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Portada de la novela El arte del mar

El arte del mar

Tras la muerte de su padre y el abandono materno, Lia busca refugio y estabilidad. Una conocida le ofrece trabajo y hogar en la costa, pero su tranquilidad peligra cuando Lucas aparece. Él es el protegido de su madrastra, un joven rico y cautivador que representa lo prohibido. Aunque Lia es vulnerable y debería alejarse, la atracción mutua resulta imparable. Lucas no logra dominar el oscuro deseo que siente por ella, desafiando toda lógica y prudencia.
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Capítulo 3

Mis cálculos no fueron tan precisos como yo pensaba, y termine llegando a la península de Florida casi a media noche.

Por suerte Margaret me había dado la dirección exacta cuando acepté venir, porque hoy me mando a buzón todo el día.

Solo había dejado un mensaje muy temprano:

"Espero que llegues hoy, hay mucho trabajo que hacer. 8736 es la clave de seguridad para todo en la propiedad"

Esos mismos números digite cuando llegue al portón trasero de la casa. No entendía mucho esta seguridad, porque el frontal de la propiedad estaba completamente abierto a la playa. Supongo que era la entrada de coches o para dar una sensación de privacidad.

La verdad es que desde este lado de la carretera no se veía nada. Solo cercas, arbustos y un enorme portón, pero si se escuchaba la música que había al interior.

¿Margaret tenía una fiesta? Eso explicaría porque no respondía. Por un momento pensé que el GPS me envió a otro lugar, pero sería mucha coincidencia que otro portón se abriera con la misma clave.

Mi familia nunca había sido rica, pero si podíamos darnos pequeños lujos de vez en cuando. Aunque definitivamente Margaret si era rica, y con conocidos igual de ricos. Mi antiguo Mini Cooper de dos puertas se veía insignificante al lado de los Porsche, Audi o... ¿Eso era un Bentley?

Si, el que está al lado el Ferrari es un Bentley.

Estacioné lo más dejos posible de esos coches, si llegaba a rayar uno, de seguro tendría que pagarlo con un riñón.

La puerta de mi coche se abrió de pronto, y por puro instinto saque al Glock 26 y apunte al hombre que sostenía a la puerta.

El chico moreno de cabello rizado levanto las manos.

— ¿A quién se le ocurre abrir la puerta de un desconocido de esa forma? — Lo reprendo al darme cuenta que no es una amenaza, pero no guardo el arma.

— Solo quería ver si estaba perdida — Sus ojos están muy abiertos y aún tiene los brazos levantados haciéndome reír.

— No estoy perdida, Margaret me espera.

— ¿Maggie? — Pregunta — Corazón, ¿Podrías guardar esa cosa? Solo pienso en que causaras un accidente...

— Corazón —Le respondo en su mismo tono — Si esto se dispara, no será un accidente.

El arma no era mía, pero sabía usarla demasiado bien. Sam me la dio cuando le dije del nuevo trabajo, decía que un viaje por carretera era muy peligroso para una chica sola, y tenía razón. Este no era el primer hombre al que apuntaba desde que salí de la ciudad.

— ¿Debo advertirle a los chicos que no te molesten? Son buenos chicos, créeme no se lo merecen.

— Si tienes que advertirles que tengo un arma para que se comporten no sé qué tan buenos serán

— Así que buscas a Maggie — cambio de tema —. No creo que la encuentres, se fue a París esta mañana a buscar unas esculturas para la subasta.

¿A París? ¿Es una broma? Sabía que llegaría hoy, ella misma me lo pidió. Por eso no había respondido de seguro estaba en el avión, ¿Cuántas horas son a Francia?

— ¿De dónde la conoces?

— Se supone que soy su asistente este verano...

El chico primero se sorprendió y después se apretó el estómago de tanto reír.

¿Qué es tan graciosos?

— Vamos dentro — dijo ayudándome con mi bolso —. Te presentaré a alguien que estará muy feliz con esto.

— Gracias — dije no muy convencida.

— ¡Pero mira nada más! Puedes ser amable...

— Soy de Texas, siempre soy amable.

—... sin apuntar a alguien con un arma.

— Como dije... soy de Texas.

— Así que es verdad lo que dicen de las Texanas—levanta sus cejas coquetamente.

— ¿Qué dicen de nosotras? — he escuchado tanto que ya no sé a lo que se refiere.

— Chicas muy rubias y guapas, con pantalones ajustados y pequeñas camisetas y con grandes... armas...— Era obvio que no se refería a mi pistola.

¿Estaba coqueteando conmigo?

Creo que sí... y se le da del asco hacerlo.

Esta vez concordaba con mi vocecita, con lo guapo que era uno esperaría otra cosa.

— Creo que vivo en el estado equivocado.

No respondí a eso.

— Por cierto, son Hunt, amigo de Lucas — Creo que se dio cuenta que no tenía idea de lo que me estaba hablando, y eso solo hizo que se riera más— No tienes idea quien es Lucas, ¿verdad? — no alcance a responder —. Creí que esta sería una noche aburrida, y mira como la has arreglado...

