Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Fuego que Encendió Mi Alma

El Fuego que Encendió Mi Alma

Natalia Arnal renunció a la cirugía para que Andrés, su marido, triunfara en política. Tras diez años de entrega, él la humilla al revelar su relación con Ivanna, su asistente, planeando una vida con ella. Natalia, que espera un hijo en silencio, decide poner fin a su matrimonio ante la traición. Para desvincularse por completo del hombre que truncó su futuro, opta por un aborto secreto, buscando recuperar su libertad y sanar su alma herida.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Natalia Arnal POV:

Sus palabras me habían dejado muda, petrificada, como si cada sílaba fuera una bala directa a mi alma. La inmensidad de lo que había perdido, no solo un matrimonio, sino una década de mi vida, mi carrera, mi propia identidad, se hizo palpable en el vacío que dejó Andrés al salir de la habitación. No era solo el dolor de la traición, era el peso de los sacrificios que había hecho y que él tan fácilmente desestimaba.

Recuerdo las noches en las que trabajaba en su campaña, las luces encendidas hasta el amanecer, mi cabeza zumbando por la falta de sueño. Yo, una cirujana acostumbrada a la precisión, al rigor científico, me había sumergido en el caótico mundo de la política por él. Había dejado mis guantes quirúrgicos por las agendas, los bisturíes por los comunicados de prensa. Cada fibra de mi ser, cada célula de mi cuerpo, se había dedicado a su ascenso.

Los primeros años fueron los más duros. Andrés era carismático, sí, pero le faltaba experiencia, le faltaba esa chispa de malicia estratégica que te permite sobrevivir en la jungla política. Yo compensaba cada una de sus deficiencias. Mis contactos en el ámbito de la salud, mi habilidad para analizar situaciones complejas y encontrar soluciones, mi incansable energía, todo lo puse a su disposición. Organizaba eventos, redactaba discursos, mediaba en conflictos; a menudo, me quedaba dormida sobre la mesa de trabajo, despertando con el cuello adolorido y el cuerpo exhausto.

Mi salud, mi prometedor futuro como cirujana, se fue resintiendo poco a poco. Las horas interminables, el estrés constante, la alimentación irregular, comenzaron a pasar factura. Las migrañas se volvieron crónicas, mi ciclo menstrual se volvió errático y doloroso. Los médicos me advirtieron. "Natalia, necesitas descansar. Tu cuerpo está al límite. No puedes seguir con este ritmo", me decía mi antiguo mentor, el Doctor Diego Arnal, con su voz calmada pero firme, cada vez que me encontraba por casualidad y veía mis ojeras pronunciadas. Él siempre me vio como una de sus mejores alumnas, y su decepción silenciosa por mi abandono de la medicina me dolía más que cualquier dolor físico.

Pero yo lo ignoraba. Lo ignoraba todo por Andrés. Por lo que creía que era nuestro futuro. Una vez, para asegurar un importante donativo para su campaña, pasé tres días prácticamente sin dormir, negociando con un empresario reacio. Estaba tan agotada que a la mitad de la reunión, mi visión se nubló y sentí un mareo terrible. Me encerré en el baño, me eché agua fría en la cara y vomité hasta que mi estómago estuvo vacío. Pero regresé a la mesa de negociaciones, sonriendo, actuando como si nada, hasta que el convenio se firmó y el dinero se aseguró.

Esa noche, cuando llegué a casa, me desmayé en la ducha. Andrés me encontró, me llevó a la cama, y al día siguiente, me trajo flores. "Eres la mujer más fuerte que conozco", me dijo, sin comprender realmente la profundidad del daño que me estaba causando, que yo misma me estaba causando por él.

La consecuencia más dolorosa de todo ese desgaste físico y emocional fue el daño a mi sistema reproductivo. Los médicos me lo confirmaron años después, en una de esas visitas silenciosas que hacía a la clínica cuando Andrés estaba de viaje. "Señora Arnal, el estrés crónico y los desequilibrios hormonales han afectado severamente su fertilidad. Sus posibilidades de concebir de forma natural son extremadamente bajas", me dijeron. La noticia me golpeó como un rayo. Yo, que siempre había soñado con ser madre, con tener esa pequeña familia que Andrés me había prometido en sus inicios, ahora enfrentaba la cruda realidad de un cuerpo agotado, un cuerpo que él, con su ambición desmedida, había ayudado a destruir.

