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Portada de la novela El arte de fingir

El arte de fingir

Después de una noche reveladora, Rynha decide abandonar su aburrida rutina al sumergirse en un portal digital de experiencias prohibidas. Lo que comenzó como una distracción la vincula con un amante imprevisto que altera su mundo por completo. Atrapada entre la necesidad de conexión y la intensidad de lo oculto, se ve envuelta en una red de engaños. Rynha deberá decidir si puede renunciar a esa tentación o si perfeccionará el complejo arte de fingir.
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Capítulo 2

Yo era editora y mi tiempo era sinceramente abierto, según me organizara para trabajar pero en el caso de mi marido cada día estaba más inmerso en disimiles proyectos y ninguno, o más bien, casi ninguno me incluía a mí, y desde luego definitivamente, no, incluían niños en absoluto.

—No le des tantas vueltas Rynha —me decía Natalie mientras me ayudaba a meter al lavavajillas las cosas de la cena,luego de que Nuria y Sergio se fueran —siempre hemos sabido que no duraría, él no es hombre de relaciones y menos con su trabajo y una cría, sabemos que tienen poco en común.  Incluso Conrad me lo ha comentado.

—No es eso solo Nat —puse las últimas copas y le dí al botón de encendido y secándome las manos en un paño me giré a verla acomodar su cadera contra la encimera y beber su copa de vino —sabes que si hubieras sido tú, ambas lo hubiésemos manejado de otra manera; pero viste el descaro con el que habló de su amante como si Sergio no fuera nuestro amigo antes que ella.

—Esa es la clave de todo Rynha —espetó ella acercándose a mí para susurrar —nunca la has aceptado del todo y ella lo sabe, si hubiera sido yo, o fuera Conrad quien me estuviera siendo infiel, habrías abogado por nosotros para que lo arregláramos y lo sabes.

—Eso es imposible nena —resoplé tan fuerte que mi pelo rubio saltó de mi frente —ustedes son el matrimonio perfecto,la excelencia de las relaciones de pareja, el maldito epítome nupcial. Sabrían manejar la situación de manera respetuosa entre los dos, de darse el caso y no me habrías dicho así de fresca, que estas follando a otro porque tu marido te ignora...¡Joder no!, es que lo pienso y me enfado otra vez.

Iba a esperar algo de tiempo y lo hablaría con Oliver para decidir que hacer, porque a pesar de que por norma, uno no debe meterse en las relaciones de pareja de otros, no iba a soportar ese tipo de descaro frente al mejor amigo de mi marido.

—Sabes que por mi trabajo leo mucho. A eso me dedico, y sinceramente estoy pensando buscar un poco de información correcta para gestionar esta situación.

—¿En serio vas a meterte en medio de una pareja y una infidelidad?—mi amiga no daba crédito y en el fondo yo tampoco —piénsalo luego de forma fría. Estás  siendo un poco radical cariño. No es menos cierto que hay muchas parejas que pasan por baches lo suficientemente grandes como para buscar opciones para darle un giro a sus vidas, pero eso no significa que no se amen o tengan oportunidad de arreglar las cosas.

Si en algún otro momento de mi vida, me hubiesen comentado algo así, tal vez, solo tal vez lo habría ignorado y le hubiese dado el tratamiento habitual, pero justo ahora, cuando estaba casi segura de que mi marido probablemente estaba haciendo eso mismo conmigo, no podía reaccionar de otra manera, sobre todo porque me habría encantado que alguien me dijera que estaba sucediendo, si es que lo hacía.  Por eso mi nivel de empatía superaba al de mi cordura.

—Escucha —mi amiga me volvía a hablar en susurros porque nuestros maridos empezaban a despedirse —hay un sitio web,incluso una aplicación, para personas que sienten que sus vidas en pareja están algo estancadas y buscan respuestas en las opiniones y experiencias de otros. Hay una especie de perfiles para producir empatía y la gente supuestamente compatible interactua de manera mas cercana, para entender hasta donde un amante puede ser o no, saludable para una relación.

Ni siquiera pude terminar de asimilar lo que me había confiado, cuando Conrad me estaba dando dos besos en la puerta y ella ya se subía al coche para irse.

Por más que le daba vueltas en mi cabeza a la última frase que me había dicho tratando de encontrar una sola respuesta coherente al absurdo que para mí suponía en aquel momento, que un amante podía ser positivo de alguna manera para cualquier relación en pareja, no lo encontraba. Porque es que no terminaba de ver su punto de vista.

—Has estado un poco rara esta noche —exponía Oliver mientras me lavaba los dientes frente al espejo del baño, justo a su lado que acababa de hacer lo mismo de manera tan mecánica que parecíamos robots —un tanto chocante.

Hacía dos malditas semanas atrás, que esperaba que notara al menos que existía y justo hoy, por no sabía que motivos, él venía a notar de mí, ¿que había estado rara y chocante?... aquello era alucinante.

No pudo notar el corte de pelo que la mañana anterior me había hecho. No pudo ver, lo corto y atrevido de mi vestido  rojo esa noche. Tampoco hizo un solo contacto físico ni visual conmigo en toda la jodida velada; pero sí  notó que estuve rara y chocante con Nuria, que fue la única persona a la que quise abofetear repetidas veces por no saber respetar y ver, lo mucho que Sergio la quería. Y lo desastroso que sería para todos nosotros, como amigos que éramos, lo que sucedería si él se enteraba de aquello y de nuestra complicidad, al menos a nivel informativo.

