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Portada de la novela El Color de la Venganza

El Color de la Venganza

Con apenas dieciocho años, Paloma Borrero creyó haber encontrado el amor perfecto en Iván Arellano, sin imaginar que su entrega absoluta terminaría en una traición cruel. Tras descubrir que el joven se acercó a ella con intenciones ocultas, su realidad se desmorona por completo. Ahora, sumergida en el dolor y el engaño, Paloma deberá decidir si es capaz de perdonar a quien destrozó su vida o si las heridas del pasado son demasiado profundas para sanar.
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Capítulo 2

Quito-Pichincha, Ecuador

Cuatro años, seis meses antes

Iván Arellano, subía las escaleras de piedra de la entrada principal de su imponente casa. Felices recuerdos se le vinieron a su mente al revivir aquellos años de niño cuando con sus padres y hermano compartían en los amplios jardines de la mansión. Su corazón se envolvió de tristeza al recordar el accidente de tránsito que segó la vida de sus progenitores.

Iván, como el mayor, se hizo cargo de su hermanito pequeño, quién en la actualidad era un afamado pintor, muy reconocido en su país natal Ecuador.

El menor de los Arellano, se estaba abriendo paso a nivel internacional, en un mes presentaba una exposición en Alemania, era bastante hermético con su vida personal y profesional, por eso no permitía que nadie se adentrara en su estudio. Cuando plasmaba sus ideas en los lienzos se transformaba en otra persona, se transportaba a través de sus manos a dimensiones desconocidas, haciendo que en cada cuadro que él pintaba dejara grabada su esencia.

Iván percibió a lo lejos: «Lobo hombre en París by la Unión» sonrió al darse cuenta que la música provenía del ala izquierda de la mansión, en donde Alain, había instalado su estudio.

—«La luna llena sobre París, ha transformado en hombre a Dennis, rueda por los bares del boulevard, se ha alojado en un sucio hostal…» —cantaba y danzaba a todo pulmón Alain, mientras colocaba una capa transparente delgada de color sobre otra: una opaca, y por lo general clara. Su técnica y estilo único mezclaban veladuras, transparencias y, trabajos tonales; de esa manera sus retratos eran tan reales que con facilidad se confundían con fotografías. Gracias a esto era reconocido a nivel mundial.

De repente la música se detuvo y Alain, frenó su danza furioso: le molestaba en gran medida que alguien ingresara a su estudio sin previo aviso y, menos que lo interrumpieran cuando realizaba su trabajo.

—¡Maldita sea! —gruñó ceñudo, giró entonces, y toda la furia que emanaba de su mirada se transformó en alegría al ver a su hermano de pie, cerca del reproductor de música. —¡Iván! —exclamó con júbilo, lanzándose a abrazarlo. Los dos se estrecharon con fuerza, al mayor no le importó que Alain, le ensuciara con óleo su impecable ropa. —¿Por qué no me avisaste que regresabas a Quito? —reclamó el menor, con el semblante lleno de regocijo.

Iván estrechó en sus brazos a su hermano, sintiendo su pecho agitado de la emoción que lo embargaba.

—Quería darte una sorpresa —comentó, aclarándose la voz—. También deseaba conocer en qué gasta el tiempo mi hermanito menor —pronunció Iván, con una sonrisa en los labios, entonces el azul de su mirada se enfocó en los paisajes que colgaban sobre las blancas paredes del estudio. Caminó sin dejar de observar aquellas obras de arte, enarcó una ceja sintiendo su pecho hincharse de orgullo—. Eres un gran artista —aseveró con la voz entrecortada.

La mirada de Alain, se iluminó por completo, el verde de sus ojos brilló como dos esmeraldas radiantes. Las palabras de Iván, provocaron que su pecho se agitara, para él, su hermano era: su mayor inspiración, y el hecho de que valorara su trabajo significaba un gran logro.

—Gracias —expresó, al tiempo que sus labios perfilaban una amplia sonrisa—, tus palabras me emocionan.

—Tan solo digo la verdad —aseveró Iván; mientras recorría el bien equipado estudio de Alain, miró el estante en donde reposaban los materiales con los cuales su hermano menor daba vida a aquellos lienzos en blanco. Sonrió al ver el orden en el que estaban acomodados: los tubos de óleo reposaban en la primera fila, seguidos de los acrílicos. Más arriba asomaban las pinturas para acuarelas. En el siguiente estante aparecieron los frascos de pinceles, junto con los aceites de linaza, y las esencias de trementina. Entonces giró observando alrededor del estudio varios caballetes en los cuales descansaban diversos cuadros cubiertos con sábanas. De inmediato se aproximó a ellos y cuando sus largos dedos se disponían a develar una de las pinturas, el artista se acercó a grandes zancadas.

—Lo siento hermanito, nadie puede ver esos retratos son mis obras maestras, lo que me dará fama internacional —declaró con orgullo, tomando la mano de su hermano, evitando que los mirara—. Si los quieres apreciar, debes venir conmigo a Alemania.

