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Portada de la novela El hijo de mi amiga

El hijo de mi amiga

La protagonista se enfrenta a un dilema moral al notar que Eric, el hijo de su gran amiga Laura, ha dejado de ser un niño para convertirse en un hombre seductor. Aunque él tiene la edad de su hija Olivia, la atracción que siente es innegable. Para disipar sospechas y acallar sus deseos prohibidos, decide iniciar una relación con un ingeniero. Sin embargo, la convivencia bajo el mismo techo con Eric hace que ignorar la tensión sea una tarea imposible.
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Capítulo 3

-Señora Alba, soy yo... -murmuró confundido y lo levanté asustada. Su altura me doblegó y en ese instante, sin querer me puse a pensar: "¿Cómo podríamos... hacerlo de pie?" Avergonzada por mis propios pensamientos, giré el rostro.

-Lo lamento... pensé que eras un ladrón –confesé y él negó -¿qué haces aquí? –quise saber confundida.

-Yo... -comentó y bajó el rostro pareciendo nervioso –simplemente pasaba por aquí y bueno...

-Oh... que suerte. Mi taxi no viene –me lamenté y él sonrió, lo observé y borró la sonrisa.

-Puedo... llevarla –propuso y asentí.

-Sí. Yo te llevaba a la escuela, me lo debes –señalé y se rió.

-Esta bien –susurró y asentí subiéndome a su auto –debe... enseñarme a defenderme. Eso fue... increíble –comentó y sonreí.

-Bueno... Olivia también sabe defenderse –comenté y se rió -¿harás algo hoy? –quise saber y se encogió de hombros.

-No. No haré nada ¿quiere... ir a beber conmigo señora Alba? –preguntó y sonreí.

-No... sería correcto –comenté bajando el rostro.

-¿Por qué? –preguntó con una sonrisa.

-No lo sé... puedo ser tu mamá, van a decir... mira el niño con... esa anciana –dije divertida y él no sonrió.

-Yo creo que pensarán: ¡Miren a ese chico afortunado con esa mujer tan preciosa y sexy! –exclamó haciendo señas divertidas y me reí.

-¿Te parezco sexy? –no sé porque pregunté eso, quise darme un cachetazo mental y él asintió.

-Todos de mi universidad lo dicen –comentó y me reí avergonzada –por cierto, gracias por ofrecerme quedarme en... su casa.

-Bueno... es lo menos que puedo hacer –comenté y él asintió.

Entonces, él manejó hasta un bar y nerviosa, bajé mirándome en el reflejo ¿qué cosa estaba haciendo?

---------------

------------

Monica.

Observé de reojo a Eric. Estabamos almorzando junto a Laura y Olivia. Pronto regresaríamos ala capital, y en parte sabía que Laura estaba intentando despegarse de su niño. Había estado tres meses en el ingreso, pero ahora venía lo definitivo, quedarse en capital.

Laura, intentaba mostrar que no le afectaba y que era fuerte. Sin embargo la conocía desde pequeña para saber que estaba con miedo. Yo también lo sentía, pero a diferencia de ella, Olivia vivía conmigo.

Aunque era un poco complicado mudarse de la tranquilidad de un campo a una capital, era tiempo de avanzar. En cuanto terminamos de comer, me acerqué a la cocina y observé a Laura quien se tocaba el rostro.

-¿Está todo bien? –quise saber y ella asintió pero al observarme sus ojos llenos de lágrimas, delataban lo contrario.

-Yo... echaré de menos a mi niño –susurró con la voz quebrada, y la envolví en un abrazo sin quitarme los guantes de goma. Suspiré y dije:

-Lo cuidaré, te lo prometo –comenté y ella me sonrió. –Ademas te dije que podías quedarte, la casa de mi madre es enorme.

-Lo sé pero... debo despegarme de Eric. Despues de... la muerte de mi esposo, me aferré demasiado a él. Debe ser feliz y... seguir con su vida –comentó y suspiré.

-No te preocupes.

-Gracias por ofrecerme quedarme contigo amiga –susurró y asentí.

Mientras avanzaba hacia el jardín para darle helado a Olivia y Eric, me detuve. Mis ojos contemplaron a ambos sonrientes, mientras Olivia se apoyaba en el hombro de Eric y él no la alejaba. Mordí mis labios y me sentí mal.

Sentí celos de mi propia hija.

Di un salto lejos de su alcance. No podía sentir algo así, dejé los helados en la heladera y suspiré.

Dos días pasaron, cuando finalmente ya estaba en mi casa de la capital, Eric y Olivia eligieron sus respectivas habitaciones. Y una parte de mi se preguntó si estaba bien... quedarme junto a ellos.

-Señora Alba... quería agradecerle por esta oportunidad –comentó Eric sosteniendo una caja grande entre sus manos.

-Es un placer... ¿cómo no podría ayudarte si... eres como mi hijo? –pregunté con una sonrisa que no llegó a mis ojos. Al escucharme, Eric dejó la caja sobre la mesa y me observó con sus grandes ojos azules clavados en mi.

-¿Usted me ve como a su hijo? –preguntó y para mi sorpresa, se quitó la musculosa dejando al descubierto sus músculos tensados.

-Yo...

-¿De verdad me ve así? –quiso saber acercándose a mí. Su rostro quedó tan pegado al mío, mis manos quedaron pegadas a mi pecho. Si estiraba apenas los dedos podría sentir sus pectorales duros en contra de mí piel. Mordí los labios y sus ojos me observaron de arriba abajo.

Su aliento fresco a menta, se mezcló junto al mío. Sus labios, estaba a un centímetros de los mios ¿Y si lo besaba? Aquella pregunta, pasó por mi mente un sinfínde veces.

-Mamá... ¿dónde están las sabanas? –preguntó Olivia, y nos separamos de golpe. Toqué mi pecho sintiéndome agitada -¿Estas bien mamá?

-Sí cariño...

-Me asusté. Pensé que Eric estaba asistiéndote, veo que a veces tienes esos problemas de ansiedad ma. Me alegra estar aquí contigo –comentó envolviéndome en un fuerte abrazo.

Mi relación con Olivia, siempre fue buena. Nunca discutimos por nada, nos entendíamos y sobre todo hablábamos mucho. Muchos decían que era raro que nos lleváramos como amigos, pero en parte siempre nuestra convivencia fue llevadera.

-Cariño... -susurré y ella sonrió –estoy bien. Solamente es que me agité con el viaje.

-Muchas horas en auto –comentó y asentí –cierto, las sabanas...

-Oh... ahora te las llevo –susurré y ella sonrió.

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