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Portada de la novela El hermoso premio del señor de la guerra

El hermoso premio del señor de la guerra

Keylin dedicó tres años a la recuperación de su esposo, solo para ser desechada cuando su antiguo amor reapareció. Tras un divorcio marcado por el desprecio social, ella demuestra su valía transformándose en una eminencia de la medicina, la arquitectura y el automovilismo. Mientras el mundo duda de su destino, el tío de su ex, un poderoso mando militar, vuelve con su ejército decidido a reclamar su mano y ofrecerle un compromiso formal.
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Capítulo 2

Media hora más tarde, en la casa de las afueras.

Sebastián puso sobre la mesa un plato humeante de espaguetis, con la voz cargada de frustración: "¡Ese desgraciado de Landen! ¡Si no fuera porque lo has estado tratando todos estos años, ya estaría muerto! Pero en lugar de mostrar gratitud, te fue infiel. Es un...".

"Basta", interrumpió Keylin, con un tono tranquilo pero firme. Se masajeó las sienes con evidente agotamiento. "No quiero hablar más de él".

Sebastián se suavizó al ver su cansancio, y su enojo se transformó en preocupación. "Está bien, está bien. Cambiemos de tema". Hizo una pausa antes de añadir con una chispa de interés: "Por cierto, durante los tres años que estuviste alejada de la medicina, la gente se volvió loca tratando de localizarte para recibir tratamiento. Ahora que te has divorciado de Landen, ¿piensas volver a ejercer?".

Keylin se reclinó hacia atrás, con aire pensativo, y tras un momento respondió: "Corre la voz. Es hora de que la famosa curandera, Garceta, regrese".

El rostro de Sebastián se iluminó de emoción, y su voz casi se le quebró al exclamar: "¡Al fin! ¡Es la mejor noticia que he escuchado en años!".

No pudo evitar sonreír ante la ironía de la situación. El Grupo Barnett llevaba un tiempo buscando desesperadamente información sobre Garceta, ansiosos por contar con sus habilidades.

Y, sin embargo, Landen, casado con ella durante tres años, había sido demasiado ciego para darse cuenta de quién era realmente su esposa.

***

A la mañana siguiente, Keylin dormía profundamente cuando el estridente timbre de su celular la sacó bruscamente de sus sueños. Somnolienta y desorientada, buscó el teléfono a tientas y presionó el botón de contestar con un suspiro.

Al otro lado, la voz aguda y chillona de la madre de Landen, Kathy Barnett, retumbó en el auricular. "¡Mocosa ingrata, ¿dónde te has metido?! ¡Regresa ahora mismo y ponte a hacer los quehaceres!".

En el pasado, Keylin habría pedido disculpas instintivamente, dócil y sumisa ante la ira de Kathy. Pero hoy las cosas eran diferentes.

Respondió con frialdad, con la voz desprovista de emoción: "Landen y yo hemos decidido divorciarnos. Ya no tengo ninguna obligación de hacer nada por tu familia".

"¡¿Qué?! ¡¿Divorcio?!". El tono agudo de Kathy resonó con fuerza, seguido de una carcajada burlona como si acabara de escuchar una broma absurda. "¡Seguro que es solo una decisión tuya! Keylin, ¡no olvides tu lugar! ¡No tienes derecho a hacerme berrinches! ¡Regresa aquí en media hora o tiraré todas tus cosas a la calle!".

Kathy colgó de forma tajante.

Keylin se quedó inmóvil un momento, apretando los labios en una fina línea.

Luego, con una calma deliberada, se levantó de la cama y se vistió. Aún tenía algunos objetos importantes en su habitación de aquella casa. Parecía el día perfecto para recuperarlos y cortar, de una vez por todas, los lazos con la familia Barnett.

Un taxi la dejó en la mansión de los Barnett. Apenas Keylin entró, una voz estridente la saludó desde la sala de estar. "¡Vaya, vaya, mira quién se atreve a mostrar la cara! ¿No viniste a casa en toda la noche? ¡Seguro que estuviste haciendo algo turbio!".

La mirada de Keylin se posó en el sofá, donde Kathy y su hija Verena Barnett estaban sentadas una al lado de la otra, vestidas con elegancia, pero irradiando la arrogancia mezquina de dos arpías.

