Portada de la novela El Esposo de mi Madre

El Esposo de mi Madre

9.6 / 10.0
En la romance novel El Esposo de mi Madre, Oriana huye para silenciar la pasión por el marido de su madre. Este modern novel narra su lucha contra las normas sociales y el caos de sus sentimientos, siendo una opción ideal para quienes buscan romance stories intensas y prohibidas.
Resumen de El Esposo de mi Madre
La vida de Oriana se desmorona con la llegada de Iván, el seductor y misterioso esposo de su ambiciosa madre. A pesar de su crianza, la joven se ve atrapada en una atracción prohibida que desafía cualquier convención social y desata un caos interno. Intentando recuperar la razón y silenciar sus deseos, Oriana decide refugiarse en el hogar de su padre. No obstante, escapar del hombre que ama a su progenitora será el desafío más difícil de su existencia.
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El Esposo de mi Madre Capítulo 1

Capítulo 1 —Baile de máscaras

Oriana:

—Vamos Oriana, no seas aguafiestas y ven, será divertido, me lo agradecerás mañana

Me había dicho mi amiga, tratando de convencerme que fuera con ella a una fiesta de antifaces en el Hotel Mirage

—No, déjame Sandra, sabes que no me gustan las fiestas y menos de antifaces, eso de esconderse detrás de una máscara no es lo mío

—¿No querías perder tu virginidad con el primero que te pidiera que te acostaras con él? —y sonrió, recordándome esa estupidez que dije un día pasada de copas —¿Qué mejor que con un enmascarado que no sepas quien es y, lo mejor, que no sepa quién eres? —continuó diciendo mientas se arqueaba de hombros.

Por más que me pesara, si iba a cumplir mi palabra, esa era la mejor ocasión

—No sé… —igual dudé

—Anda, Oriana, hemos salvado todos los exámenes con las mejores notas, nos merecemos una fiesta y tú —se colgó de mis hombros —una aventura digna de contarle a tus nietos luego…

Así que fuimos de compras y, unas horas después, estábamos entrando en el gran hotel. De más está decir que Sandra de inmediato consiguió compañía y desapareció de mi vista. Eso hizo que me sintiera un poco perdida, así que luego de dar unas vueltas por el salón y beber un poco de champagne, decidí que era momento de irme. Traspasé el salón, abriéndome paso entre la multitud, de pronto alguien me cogió de un brazo y me detuvo

—Suelta, Sandra, ya me voy…

—Lamento decepcionarte, pero no soy precisamente Sandra

Y tenía razón, yo creyendo que era mi amiga que me había visto pasar, pero era un hombre, bastante alto y fornido, se notaba su aspecto atlético, aún debajo del impecable esmoquin que llevaba. Su rosto estaba dividido por un antifaz a la altura de sus ojos, pero dejaban ver lo suficiente para saber que era un hombre muy atractivo. Su boca era sensual con una sonrisa encantadora y sus ojos destilaban un brillo casi enceguecedor.

—Disculpe, creí que era mi amiga

—Ahora que has visto que no lo soy, podías concederme este baile, digo para compensarme por el error de confundirme con una mujer

No pude ni responderle cuando ya estábamos en la pista moviéndonos al son de una suave melodía. Me tomó por la cintura y por la nuca, haciendo que mi cuerpo se pegara al suyo. Su aroma me parecía familiar, el calor de su cuerpo me daba comodidad, así que me dejé llevar como en un sueño. Cuando la música terminó, levanté mi cabeza y me encontré con sus ojos. Un estremecimiento recorrió mi espalda y temblé. Se fue acercando lentamente, lo deje hacerlo, quería que lo hiciera, hasta que apoyó sus labios sobre los míos y se abrió paso en mi boca con su lengua. La recibí gustosa, convirtiendo aquel acto en un beso voraz y desenfrenado. Sentir esos labios abrazadores y el sabor de su lengua estaba enloqueciéndome. Y mi duda estaba resuelta, ¡había encontrado al hombre con quien quería perder mi virginidad! Mi pelvis comenzó a punzar de una forma poco habitual, solo el roce de su pierna en ella la aliviaba, pero pedía más. Juraría que sentí su abultado miem*bro a la altura de mi estómago, pues era bastante más alto que yo

—¿Vamos a quedarnos así o damos el siguiente paso y subimos a mi habitación?

