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Portada de la novela El Color de la Venganza

El Color de la Venganza

Con apenas dieciocho años, Paloma Borrero creyó haber encontrado el amor perfecto en Iván Arellano, sin imaginar que su entrega absoluta terminaría en una traición cruel. Tras descubrir que el joven se acercó a ella con intenciones ocultas, su realidad se desmorona por completo. Ahora, sumergida en el dolor y el engaño, Paloma deberá decidir si es capaz de perdonar a quien destrozó su vida o si las heridas del pasado son demasiado profundas para sanar.
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Capítulo 3

Los caballeros enseguida se pusieron de pie y pagaron la cuenta. No tuvieron que hacer fila para ingresar a la fiesta de la Universidad a causa de las influencias de uno de ellos, quien enseguida consiguió los boletos. Posterior a eso caminaron al interior de la discoteca decorada con globos blancos; mientras muchos jóvenes danzaban en la pista al ritmo de: «Don't Stop The Music by Rihanna».

Algunas jovencitas sonreían y coqueteaban con los apuestos caballeros que permanecían de pie junto a la barra de la discoteca y, observaban el baile de muchas de ellas, quienes con sensuales movimientos atraían la atención de varios chicos.

Entre tanto Iván, en medio de las luces parpadeantes buscaba con la mirada a la misteriosa muchacha. A lo lejos la divisó, sonrió al ver como sus amigas la halaban de los brazos para llevarla a la pista de baile, al parecer ella se negaba. Él se recargó sobre la barra prestando atención a la disputa de las jovencitas, observó entonces como ella se daba por vencida y era arrastrada al medio del salón.

Entre tanto los amigos de Iván, sin pérdida de tiempo se acercaron a las dos jóvenes que acompañaban a Paloma, para bailar con ellas, dejando a la morena sola en medio de la pista. Cuando ella se disponía a regresar a su lugar la sensual voz de un hombre la sorprendió:

—¿Bailamos? —inquirió observándola de cerca con aquellos ojos azules profundos, mientras mostraba su blanca dentadura debajo de sus labios gruesos en una amplia y seductora sonrisa.

Paloma se quedó sin aliento ante la presencia del atractivo hombre, sintió sus piernas temblar al recorrerlo con su mirada: empezó por el reluciente calzado de cuero café que lucía esa noche y que hacía juego con el pantalón de mezclilla negro, combinando a la perfección con aquella camiseta blanca de cuello en V, que resaltaban sus firmes pectorales, además que el blazer azul claro le daba un toque sofisticado, pero moderno a la vez; ella emitió un suspiro involuntario cuando observó el rostro de Iván, y su impoluta barba, su nariz respingada, además de esos ojos que la derretían y que le recordaban a los de alguien que ella no lograba distinguir.

—Bueno —balbuceó con timidez, después de esos minutos en silencio, sin poder resistirse a él, empezó a mover su cuerpo al ritmo de la melodía para no demostrar su nerviosismo.

Iván, no le quitaba la mirada de encima mientras bailaban; ella de vez en cuando levantaba sus ojos hacia él.

—¿Te puedo invitar un trago? —preguntó al momento que la canción se terminó.

—No ingiero licor, y no acostumbro a aceptar bebidas de desconocidos —pronunció la joven con timidez.

—Esas dos cosas las podemos solucionar —habló con voz seductora Iván—, te invito una bebida sin licor —sonrió.

La joven se sonrojó mientras percibía que su cuerpo se estremecía ante las miradas que él le brindaba. Aquellas sensaciones no las había sentido con nadie hasta entonces. Era algo inexplicable la atracción que aquel hombre ejercía sobre ella; quizás porque se demostraba como un caballero, elegante y educado, el prototipo con el que soñaba desde niña.

—Para dejar de ser un desconocido mi nombre es Iván Arellano —se presentó sonriendo—. Es un verdadero placer conocerte —pronunció al momento que tomó la mano de la joven y se la besó.

El rostro de la chica se tornó carmesí, una gran O se dibujó en sus labios y su cuerpo sufrió una fuerte conmoción al sentir una especie de corriente recorrer su piel, y calcinarla por dentro.