Las palabras de Andrés, solo tropezaste en mi camino, resonaban en mi cabeza. No, no había tropezado. Había saltado, me había lanzado de cabeza a un abismo por él, creyendo que me esperaría al otro lado. Y ahora, no solo me había dejado caer, sino que se burlaba de las cicatrices que su caída me había causado.

Mi visión de la ciudad por la ventana se volvió borrosa de nuevo, esta vez no por lágrimas furtivas, sino por una ira helada y contenida que comenzaba a bullir en lo más profundo de mi ser. El dolor se estaba transformando. Ya no era solo tristeza. Era una determinación férrea, más dura que cualquier roca. Él había querido que aceptara a Ivanna. Bien. Lo haría. Pero no de la forma en que él esperaba. Sería mi última y más grande estrategia, una retirada táctica que lo dejaría sin saber qué lo había golpeado.

También te puede gustar

Portada de la novela ¿Amor? No. ¿Sexo? ¡Sí!
9.0
Tras vivir un matrimonio sin pasión, descubro que la supuesta impotencia de mi marido era una mentira: me engañaba con mi propia madre. Al borde del abismo, un misterioso hombre evita mi suicidio y terminamos compartiendo una noche de entrega absoluta. Convencida de que jamás volvería a cruzarme con él, el destino me reserva un giro perverso: el extraño que me devolvió el deseo es el prometido de mi tía y se convertirá en mi nuevo tío político.
Portada de la novela Contrato con la Mafia
9.0
Alessandra De Santis vive marcada por el odio hacia su propia sangre en la Cosa Nostra. Tras perder a su pareja por culpa de su progenitor, huye con el único deseo de destruir el imperio familiar. En su camino aparece Dereck Collins, un agente encubierto cuya misión es desmantelar las redes sicilianas desde dentro. Unidos por la necesidad, ambos forjan una alianza de alto riesgo. En este tablero de traiciones, su pacto es el único modo de salir con vida.
Portada de la novela Después de ti
7.9
Evelyn Carter y Leonardo Hill desafiaron las barreras sociales en Wyoming con un romance prohibido, pero la familia de ella logró separarlos mediante crueles engaños. Tras quince años de distancia, el destino fuerza un reencuentro marcado por el rencor y viejas heridas. La situación se complica con la llegada de Michael Anderson, un hombre seductor que sacudirá los sentimientos de Evy. Entre intrigas y mentiras, ella decidirá si recuperar su pasado con Leo o apostar por el misterioso Mike.
Portada de la novela El Fénix Renace: Amor y Traición
9.2
Sofía Ramírez, la icónica piloto de carreras de la Ciudad de México, recibe una segunda oportunidad tras ser traicionada por Ricardo Solís. En su pasado, él y su cómplice Lucía le arrebataron todo, condenándola a morir tras las rejas. Al despertar en el día clave de su elección, Ricardo intenta manipularla nuevamente para favorecer a su amante. Lo que él ignora es que Sofía también ha regresado y usará sus recuerdos para destruir su ambición.
Portada de la novela Entre mis piernas
8.1
Después de la trágica pérdida de su familia, una joven busca refugio en el tío de su mejor amiga. La atracción física es innegable, pero la frialdad y el hermetismo de él la sumergen en un mar de dudas. ¿Es un vínculo genuino o un capricho pasajero? Enredada en una seducción donde se siente la presa, ella debate si huir o intentar comprender a ese hombre inexpresivo que, pese a su distancia emocional, no deja de buscarla una y otra vez.
Portada de la novela La Heredera Que No Pudieron Enterrar
8.3
Una joven heredera despierta en La Rioja con el terrorífico recuerdo de su muerte. En su vida anterior, su prometido Javier, su hermanastro Mateo y Carmen usurparon su bodega familiar mediante un ritual oscuro, transfiriendo su alma al cuerpo de un perro para sacrificarla. Tras experimentar esa agonía animal, regresa mágicamente al día de su compromiso. Con el conocimiento de la traición, iniciará una implacable búsqueda de justicia contra quienes la destruyeron.