—Por eso estoy aquí, no podía dejarte solo en esto, desde el día que nuestros padres murieron yo juré cuidarte, protegerte y apoyarte —afirmó Iván, con la firme convicción de estar siempre pendiente de su hermano menor.

Alain ladeó sus labios, desde que fallecieron sus progenitores: Iván se transformó en su papá, entre ellos había una gran conexión, mucha confianza, desde niños se llevaban bien y expresaban infinito amor uno por el otro.

—Vuelvo en unos minutos, no te atrevas a develar mis obras —advirtió Alain, señalando con el dedo índice a su hermano, entonces giró y se adentró al baño de su estudio con la finalidad lavarse las manos, y quitarse el overol que usaba para pintar sus obras.

Mientras tanto Iván, por un instante se vio tentado en develar los lienzos, pero por respeto no lo hizo, sin embargo, en varios cuadros que colgaban de las paredes observó la firma IvAl, enarcó una ceja, pensativo.

—¿IvAl? —preguntó a su hermano al momento que salió del baño.

—Es mi seudónimo —respondió sonriendo. —¿Quieres saber qué significa? —cuestionó, observándolo con brillo en su mirada.

—Claro —contestó, ansioso a espera de la respuesta de su hermano.

—Iv, por Iván, y Al por Alain, así inmortalizo nuestros nombres —afirmó inhalando profundo con el corazón lleno de alegría—. Claro que debes esperar a mi muerte para que mis obras suban de precio. —Carcajeó bromeando.

La mirada de Iván, se cubrió de nostalgia, hablar de muerte le causaba escalofrío y profunda tristeza.

—No pienses en esas cosas. —Colocó su mano derecha en el hombro de su hermano—. Más bien dime ¿cuándo me vas a presentar a esa misteriosa mujer de la que estás enamorado?

Alain esbozó una amplia sonrisa, su rostro jovial se iluminó, sus vivaces y azules ojos brillaron, pero no mencionó nada con respecto a esa misteriosa dama. Salió, junto con su hermano mayor del estudio, para dirigirse a la casa principal.

—Más bien deseo preguntarte ¿Cuándo vas a dejar la soltería? —cuestionó Alain, a su hermano mayor.

Iván carcajeó, ladeó su cabeza.

—Yo estoy bien así, me gusta la libertad —comentó—, además no he tenido la suerte de conocer a la indicada.

—Es que eres muy exigente con las mujeres —mencionó Alain, elevando su mirada al cielo.

Iván se limitó a sonreír ante las ocurrencias de su hermano.

Al ingresar al elegante salón, y recorrer por el piso de fino mármol italiano, la mirada de Iván, se clavó en una de las paredes, caminó sin dejar observar aquel retrato de sus padres que Alain, había plasmado en el lienzo. El corazón del hermano mayor, se estrujó en su pecho y algunas lágrimas brotaron de sus ojos.

—¿Tú los pintaste? —preguntó con la voz entrecortada.

—Sí —respondió Alain. —¿Qué te parece?

—Increíble, los plasmaste tan real, que es como si estuvieran aquí con nosotros...—afirmó, limpiando con el dorso de su mano aquellas lágrimas. —¡Estoy tan orgulloso de ti! —declaró Iván, abrazando a su hermano.

—Gracias —respondió Alain, con nostalgia en su mirada al también recordar a sus progenitores; luego observó su reloj y se dirigió a Iván—. Debo dejarte, este artista tiene una cita muy importante, con la 'mujer de su vida'—enfatizó la última frase.

Iván sonrió al escucharlo, anhelando que aquella dama en verdad amara a su hermano, juntos subieron a sus respectivas habitaciones.

A la mente de Iván, los recuerdos de su niñez golpearon su corazón al ingresar a su antigua alcoba, ahí en un fino estante de madera de roble, reposaban varios libros que su padre le regaló, y que su madre solía leer con él en las noches, inhaló profundo tratando de recomponerse, mientras su mirada se cristalizaba.

Luego de varios minutos, se asomó a la ventana y contempló a Alain, colocándose su chaqueta de cuero negro, su casco y sus guantes, saliendo en su Kawasaki, al encuentro con la mujer a la que afirmaba amar.

******

En lo alto del firmamento las estrellas alumbraban el cielo capitalino. Iván, sentado frente a la piscina, fumaba un cigarrillo sumido en sus recuerdos. Se sobresaltó cuando su celular sonó en su chaqueta, observó ceñudo aquel número sin embargo deslizó su dedo por la pantalla para responder.

—Iván Arellano —escuchó que lo nombraban con euforia—. Me encontré con tu hermano menor y me informa que estás aquí, en Ecuador —comentó aquella voz masculina al otro lado de la línea.

—¡Gustavo Saavedra! —exclamó Iván.