—Paloma Borrero —respondió con timidez, tratando de reponerse a los estragos que los labios de él, sobre su piel le causaron.

—"Paloma" —pronunció con su gutural voz. —¡Qué lindo nombre! —exclamó—, símbolo de paz y reconciliación.

La chica abrió sus hermosos ojos negros con sorpresa al darse cuenta de que él conocía el significado de su nombre.

—Sí, así es —sonrió con timidez ella.

Iván, no dejaba de mirarla, era algo que no podía evitar, las finas facciones del rostro de la joven, su tierna y aterciopelada piel lo tenían cautivado; es así que la llevó hasta la barra del bar, y solicitó al barman: una piña colada sin licor, y un whisky.

Esa noche conversaron, bailaron, se divirtieron; para Paloma: Iván, era como un imán que la atraía con fuerza.

Cerca de las dos de la mañana las muchachas se despidieron de sus nuevos amigos.

—Debo irme gracias por todo —dijo Paloma, observando a los ojos a Iván, con su mirada inocente.

—Tienes que darme tu número de teléfono, tenemos que volver a vernos — comentó él, sacando su IPhone, para anotar el contacto de la joven.

—Se me perdió mi celular hace días —expuso Paloma, mientras sus amigas la llevaban a la fuerza hasta la salida—. Búscame en la Universidad Central, primer año de medicina.

Iván parpadeó, guardando en su memoria lo último que comentó la joven.

Las muchachas salieron del lugar para subirse rápido al auto de Paúl, su compañero, quien las iba a llevar a sus respectivas casas.

—¡No lo puedo creer! —comentó Amelia. —¡Paloma Borrero, aquel hombre está guapísimo! —exclamó con emoción.

La joven suspiró al recordar a Iván, giró su rostro para mirar por las ventanas, mientras en su mente imaginaba toda una historia de amor con él; la chica era soñadora y romántica.

—Es muy atractivo, caballero, educado —suspiró la joven—, el hombre de mis sueños.

—Cuidado Paloma —advirtió Rosalía—. Caras vemos, corazones no sabemos.

—Dudo mucho que lo vuelva a ver —resopló resignada—, los hombres como él, no toman en serio a chicas como nosotras —expuso Paloma, con tristeza.

Mientras tanto: «Duérmete junto a mi by Tercer Mundo» acompañaba el regreso a casa de Iván; en la carretera el rostro de Paloma, no se le quitaba de la mente, ella se veía tan inocente, tan frágil, apenas era una niña, que estaba entrando en la etapa adulta, mientras él ya era un hombre hecho y derecho como se decía, a sus treinta años había logrado incrementar la cuantiosa fortuna que heredó de sus padres, también era consciente que gracias a eso las mujeres se le acercaban. Inhaló profundo pensando con preocupación en la misteriosa dama con la que su hermano salía.

******

Dos días después.

Paloma, con su mandil blanco y su mochila al hombro caminaba por los exteriores de la facultad de medicina, buscando a sus amigas, sin embargo, la presencia de un atractivo caballero la detuvo con sorpresa.

El corazón de Paloma, empezó a latir con fuerza, sus piernas temblaron, enrojeció al ver a Iván, impecable e imponente. Los ojos de la jovencita se clavaron en sus firmes pectorales y sus fuertes brazos, jadeó un suspiro al verlo enfundado en aquella camisa celeste claro y esos pantalones grises. La vista de ella se desvió a su atuendo: ese día llevaba un blusón cuello de pico y un chándal de cintura elástica de microfibra turquesa; esa mañana tuvo prácticas en el anfiteatro de la universidad.

Iván extendió a la joven un hermoso ramo de rosas rojas; ella abrió sus ojos negros con gran sorpresa, sonrió sin saber qué decir.

—Espero te gusten —comentó Iván, mientras retiraba varios mechones de cabello del rostro de Paloma, quién sintió su cuerpo temblar ante el contacto de las manos de él.

—Son hermosas —respondió con ilusión, mientras percibía el aroma de las flores, y su corazón martilleaba con fuerza.

