envidia y que otras vean que ella es superior y por eso los chicos más atractivos le andan atrás.

—¿Qué haces? ¿Acaso te has vuelto loca? —le reclama él mientras trata de quitársela de encima.

—¿Qué te pasa a ti, idiota? A mí nadie me rechaza.

—No soy un exhibicionista, pendeja. —Los dos hacen silencio cuando escuchan el sonido del orine, al caer en el retrete del cubículo vecino. Se oye el agua salir del inodoro, debido a que la persona jala de la cadena de este. Ellos perciben que esta sale y escuchan el agua del grifo, entonces la acompañante de Adam se le lanza encima y lo besa con desesperación y ansias.

Él, molesto con su actitud inmadura e imprudente, trata de quitársela de encima, mas ella insiste.

—¿Por qué temes a que nos encuentren? ¿Acaso sí eres novio de esa tipeja y tienes miedo de que te descubra? ¿Eh? ¿Me estás usando como si fuera una cualquiera?

«Otra loca», piensa arrepentido de haberse enredado con esa desquiciada.

—¡Déjame en paz! —profiere. Él la empuja para que ella pare de apretujarlo y sale del cubículo a toda prisa.

—¿Qué sucede? —La voz asustada de una chica, que deja de lavarse la mano debido a que se espanta por la brusca salida de él, resuena en el baño. Ella grita desconcertada, al caer en cuenta de que hay un chico en el tocador de mujeres y que este podría ser uno de esos pervertidos que se escabullen para espiar a las chicas.

Él, por su parte, se queda estático en su lugar porque reconoce a esa niña de cabello castaño y ojos cafés.

«¡Diablos, ella es esa chica rara y sin gracia, que se ha colado en mis sueños y pensamientos! ¡Vaya suerte la mía!», se queja en sus pensamientos y le evade la mirada, muerto de la vergüenza.

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