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Portada de la novela El arte del mar

El arte del mar

Tras la muerte de su padre y el abandono materno, Lia busca refugio y estabilidad. Una conocida le ofrece trabajo y hogar en la costa, pero su tranquilidad peligra cuando Lucas aparece. Él es el protegido de su madrastra, un joven rico y cautivador que representa lo prohibido. Aunque Lia es vulnerable y debería alejarse, la atracción mutua resulta imparable. Lucas no logra dominar el oscuro deseo que siente por ella, desafiando toda lógica y prudencia.
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Capítulo 2

— ¿Cordelia? — Pregunto la mujer al otro lado del mostrador — ¿Lia, eres tú?

— Si — señale mi gafete, e intente ser lo más amable posible, considerando que eran las 3 am.

Detestaba el turno nocturno de la gasolinera, pero era mucho más dinero y me permitía tomar otro trabajo durante el día. Así pasaba el menor tiempo posible en ese cuarto de motel que era mí... "hogar".

— Pero mira nada más... cuanto has crecido...

— ¿Disculpe?

— ¿No me recuerdas? — Yo negué apenada al ver la desilusión de la mujer—. Margaret Prichett, soy amiga de tus padres. En los veranos iban a mi casa en la playa... en Florida...

Oh... La tía Maggie. ¿Cómo la había olvidado? Tenía una enorme mansión en Saint Pete Beach, o al menos para la yo de 7 años era un palacio en la playa. Hace más de 10 años que no escuchaba nada de ella, ni siquiera recuerdo porque dejamos de ir a vacacionar a su casa. La pasábamos muy bien.

¿Tal vez porque estaba en otro estado? ¿Y tu padre con cáncer no podía hacer viajes muy largo? Pequeña egoísta de mierda...

Vaya mi subconsciente esta noche está siendo amable.

— ¿Cómo has estado? oí lo de tu padre — dijo dándome la típica mirada de "pobre niña sin papá".

— Bien.

— Hable con tu madre hace unas semanas — dijo para mi sorpresa —, creí que estarías con ella en Londres.

— Con que ahí esta... —bufé. Maldita perra.

Margaret me miró sin comprender.

— Tu súper amiga me abandono. Vendió nuestra casa, y vació mi fondo universitario...

Era vergonzoso admitir que mi propia madre me había robado el futuro y presente.

— ¿Qué? — pregunto sin poder creer que la dulce Eva, dejara que la policía desalojara a su hija dos días después de cumplir los 18.

Con toda la intención de destruir la imagen de madre abnegada y buena samaritana que las personas tenían de Eva, le conté como ella no solo me abandono después de la muerte de mi padre, sino como también se había llevado todo lo que dejo mi padre con ella.

Sin mi fondo universitario, tuve que renunciar a mi plaza en una gran academia de artes, reconocida por muchas galerías que buscaban vender las obras de sus alumnos, y que contaba con numerosos convenios internacionales. Además de los mejores profesores del país.

Había sido mi sueño por años, y trabaje duro para conseguir entrar. Tenía buenas notas, participación a nivel escolar en concursos de artes, e incluso una que otra recomendación de artistas y profesores.

Lo peor es que, al ser aceptada a principios de mi último año, ni siquiera pensé en postular a otro lugar... me quede sin un plan B.

Ahora, casi 6 meses después de toda la tragedia, iba por mi plan J... de jódete Eva Brown.

— Esa mujer se volvió loca... Cuando hable con ella...

— Cuando hables con ella dile, que si la vuelvo a ver, la atropellare con lo único que me dejo...

Y no me dejo el coche porque le pesara, lo hizo porque era lo único que estaba a mi nombre.

Tomé la bebida isotónica y frituras que había puesto en el mostrador y le cobré todo para que me dejara regodearme en mi miseria sola.

— Me gustaría hablar contigo un poco más... pero mi hijastro me espera en el auto — No habían más clientes a esta hora, así que no el apure, la verdad se sintió genial poder desahogarse—. Me acompaño a una subasta privada por aquí cerca. Se suponía que habría un Van Gogh, pero resulto ser una falsificación barata. Nos quedamos a pasar la pena de un viaje perdido y se le pasaron un poco las copas. Así que tengo que ir con él, temo que se ahogue con su propio vomito.

Debe ser agotador tener que ir de madrastra de un adolescente que no sabe beber.

Yaaaa.... ¿Te olvidas del estado en el que quedabas tú cuando ibas de fiesta?

Algunos detalles, pero nunca dependí de mis padres para llegar a casa.