—Por lo menos notaste algo —dije con sarcasmo a lo que él no contestó absolutamente nada y se marchó a la habitación dejándome sola en el baño.

Inteligentemente por su parte decidió no seguir por el camino de la controversia cuando se dió cuenta de mi hostilidad.

Era una mujer joven, rubia, con un cuerpo entrenado lo suficiente como para estar en forma,inteligente y elegante, de ojos verdes y educación esmerada, que no entendía qué demonios me faltaba para que mi marido me deseara como antes. Para que me mirara los pechos en el espejo y no los dientes mientras me los lavaba. No podía entender que tipo de conjuro debía hacer para volver a tener relaciones sexuales habituales con él y que me hiciera sentir querida otra vez.

Salí  hacia mi cama y lo encontré de su costado del colchón, tapado y durmiendo. O tal vez fingiendo dormir.

Quité el edredón de mi lado y cuando me estaba acomodando para dormir, sonó nuevamente mi teléfono.

Estiré la mano y acomodando mis almohadones, me dispuse a leer el mensaje de Natalie.

*..." Pretending"... Así se llama el sitio, entra y echa un vistazo cuando quieras. Que duermas bien nena, tqm*

Me quedé pensando si aventurarme o no, al mencionado sitio; pero cuando eché un vistazo a mi lado, y ví a mi marido, ignorando el picardías que me había puesto para comprobar si todavía sabía que existía,me decidí a explorar el ciber espacio.

Volví a levantarme y tomé mi laptop que estaba en la parte baja de mi mesa de noche y la abrí para probar y ver que tal era el sitio.

Lo pensé una vez más antes de presionar el enter y crearme un perfil.

Al ser un sitio para relaciones clandestinas, no hacía falta dar información real, ni privada. Un simple nickname y los típicos datos de interés para crear un perfil que pudiese buscar compatibilidades con otros usuarios. Y en la foto un icono predispuesto por la página.

Aún un poco reticente, miré  hacia mi costado otra vez y los ronquidos de mi marido eran un gran indicativo de la nula actividad que habría en aquella cama, más allá de mi navegación por Internet.

Finalmente le dí a crear y ya estaba dentro. Oficialmente navegaba entre infieles. Simple curiosidad. Hasta ese momento, eso era todo.

La política era no acosar a nadie y evitar los perfiles con los que tuvieras escasa posibilidad de empatizar, para mantener la cordialidad entre los usuarios. Había una especie de barra guía, que indicaba de manera automática las personas con las que pudiesen tener una relación interesante, cada usuario según la información que cada cual proveía. Por supuesto.

Habían chats colectivos para usuarios expertos o desinhibidos, cosa que lógicamente yo no era.

Estaba allí  metida por simple curiosidad y la verdad, tenía cierto sentimiento de recelo para con las personas alli inscritas.

Mi impresión ante todo aquello era, que no me tropezaría con más que gente insatisfecha e incapaz de darse cuenta cuando algo ya no funciona o al menos no está yendo bien, y necesitan que otros se lo hagan notar.

Y justo en ese momento, sintiéndome una completa hipócrita,me dí cuenta de que yo era una de esas personas a las que tanto cuestionaba y que me estaba viendo completamente reflejado en mi propia reflexión.

Yo no quería ver, que mi matrimonio tenía un problema y que tal vez era yo, quien estaba buscando excusas para que alguien más me lo hiciera notar y por eso me había ofendido tanto que Nuria me dijera las cosas que me dijo... porque simplemente me creía que era a mi, a quien engañaban ella y quien fuera su amante.

Mientras asimilaba las nuevas visiones que me habían llegado de la situación, cruzada de piernas sobre mi cama, cubierta hasta los muslos por mi edredón y develada completamente, un anuncio de publicidad de la página me hizo permanecer más tiempo allí, y seguir siendo víctima voluntaria de mi curiosidad.

El anuncio básicamente exponía, que en ocasiones un mal camino puede mostrarnos una perfecta salida.

Quizás el estar allí, viendo como otros a su manera, podían hacerme sentir cosas que ya Oliver no se empeñaba en ofrecerme, me llevaría a comprender, la triste realidad... de que mi matrimonio estaba acabado.

Y así  fue como al azar, así de manera prácticamente aleatoria,entré  en un perfil de un hombre que por sus referencias, fueran ciertas o creadas,despertaba cierto interés en mí.

Aquella noche, con mi marido durmiendo a mi lado. Con la férrea certeza de que yo no le sería infiel jamás,  siempre que tuviera opción de dejarle, me adentré en el primer paso hacia el pecado.

Allí,con un simple click en mi laptop, comencé  a descubrir... el arte de fingir.

Siete minutos después de haber tomado la decisión de mi vida, de saludar a un desconocido,al que no le vería la cara, no lo tocaría ni me besaría él a mí,y con el que supuestamente solo hablaría, me contestó de forma directa,inquietante y definitoria.

—¡Hola hermosa!...¿Quieres ser mi amante por esta noche?

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