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Portada de la novela El Deseo De Amarte

El Deseo De Amarte

Devak lidera a los Patchua con ambición, enfocando su vida en el crecimiento de su pueblo y la acumulación de poder. Pese a su frialdad, un repentino anhelo sentimental lo transforma. En este contexto conoce a Aymara, una joven que ha vivido dieciocho años oculta bajo la sobreprotección de su madre para evitar el destierro por su naturaleza distinta. Este encuentro fortuito entre el jefe y la mujer que busca libertad sellará un destino que ninguno podrá evitar.
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Capítulo 3

—Pero, ¿cómo va a ser posible señora Daya?, una ama de casa del líder Devak no puede dar tal negativa. ¡ Jefe!, ¿usted permite esto de una doméstica?.—Preguntó el exportador con mala cara.

—Pues ya la escuchaste, no hay chicha, espera llegar a tu casa y te tomas tu chicha mas bien concéntrate en la reunión que debo mostrarles un proyecto muy importante. ¡Daya!, puedes retirarte por favor, gracias por tu servicio. —Dijo Devak volviendo al tema de la reunión con el resto de los trabajadores.

Daya salió de la biblioteca un poco sorprendida por la actitud de su jefe, a pesar de que sabía de que no estaba autorizada para dar chicha, no se espero que le contestara así a su exportador.

Aymara

Mientras tanto en casa, Aymara se encontraba muy contenta con las flores, después de terminar todos sus quehaceres, empezó a decorar de flores todos los rincones de su casa, por lo menos eso ayudaba a olvidar su agonía de estar encerrada.

Paso la tarde y se hicieron las 7 de la noche, Daya llegó a la casa agotada del trabajo duro que tuvo en casa de Devak.

—Hola mamá, ¿ estas bien?.—Preguntó Aymara al verla un poco pálida.

—Si hija, tranquila, es solo cansancio del trabajo—Contestó Daya mientras se sentaba en una banca.

—Entiendo, y ¿Que traes en esa caja pequeña?.—Preguntó Aymara muy curiosa.

—Ah, es una sorpresa, cierra los ojos—Dijo Daya algo emocionada

—¿Una sorpresa?, ¿pero qué es?—preguntó Aymara insistente.

—No te mostraré si no cierras los ojos—Dijo Daya atrayendo mas su curiosidad.

Aymara cerró sus ojos fuertemente, para que Daya tuviera la confianza de sorprenderla, sacó de la caja su sorpresa y la puso en las manos de Aymara.

—Ahora si, ábrelos. —Dijo Daya.

Aymara abrió sus ojos de inmediato y se emocionó mucho al ver un pequeño polluelo que piaba en su mano

—Wao mamá, ¿De dónde lo sacaste?—Preguntó Aymara algo confusa.

— Me lo regaló Chelo a escondidas del jefe—Contestó Daya sonriendo.

—Y ¿Quién es ese Chelo?.—Preguntó Aymara extrañada.

—Mi amigo, el granjero del Jefe, el que te hablé el otro día, que me regalo unas galletas de queso, ¿ Ya te acuerdas?.

—¡Ah si!, y ¿Porqué te regalaría un polluelo?, ¿acaso no fue arriesgado lo que hizo?—Dijo Aymara, mientras le daba de comer a su mascota.

—Si, fue arriesgado, al principio me dio miedo recibírselo, pero él me insistió a que lo tomara, me espero a las afuera del camino para poder entregármelo. Estoy segura que me escucho decirle a la costurera del Jefe, que me encantaría poder tener uno, eso fue cuando merendábamos cerca de las pollerías.

—Claro mamá, eso fue. Me parece un bonito gesto de su parte, además no creo que un pollito le haga falta a ese jefe jeje —Dijo Aymara y rieron juntas.

—Tienes razón, y ¿Que nombre le pondrás? —Le dijo su madre.

—Mm, creo que lo llamare, ¡Maiki!.—Dijo Aymara muy emocionada.

—Me parece un buen nombre, estoy segura, de que al también le encanto—Dijo su mamá muy feliz al ver a su hija emocionada con su mascota.

Devak.

Al otro día se encontraba el líder Devak levantado desde muy temprano dándole órdenes a uno de sus criados.

—Ikal, necesito que órdenes a tus trabajadores, a qué realicen un censo en toda la tribu Patchua—Dijo Devak .

—Y ¿ eso en qué consiste mi señor?.—interrumpió Ikal muy confuso .

—Ya te iba explicar, deja y te termino de dar la información.—Dijo Devak con mala cara.

—Discúlpeme señor, lo escucho.

—El asunto consiste en anotar los nombres todos los datos necesarios de cada hogar, como nombre completo, edad, fecha de nacimiento, ocupación, parentesco y el número de sus casa. Esto me ayudará a determinar cuantos adultos viejos hay, cuantas mujeres, hombres, jóvenes y niños, ¿me entendió?.—Termino de decir Devak

—Si jefe, puedo preguntar ¿con qué fin? Mi señor.—Dijo Ikal por simple curiosidad.

—Obvio pues para muchos fines... Deja de ser inoportuno, y haz lo que te ordeno—Contestó Devak un modo malhumorado.

—Mi señor, ya su desayuno está a la mesa—Dijo Daya a la entrada de su Alcoba.

—Esta bien Daya, ya voy para allá.—Contestó Devak y se apresuró para salir a desayunar.

Al llegar a la mesa, se encontró con su padre, que ya estaba desayunando sin apuros.

—Que grata sorpresa papá, que bueno que me acompañas a la mesa. ¿Cómo te sientes?.—Preguntó Devak muy complacido

—Mucho mejor hijo, decidí hacer un esfuerzo extra de mi físico para sentarme a esta mesa para desayunar contigo. Quería preguntarte ¿como estuvo reunión de ayer?—Dijo él señor Tupaq muy serenamente.

—Ya decía yo, que tu visita la mesa, no era casualidad. Bueno, la reunión de ayer aparte de las declaraciones de impuestos, consistió en generar un fondo de dinero para poder emprender ciertos proyectos con nuestra comunidad.—contestó Devak si más detalles.

—Mm y ¿eso en qué nos beneficia a nosotros?—Respondió Tupaq, siendo un poco egoísta.

—En muchos aspectos papá, el mundo que nos rodea está cambiando constantemente, y no podemos conformarnos con lo que ya sabemos, necesitamos también evolucionar, sin afectar nuestras costumbres.

—Creo que perderás tu tiempo en tus ideas absurdas, así como estamos, estamos bien, todos trabajan y nosotros ganamos ¿Que más le puedes pedir a la vida?.—Contestó su padre un poco alterado.

—Sabia que no entenderías ni proyecto, trata de calmarte y descansa en tu cuarto.

—Si eso haré, no seguiré oyendo tus ideas tontas, tanto libro te tiene loco, debiste quedarte mejor sin saber leer, pero tu madre insistió y este es el resultado —Dijo su padre mientras se dirigía a su cuarto con ayuda de un bastón.

Daya recogió los utensilios de la mesa y no puedo evitar sentirse mal por el señor Devak, sabía que su proyecto era especial, pero el viejo Tupaq no lo veía de la misma manera, a causa de si egoísmo y avaricia.

—Mi señor, ¿ Desea un café caliente?—le pregunto Daya al verle un poco decaído en la biblioteca.

—No gracias mejor una chicha estaría mejor.—Contestó Devak, tratando de buscar una salida para olvidar el final amargo que tuvo con su padre.

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