Portada de la novela DANCE WITH THE DEVIL.

DANCE WITH THE DEVIL.

9.6 / 10.0
Briella nunca creyó en mitos ni seres oscuros hasta que la muerte la obligó a enfrentar la realidad. Para escapar de su final, selló un contrato prohibido con Sytry, entregándole su alma a cambio de la vida. Pero el demonio no actuó por bondad; cautivado por la esencia de su sangre, solo buscaba reclamarla como un objeto personal. Tras vivir bajo el peso de esta deuda eterna, ha llegado la hora de que él tome posesión definitiva de lo que ahora le pertenece.

DANCE WITH THE DEVIL. Capítulo 1

BRIELLA.

Nunca había tenido suerte. 

Supongo que así sería hasta el día de mi muerte.

Nunca di un primer beso. 

Nunca nadie me tocó inapropiadamente. 

Nunca hice nada más que soportar los golpes de mi padre y luego los de la madre superiora. 

Así que supongo que no sería extraño morir de la misma manera. 

Miro el acantilado ansiosa porque esto termine. 

-Mereces morir como la puta perra que eres. 

El hombre que me engendró me mira y escupe alejándose en medio de la noche. 

No, no lo merecía pero hace tiempo que deje de responder. 

La oscuridad podría ser un lugar aterrador, la sensación de estar desangrándome se parecía mucho a cuando estaba exhausta. 

Demasiado cansada para luchar. 

Las estrellas aquí siempre parecen brillar mucho más de lo normal, implorándome que me mueva, que la esperanza está ahí al alcance de mis manos solo tengo que quererla con todo el corazón. 

Quizá sea el momento perfecto para orarle a ese hombre con el que hace años atrás me case, figurativamente, ya sabes, ese dios del que todos hablan pero que nunca me mostró misericordia. 

Pero que se joda ¿no? Preferiría llamar a su maldito rival, ¿donde están los demonios cuando los necesitamos? Mierda, ojala pudiera invocarlos. 

“Si alguno está escuchándome joder, te daré mi alma”

Cierro los ojos escuchando el murmullo de las aves nocturnas que me verán morir. 

“Como sea” 

Mis dedos tocan la herida en mi estómago. 

Hay demasiada sangre.

Está tibia y pegajosa. 

“Mierda. Ew” 

“¿Cuánto tiempo tarda una persona en morir?” 

-Mucho. Si sacas esa navaja será más rápido. 

La voz masculina me obligó a abrir los ojos. 

¿Estoy alucinando? Debe ser un maldito efecto secundario. 

-No lo es, estoy aquí. 

Intentó levantar la cabeza buscó por todas partes sin éxito. 

“¿Dios?”

Una risa profunda me hiela los huesos, se siente con un montón de hielos bajando por donde debería viajar mi médula ósea. 

-Dios nunca viene a ayudar, pastelito. 

Es entonces cuando lo veo, observándome como un animal mal herido y joder, en cierto modo lo soy, los humanos también somos animales, bestias mucho peores que las que se esconden entre los arboles de este bosque. 

Un hombre, lleva una gabardina con el cordón ajustado a su cintura, su cabello castaño esta despeinado y puedo ver sus botas negras debajo de sus pantalones perfectamente lisos.

“¿Qué carajo?”

Sonríe con los brazos cruzados en el pecho, no hace absolutamente nada y eso ni siquiera me extraña, nunca nadie ha hecho algo por ayudarme. 

Me retuerzo sobre las hojas secas, crujen debajo de mi habito intento levantarme. 

-Una luchadora.- dice todavía mostrándome esos caninos que parecen mucho mas afilados de lo normal. 

No digo nada, no hago nada, solo… joder, ¿cuanto tardara esto?

-¿De verdad solo morirás así? 

Su pregunta golpea mi frágil ego pero ese mismo es el que me trajo hasta este maldito momento, disculpa si solo quiero tener una muerte pacífica. 

-¿Quién eres?.- por un segundo el dolor se disipa, así que lo aprovecho tanto como puedo. 

-Alguien que puede ayudarte. 

Suelto un resoplido que se mezcla con una risa extraña. 

-¿Llamarás a una ambulancia?

“¿Crees que no le he intentando?” “¿Qué no lo hemos intentado todas?”

Sonríe de nuevo como si estuviera satisfecho. 

-¿Quién necesita un medico?

Cierro los ojos sintiendo como poco a poco el dolor vuelve cada vez mas y intenso, gimo de dolor retorciéndome sobre la tierra, es extraño porque el dolor se va. 

¿Qué es todo esto? 

El sudor en mi frente corre por mi cien. 

-¿Qué es lo que quieres? 

“¿Y porque no me dejas morir en silencio?”

Camina hasta el borde del precipicio se inclina de espaldas a él mirándome sus ojos son tan parecidos a los de un gato que me asustan, brillan como farolas en la oscuridad pero todavía distingo el dorado en uno de ellos y el azul en otro. 

Es jodidamente hermoso, sus pómulos son altos y su mandíbula afilada podría cortarme los dedos si los pasara por ella, los rastros de barba podrían parecer descuidados pero en él parece perfectamente planeado.

-Esa es mi pregunta pastelito, ¿que es lo que quieres? 

