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Portada de la novela El dilema de Ina

El dilema de Ina

Tras épocas de hostilidad, Zeus y Hera se recluyen en un palacio recóndito. La paz se quiebra cuando un llanto infantil despierta la curiosidad de Atenea, Artemisa y Dionisio, quienes intentan indagar en la morada real. Sin embargo, son rechazados por la guardia y la orden directa de Zeus de respetar su retiro. Quince años han pasado desde aquel extraño suceso, y ahora una invitación a un cumpleaños reúne a todos los dioses para revelar el secreto oculto.
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Capítulo 1

—Él debe nacer pronto.

— ¿Cómo haremos eso? — Se escucha preocupado. —Si ellos lo descubren… si ÉL se entera… no dudara en…—

—Shhh— Lo manda a callar enseguida. —Ni lo digas… es por eso que debemos pensar mejor en dónde lo vamos a enviar—

— ¿Cómo estas segura de que será él otra vez? — Se escuchan ecos de pasos. —No sabemos si va a recodar lo sucedido—

—Es por eso que deposité algunas de sus memorias en…—

Se escucha a lo lejos una puerta pesada abriéndose seguida de unos pasos que corren haciendo eco en la habitación.

— ¡Mis señores! — Grita una mujer angustiada. —Nos han llegado noticias… al parecer nadie se ha percatado de que… él va a renacer—

— ¡No sabemos si va a ser él mismo! — Grita histérico el hombre. —Estamos depositando nuestras esperanzas en alguien que… no tenemos ni la más mínima idea de si nos va a ayudar en esta… guerra—

—Lo hará, porque como decía… deposité algunas de sus memorias en su viejo báculo, ahora hay que enviarlo a la tierra lejos de las miradas curiosas—

— ¿Ya es hora? — Pregunta la voz nueva.

—Ya casi, debemos aprovechar que aún no se percatan de su presencia y cuando lo hagan, será demasiado tarde—

— ¿Cómo vamos a evitar que descubran su identidad? A ese nada se le escapa—

—Se podrá autonombrar como el señor de los cielos y amo de todo, pero nosotros sabemos que no es así— Suelta una ligera risa sarcástica. —Sólo es un mocoso malcriado, es todo… si tuvimos el poder para traer su alma de vuelta, tenemos el poder de hacerlo pasar desapercibido—

—Espero que tu plan funcione—

—Lo hará, he pensado en esto durante millones de siglos, he visto todas las posibilidades con su báculo y encontré la mejor ruta para hacer esto—

Un extraño sonido irrumpe en la habitación, haciendo que los presentes se queden callados al instante.

—Ya es hora…— Dice con pesar la primera mujer. —No te preocupes, cuidaremos de ti siempre y nos aseguraremos de que nadie se interponga en tu camino, hasta que llegue el momento… debes mantener un perfil bajo— Camina por la inmensa habitación. —Recuerda, debes buscar tu báculo en la tierra, no será fácil antes lo atentos ojos de él, ya que serás su predilecto y recuerda…—

Sus palabras se vuelven confusas, torcidas y poco claras.

— ¡Contamos contigo! —

Se escucha a lo lejos, como un alboroto que luego desaparece junto con las voces.

Despierto sobresaltada, empapada de sudor frío, paso mis manos por mi cabeza y tiro de mi cabello con suavidad, miro a mi alrededor y veo que estoy en mi habitación, rodeada de mis cosas, miro por la ventana y veo que aún es de noche, me levanto y me asomo por ella. Las estrellas están hermosas y tintinean con suavidad, dejo salir un pequeño suspiro.

—Ese extraño sueño otra vez— Paso mis manos por mi cuello de forma inconsciente, como si estuviera buscando algo que no está ahí. — ¿Qué significa? Si es que tiene algún significado—

Miro por encima de mi hombro y veo la puerta, una parte de mi quiere salir al jardín a pasear y despejar la mente, pero padre me tiene estrictamente prohibido salir de mi habitación a altas horas de la noche, dice que puede ser peligroso para mí.

Me levanto de mi lugar y decido hacer caso omiso a las advertencias de mi padre, con mucho cuidado abro la puerta y miro en ambas direcciones, al ver que ningún guardia está haciendo su ronda, decido escabullirme hasta los jardines. Caminar a oscuras en los inmensos pasillos me da cierta intranquilidad, pero al mismo tiempo me inyecta de adrenalina, las palmas de mis manos sudan un poco, mi corazón late con fuerza al punto de que lo puedo escuchar con claridad.

Luego de un largo recorrido por los pasillos, por fin veo la puerta de cristal que lleva a los jardines, camino hacia ella a paso firme y decidido, pero me detengo en seco cuando escucho unos pasos provenientes del pasillo contrario, con la mirada busco un escondite.

—Me siento ridícula haciendo esto— Resoplo con ligereza mientras me escondo detrás de una cortina.

Hacer esto me recuerda a cuando era niña y me escondía de papá, siempre me encontraba.

Los pasos pasan delante de mí y se detienen por unos instantes, poso mis manos sobre mis labios y aprieto con fuerza, mi respiración se vuelve cada vez más agitada y siento como un sudor frío recorre mi espalda, como si alguien me acariciara con la yema de sus dedos. Los pasos siguen su camino y una vez que se escuchan muy lejos, salgo de mi escondite con cuidado para luego apresurarme a salir al jardín.

Una vez fuera dejo salir un suspiro de alivio; Es la primera vez que desobedezco a papá, una parte de mí se siente mal, pero por otra parte… toda mi vida me la he pasado encerrada en este palacio y lo único que alivia mi agobio a este encierro es salir al jardín. Camino por los caminos de piedra y voy a mi lugar favorito, a lo lejos veo mi banco favorito rodeado de flores blancas y rosas, tomo asiento y veo al cielo, varios suspiros se me escapan, una y otra vez.

—Te ves muy pensativa, querida—

La voz del intruso hace que me levante de mi lugar de un salto y mira a mi alrededor asustada y temerosa.

— ¿Q-Quien anda ahí? — Pongo mis manos sobre mi pecho y las estrujo con fuerza.

—Tranquila querida, solo vine a decirte algo importante—

Una nube espesa se manifiesta frente a mí, que poco a poco se va transformando en un hombre alto, corpulento, con un rostro adornado por una espesa barba de color negra igual que so corta cabellera, parece que es mayor que mi padre, sus ojos grises me miran con atención, luego toma asiento en mi banca, invitándome a sentarme a su lado.

—Bueno querida… la verdad es que nos sorprendió mucho ver que eras… una mujer, todos esperábamos que fueras un hombre— Suelta una ligera risa. —Pensamos que serias él de siempre—

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