—Vine a invitarte a comer.

Paloma lo miró con sorpresa.

—¿Tiene que ser hoy? —preguntó la joven con nerviosismo—, no estoy presentable —señaló su atuendo, mordiendo sus labios—. Buscaba a mis amigas para ir a almorzar.

—Puedo esperar, no tengo problema con eso —dijo él, muy feliz de verla.

—Pero yo no traigo ropa elegante —advirtió la joven.

—No te preocupes —sonrió él.

—Te encargo mis flores —solicitó Paloma, mientras se dirigía a los baños de la universidad a quitarse el traje que llevaba encima de su habitual atuendo; los nervios que sentía hacían que sus dedos se trabaran, y sus pies se enredaran.

«Es un desconocido Paloma, debes tener cuidado» se dijo en su mente la joven.

Salió del baño con unos jeans rasgados en tono celeste claro, una camiseta blanca, tenis del mismo color, se observó al espejo y, soltó su cabello mientras colocaba brillo labial en sus labios.

«Parece un buen hombre confía en él» se repetía Paloma.

Inhaló y exhaló varias veces mientras caminaba con lentitud hacía él, quién permanecía hablando por su móvil, de espaldas a ella.

—¡Estoy lista! —exclamó.

Iván dio vuelta para encontrarse con la limpia y pura mirada de la jovencita, quien era alta, hermosa, muy natural, distinta a las mujeres con las que él acostumbraba a salir.

—Vamos —respondió, esbozando una sonrisa.

Paloma se quedó impresionada al ver el hermoso Audi convertible gris de Iván, quien como todo un caballero le abrió la puerta del vehículo para que la joven subiera en él.

—Debes ponerte el cinturón de seguridad por favor —aconsejó una vez que los dos estaban dentro del auto.

Los dedos de Paloma, se enredaron, entonces él se acercó a ella; sus rostros quedaron muy cerca, Iván inclinó su mirada a los carnosos y sensuales labios de la joven, notando su pulso acelerarse, y más cuando la chica, en un gesto inocente se los mojó.

Iván, sintió su sangre correr con fuerza por sus venas, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no besarla, pero consideró que no era el momento aún.

Mientras el corazón de Paloma, palpitaba con fuerza, ella también deseaba probar los labios de él.

Iván se alejó de la joven, enseguida encendió su vehículo y colocó música: «Basta con que estés by Ricardo Perotti»

—«Basta con que estés...Basta con que estés, en el sencillo paso de los días, en la razón de la melancolía, de esta tarde, en la que basta con que estés...» —empezó a cantar Iván, mientras Paloma suspiraba al escucharlo.

—Lo siento, no soy experto — se disculpó sonriendo también—. Mi pasión es el piano —comentó, girando su rostro para contemplarla.

—Cantas muy bien —afirmó Paloma, mientras el viento le acariciaba la cara, y disfrutaba de la melodía, del recorrido y de la presencia de él.

Luego de varios minutos, llegaron otra vez al sector de la Mariscal. Iván deseó llevar a Paloma a un lugar exclusivo, sin embargo, no deseaba incomodarla, así que prefirió un sitio menos elegante, pero a la vez confortable e íntimo. Tenía mucho interés en conocer a la muchacha, por lo que estacionó su vehículo al frente de un restaurante.

—Espero te guste la pizza ¿O eres de las que hacen dieta?

Paloma soltó una carcajada de lo más sincera, mientras Iván la observaba hechizado, ella era tan natural, tan alegre, sin poses.

—Yo ingiero de todo, menos esas comidas gourmet que ustedes los millonarios acostumbran, uno se queda con hambre —comentó ruborizada.

En ese momento Iván soltó una carcajada ante el comentario de Paloma.

—Tienes razón —respondió, ladeando una sonrisa.

Bajó del auto, rodeando su vehículo para ayudar a la joven a salir, entonces extendió su mano hacia Paloma, al momento que sus dedos rozaron, ambos sintieron sus corazones latir con fuerza.

