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Portada de la novela El hijo, del CEO

El hijo, del CEO

Tras un mes cautivada por Julián, Lía finalmente logra cruzar palabras con él. Sin embargo, la ilusión de un posible romance se desmorona cuando el joven le entrega una nota desconcertante. En lugar de su contacto, el papel contiene una lista de números de otros pretendientes. Ante este desplante del atractivo heredero, ella se enfrenta a un dilema: insistir en ganarse el corazón de Julián o abrirse a nuevas oportunidades sentimentales con otros hombres.
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Capítulo 1

Cuando Lia empezó la universidad nunca penso tener pretendientes. En el primer día que ingreso se llenó de personas.

Personas desconocidas.

Un chico le hizo palpitar el corazón, se acercó con timidez a ella. Sus ojos se encontraron, no pudo evitar sonreír.

Quien es el pregunto. Se llama Julián lendjieron.

Sentía miradas detrás de ella. Decidió sentarse con una amiga de la preparatoria.

Cuando sonó el recreo Lía sendeduxio a poder mirar a aquel chico de ojos azules curiosos. Su corazón pálpito con más fuerza. El joven se quedó viéndola.

Era muy guapo.

Tenía una mirada inocente.

Mientras estaban en clases de física. Julián se acercó sin decir ninguna palabra. Lia lo observó con curiosidad. El mismo le dejo un papel y le dijo:

—P-para ti.

—Me gustas tú.. —susurró pero el ya se había alejado

Eran números de chicos. En cuanto miró, para atrás pudo ver que muchos le sonreían.

—Nunca tuve pretendientes —dijo divertida.

—Pues, es tu día de suerte.

—No está el número de Julián —dijo triste.

En el recreo se sintió entusiasmada. Le gustaba sentarse en los escalones y ver a Julián. El siempre estaba rodeado de los chicos, que les pasaron su número.

—¿Por qué el no? —se lamentaba

Sus ojos se llenaron de lágrimas

Por qué sufría por alguien que conocía hace poco más de un mes.

Cada vez en los recreos, intentaba observarlo con curiosidad. Su vista siempre estaba puesta en el.

Era bastante atrayente: con sus ojos azules penetrantes, su cabello corto y un poco más largo en las puntas. Su mirada, detonaba qué era joven.

Lía había empezado la universidad un poco más adulta de lo que ella hubiera deseado.

"Tal vez es más joven que yo —pensó — dudo que él, se fije en mí".

Comenzó a caminar, intentando acercarse de algún modo a él, aunque no sabía como.

—No sé como acercarme a él —comentó hacia su amiga Karen.

La ve con curiosidad y pena.

"Pobre de mí amiga"

—Solamente... Tienes que hablarle.

—¿Que le puedo decir? ¡tengo una idea!

Su amiga abrió los ojos sin entender.

Lía, fue corriendo, alejándose de un salto de su amiga. En cuanto se puso enfrente del mismo, sus ojos se encontraron con los de ella.

Toda la valentía que había tenido, se esfumó.

No pudo evitar tragar saliva, y sentirse un poco más ansiosa.

— Hola... —dijo él, dejando atrás a sus amigos y acercándose hacia ella.

"¡Es aún más lindo de cerca!"

Pronto sintió sus mejillas al rojo vivo, sin saber muy bien que decir.

"¡Controlate Lía!" Se ordenó.

En ese momento su mente se había nublado.

—Yo...

—¿Tú.?

—Yo, quería preguntarte algo acerca de los papeles que me enviaste —mencionó pudiendo recomponer la voz.

—Sí, fueron mis amigos —dijo.

—¿Me sugieres algún nombre de la lista? digo alguien para ir conociendo... —dijo de manera torpe.

Se sentó en un escalón y él hizo lo mismo.

—Creo que Franco, es buena persona. Aunque también lo es Carlos, no es mujeriego y todos están solteros. Bueno en realidad como hay uno que estaba de novio.

—¿De verdad? ¿cómo pudo llegar a mandarme un número de teléfono? —Dijo divertida.

—No lo sé, pero todos son buenas personas. No te preocupes por eso.

—Está bien.

—¿Acaso no te agrada los pretendientes..? —dijo divertido Julián.

—Es... es solo que, el chico que me gusta no está en esa lista —dijo Con sinceridad.

Julián le prestó atención, su nuez de Adán, se movió graciosamente, y el bajo la vista.

—¿Quién es? —preguntó de repente, interrumpiendo el silencio que se había creado entre los dos.

—¿Quién..?

—Quien es él que te gusta —murmuró.

—Es, es un chico... un chico bueno.

—Un chico bueno —repitió y a continuación frunció las cejas.— ¿A qué te refieres?

—Un chico que al parecer... no está interesado en mí —dijo, se encogió de hombros.

Cuando sonó el timbre de la campana, ambos sonrieron separándose.

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