Mis manos apretaron sus brazos, creo que esa fue una respuesta para él, pues me cogió de la mano y me guío por el edificio hasta llegar a su habitación. Una vez dentro me estampó contra la puerta y me dio un beso de esos que hacen que tu corazón se detenga y el cerebro te explote.

—Yo… —susurré incapaz de decir una frase completa

—Quítate esto —y quiso despojarme de mi antifaz, pero le detuve la mano

—Preferiría que no… —al fin dije algo coherente

—Cómo desees —y se separó un poco para mirarme por completo —Solo hay una cosa que necesito saber, ¿estas segura de que quieres esto?

—Sí… —se escapó involuntariamente de mi boca

—¿Has estado con un hombre antes?

—Sí, claro —pero no soné creíble

—No, no has estado… —y se volvió a acercar a mi esbozando una sonrisa que rozaba lo macabro —Tranquila, si realmente lo quieres, prometo tratarte bien, no te lastimaré, pero no olvidarás jamás esta experiencia, eso te lo puedo jurar

Me levantó en brazos y me recostó en la cama. Fue despojándome de una en una cada prenda que vestía, a la vez que él se iba quitando la suya, una mía, una suya, una mía, una suya… y así hasta quedar solo vestidos con nuestros antifaces. Bajó la intensidad de luz, dándole a la habitación un toque de sensualidad. Me hizo poner en pie y él se sentó al borde de la cama. Comenzó a acariciar mi piel de un modo que generaba una electricidad, hasta que rozó mis pes*ones con sus dedos, no me aguanté y dejé escapar un gemido. Al ver como se endurecían, sonrió y cambió sus dedos por la lengua primero y luego toda su boca. Mi cuerpo estaba a punto de colapsar, me tomó de los muslos y me acercó aún más a él, podía sentir como sus dedos se hundían en la carne de mis nalgas, generando un dolor más que placentero. De pronto me tiró sobre la cama y abrió mis piernas con delicadeza

—Yo… —susurré

—No es necesario que digas nada, tu solo gime, jadea, grita si quieres, pero no digas nada —murmuraba mientras sus labios recorrían mi cuerpo acercándose a mi pelvis —hacía rato te veía en el salón y solo podía imaginar este momento, tenerte así, desnuda en mi cama —Pasó la punta de su lengua por mi clí*toris —eres deliciosa, más de lo que me había imaginado —y se internó generando en mi un gran espasmo, luego continuó con movimientos circulares y lubricando mi entrada para recibirlo unos minutos más tarde. Se detuvo y en lugar de seguir pasando su lengua, succionó con sus labios haciendo que mi garganta se desgarrara en un grito y mi espalda se arqueara separándose de la cama mientras mi pelvis latía y mi cuerpo se llenaba de espasmos. No se detuvo hasta que me calmé y fue allí cuando se puso sobre mí y mientras me besaba, aún con el sabor de mi intimidad en su boca, lentamente fue abriéndose paso hacia mi interior. Yo estaba más que lubricada, por lo que no le fue difícil culminar su tarea. Una vez dentro, y sin dejar de besarme, comenzó un vaivén que resultó ser muy placentero para mí, siempre creí que la primera vez sería dolorosa y que sangraría, pero mi cuerpo parecía estar preparado para él, como si lo hubiera estado esperando toda la vida. Me miró, con esa mirada intensa que tenía y mordiendo su labio inferior emitió un grito tanto o más desgarrador que el mío. La cama estaba empapada, ¡nosotros estábamos empapados! Yo me sentía feliz, con una felicidad indescriptible. El resto de la noche pasamos haciéndolo, de mil y una manera, creo que quería quedar grabado en mi piel. Ya exhaustos, nos venció el sueño. Cuando el amanecer irrumpió en la habitación, me desperté, sentía que el antifaz estaba pegado a mi piel. Con cuidado me levanté para no despertarlo, él seguía durmiendo profundamente. Al terminar de vestirme, pensé en acercarme y despedirme con un beso, como en las películas, así que me acerqué lentamente, pude ver que no llevaba su antifaz, agudicé mi vista para poder verle. El horror se apoderó de mi cuerpo, mi corazón se agitó y mi respiración se cortó. ¡Con razón me era familiar!, su aroma, su voz, el brillo de sus ojos… ¡Por Dios, me acosté con el esposo de mi madre!

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Tabla de contenidos de El Esposo de mi Madre

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