Portada de la novela El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma

El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma

8.1 / 10.0
En El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma, una novela de hombres lobo, Ivy descubre que su pareja sacrificó a su hijo para encubrir al bastardo de su amante. Ahora, ella buscará venganza y reclamará su herencia imperial para destruir a su antigua manada en esta oscura historia de romance y traición.
Resumen de El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma
Tras la brutal muerte de su pequeño hijo Ethan, Ivy descubre una devastadora traición: su pareja, el Alfa Alexander, impidió que el sanador salvara al cachorro para proteger a Lucas, el hijo bastardo que tuvo con su amante y verdadero culpable del incidente. Decidida a no dejar impune el sacrificio de su heredero, Ivy contacta a su pasado tras cinco años de silencio. Renunciando a su dolor, asume su destino para liderar la Manada Imperial con un único y letal objetivo: destruir por completo a la Manada Moonstone.
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El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma Capítulo 1

Ethan, mi cachorro de apenas tres años, se metió por error en territorio errante y lo mataron de forma brutal. Cuando me dieron la noticia, perdí el sentido.

Desperté y vi a Alexander, mi pareja Alfa, apretándome la mano con fuerza. Tenía la voz ronca por la tristeza.

—Te juro que voy a vengar a Ethan. Voy a despedazar a esos malditos errantes con mis propias manos.

Pero tres días después, en el entierro, escuché por casualidad una conversación entre Alexander y Marcus, su Beta.

—En serio no entiendo. —Marcus sonaba confundido—. ¿Por qué no dejó que el sanador de la manada ayudara a Ethan? Estaba herido de gravedad, pero vivo. Si hubiéramos actuado a tiempo...

—Fue Lucas. Empujó a Ethan hacia territorio errante por accidente. —Alexander sonaba dolorido—. Lucas es solo un niño y no conocía las fronteras. No fue su intención.

—Si hubiera dejado que el sanador lo salvara, el niño le habría contado la verdad a todo el mundo. Sophia terminaría en la cárcel y el Consejo condenaría a muerte a Lucas. No podía permitir que eso pasara —continuó Alexander.

—¿Qué pasará con el heredero de la manada? —preguntó Marcus, preocupado.

—Eso no importa. —El tono de Alexander recuperó una calma—. En cuanto Ivy se tranquilice, traeré a Lucas. Diremos que es un huérfano adoptado y ella misma se encargará de criar al siguiente Alfa.

Así que el que mató a mi cachorro fue el bastardo que tuvo con su amante.

Mi cachorro pudo haberse salvado, pero Alexander sacrificó a mi Ethan por su bastardo.

Marqué un número al que no había llamado en cinco años.

—Soy yo. Ivy.

—Cambié de opinión. —Yo sonaba firme y no mostraba ninguna emoción—. Voy a regresar para heredar la Manada Imperial.

—¿Y qué pasará con la Manada Moonstone?

—Quiero que la Manada Moonstone sea destruida.

—No entiendo. ¿Por qué no dejó que el sanador salvara a Ethan? —preguntó Marcus con mucha confusión—. Estaba vivo cuando lo encontramos.

Alexander dio un largo suspiro de pesadez.

—No entiendes. Ethan reconoció el olor de Lucas. En cuanto despertara, delataría al culpable sin dudarlo.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Qué? —Marcus se quedó sin palabras.

—Lucas empujó a Ethan hacia la frontera errante, ¡pero fue sin querer! Solo es un niño, no conoce los límites del territorio —admitió Alexander—. Si el sanador salvaba a Ethan, meterían a Sophia a la cárcel y el Consejo exigiría la ejecución de Lucas. No podía permitir eso.

Sophia. Ese nombre hizo que un escalofrío me recorriera todo el cuerpo. Era el primer amor de Alexander.

—¡Era su hijo! —exclamó Marcus, sin poder creerlo.

—Lo sé. —La voz de Alexander tembló un poco—. Pero Lucas también es mi cachorro.

Me tapé la boca con la mano para ahogar el grito que quería salir de mi garganta.

—¿Y qué pasará con la sucesión? —preguntó Marcus.

—No habrá problema —dijo Alexander—. Integraré a Lucas a la manada en cuanto Ivy se recupere. Diremos que es un huérfano de guerra. Ivy criará al futuro Alfa como si fuera suyo.

Todo mi mundo se vino abajo.

El compañero al que había amado por cinco años, me había traicionado desde hacía mucho tiempo. Tenía una amante y un cachorro. Y para protegerlos, dejó morir al nuestro.

El odio me recorrió las venas.