—Él mismo —afirmó el joven—, te llamo para darte la bienvenida, hermano. Ven a la plaza Foch.

—Estoy algo cansado —resopló Iván—, llegué hace unas horas.

—No me digas que los años ya empiezan a pesarte. —Carcajeó—, apenas cumpliremos tres décadas —bufó al otro lado de la línea Gustavo.

—No claro que no —afirmó Iván, riendo—. Está bien, cuando esté cerca te marco para saber en qué bar te encuentras.

—Perfecto —respondió Gustavo, colgando la llamada.

Iván apagó la colilla de cigarrillo, caminó con las manos en los bolsillos en dirección a la casa, aún no muy convencido de haber aceptado esa cita, sin embargo, no podía hacerle un desaire a su gran amigo.

*******

Las luces, música, y la alegría de la gente quiteña, concentrada a lo largo de la Mariscal, daban la bienvenida a Iván, quien hace años no conducía por aquellas calles y disfrutaba de una farra en la capital.

Bares, restaurantes, discotecas para todos los gustos, se concentraban a lo largo de la calle; jóvenes conversaban divertidos en las esquinas de cada intersección.

Iván tecleó el número de su amigo Gustavo, quien le indicó que siguiera su recorrido a un par de casas más adelante. Él se encontraba bebiendo cerveza con unos amigos de trabajo, sentados en una mesa en los exteriores de un exclusivo bar.

Iván prosiguió el camino, buscando estacionamiento, hasta que su mirada, se encontró con la de su gran amigo, quién levantó la mano en señal de saludo.

Más adelante aparcó el vehículo, y bajó de él caminando en dirección a su mejor amigo, captando la atención de las mujeres que se encontraban a su alrededor. No pudo evitar sonreír al escuchar los murmullos, una vez que llegó hasta donde lo esperaba Gustavo, ambos se estrecharon en un fuerte abrazo.

—Qué bueno tenerte de regreso en nuestro país.

—Gracias, espero quedarme un largo tiempo.

—Ven, acompáñame en la mesa con mis compañeros del bufete —sugirió Gustavo, procediendo a presentar a Iván, con ellos, entonces ambos tomaron asiento.

—Me informaron que hay una fiesta que organiza la Facultad de Medicina de la Universidad Central —comentó uno de ellos.

—¿Es privada?, o ¿Podemos acceder sin problema? —averiguó otro de los caballeros que disfrutaban de la bebida.

—Hay que comprar boletos, ustedes saben que esas fiestas se organizan para recaudar fondos —informó el más joven del grupo—, pero eso no es problema. —Sonrió bebiendo un sorbo de cerveza.

—No cuenten conmigo, no me gustan esas fiestas llenas de jovencitos inmaduros —comentó Iván, dando un sorbo a su vaso de whisky.

—Y de muchachas jóvenes y divinas... Cómo las que vienen por ahí —señaló Gustavo, refiriéndose a tres hermosas chicas que caminaban juntas.

Iván levantó su grisácea mirada, cruzándose con aquellos oscuros, y hermosos ojos de una de ellas; la chica se retiraba unos mechones de su cabellera negra, que se confundía con el ébano de la noche, y que le llegaba hasta la cintura.

Iván, con discreción recorrió con la mirada la delgada y esbelta figura de la jovencita quien lucía aquella noche unos jeans ajustados a sus curvas, acompañaba su atuendo una sencilla camiseta blanca, y una chamarra de piel café que hacían juego con sus botines. Él le dio un sorbo a su bebida apreciando aquel rostro angelical; ladeó una sonrisa impresionado con la belleza y simplicidad de ella.

La chica sintió sus mejillas enrojecer al sentir la penetrante mirada de aquel apuesto y elegante caballero. Desvió su vista a otro lado para que él no notara su nerviosismo; tomó del brazo a una de sus amigas caminando con prisa, alejándose del galanteo de los hombres que lo acompañaban.

Iván persiguió a la muchacha con la mirada, ella se estremeció al sentir ese vistazo penetrante recorrerla como fuego. Respiró profundo, tranquilizándose, era la primera vez que Paloma, a sus dieciocho años, estaba en un sitio tan concurrido. La joven se sentía muy emocionada era su reciente visita a una discoteca, no había tenido la oportunidad, debido a problemas familiares.

—¿Observaron a las muchachas que pasaron? —cuestionó Gustavo, dirigiendo su mirada color chocolate a su mejor amigo—. Bellísimas —comentó —, y están entrando a la fiesta de la U —orientó su rostro hacia el lugar.

—No creo que sea tan mala idea después de todo, ir a ese baile —señaló Iván, volviendo a darle un sorbo a su bebida, ladeando una sonrisa, recordando la tímida mirada de la joven de cabello oscuro.

****

Hola chicas aquí les dejo la primera parte del primer capítulo, espero disfruten esta historia. No olviden dejar sus comentarios y estrellitas.

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