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Portada de la novela El día que dejó de esperar

El día que dejó de esperar

Kristine amó a Colton en silencio, pero el CEO eligió a otra mujer que esperaba su hijo. Aun así, ella propuso casarse, solo para ser abandonada en el altar por su verdadero amor. Tras siete años de desprecios, ella escapa para reconstruir su destino lejos de él. Tiempo después, un Colton desesperado la encuentra en un juzgado junto a otro hombre. Aunque él suplica perdón entre lágrimas, Kristine ya está casada y no piensa mirar atrás.
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Capítulo 2

Hicieron falta más de una docena de camiones para vaciar la casa de Kristine y transportar todas las antigüedades.

De pie en el espacio casi vacío, Kristine sintió una extraña sensación de alivio.

Tomó su celular, revisó el calendario y solo entonces se dio cuenta de algo que había pasado por alto por completo: el día anterior a su partida era su cumpleaños.

Con los años, cada fecha especial se había vuelto dolorsa para ella, porque cada uno implicaba inevitablemente una llamada de Elyse a Colton, y así fue como acabó olvidando por completo su propio cumpleaños.

Pero ahora que él estaba fuera de su vida, por fin pudo volver a algo parecido a la normalidad.

Esa noche, se fue a dormir aferrada a esa frágil esperanza. Cuando llegó la mañana, se dirigió a una casa. Colton y ella habían planeado vivir allí después de casarse.

En un principio, él la había comprado por completo, pero Kristine insistió en pagar la mitad.

Para ella, un lugar solo podía llamarse hogar si ambos contribuían a él por igual.

En su momento, tenía poco dinero disponible, pero aun así decidió vender su par de figuritas de cerámica más preciado. Eran realmente irremplazables.

Después de introducir la contraseña, la cerradura mostró un error, y frunció el ceño de inmediato.

Ella misma había elegido la contraseña, que se formaba combinando sus dos cumpleaños.

No había ninguna razón lógica para que fallara.

De repente, una voz de mujer de mediana edad se oyó desde el interior de la casa. "¿Quién es?".

Segundos después, la puerta se abrió un poco y apareció una cara de confusión.

La cautela se coló en su tono cuando Kristine preguntó: "¿Quién es usted?".

Sin dudarlo, la mujer respondió: "¿Y quién es usted?".

Kristine pasó junto a ella y entró. Entonces vio a Elyse salir del dormitorio, vestida con un camisón.

Quedó dolorosamente claro que Elyse ya vivía allí.

La molestia invadió a Kristine cuando preguntó: "¿Quién te permitió mudarte a esta casa?".

Ver a Kristine no sorprendió en absoluto a Elyse.

Decidió mudarse a propósito, plenamente consciente de lo que este lugar significaba para Kristine.

Con una sonrisa tranquila, Elyse respondió: "Colton me dijo que viviera aquí. ¿Aún no lo entiendes? Soy la única que le importa".

Elyse aguardó, esperando que Kristine perdiera los estribos, pero en lugar de eso, Kristine sacó con calma su celular y llamó a la administración de la propiedad. "Hola, soy la propietaria. Hay un ocupante no autorizado en mi casa. ¿Cómo están manejando exactamente sus responsabilidades?".

Pasó casi una hora antes de que alguien llegara.

En lugar de la administración de la propiedad, la persona que apareció fue Colton.

Entró con una presencia fría y el rostro endurecido por la impaciencia. En cuanto vio a Kristine, la irritación brilló abiertamente en sus ojos. "¿Por qué estás armando un escándalo?".

Ella sintió un dolor repentino que le oprimía el pecho.

Sinceramente, creía que no sentiría nada.

Con ira contenida, replicó: "Esta es nuestra casa. ¿Qué te da derecho a decidir por tu cuenta y dejar que ella se mude?".

El ambiente entre los dos se tensó.

Desde un costado, Elyse observaba la escena con evidente satisfacción.

Adoptó una expresión frágil y habló en tono suave, echando más leña al fuego.

"Colton, lo siento. Todo esto es culpa mía. No me di cuenta de que este era el lugar que compartías con ella. Me mudaré de inmediato".

De repente, se apretó el pecho con una mano y empezó a toser con fuerza, como si fuera a desmayarse en cualquier momento.

Sin pensarlo, Colton corrió a sostenerla. "Kristine, ¿puedes intentar ser razonable por una vez?".

La visión de su mano sosteniendo a Elyse le provocó otra punzada de dolor a Kristine. Cuando esta volvió a hablar, su voz sonó inesperadamente tranquila. "De acuerdo, ella no tiene que irse. Yo pagué la mitad de esta casa. Solo devuélveme esa mitad en efectivo y habremos terminado".

