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Portada de la novela El hijo de mi amiga

El hijo de mi amiga

La protagonista se enfrenta a un dilema moral al notar que Eric, el hijo de su gran amiga Laura, ha dejado de ser un niño para convertirse en un hombre seductor. Aunque él tiene la edad de su hija Olivia, la atracción que siente es innegable. Para disipar sospechas y acallar sus deseos prohibidos, decide iniciar una relación con un ingeniero. Sin embargo, la convivencia bajo el mismo techo con Eric hace que ignorar la tensión sea una tarea imposible.
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Capítulo 2

Me envolví a si mismo, en un vestido de encaje rojo. Para mi sorpresa, me sentí bonita y sensual. Giré mi cuerpo con una sonrisa, podía apreciar aquellas curvas escondidas. Mi esposo, me abandonó cuando se enteró de mi embarazo. Y ahora Olivia, había crecido sin un padre.

Nunca busqué a nadie, hasta que ella fue grande. Porque no quería mezclar las cosas con nadie, Olivia era lo mas importante para mí.

Laura, se alejó para buscarme unos zapatos. Y mientras me veía al espejo, comencé a tararear una canción, no podía alcanzar el cierre del vestido. Mi espalda descubierta, pronto fue tocada por algo tibio. Al girarme levemente, encontré el rostro de Eric.

-Lo siento... creí... que eras mamá –susurró y pude notar que sus mejillas tenían un color rojizo –pero te ayudo...

Subió con una suavidad exasperante, pude sentir sus dedos deslizarse suavemente sobre mi espalda erizándome la piel. Mordí mis labios, y mi respiración se aceleró. Solamente se escuchaban nuestras respiraciones de fondo, nada más. Luego terminó y al girarme frente al espejo sonreí.

-Se ve... hermosa –susurró y lo observé sorprendida -¿tiene... algún... negocio?

-Una cita –respondió Laura entrando con una caja, supuse que de zapatos –con un ingeniero muy guapo.

-Ah... -simplemente dijo Eric. Lo observé de reojo, frunció las cejas y se mordió los labios. –Nos vemos.

Salió deprisa de la habitación y me encogí de hombros frente a Laura. Pasaron minutos, y ya estaba preparada para esperar a mi cita que pasaría por mí. Pronto un bocinazo me avisó que él ya había llegado. Susurré que yo podía para mis adentros, porque hacía veinte años que no salía con nadie y estaba nerviosa.

-No debería ir –escuché una voz a mi lado. Al girarme encontré a Eric observándome con el ceño fruncido.

-¿Qué? ¿Por qué...? –quise saber confundida y él pasó sus dedos por su suave cabello ¿sería tan suave como parecía? Me sonrojé al tener pensamientos pecaminosos en ese instante.

-P-por nada... -comentó y negó –es solamente que... es raro verte salir con alguien.

-Ya Olivia es grande y... creo que puedo –respondí y él asintió.

-Tiene razón, bueno... le deseo suerte –comentó en un tono grave, como si estuviera molesto y salió casi corriendo de mi vista. Observé el pasillo por donde había pasado, sin comprender que le ocurría. Fruncí las cejas y abrí la puerta para marcharme.

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Mientras estaba en la cena con Francisco... o creo que Franco, no podía sacar de mi mente, los dedos de Eric tocando mi espalda. Mordí mis labios aún con la sensación de su piel sobre la mía.

-¿Me disculpas un momento? –pregunté deteniendo el monologo aburrido del hombre frente a mí.

-Por supuesto, tomate tu tiempo –susurró con una voz aspera y algo engorrosa. No era feo, para nada. Rubio, cuyos ojos negros eran atrapantes y hermosos. Sin embargo, me dí cuenta que estaba pensando en alguien más.

En el hijo de mi amiga.

Al entrar al baño, refresqué mi rostro con agua fría y cerré los ojos. ¿Cómo podría pensar así de Eric? ¡Era casi mi hijo! Siempre lo cuidé cuando era pequeño, incluso lo bañé y... no podía pensar así de él.

Pero se había convertido en un hombre tan hermoso. Tenía algo... que lograba enloquecer a las chicas. Lo sabía bien porque muchas lo visitaban para buscarle. Olivia, supuse que sentía algo por él, aunque para ser sincera no estaba tan segura.

Mordí mis labios sintiéndome culpable ¿cómo podría mirar a su madre Olivia, si supiera...?

-Debo... quitarme este sentimiento –comenté en voz alta observándome al espejo. Toqué mis hombros mordiendo mis labios, y recordé de nuevo su caricia tan sutil. Sus ojos azules observándome cómo si estuviese molesto.

-¿Acaso él...? Imposible –comenté riéndome conmigo misma, mientras observaba mi reflejo. Podía asegurar que me veía joven. Incluso me decían que aparentaba tener no mas de treinta años. Pero él, era un niño.

No, no podía sentir algo por él. Mis ojos se cristalizaron, era la primera vez que estaba tan confundida y después de tantos años... deseaba a alguien.

Alguien imposible.

Decidí marcharme. Le comenté al hombre frente a mí, que estaba algo mal y salí para tomarme un taxi. Mientras esperaba en la salida, me preguntaba que me ocurría. Había criado a Olivia durante todos esos años, y solamente fui madre.

Olvidandome que era una mujer.

Y ahora, ese angel de musculos, me estaba volviendo loca.

-Mierda... - maldije en voz alta, el hombre se marchó sin decirme adiós, y en parte lo comprendía. Algunos conductores me tocaban bocina, y sentía bastantes nervios. Aunque abía defensa personal.

Alguien tocó mi hombro, asustada, tomé su brazo provocando que cayera al suelo. Al abrir los ojos y apuntarlo con mi mano, encontré a Eric debajo de mi cuerpo.

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