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Portada de la novela El hijo, del CEO

El hijo, del CEO

Tras un mes cautivada por Julián, Lía finalmente logra cruzar palabras con él. Sin embargo, la ilusión de un posible romance se desmorona cuando el joven le entrega una nota desconcertante. En lugar de su contacto, el papel contiene una lista de números de otros pretendientes. Ante este desplante del atractivo heredero, ella se enfrenta a un dilema: insistir en ganarse el corazón de Julián o abrirse a nuevas oportunidades sentimentales con otros hombres.
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Capítulo 3

Julián, no pudo evitar escuchar a las dos mujeres hablando.

—Pero él te gusta mucho, eres muy afortunada de haberte sentado ahí con el

—¿Verdad que sí..? Espero que eso se repita —dijo lía con entusiasmo, refiriéndose a Julián.

Julián, unió esas palabras: Lia sentándose con Leandro. Hizo una mueca de tristeza, y se desvío, quedó sentado en un banco pensando en el que ella jamás se fijaría en alguien como el.

Una persona común, que nunca destacaba entre los demás. La miró con extrañeza, no podía ver a Julián en ningún lado.

Su curiosidad la ganó, Karen había ido a comprar mientras que él ya comenzó a buscar a Julián. Sus pasos subieron un poco torpes, incluso su vista fue de un lado al otro hasta finalmente encontrárselo sentado en un banco.

—¿Por qué no sales afuera..? —pregunto ella directamente, y vio algo diferente en el semblante de Julián.

—No tengo muchos ánimos la verdad —confesó y se encogió de hombros.

—¿Por qué? —preguntó ella, sentándose en el banco de enfrente.

—La chica que me gusta, al parecer le gusta otra persona —dijo directamente.

—Entonces te gusta alguien —susurro más para ella, pero el escuchó.

—Si, me gusta alguien —dijo mirándola directamente a los ojos, pero ella no capta la señal.

Se puso de pie y simplemente desapareció por la puerta Julián, no entendió esa acción, pero se quedó ahí como pensando en ella con Leandro.

Cuando volvió a tocar el timbre del recreo, todos ingresaron. Era el último Hasta que iban a poder ir almorzar.

Sería su primera vez en la universidad, estaba entusiasmada de poder conocer todos los rincones de la misma.

Se sentó en un banco al azar; eran individuales. Leandro se sentó junto a ella. Lía puso los ojos en blanco, intentando mirar hacia un costado.

Leandro buscó sus ojos.

—¿De verdad vas a hacer como que yo no existo..? —Quiere saber divertido y ella le sacó la lengua.

—Es para que sea más cómodo para los dos ¿no te parece..? —le pregunto ella, y él puso los ojos en blanco.

—No seas mala. De igual forma yo soy bastante interesante ¿no te parece..? —preguntó y ella suspiro un poco irritada.

—No lo eres —dijo ella simplemente, viendo como Julián ingresado con sus amigos.

Lo empujaron, sigió caminando. Suspiro, sintiendo una pequeña puñalada en el corazón.

—Si tanto te gusta ¿por qué no vas y le dices?

—Es qué... él al parecer tiene alguien en su corazón.

—Que romántica —mencionó con sarcasmo —Vamos no seas cobarde.

—Puedo ser cobarde —dijo ella se encogió de hombros.

—Tienes que ir y decirle lo que sientes ¿qué tal si viene otra chica y te lo gana? Aunque con lo tonto que se ve lo dudo.

—¡No seas así! —exclamo Lía, un poco enojada con él.

—Lo lamento... no quise ofender a tu amor.

— Ya luego él me dijo que le gustaba alguien.

—¿Y qué?, puede ser perfectamente que le gustas. Vez eso no lo has pensado.

—No lo sé. De igual forma ya no sé ni qué pensar.

—En está universidad, no personas como nosotros. La mayoría, importantes, y de empresario. Julián es el hijo del CEO.

—Pues no lo sabía. Me gusta por lo que es.

—Lo conoces hace un mes. No puedes decir que sientes algo por alguien.

—Pues ¿no piensas en el amor a primera vista..? —dijo ella.

—¿Tú, de dónde vienes..?

—Vine aquí para una beca.

—Becada, menos te prestara atención —dijo burlón.

Lía, suspiro enojada.

Estaba cansada de que aquel sujeto le dijera que ella valía menos por ser de dinero.

Se puso de pie con sus cosas entre sus manos; pero algo la detuvo.

Alguien le había sostenido de la mano, al girar se pudo darse cuenta que los ojos oscuros de Leandro la observaban. Se sentó de nuevo.

—Lo... lamento.

Ella le prestó atención.

—Está bien tienes razón, él nunca se fijaría en una becada como yo —dijo tentando ignorar los sentimientos hacia Julián.

—Yo también soy un becado, así que no te sientas mal por eso.

—Nunca me sentí mal por no tener dinero —dijo.

—Pues yo sí; quiero ser millonario, tener todo lo que pueda.

—A mí por lo único que me gustaría tener dinero, sería viajar y ahora poder ser alguien apta para él.

—Pues, inténtalo.

—El no vino a dejar los papeles con su nombre. Ojalá lo hubiera hecho susurro.

En la salida del recreo Lía, camino de manera alegre por el estrecho pasillo de la universidad.

Mientras sentía algunas piedras debajo de sus pies, al girarse se encontró con Julián. No pudo evitar sonreír, estar a solas con el, era de los momentos que más la entusiasmaba en el día.

—Hola de nuevo —dijo él y ella lo miro con curiosidad.

—Hola ¿vas a comer?

—Si, en realidad lo voy a hacer solo. Mis amigos se van a su casa; que les queda cerca y yo más bien me quedo un poco más alejado y algunos no les gusta el menú de la universidad.

—A mí también me queda bastante lejos —dijo ella se encogió de hombros.

Lo cierto era que, era económico.

—¿No vienes con Leandro..?

—No, no sé dónde se habrá ido —dijo se encogió de hombros.

Julián, sonrío al ver que estaba sola.

—¿Te puedo acompañar, en el almuerzo?

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