Porque tu padre apenas si sabía lo que pasaba en su vida por tanta morfina y a tu madre nunca le importaste mucho que digamos.

Estas conversaciones conmigo misma acababan con mi autoestima.

— Siempre fuiste el orgullo artístico de tu padre — dice tomando sus cosas.

Quizá lo dijo para hacerme sentir mejor, pero solo logro darme una puñalada en el centro del pecho. Ni siquiera le pude responder.

— ¿Sabes?, tengo una pintura tuya enmarcada en la casa de playa — sonríe al recordarla.

— ¿Enserio? Creo que es lo único mío que algún día estará enmarcado — digo con tristeza, y un poco de rabia, porque no debería ser así. Yo era buena, y mi madre me quito la oportunidad de ser magnifica.

— No debería ser así — leyó mi mente —. Te propongo algo — dijo deslizando una tarjeta de presentación ¿Quién usaba aun esas cosas? — Pronto comienza la temporada de verano en Saint Pete Beach y como todos los años uso esos meses para organizar la gran subasta de clausura al final, necesito una asistente, porque las mías tienen la costumbre de durar poco...

— Ya tengo un trabajo... dos en realidad — la interrumpí.

— Si, pero esos trabajos te ayudan a sobrevivir, no vivir como te mereces, como a tu padre le hubiera gustado que vivieras — toco una fibra emotiva para convencerme —. La estadía y comida están incluidas. Con lo que ahorraras donde vives ahora, más lo que te pagaré podrás cubrir una matrícula universitaria...

... Y con un trabajo de medio tiempo cerca el campus todo se veía posible.

Mi padre solía decir que yo era su trébol de cuatro hojas personal, que mi suerte siempre buscaba la forma de vencer. Sin embargo esta oportunidad era preocupantemente... oportuna.

— Tres meses en mi casa de huéspedes no suena mal ¿verdad?... Además el trabajo no es 24/7, tendrás tiempo libre y si pintas algo bueno, incluso lo podrías vender en la subasta.... Tu solo piénsalo.

Y así la oportunidad más brillante que he tenido desde que fui aceptada en la escuela de arte, salió por la puerta.

*

Miro el techo del mugroso motel en el que vivo ahora, pensando en la propuesta de tía Maggie.

Hace un par de meses habría aceptado sin pensarlo, pero ahora todo me causaba desconfianza. Cuando tu madre te apuñala por la espalda de esa manera, te esperas cualquier cosa de quien sea.

Además la escuela de arte duraba 3 años, ¿De qué me serbia tener para un año si no podía pagar los demás?

Si no fueras una holgazana podrías pintar de nuevo... algo que un idiota rico de Saint Pete Beach compre por unos cientos de dólares.

Mi subconsciente tenía razón, deje de pintar mucho antes de que mi padre muriera.

Tengo una buena técnica con los acrílicos, aunque los oleaos son mis preferidos, hay algo especial en la forma que huelen que me hace feliz.

Tristemente cuando me desalojaron no me permitieron llevarme nada de mis materiales, solo mis lienzos que ahora estaban acumulando polvo abajo la cama.

Lo único que me quedaba para trabajar eran las acuarelas y carboncillos, porque los tenía donde mi amiga Sam cuando todo paso. Comprar lienzos, pinturas, paleras o pinceles, era una inversión que ahora mismo no podía hacer, y eso solo era lo básico.

Como la zorra que me abandono y robo decía, "El arte es para todos, ser artista solo para los ricos".

Crear una buena acuarela era mi única opción para vender algo en la subasta.... o un par de colecciones para compensar, porque llevo mucho tiempo parada.

¿Si te das cuenta que ya te decidiste a ir, verdad?

Como siempre mi pequeña vocecita tenía razón.

A la mañana siguiente lo primero que hice fue llamar a Margaret. Ella estaba emocionada de por fin tener ayuda. Me esperaba en una semana en Florida y me daría todos los detalles.

Yo vivía en Beaumont, Texas. Sería un largo viaje hasta Florida, más de 13 horas si no hacía ni una sola parada, pero temía que mi coche muriera a medio camino si se sobrecalentaba.

Planifique un viaje de 3 días, pasaría por Lousiana, Mississippi y Alabama, antes de poder llegar.

Cuando renuncié y entregue las llaves del cuarto del Motel me di cuenta de algo... de nuevo solo tenía lo que estaba en mi maletero.

Eso asustaba, no importa cuántas veces lo tengas que vivir.

Solo esperaba que mi futuro volviera a brillar como el estado del sol al que me dirigía.

***

Espero que estés disfrutando de esta historia.

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❤❤❤

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