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Portada de la novela El Ceo busca su Cenicienta

El Ceo busca su Cenicienta

El multimillonario Henry Meraz disfruta de un éxito absoluto, aunque su existencia carece de emoción. Todo cambia tras detectar a Keily, una hábil hacker que se infiltra en su gala empresarial. Al escapar, la joven deja atrás una herramienta de espionaje, detonando una intensa fijación en el magnate. Keily, quien comercializa su talento informático, termina atrapada en una cacería de alto riesgo. Mientras Henry persigue el peligro, ella huye de un pasado oculto.
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Capítulo 2

Keily salió del salón de fiesta sujetando la chaqueta de su objetivo, una vez doblar la esquina se fijó de no ver a nadie y aprovechó para sustraer el pequeño dispositivo que la había colocado horas antes. Su función era duplicar cualquier archivo que tuviera al alcance de 1 metro y servir de grabadora. Escondida en una esquina Keily conectó el dispositivo a su móvil y transfirió toda la información, faltaba menos de 1 minuto cuando una magnética voz llamó su atención.

- ¿Me cuentas lo que descubras? Siento mucha curiosidad de saber que puede ser tan importante para hacer que te cueles en una fiesta a la que no fuiste invitada y causes tanto alboroto. - la chica levantó la vista de su teléfono y vio al guapo hombre que se acercaba. Era alto, pero ella también lo era, así que no sé intimidó. Su mandíbula cincelada y nariz perfecta lo hacían lucir arrebatadoramente atractivo. Keily miró la pantalla de carga de su teléfono faltaban 50 segundo y contando, necesitaba tiempo.

- Qué te hace pensar que no fui invitada a la fiesta o estoy haciendo algo malo. Lo de antes solo fue un pequeño accidente. – respondió Keily haciendo uso de una sonrisa seductora que solía ayudarla a salir de algunas situaciones

- Así que un accidente – agregó el desconocido, sus palabras estaban cargadas de un matiz de diversión, y luego dio un paso más cerca de la chica. Keily lo miró detenidamente, su rostro le parecía conocido, debía ser alguien influyente o importante, pero el círculo empresarial no era su campo de trabajo por lo que no conocía muchas personas. Había logrado colarse tarde en la fiesta siguiendo a su objetivo, pero no conocía a nadie de allí. - a ver pequeña espía si vas a infiltrarte en una fiesta deberías al menos investigar al anfitrión o tratar de pasar desapercibida por los organizadores, mi pequeño asistente se dio cuenta de inmediato que no estabas en la lista de invitados.

- ¿En serio? ¿Pero cómo puede recordar tantas personas? – preguntó ella incrédula.

- Lo sé – rió el hombre – yo pensé justo lo mismo, pero bueno, regresando al tema. Deberías tener más cuidado.

- ¿Bueno y si sabes que no estoy invitada porque no llamaste a seguridad?

- Eso sería aburrido, tú en cambio pareces más interesante. - El hombre se había acercado poco a poco y ya estaba parado frente a ella arrinconándola contra la pared. Keily había escondido el teléfono en su espalda y en ese momento un bip le anunció q la carga había finalizado.

- Me alegra haber servido de entretenimiento- el chico bajó su rostro un poco y quedaron frente a frente solo tenía que inclinarse un centímetro más y se besaban. Keily sintió el aire caliente de su respiración en el rostro y el profundo aroma a cedro que emanaba su cuerpo y por un momento se dejó embriagar con su calor y aroma, pero justo cuando sus labios se rozaron y todo en su interior gritaba pidiendo más, Keily levanto su rodilla y le pego en la parte más cesible de los hombres. – lo lamento, pero es hora de marcharme. – el hombre se dobló a la mitad por el fuerte dolor y gimoteo un

- Espera – mientras estiraba la mano intentando alcanzarla, pero aun así no lo consiguió, en cambio sus dedos alcanzaron a sujetar el pequeño dispositivo que salía del teléfono móvil.

