Portada de la novela Entre la garra y el colmillo

Entre la garra y el colmillo

9.6 / 10.0
La vida de Layla en Copenhague cambia drásticamente tras conocer a Leo. Aunque aceptaba la existencia de elfos, descubrir que su pareja es un licántropo la sumerge en un mundo de vampiros y profecías. Obligada a ocultar este secreto en la Patagonia, su destino da un giro trágico al ser secuestrada hacia una dimensión caótica durante un viaje a Dinamarca. Atrapada y al borde de la locura, Layla luchará por preservar su alma y el amor que la une a Leo.

Entre la garra y el colmillo Capítulo 1

El tiempo que pasé en Ginebra fue un tiempo muy emocionante y del que aprendí lo impensable.

Tuve mucha suerte de mudarme a una comunidad mixta de pisos compartidos. Allí estaba Franco, el chico de Lucerna que estaba haciendo un viaje de estudios de idiomas. Luego estaba Mina, que también vino de Copenhague, así como yo, para un curso de idiomas. Era el tipo de chica que siempre la veías de buen humor y que traía a casa un novio nuevo “casi” cada mes. Siempre estaba sonriendo y nunca se dejaba abatir, aunque las circunstancias fueran adversas. El idioma no era realmente un problema para ella, se le daba muy bien.

Luego estaba Timmy Richardson, también de Copenhague. Se formó como periodista en una buena revista de Ginebra. También hizo su formación ahí para mejorar sus conocimientos de idiomas. ¡El periodismo era realmente lo suyo! Cuando quería saber algo, podía acorralarte tan hábilmente con sus preguntas que no te dabas cuenta de lo que le decías, y cuando lo hacías, ya era demasiado tarde. Le habías desembuchado todo, todito. Todos sabíamos que el mundo estaba abierto para él después del entrenamiento, si así lo quisiera.

Timmy y yo éramos “casi” inseparables. Hubo un tiempo en el que le hubiera gustado tenerme como novia, pero realmente no me di cuenta, el despiste mío es de niveles insospechados. Estaba ocupada con Alejandro en ese momento.

Alejandro, alto, hombros anchos, pelo negro y ojos azul acero y, por desgracia, sólo existía él para mí como compañero en la cama. Pero el amor es ciego y por eso me atormenté durante un tiempo con el apuesto latino. No era realmente tan especial en la intimidad. Incluso allí estaba, ¿cómo debería describirlo?… como una tabla de tieso y rígido, es probablemente la mejor manera de decirlo. Todo en él era metódico y cuadrado. En algún momento, esta historia también llegaría a su fin. ¡Hurra!

Cuando llegó el momento de tomar conciencia de mi Timmy, ya era demasiado tarde. Así que, seguimos siendo buenos amigos, de esos amigos que sabes que estarán pase lo que pase de por vida. Cuando había un problema, nos ayudábamos mutuamente. Éramos uña y carne, por así decirlo.

Timmy es de estatura media, tiene ojos marrones, pelo rubio y una figura atlética. Una para morder por todos lados. Quería una verdadera relación apasionada con todos los detalles, me confesó. En realidad, era el hombre con el que había que casarse, que también quería formar una familia más adelante. En fin, el novio ideal. Ése con el que seguramente cualquier suegra estaría sumamente encantada.

Pero también era lo suficientemente realista como para saber que tenía que tener una carrera primero para poder concentrarse en una familia después. Siempre decía: —Primero la carrera, luego el dinero y el tiempo para la familia llegarán solos.

Yo, antes de comprometerme, quiero viajar un poco, vivir y conocer, ¡no es que le esté huyendo al matrimonio! Según descubrí, los padres de Timmy se habían divorciado por esa misma razón, por no vivir a tope y aparte de los suegros, eso me demostró una vez más, la suerte que tuve con mis padres.

No obstante, Timmy tampoco estuvo soltero por mucho tiempo. ¡Al menos no tanto como para dejar de disfrutar y vivir antes a lo grande! Pero tal vez la adecuada no estaba todavía allí.