La música se hizo más fuerte cuando entramos a la casa, entremezclándose con las risas y charla de los invitados. Joder, había un montón de gente en este lugar.

Tendría que esperar a que Maggie aterrizara y me respondiera el teléfono para saber qué hacer.

— ¿Lucas vive con Maggie? — Le pregunte a Hunt.

— Algo así, al menos en el verano. El resto del año está por temporadas en sus demás casas.

— Hunt — Lo tomo del brazo para que deje de avanzar entre la gente con mis cosas —. Algo me dice que no tengo idea donde me he metido... ¿Serías tan buena persona de decirme que pasa en esta casa?

— Solo porque sé que tienes un arma —bromeo —. Esta casa tiene un extraño acuerdo legal. Al padre de Lucas le gusta fastidiar a la gente, cree que estas cosas son graciosas... En fin. Todo el terreno con playa privada, la casa de huéspedes y piscina son de Maggie, un regalo después del divorcio. Pero toda esta mansión la obtuvo Lucas como parte de su fideicomiso cuando cumplió 21.

Parecía estar contándome el enredo más divertido de la historia, pero yo solo escuchaba "bla bla bla problema de gente rica bla bla bla"

— Lucas deja que su madre y media hermana vivan acá de vez en cuando. Aunque no se llevan muy bien con Maggie. Según yo vienen a fastidiar cuando están aburridas, porque Lucas les compro un apartamento en el centro...

La verdad no le prestaba mucha atención. Intentaba llamar a Maggie constantemente, ya no estaba fuera de servicio, solo que no respondía, y los mensajes los dejaba en visto.

Genial... otra más que te le juega.

Quería discutir con mi vocecita, pero mis mensajes eran desesperados y ella no respondía ninguno aunque los veía.

Llegamos a una hermosa terraza con vista al mar, donde varias personas se reunían alrededor de uno de los sofás.

Alguien parecía ser el centro de atención de todas esas personas. Las habría tildado de exagerados o lame culos si no fuera porque yo también me quede hipnotizada por unos segundos.

Oh mi Dios...

— Lucas te traje un regalito que mando Maggie. Es tuya ahora...

Todos los que estaban alrededor de él me miraron con curiosidad o desprecio... más que nada desprecio. Destacaba entre ellos como un cuervo entre cisnes.

— Es linda, pero de kínder — me analizo de arriba a abajo, y respondió como si yo no estuviera ahí —. No es mía.

— Maggie se fue por un par de semanas, es tuya.

¿Semanas? Mierda. Esto había sido una muy mala idea.

La mirada del interpelado era entre odio e indiferencia. Mi presencia le estaba fastidiando la fiesta, pero no lo suficiente como para prestarme atención. Y yo por mi parte no podía dejar de pensar en lo raros que eran sus ojos. Quizá fuera por la luz de la terraza, pero sus orbes verdes parecían tener destellos plateados, haciéndolos brillas de una forma peligrosa y cálida a la vez, como el metal fundido.

— Eso no la hace mía —dijo fríamente, mientras una falsa pelirroja se sentaba en sus piernas y nos ignoraba.

— ¿Es una broma? — preguntó Hunt algo molesto.

Al parecer había pensado que su amigo me haría de canguro hasta que llegara Margaret, pero yo no lo esperaba, ni quería.

Ok, esto ha sido un error. Volvamos antes de quedarnos sin dinero.

No era mucho el dinero que me quedaba, sacando cuantas lo justo para pagar un motel barato esta noche y la gasolina para volver a Texas. Podría quedarme con Sam unos días hasta encontrar un trabajo, o rogar que me devolvieran los míos. En otras palabras estaba en el mismo lugar que antes, solo que desperdicie un montón de gasolina en un viaje que no me dio nada.

— Hunt, tu mala vibra arruina la fiesta — Se quejó Lucas.

Parecía que a él le gustaba la fiesta pesada. En el corto tiempo que he estado frente a él, ya lo vi beberse tres chupitos. En otras palabras no era una buena compañía.

— Esto fue una pésima idea — dije para mí misma mientras le quitaba mi bolso a Hunt.

Batalló un poco en silencio, pero al final cedió. Lo escuche discutir con Lucas, pero no preste atención, yo estaba concentrada en no dejar que las lágrimas salieran de mis ojos.

Era pésima para las confrontaciones, si me enfadaba... lloraba, si me avergonzaba... lloraba, si me gritaban... lloraba. Odiaba eso de mí, ni siquiera practicando mi parte de la discusión antes lograba controlarlo. A veces incluso lloraba en mi pelea de práctica con el espejo.

Llegue casi corriendo a mi coche y me encerré en él. Era el único que me pertenecía, esta pequeña cajita de metal era mi hogar. Podía hacerlo vendido y conseguir uno más económico, quedarme con dinero para mí, pero hasta ahora me había negado.

Fue un regalo de mi padre, le tenía un cariño especial.

Lo puse en marcha, y en cuanto se movió un par de centímetro sentí un fuerte golpe.

Genial... Atropellaste a alguien.

***

Espero que estés disfrutando de esta historia.

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