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Portada de la novela El Emir

El Emir

Tras una noche de pasión, Saamad, el Emir de Alfaslan, desarrolla una fijación con Regina. Las barreras culturales impiden su unión, por lo que él decide capturarla tras un altercado con su hermano. Ella rechaza un destino como simple amante y sus fugas atraen la amenaza de la mafia italiana. Entre verdades ocultas y un deseo voraz, la pareja se sumerge en un caos peligroso donde su amor enfrentará desafíos letales para poder sobrevivir.
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Capítulo 3

Ruedo los ojos escuchado a Alí protestar por la condición de la hermana de su amigo. Ya no me molesto ni siquiera en explicarle que hay leyes y tanto él como su amiguito lo saben.

La pelirroja se ha propuesto no sé por qué desafiarme, y se ha equivocado de Emir.

—Mañana será liberada —explico ratificando mi posición —. Hoy mismo se lo puedes comunicar a él pero no tiene derecho a visitas. Solo yo me puedo acercar a ella.

—Esto no me gusta, Saamad —se queja mi madre mientras intentamos desayunar en familia.

Mi madre ha sufrido mucho en la vida y es gran defensora de los derechos de las mujeres. Pero pertenecemos a Alfaslan y yo soy la máxima autoridad, no puedo permitir que se me falte el respeto y me provoque nadie y menos una extraña que no deja de desafiarme y me pregunto por qué.

—Lo sé perfectamente, mamá pero no te involucres —replico y mi padre ni mueve la cabeza, sigue comiendo y dándole trozos de jamón a sus leones, les encanta —. A la chica no le pasará nada y mañana estará en su casa siendo más obediente. Hay leyes y hasta tú, usabas tus túnicas cuando llegaste a aquí.

—¡Savannah, no! —se defiende nombrando a mi tía.

—Por eso no vive aquí, porque es más rebelde que tú y ella y mi abuelo adoran la libertad que les ofrece el mundo occidental pero esta chica es asunto mío y se acabó el tema —concluyo.

—Déjalo, mamá —asevera mi hermano —. Todo para él es un chiste y tener a una mujer bajo rejas por vestirse como quiera, es una broma para él.

—¡Cierra la boca, Alí! —ruge mi padre tomando partido finalmente y viendo venir que estaba perdiendo los nervios —. Esto es Alfaslan, y tu hermano cumple la ley. Si fuera yo el Emir, la hermana de tu amigo estaría en una cárcel y no en el sótano del palacio.

Tiro la servilleta en la mesa y salgo cuando veo que Faruk me hace una señal extraña. Siento el cuchicheo de mis padres y mi hermano detrás pero me alejo a hablar con mi consejero y amigo.

—Aquí tienes todo lo que me pediste de la chica —miro unas fotos en Londres donde se ve hermosa —. Es virgen, Saamad —susurra sonando a advertencia y me mira sorprenderme —. Permíteme que te deje un consejo —asiento sin dejar de ver a la pelirroja en biquini en una playa —...mañana déjala ir con su familia y si puedes expulsala de Alfaslan, hermano te conozco y vas a caer con esa mujer.

En los informes también se ve que la chica está atrapada aquí por un fideicomiso que su padrastro y hermano ambicionan. Así que supongo que no es una mera visita.

—Eso no va a pasar —decreto y le devuelvo los papeles yendo a mi alcoba para terminar de vestirme para salir.

—Todavía hay algo más —entra detrás de mi y con cuidado suelta —. Su padrastro compró cien de tus caballos y le han visto intentando salir de Alfaslan. No ha pagado. He mandado unos guardias a por él.

Ese estúpido no imagina que timandome solo consigue que mi rabia vaya en aumento y asuma que su hijastra está aquí para seducirme por algún otro fin. Acaba de complicar todo y va listo si piensa que puede burlarse de mi. No tiene una maldita idea de todo lo que puedo llegar a hacer contra alguien que me la juega

Sea hombre o mujer.

Ella debía agachar la cabeza frente a mi, jamas mirarme a los ojos y eso lo perdone. Nunca debió usar ese tipo de ropa en mi país, y la he dejado jugar conmigo pero ahora veo que todo forma parte de un mal plan y está en mis manos. Tanto ella como su familia. No soy un tipo fácil y no juega conmigo nadie.

—Prepara mi caballo que voy a salir tras él —ordeno tomando mi daga y ajustándome el turbante a cuadros rojos en la cabeza.

Me despido de Drogo, mi perro y salgo furibundo hasta el sótano. Voy a por ella y no imagina nadie cuánto han cambiado las cosas con esta nueva afrenta.

Lo peor que puedes hacer frente a un mandatario árabe es ofenderlo. Somos implacables y letales.

Mis guardias me siguen y bajamos a por ella, la llevaré conmigo y como algo vaya mal las consecuencias serán monumentales.

Llego al sótano y veo como un carcelero está intentando tocar sus piernas desnudas... la vista se me vuelve negra y mi mano sale disparada al cuello del tipo, clavo la daga en su hombro y bramo ante la atenta mirada de todos...

—Esa mujer es mía —ella cae al suelo llorando despavorida —. Si alguien la toca muere y tú nunca más —me agacho a tomarlo por el cuello —, óyeme bien...nunca más verás la luz del sol por tomar algo del Emir. ¡Encierrenlo!

Tomo a la chica del cuello y la saca de allí. No la consuelo, ella debió saber que entre estas tierras las normas valen por algo; pero la saco del peligro y le arranco una túnica a uno de mis guardias para dársela a ella:

—¡Cúbrete! —la pone sobre sus hombros —. El cabello también —ordeno y la obligo a caminar a mi ritmo feroz. Tengo una mañana frenética.

Nadie a mi alrededor se atreve a hablar. No pueden desafiarme y saben que cuando me enojo soy letal. Si ese guardia no ha muerto es porque la pelirroja estaba mirando, no quiero que vea partes de mi que la asusten. La quiero para mí, el tiempo que pueda.

—¡¿Emir...?! —me llama Faruk y salgo al fuerte sol. Mi caballo me espera.

—Habla —bramo.

—La chica —me detengo y hago que ella  también se frente tomando su nunca —...¿Irá con usted? ¿Traigo un coche, otro caballo?

Me doy la vuelta y de un salto sin estribo caigo en el lomo sin ensillar de Tifón, mi caballo blanco como la nieve. Ella jadea y todos continúan expectantes.

—Dame tu mano —esta vez obedece enseguida y la subo delante de mi, toruradora y exquisitamente cerca de mi masculinidad —. Vayan en coche, dame mi arma.

Me ofrece el revolver y lo acomodo en mi shibari junto con la daga y segundos después estoy galopando velozmente con la pelirroja entre mis manos y su trasero provocando mi cordura; pero ella será la fuente de negociación y la única forma de evitar que mate a un hombre hoy.

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