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Portada de la novela El Fuego que Quemó Nuestro Amor

El Fuego que Quemó Nuestro Amor

En la novela moderna El Fuego que Quemó Nuestro Amor, tras un lustro de matrimonio civil, el bombero Adrián Lobera pospone su boda por falta de tiempo. Sin embargo, el día del enlace, él asiste a una ceremonia pública del brazo de Roxana García. Mientras internet los elogia, una fuga de gas provoca una explosión en el hogar de su verdadera esposa. Gravemente herida y con la piel ardiendo, ella le suplica auxilio por teléfono, pero Adrián la rechaza con desprecio, restando importancia a su suplantación.
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Capítulo 3

Cuando Diana recibió los recibos, le mandó un montón de notas de voz. Si él las hubiera escuchado, habría sabido la noticia del incendio, pero no lo hizo.

Porque todo lo que tuviera que ver conmigo —personas, cosas, cualquier detalle— siempre le daba una flojera horrible.

Pasó media hora. Yo seguía sin responder. Y él, sin pensarlo, llamó al asilo.

—Soy Adrián Lobera. Quiero que cancelen de inmediato todos los cobros de la madre de Claudia y que la den de alta y la saquen de ahí.

La enfermera se quedó en silencio un segundo. Revisó el registro, dudando.

—¿Se refiere a la mamá de Claudia Mirón?

—Sí.

—Pero la madre de Claudia falleció hace un mes, en un accidente de tránsito.

A Adrián se le cortó la respiración. Los ojos se le abrieron un poco y al instante se convenció de que era imposible.

—¿Claudia les enseñó a contestar eso, verdad? ¿Qué clase de carro atropella a alguien dentro de un asilo? Si van a mentir, al menos háganlo creíble. Sáquenla de ahí ya. No me lo hagan repetir.

La llamada se cortó. La enfermera se quedó mirando el teléfono, sin entender nada. Alcanzó a murmurarle al auricular, ya con la línea muerta:

—Es que fue a la boda de su hija, y luego la atropellaron frente a la estación de bomberos.

Pero esa frase él ya no la escuchó, estaba ocupado preparando la boda con Roxana.

Porque le había prometido al padre de ella que la haría a ella la mujer más feliz del mundo. Y el deseo de cumpleaños de Roxana era casarse con Adrián.

Él le acarició la mejilla, con una ternura que dolía ver.

—No puedo casarme legalmente contigo ni ser esposos "de verdad", pero voy a darte la boda más romántica.

Roxana clavó las uñas en la palma de la mano. Sin poder tragarse el rencor, preguntó:

—¿Por qué? ¿Y si Claudia acepta el divorcio?

—No lo va a hacer.

Adrián respondió sin titubear.

—Y yo tampoco lo haría. Esto del divorcio solo es para que regrese y te dé el injerto. Llevo ocho años con ella, todavía hay sentimientos. Ella se ha partido el lomo por esta casa; aunque no tenga grandes méritos, por lo menos me lo ha aguantado todo.

Yo me quedé helada, jamás imaginé que Adrián fuera a decir que todavía sentía algo por mí.

¿Qué "sentimientos"? ¿La costumbre de que yo apareciera cuando me llamaba y desapareciera cuando me echaba? ¿O esa seguridad de que yo siempre iba a estar ahí, de que total no podía alejarme de él?

Su "amor" era carísimo: se pagaba con la vida. Yo ya no lo podía aceptar.

Roxana se mordió el labio con fuerza. Le tomó un buen rato tragarse la envidia que le subía como una marea. Al final, apenas pudo asentir.

Adrián notó su decepción y estuvo por consolarla, pero entonces le llegó un mensaje del registro civil:

"Debido a que usted es el primer caso en solicitar el divorcio con la división de bienes al 50/50, la resolución será pública. ¿Está de acuerdo?"

Adrián ni lo pensó. Le dio a "Confirmar".

Porque en su cabeza lo tenía clarísimo: la que le debía más era yo.

Mi alma flotaba en el aire, con una amargura que me quemaba por dentro. Quise detenerlo y no pude.

No imaginé que, incluso muerta, me tocaría ser exhibida. Al fin y al cabo, estos años no tuve ingresos. Solo viví para la casa, para la limpieza, para la cocina.

Pero unos minutos después vi que Diana le mandó otro mensaje a Adrián.

Ahí también venía una lista.

Lavar la ropa, cocinar, cuidar a los mayores… todo podía convertirse en "pago".

¿Cómo era posible? No alcancé a ver el contenido completo. Me giré para buscar a Adrián y justo entonces Roxana lo besó, cerrándole el mundo con un solo beso. Él no tuvo tiempo de mirar el mensaje.

Quiso apartarla, pero ella se aferró más.

—Nada más una vez. Solo quiero tenerte una vez.

Adrián vaciló, con el rostro tenso.

Pero al final, el puño apretado se le fue soltando y terminó abrazándola, dejándose caer con ella sobre la cama.

Al rato, la cama empezó a moverse sin parar.

Yo miré la escena de frente y se me escaparon lágrimas, tan amargas que parecía que la tristeza se burlaba de mí a través de mis ojos.

Ya entendí. Así es como tratas ocho años de "sentimientos".

Con una traición.

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