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El dilema de Ina

Tras épocas de hostilidad, Zeus y Hera se recluyen en un palacio recóndito. La paz se quiebra cuando un llanto infantil despierta la curiosidad de Atenea, Artemisa y Dionisio, quienes intentan indagar en la morada real. Sin embargo, son rechazados por la guardia y la orden directa de Zeus de respetar su retiro. Quince años han pasado desde aquel extraño suceso, y ahora una invitación a un cumpleaños reúne a todos los dioses para revelar el secreto oculto.
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Capítulo 3

Una vez que termino de arreglar mi cabello salgo de la habitación emocionada, levanto un poco la falda de mi vestido y me apresuro a caminar por los pasillos. Mañana es mi decimosexto cumpleaños y mis padres me prometieron que me harían una fiesta. Llego hasta el salón principal, en donde está el trono de mi padre y madre, asomo la cabeza por el pasillo y veo que están hablando con alguien; Ellos me tienen estrictamente prohibido venir a esta parte del castillo en las mañanas, porque reciben gente, incluso me esconden de los extraños. Dejo salir un suave suspiro, mi ansiedad sube como la espuma y decido acercarme a ellos.

— ¡Mamá, papá! — Me acerco a ellos apresurada.

Al escuchar mi voz, ellos se giran hacia mí con los ojos abiertos de par en par, el joven que estaba hablando con ellos también se gira para verme.

— ¡Cariño! — Chilla mi madre con horror mientras se apresura a mí para esconderme del hombre.

—Hera por favor… no podrás esconderla para siempre— Dice el joven mientras se acerca.

Al oír como se refiere a mi madre, me escapo de su protección y me dirijo al hombre, un poco molesta e incómoda por la forma en la que le hablo.

—Disculpa, pero creo que debes hablarle a mi madre como es propio, no son iguales— Frunzo el ceño mientras lo miro a los ojos.

—Disculpa… hermana— Dice esto con algo de sarcasmo, luego dirige su vista a mi madre y le hace una absurda reverencia. —Perdona… Diosa Hera— Sonríe mostrando los dientes de forma incómoda.

Miro con atención al hombre y veo que tiene un atuendo algo ligero, su túnica sólo cubre la mitad de su pecho y la falda es bastante corta, estoy segura de que si se agacha se le verá todo, su cabello castaño semi rizado hace juego con el tono de su piel bronceada, sus sandalias que tienen un par de alas a los lados al igual que el casco que trae puesto.

—Hermes, basta— Dice padre en tono autoritario mientras camina hacia nosotros. — Cariño, ¿Qué haces aquí? Sabes que no puedes venir a la sala del trono de día— Me toma de los hombros con suavidad.

—Lo sé padre, pero… estoy tan emocionada— Digo con alegría mientras doy pequeños saltos en mi lugar de la emoción que tengo. —Quiero ver todo lo de mi fiesta—

Padre desvía la mirada de forma descarada y empieza a balbucear algunas cosas que no entiendo.

—Se hará mi fiesta… ¿Verdad? — Miro a mis padres preocupada.

—Cariño— Mi madre me habla de forma condescendiente mientras se acerca a mí.

—Nooo…. — Digo decepcionada mientras me alejo de ellos. —Ustedes lo prometieron… me dijeron que…— Bajo la mirada triste.

—Hija, escucha…— Mi padre camina hacia mí. —Se ha producido una guerra y como es costumbre, todas las fiestas se detienen hasta que Ares vuelva al olimpo—

Levanto la mirada enseguida, la sonrisa vuelve a mis labios.

—Entonces… ¿Sólo lo vamos a esperar a él y… haremos mi fiesta? — Junto ambas manos, llena de esperanza.

—Claro que, si cariño, eso nos da tiempo suficiente para organizar todo con calma— Madre me dedica una tierna y hermosa sonrisa.

—Entonces avisaré a todos, que apenas Ares regrese se festejará la fiesta de nuestra hermana— Hermes se para a unos metros de mí. —Un gusto conocerte… hermana, nos veremos pronto—

—Adiós hermano, cuídate mucho— Le dedico mi mejor sonrisa.

Él me mira un poco curioso, luego asiente con la cabeza y se va sin decir nada más.

—Y… ¿Cuándo vuelve Ares? —Regreso la vista a mis padres.

—En dos meses cariño—

— ¿¡Que?! — Digo un poco enojada y sorprendida.

—Lo sabemos cielo, pero es algo que hemos hecho desde hace siglos, toda la familia debe estar en el olimpo para que luego no se hagan malos entendidos— Madre me toma de los hombros y frota mis brazos con suavidad. —Además, Ares seguramente no vendrá, se la pasará revolcándose con Afrodita apenas regrese—

Ladeo la cabeza y volteo a ver a mi padre con una expresión de confusión, el termino… revolcándose no tiene sentido para mí.

—Que pasará tiempo con Afrodita cielo, no vendrá a la fiesta, pero aun así hay que invitarlo—

—Ahh ya— Digo un tanto confundida. —Bueno… entonces ¿Cuándo veremos los preparativos? — Miro a madre a los ojos llena de ilusión.

—Ahora mismo cielo, la fiesta debe ser perfecta—

Durante los dos últimos meses mi madre y yo nos la pasamos organizando todo para mi fiesta, la decoración, la bebida, la comida, el entretenimiento; No pensé que fuera a ser tan pesado organizar una fiesta, pero ¿Cómo saberlo si es la primera que organizo? Una vez que terminamos de ver todo, me hago una prueba de vestido, la condición que pusieron mis padres para hacer esta fiesta fue que, mi vestido debía tener una capucha que cubriera mi rostro y debía tener el cabello recogido al igual que usar guantes, que bajo ninguna circunstancia debía quitarme nada sino darían por concluida la fiesta; A pesar de que mi cumpleaños ya pasó, mis padres siguen sin decirme nada, parece que el hecho de que Ares se haya ido fue muy fortuito para ellos ya que solo me dieron largas y largas.

Ya con todo listo, no puedo evitar estar muy nerviosa, es la primera y tal vez única vez que vea a mi familia, camino por mi habitación ansiosa, preocupada y sobre todo temerosa.

—Cariño… acuéstate a dormir— Dice madre desde la puerta mientras suelta una leve risa.

—Si madre, pero estoy tan asustada… que no puedo conciliar el sueño— Volteo a verla preocupada. — ¿Si avisaron a todos? ¿Todos confirmaron que vendrán? — Me acerco a ella angustiada.

—Si cariño, tu hermano Hermes se encargó de eso y nos trajo las cartas de respuesta, incluso la de Ares— Lo último lo dice con hastío.

— ¿Lo odias madre? —

—Claro que no querida… es solo que... — Niega suavemente con la cabeza. —No importa cariño, no vendrá de todas formas así que no debemos preocuparnos por eso— Me toma de las manos con gran alegría. —Lo que importa es que es tu gran momento cielo y debemos estar felices por eso—

Veo a mi madre sonreír, pero puedo ver en sus ojos lo preocupada que esta y en definitiva no está nada de acuerdo con todo esto.

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