Keily no se percató de lo que dejaba atrás y salió huyendo tan rápido como los tacones y aquel apretado vestido de fiesta se lo permitía. Salió del hotel donde se celebraba la fiesta y en un callejón a la izquierda se montó en una motocicleta negra sin chapa que había estado escondida de la vista de los transeúntes y se alejó a toda velocidad.

En menos de una hora Keily se encontraba en el estudio de su apartamento revisando la información, cuando se percató que había perdido el dispositivo. Maldijo frustrada por su error y lamento haberse desconcentrado por culpa de aquel hombre. No solía ser una chica hormonal que se dejaba llevar por sus impulsos, no, había sido entrenada desde los 7 años para ser espía, sirvió como agente encubierto durante años hasta que se había retirado cuando su grupo fue desmantelado y comenzado su negocio personal, que no distaba mucho de su anterior empleo. Keily era una agente y hacker privada disponible para casi cualquier tipo de trabajo, desde espionaje, secuestro, chantaje, fraudes. La chica hacia prácticamente cualquier cosa. Este había sido un encargo sencillo, el cliente solo había pedido evidencia sobre las actividades ilegales de Alan, ella solo tenía que acercarse lo suficiente para ponerle el dispositivo y luego retirarlo. Se suponía que estaría hecho en menos de 2 horas, pero todo se había enredado. Consiguió colocar el dispositivo en la mañana, mientras Alan hacia una cola para comprar un café, el dispositivo necesitaría media hora para copiar todos los archivos que tuviera cerca, pero sin querer también había escuchado una conversación telefónica en la que Alan quedaba con otra persona para reunirse en la fiesta de la presa y cerrar un negocio. Keily sabía que esa reunión podría ser muy fructífera, así que en lugar de colarse en el trabajo de Alan para recuperar el dispositivo decidió asistir también a la reunión.

No fue fácil colarse, la lista de invitados era bastante selectiva y aunque no eran pocas personas todos eran conocidos del mundo empresarial. A pesar de eso, con sus increíbles habilidades de hackeo Keily consiguió incluirse en la lista y así poder entrar, solo no había contado con la memoria perfecta de un secretario que estuvo a punto de arruinarlo todo. Había cometido el error al no investigar la empresa y el anfitrión de la fiesta, casi había sido atrapada por confiarse, decidida a no cometer ningún error más Keily accedió al servidor del hotel y borro las imágenes de las cámaras de seguridad, desapareció cualquier rastro que podía haber dejado atrás y justo cuando fue desactivar el dispositivo para no dejar cabos sueltos, este se activó y una magnética voz llego a sus oídos a través de los auriculares.

- Te dejaste algo atrás mi pequeña espía, pero no te preocupes personalmente te lo devolveré. ¿Te gustan los juegos? te propongo algo, juguemos un juego, vamos a recrear nuestro cuento, yo seré tu príncipe y tu mi cenicienta y recorreré el mundo entero hasta encontrarte, puede que no tenga tu zapato, pero conservaré este pequeño juguete. Hasta pronto mi pequeña espía, espera por mí, mi Cenicienta.

Keily se quitó los audífonos y sonrió, a ella le encantaban los juegos y le acababan de proponer el mejor de todos. Buscó un momento por internet el nombre de la empresa y sonrió mirando la foto del Ceo, era justo el hombre que había conocido esa noche, el dueño de aquella seductora voz y su nuevo compañero de juegos.

- Henry Meraz – leyó en voz alta – inténtalo cuanto puedas, pero dudo que me consigas atrapar. Que comience el juego.

Al otro lado de la cuidad, Henry, movía el dispositivo en sus manos y sonreía.

- Revisen todas las cámaras de seguridad. Interroguen a todo el que le hablo, la olio o respiro cerca de ella, muevan el cielo o la tierra, pero traigan alguna información útil. Tengo que encontrarla.

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