Para Iván, todo eso era nuevo, no entendía como una jovencita que apenas conocía provocaba en él tantas emociones juntas.

Para Paloma, de igual manera, todo lo que él le inspiraba era nuevo, desconocido, le daba miedo, pero a la vez sentía curiosidad.

Minutos después ingresaron al restaurante. Los ojos de Paloma, se abrieron con sorpresa al observar la elegante y rústica decoración. Su mirada se clavó en las grandes paredes de ladrillo visto que se elevaban hasta el techo cuyas vigas de madera cruzaban de manera triangular de extremo a extremo, colgando de ellas hermosas lámparas en forma de lágrimas. Suspiró maravillada por esa arquitectura colonial, que tanto caracterizaba a la capital.

Iván la condujo a una mesa cubierta con un mantel vino de fondo y uno blanco encima, y sobre esta reposaba la fina vajilla.

«Dust in the wind by Kansas» envolvía el ambiente; entonces un mesero se acercó a la pareja.

Iván dejó que Paloma escogiera la pizza, y él sugirió el vino, además de solicitar alitas en salsa BBQ, con patatas fritas, que tanto le gustaban.

Mientras esperaban ellos conversaban de varios temas, así se iban conociendo. Paloma, le comentaba de sus sueños, de convertirse en una gran pediatra y de cómo había estudiado sin descanso para rendir el examen de ingreso a la universidad.

Iván habló de su familia, de sus padres, de su hermano menor, no entró en detalles sobre la vida privada de Alain, pues al joven pintor no le gustaba que hablaran de él; lo entendía, era un artista y cuidaba su imagen.

******

Horas después.

El hombre soltó los dedos de su pareja, mientras ella se acomodaba su sombrero y tomaba asiento en uno de los sillones del lobby del hotel, esperando a que su amante regresara con la tarjeta de la habitación.

Alain, con su particular galanteo se acercó a la recepcionista.

—Hice una reserva en la suite presidencial.

—¿A nombre de quién? —averiguó la chica.

—Paloma Borrero —respondió, presionando sus labios.

La muchacha observó en el computador, asintió, entonces le entregó a Alain, la tarjeta, él sonrió agradeciendo y enseguida caminó de vuelta al lobby.

Su novia se puso de pie y de inmediato subieron a la cabina del ascensor, sin pérdida de tiempo sus labios se unieron en besos desenfrenados, así como las caricias no se hicieron esperar, enseguida ingresaron a la suite, despojándose con premura de la ropa.

—No tenemos mucho tiempo —susurró la joven.

—Lo sé —respondió Alain, acercándose a ella, para tomarla en sus brazos y llevarla hacia la cama.

Una vez que depositó a su novia sobre el lecho, la contempló embelesado por su particular belleza, enseguida la cubrió con su cuerpo, a medida que sus labios recorrían la figura de ella.

Minutos después los gemidos y jadeos de aquella pareja, retumbaban en las paredes de esa cómoda y amplia habitación de aquel lujoso hotel; sus cuerpos bañados en sudor daban rienda suelta a toda la pasión que sentían uno por el otro.

Alain, sostenía de las caderas a su novia, mientras ella cabalgaba sobre él, agitando su negro cabello, gritando el nombre del artista enloquecida de placer.

—Te amo —jadeó Alain.

—Y yo a ti —aseguró ella.

Entonces prosiguieron con la rítmica danza de sus caderas, alcanzando juntos la tan ansiada liberación.

La mujer dejó caer su cuerpo sobre el pecho de Alain, él le acarició la espalda.

—Cásate conmigo —propuso él.

Ella levantó su mirada llena de brillo.

—¿Lo dices en serio? —cuestionó.

—Sé que no es la manera adecuada, pero te aseguro que tendrás tu anillo de compromiso y una propuesta formal —respondió, entonces tomó de la barbilla a su novia—. Pero no has contestado mi pregunta: ¿Te casas conmigo?

—Sí, claro que sí —confirmó ella, se abrazó a él, con emoción.

*****

Hola chicas, aquí un nuevo capítulo. No olviden dejar comentarios y estrellitas.

Saludos desde Ecuador.

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