Aprieto los dientes inspirando hondo, su fragancia me embriaga, es algo que nunca he olido antes, algo tan… poderoso, huele a madera ahumada y a moras o cítricos o sal de mar, o mierda como si todo eso junto fuera posible y todavía estuviera ansiosa por guardar ese aroma en un frasco. 

-Quiero…- hablo por inercia, como si se tratara de un impulso que siempre estuvo en mi pecho.- Vivir. 

Escupo palabras torpes porque el dolor empuja mi estomago. 

El extraño sonríe apartándome el cabello del rostro, las llenas suaves de sus dedos me provocan escalofríos, su piel esta hirviendo. 

-Hagamos un trato pastelito.- se acerca hasta que su rostro casi toca el mío, inhalo con fuerza por la boca y gimo un poco por el dolor, todavía me maldigo por pensar que de cerca es todavía mas guapo, demasiado atractivo para el bien de cualquier mujer. 

-¿Un trato?

-Tu alma. 

Por un momento incluso el silencio se agudiza, no hay nada por un segundo, ni el viento, ni el sonido de los grillos arrullándome, es un vacío inexplicable. 

-¿Q-que eres?

Se pone de pie y la silueta que forma cuando se gira al abismo es una completamente diferente, un animal… un ave, un leopardo… ni siquiera tiene sentido porque cuando vuelve a mirarme sigue siendo la perfección humana. 

-¿Quién soy? Soy alguien que esta dispuesto a ayudarte, sabes… he estado aburrido y en este pueblo de mierda hay pocas cosas que me entretienen, pastelito. 

Frunzo el ceño.

He leído la biblia, me la se de memoria gracias a todos los golpes que el pastor me propiciaba cada puta mañana. 

“tu alma no se puede vender, cualquier acción para hacerlo es simplemente apartarse de Dios. Te condenas no por el hecho, sino por la intención del hecho”

Es imposible, los demonios no existen. 

Pienso cada vez que ore a dios, cada noche que le suplique que me ayudara, nunca apareció. 

Aquel hombre vuelve a acercarse, esta ves me toma del cuello jalándome hasta que nuestras narices se juntan, hasta que casi puedo sentir sus labios y me paralizo. 

-A partir de ahora soy yo tu dios, tu salvación, tu única esperanza. 

-Yo no…

Sonríe y el dolor se intensifica, siento que algo me presiona, grito llena de desesperación e incluso sudo por el dolor, mi vista es borrosa y apenas si puedo mantenerme despierta. 

“No puedes morir así, no puedes morir y dejar que se salga con la suya”

Un grito desgarrador sale de mi garganta y luego… nada. 

Desaparece por arte de magia. 

Respiro a toda velocidad llena de pesadez. 

-¿Qué… carajo? ¿Como es posible que…?

-Puedo liberarte de ese dolor.- ofrece.- Puedo darte poder si es lo que quieres, puedo protegerte. 

-Nadie puede protegerme.- lo sé porque he vivido en el mismísimo infierno durante 21 años.

Su mano acuna la mía, una ola de acidez se apodera de mi cuerpo y de pronto… se ha ido, el dolor. 

Reviso cada centímetro de mi cuerpo, sano, sin una jodida cicatriz, me incorporo al fin y lo miro sorprendida. 

-Es temporal pastelito, pero puedo hacerlo realidad, solo necesitas decir que si. Sin embargo si dices que no…

El dolor vuelve con mas fuerza y la desesperación se come mis entrañas. 

-Morirás lentamente, con tanto dolor que…

-¡Jódete!.- grito para nadie en especifico, para todos, para nadie. 

-Aw, pastelito, sabes maldecir, pero el tiempo se te acaba. Tik tak, tik tak.

Mueve el dedo indice de un lado a otro, sin parar mientras me deja respirar. 

De pronto como si no lo supiera ya o toda la sangre me gritara que soy una estúpida, sé que si no tomo lo que me ofrece… moriré. 

Será una muerte injusta y probablemente mi fantasma ronde por los al rededores para siempre. 

“Mierda”

No quiero eso. 

-Si… nadie quiere eso.- resopla con diversión. 

-¿Puedes escuchar lo que digo?

-Si. 

-Si hacemos… el trato, ¿dejaras de oírme?

-Si.- repite sin darme una explicación. 

Miro al cielo, las estrellas han desaparecido y no se si es una señal para que corra a mi muerte o una para decirme que la salvación ha llegado. 

Como sea. 

-Lo haré. 

Una sonrisa siniestra provoca que mi estomago se retuerza no tengo miedo, es… algo diferente un par de agujas pinchando mi interior en algo que jamás en toda mi vida había sentido, adrenalina, emoción, excitación….

Sonríe aun mas grande acercándose. 

-Sabía que algún día te encontraría. 

Toma mis dedos entre los suyos sin esperar respuesta y saca un artefacto redondo que parece un guardapelo, de él saca una pequeña cuchilla en forma de serpiente, besa mi mano inhalando no fuerza y corta tres veces seguidas mi palma formando una estrella, deja que la sangre caiga en el interior del aparatejo y luego hace lo mismo con su mano, la sangre se quema, arde en un fuego intenso y hermoso, puedo sentir como todo en mi se inunda de un rojo poderoso, el brillo me deja completamente ciega, todo lo que veo es a él. 

Y luego rojo, rojo, rojo….

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Tabla de contenidos de DANCE WITH THE DEVIL.

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