He tenido mi tanda de relaciones, pero la “definitiva” tampoco estuvo nunca ahí. Incluso Alan, con sus hermosos labios carnosos, su pelo rubio semilargo y sus ojos azules y, en realidad, el yerno perfecto, que incluso tuvo un compromiso de seis meses conmigo, no llegó a ser nada de lo que pensaba. ¡Qué historia! Porque un día en una discoteca, en Copenhague, “conocimos” juntos al inteligente Richard.

Pensé que era el típico simpático buscavidas con mucho fuego en el trasero. Sólo un chico hispano-italiano. Sus ojos eran increíbles, un marrón tan bonito, casi caramelo, con largas pestañas. Todas las mujeres estaban celosas de sus pestañas. Fue aceptado tan rápidamente en nuestro círculo de amigos, así como también casi en cuestión de nada, resultó ser el gran, gran amor de mi perfecto Alan.

Sí, qué puedo decir, me decepcionó. No obstante, fuera lo correcto o no, había hecho otro amigo. Quizás fue gracias a mi colorida educación que lo acepté así. O el simple hecho de que, las señales de Alan siempre habían estado allí antes y yo, no quise admitirlas. Porque cuando pasaba por delante de mí en calzoncillos y movía el trasero de esa manera, prácticamente siempre ponía los ojos en blanco. Me molestaba mucho esa forma de caminar; ¡mezclada con un poco de marcha masculina y swing femenino!

Además, tenía a Timmy para atraparme cuando las cosas no iban bien y me estrellaba contra el suelo a toda velocidad. A veces me preguntaba si él también era gay. Pero no resultó así.

Un día decidimos ir a la Expo de Automóviles de Ginebra, pero ya estábamos viviendo de nuevo en Copenhague. Planeamos pasar la noche allí y rememoramos nuestro tiempo de aprendizaje. Aquella noche, ambos debimos beber demasiado y él quedó tan prendado de mi… como siempre dice, bien proporcionado cuerpo (y yo de él en mi merecido estupor de borrachera) que acabamos juntos en la cama. Recuerdo que todo en él era suave. Sus besos, sus labios. Realmente, te puedes fundir total y fácilmente con él.

—Estar contigo es algo tan... tan... ¿diferente? —balbuceaba mientras él me besaba el cuello de una forma muy tierna.

—Eres una mujer maravillosa Lay, me encanta este momento que paso a tu lado, aunque no sé si es debido o no. —repetía Timmy

Su tacto también era suave y delicado. Se sintió muy agradable, como si fuera lo más natural del mundo meterse en la cama con un colega tan rápidamente. Fue una noche sumamente hermosa. Una gran sorpresa para mí. Pero bueno, eso fue todo.

Después de esta bellísima experiencia, los dos estábamos un poco cohibidos, y el viaje en coche de vuelta a Copenhague fue muy tranquilo. No pude conseguir hablar nada ese día. Tenía miedo de perder a mi amigo, no sabía qué pensar. Por la noche, decidí ir a casa con él. Vaya, me sentí bastante mareada y con dolor en el estómago. En realidad, me daba un poco de vergüenza volver a hablar de lo que había pasado.

Se podría haber descrito como una aventura de una noche y olvidarse de ella. Pero la amistad se resentiría, y yo no quería eso. Timmy era demasiado importante para mí para hacer eso.

Así que fui y llamé a la puerta. Por supuesto, me invitó a entrar y mantuvimos una larga conversación. Una buena y esclarecedora conversación. Y tuve la suerte que mi Timmy sentía lo mismo que yo. Ambos sabíamos que no nos queríamos como deberíamos para llegar a ser una pareja.

Así que nos tomamos esa noche como algo muy especial y continuamos siendo los mejores amigos el uno para el otro. Nos despedimos con un abrazo y me soltó un “Cariño, te quiero”, yo sonreí y respondí: —Sí, yo también te quiero.

De todos modos, los dos estábamos solos, así que no le debíamos dar cuentas a nadie, pero fue bueno aclararlo después de todo.

De hecho, luego de esta experiencia estábamos aún más unidos que antes. Nos unió aún más, por así decirlo. Definitivamente no teníamos grandes secretos entre nosotros. Nos queríamos a nuestra manera. De vuelta a Copenhague, me quedé a vivir allí, una de las ciudades más bonitas de Europa.

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