Le preocupaba cómo lidiar con la casa, pero ahora el problema se había resuelto solo.

La repentina racionalidad de Kristine era justo lo que Colton quería, pero por alguna razón lo dejó inquieto.

"Está bien. Haré que Bobby te transfiera el dinero cuando vuelva", dijo.

"De acuerdo". Después de eso, Kristine se dio la vuelta y se fue sin mirar atrás.

Mientras Colton observaba su figura alejarse, un destello de pánico surgió en su pecho, pero lo reprimió rápidamente.

Kristine lo amaba profundamente. Aunque estuviera molesta, no era nada grave. Se le pasaría sola.

Esa misma tarde, llegó una transferencia a la cuenta de Kristine.

La cifra ascendía a diez millones, una cantidad que duplicaba lo que ella había pagado originalmente por la casa.

A pesar de sus muchos defectos, Colton nunca había sido tacaño con el dinero.

Poco después de la transferencia, llegó un mensaje suyo. "Mañana paso por ti".

No había lugar para la discusión en sus palabras. Era una declaración.

Así se había comportado siempre.

El mensaje contenía solo unas pocas palabras, sin dar ninguna pista sobre su destino o quién más podría estar presente.

Para él, dar detalles era innecesario.

Sin pensarlo mucho, Kristine descartó el mensaje. Guardó el celular y volvió a preparar todo lo necesario para su partida.

A las diez en punto de la mañana siguiente, el auto de Colton llegó abajo según lo previsto.

Una auténtica sorpresa cruzó su rostro cuando se dio cuenta de que Kristine se alojaba en su propia casa. "¿No vives en Crestwood?".

La mansión de Colton se encontraba en un barrio llamado Crestwood.

A Kristine solo se le permitió mudarse durante el tercer año de su relación.

En cambio, los rumores decían que la primera noche que conoció a Elyse la llevó directamente a esa casa.

Solo eso bastaba para marcar la diferencia entre ser amada y ser apenas tolerada.

Sin emoción alguna, Kristine respondió: "Me quedé allí el tiempo suficiente. Me cansé".

Colton no hizo más comentarios y el auto se llenó de silencio.

Unos treinta minutos más tarde, el vehículo se detuvo por fin frente a un concesionario de autos de lujo.

Una breve emoción brilló en la mirada de Kristine.

Solo un mes antes, una empresa automovilística había presentado al público un nuevo auto deportivo.

Se enamoró de él al instante y se lo mencionó a Colton más veces de las que podía contar.

Como el modelo aún no entraba en producción masiva, solo existían tres unidades en todo el mundo.

No hacía mucho, este concesionario se había hecho con una de ellas, y la noticia se extendió rápidamente por todas partes.

La emoción invadió el pecho de Kristine cuando salió del auto y siguió a Colton al interior.

En cuanto entró y vio a Elyse rodeada de personal como el centro de atención de la sala, su estado de ánimo se derrumbó por completo.

Cuando Kristine estaba a punto de marcharse, Elyse habló en un tono suave y deliberadamente dulce. "¡Colton, Kristine, están aquí!".

Señalando el mismo auto deportivo que Kristine adoraba, Elyse continuó: "Ya elegí uno, Colton. Quiero este. ¿Te parece bien?".

El afecto tiñó la voz de Colton cuando respondió: "Claro".

Cuando su mirada se desvió hacia Kristine, la suavidad desapareció por completo. "Tú también puedes elegir uno".

Kristine desvió la mirada hacia Elyse, cuya expresión mostraba abiertamente orgullo y provocación. Levantando la mano, respondió con calma: "Yo también quiero este".

Colton frunció el ceño. "Elige otro".

Sin retroceder, Kristine respondió con decisión: "Este es el que quiero".

Al ver que recuperaba su vieja terquedad, Elyse no pudo evitar esbozar una leve sonrisa.

Sabía que Colton no accedería.

Y no se equivocó, pues la expresión de Colton se tensó. "No seas irrazonable, Kristine. Aquí hay muchos autos. ¿Por qué no puedes elegir uno diferente?".

Con suavidad, Kristine se hizo eco de sus palabras. "Cierto. ¿Por qué no puedo elegir otro?".

Después de eso, levantó la cabeza y una brillante sonrisa se formó lentamente. "No te pongas tan tenso. Solo bromeaba. Por supuesto, no competiría con tu preciosa novia. Quiero este en su lugar".

Siguiendo la dirección del gesto de Kristine, Elyse se volvió para mirar, y su expresión se ensombreció de inmediato.

Lo que la otra mujer había elegido era otro auto deportivo, uno que costaba cien millones.

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