La expresión de Keylin se endureció al encontrarse con la mirada desdeñosa de ambas. "Oh, sí, bastante turbio", respondió con un tono mordaz. "Después de todo, sorprendí a Landen engañándome con Claire, nada más y nada menos que en nuestro aniversario de bodas, justo frente a mis ojos. Si esto sale a la luz, ¡la reputación de la Familia Barnett quedará por los suelos!".

"¡¿Qué?! ¡¿Claire ha vuelto?!". Kathy abrió los ojos con sorpresa, pero su asombro se convirtió rápidamente en una mueca de desdén. "Bueno, ¿qué más podías esperar? Siempre has sido una inútil. Llevas tres años en esta familia y ni siquiera un indicio de embarazo. ¿Creías que Landen se quedaría de brazos cruzados y dejaría que el linaje familiar se extinguiera?".

Verena intervino con veneno en la voz: "¡Exacto! Si no hubiera sido por el accidente de Landen y el último deseo de la abuela, ¿de verdad crees que una huérfana como tú habría tenido la oportunidad de casarse con la Familia Barnett? ¡Tu origen y tus talentos son risibles comparados con los de Claire! Una mujer estéril como tú merece que Landen la ignore".

Keylin casi se echó a reír a carcajadas ante la desfachatez de madre e hija. La audacia de sus palabras la enfureció y la divirtió a partes iguales.

Sin decir una palabra, metió la mano en su bolso y sacó un viejo informe médico que Landen le había entregado años atrás. Con un rápido giro de muñeca, lo lanzó sobre el regazo de Verena. "Landen nunca tuvo intimidad conmigo, ni una sola vez. ¡No puedo tener un hijo yo sola!".

Verena, que estaba lista para lanzar más insultos, se quedó helada cuando su mirada cayó sobre el informe. Abrió los ojos de par en par y palideció al ver la palabra "impotente" en negrita mirándola fijamente. "¿Cómo... cómo es esto posible?".

Sus manos temblaban mientras sostenía el papel, con una incredulidad evidente.

Kathy, al ver el informe, levantó una ceja. Pero estaba más compuesta que su hija, y su expresión vaciló brevemente antes de recuperar rápidamente el control.

"Bueno, si Landen puede tener intimidad con Claire, eso demuestra claramente que no tiene nada de malo", declaró Kathy con voz aguda. "Fue tu fracaso lo que lo llevó a mentir sobre su impotencia en lugar de siquiera tocarte".

"¿Ah, sí?". Los labios de Keylin se curvaron en una sonrisa fría, y sus ojos brillaron con un destello de burla. "¿Has olvidado quién se quedó al lado de Landen, estabilizando el caos en el Grupo Barnett cuando él tuvo su accidente y Claire huyó al extranjero?".

Kathy apretó la mandíbula con fuerza y clavó su mirada en Keylin. Por un momento, se quedó sin habla, pero pronto su expresión se endureció. "¡No creas que no sé que planeaste todo esto! ¡Tenías la mira puesta en casarte con la Familia Barnett desde el principio! No eres diferente a Claire, ¡ambas son unas codiciosas que solo quieren nuestra riqueza!".

Verena, que siempre había sentido una gran afinidad por Claire, se tensó al oír la comparación de su madre.

Se apresuró a defenderla. "¡Mamá, no metas a Claire en el mismo saco que esta mujer! Ella se fue al extranjero para buscar médicos para Landen, no porque estuviera huyendo. ¡No se parece en nada a Keylin!".

Volviéndose hacia Keylin con una mirada de superioridad moral, Verena escupió: "Si no te hubieras entrometido y casado con Landen, ¡Claire no se habría sentido tan desconsolada ni se habría quedado en el extranjero todos estos años! Ha vuelto porque todavía se preocupa por él. Keylin, estás en deuda con Claire. ¡Tú eres la otra aquí!".

Keylin soltó una risa tranquila, sacudiendo la cabeza como si finalmente hubiera llegado al límite de su paciencia. Sin decir una palabra más, metió la mano en su bolso, sacó la petición de divorcio y la mostró frente a las dos mujeres. "¿Ven esto?", dijo con frialdad, su tono destilando firmeza. "Estoy decidida a divorciarme de él. Hagan que Landen se prepare también para ir al juzgado conmigo. Entonces, él será libre, y esa pareja de desvergonzados podrá hacer lo que quiera".

Sin molestarse en seguir discutiendo, Keylin giró sobre sus talones y se dirigió escaleras arriba, dejando atrás al dúo atónito.

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