Quería salir de mi escondite y gritarle de todo. ¿Todo había sido una mentira? Él le había jurado fidelidad eterna a la Diosa de la Luna frente a mí, su Luna.

Esperé hasta que el sonido de sus pasos desapareció antes de levantarme de detrás de la tumba. Mis lágrimas ya se habían secado y ahora solo sentía una determinación implacable.

Alexander pensaba que podía verme la cara. Creía que yo sería tan tonta como para criar al asesino de mi propio cachorro.

Estaba muy equivocado.

Me las pagaría con sangre.

Al llegar a la casa de la manada, fui a la oficina de Alexander. Él estaba revisando unos papeles y puso cara de preocupación en cuanto me vio entrar.

—¿Estás bien? Sé que hoy fue un día muy difícil...

—Quiero romper nuestro vínculo de pareja —lo interrumpí.

La pluma se le cayó de la mano. Se me quedó viendo, impactado.

—¿Qué? ¿De qué estás hablando?

—Ya me escuchaste —le dije con una calma que daba miedo—. Quiero rechazarte.

Él se levantó e intentó abrazarme.

—Ivy, estás sufriendo mucho. No podemos tomar decisiones así de impulsivas solo porque estamos mal emocionalmente.

Di un paso atrás para evitar que me tocara. Vi un rastro de dolor en sus ojos.

—No es un impulso —le sostuve la mirada, buscando algún rastro de culpa, pero no encontré nada—. Ya no tiene sentido que sigamos juntos.

Alexander me miró con fijeza e intentó acariciarme la mejilla.

—Cielo, sé que perder a Ethan es un golpe durísimo para los dos. A mí también me duele. Pero vamos a superar esto juntos. Podemos tener más cachorros.

“¿Más cachorros?”

Casi me carcajeo. ¿Planeaba usarme como una máquina de cría para luego deshacerse de mis cachorros cuando le conviniera?

De pronto, su celular empezó a sonar. Miró la pantalla y se puso pálido.

—¿Papá? —La voz de un niño pequeño se escuchó por el altavoz—. Tengo fiebre. Me duele...

Sentí que el cuerpo se me quedaba tieso. Esa voz... ese niño llamando “Papá” a Alexander... era Lucas.

Alexander apretó el celular con fuerza.

—¿En dónde estás? ¿Tu mamá está contigo?

—Mami también está enferma. Estamos en la casa, pero tengo miedo... —El niño empezó a llorar.

—No tengas miedo. Ya voy para allá —dijo Alexander con el pánico reflejado.

Colgó y me miró.

—Surgió una emergencia en la manada y tengo que irme. Hablamos después, ¿sí?

“¿Una emergencia en la manada?”

—Ve —le dije con desprecio.

Alexander salió corriendo de la oficina. Me quedé ahí, viéndolo irse, mientras el odio en mi pecho ardía cada vez más.

Mi celular vibró. Era un mensaje de un número desconocido.

Lo abrí.

Era una foto: Alexander y una rubia, desnudos y juntos en la cama.

Empezaron a llegar más fotos. Alexander besándole la frente. Un retrato familiar de los tres. Alexander de la mano con un niño en el parque.

Ese niño era Lucas.

Luego llegaron los mensajes de Sophia, cada uno como una puñalada.

“¿Te sorprendió? La verdadera familia de Alexander está aquí”.

“¿Qué pensabas que eras? Solo eres una herramienta. Solo te marcó para quedarse con tu poder de loba blanca”.

“Por cierto, ¿sabes por qué tu loba no ha aparecido? Alexander ha estado poniendo veneno de lobo en tu comida. Tenía miedo de que fueras una amenaza para mi posición si despertabas”.

“Das lástima. Ni siquiera te diste cuenta de que tu propio compañero te engañaba. Qué bueno que tu cachorro se murió; de todos modos solo era un estorbo. Apúrate y haznos lugar”.

Veneno de lobo...

Casi estrello mi celular. Era un veneno muy raro que se usaba para anular el espíritu de un lobo para siempre. Yo pensaba que mi loba estaba dormida por el embarazo.

Resultó que Alexander había estado conspirando contra mí desde el principio.

Yo era una loba blanca, una especie única. Unirse a mí le daba la bendición de la Diosa de la Luna y un poder de Alfa inmenso.

Pero una vez que obtuvo ese poder, ya no me necesitaba. Por eso me envenenó, para tenerme como una Luna dócil, como su marioneta.

Sophia. Alexander. Solo esperen.

Marqué el número de mi padre.

—Prepara un antídoto para el veneno de lobo.

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Tabla de contenidos de El Blanco Ocaso De Un Alfa Sin Alma

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