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Portada de la novela El arte de fingir

El arte de fingir

Después de una noche reveladora, Rynha decide abandonar su aburrida rutina al sumergirse en un portal digital de experiencias prohibidas. Lo que comenzó como una distracción la vincula con un amante imprevisto que altera su mundo por completo. Atrapada entre la necesidad de conexión y la intensidad de lo oculto, se ve envuelta en una red de engaños. Rynha deberá decidir si puede renunciar a esa tentación o si perfeccionará el complejo arte de fingir.
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Capítulo 1

—Tengo un amante —soltó de pronto Nuria,como si estuviera recitantando un salmo de iglesia. Como si fuera un comentario sin importancia o fuese lo más normal del mundo...¡Viva la infidelidad!

Mi vista viajó automáticamente hasta Sergio,su novio. El mejor amigo de mi marido. Ellos aún no se casaban porque él siempre había sido un tarambana y hasta que se decidió a intentarlo con ella, hacía unos cortos dos años atrás, pensaba que seguiría soltero toda la vida. Yo lo adoraba. Era el mejor amigo de Oliver, y se había convertido en un gran apoyo para mí cada vez que lo había necesitado y sinceramente,  a pesar del cariño que le tenía a mi amiga, su comentario me hirió.

—¿!Perdona¡? —pregunté llevando una mano a mi pecho, de manera ofendida y ella rodó los ojos como siempre hacía por mis actitudes leales ante todo en la vida. Podía reconocer que a veces me ponía profunda, pero la deslealtad me hacía hervir la sangre.

—No empieces que nos conocemos —me reclamó alzando un dedo hacia mí y bebiendo otro sorbo de su maritini mientras cruzaba las piernas —ese hombre tan maravilloso que te crees que es tu amigo, pasa de mi culo en los últimos tiempos y estoy hasta el moño de ser ignorada. Quiero diversión en mi vida, pasión, desenfreno,sentirme viva otra vez y no una anciana tejedora de zapatitos de bebé.  Él se ha apagado y yo estoy cada vez más encendida Rynha y sí, me estoy follando a otro.Tengo todo el derecho —a pesar de toda la gestualidad que empleaba para hablar, susurraba sus palabras para no ser descubierta.

—Por supuesto que lo tienes—rebatí cruzando una pierna e inclinándome hacia adelante para hablarle en susurros también, casi que imitando su actitud, y señalando por encima de la mesa de cristal que nos separaba —pero sería más correcto,leal y elegante por tu parte,si le dijeras que la magia, el romance, el fuego y tal...se han ido al traste y que lo dejas, que hay otro que te da lo que estás buscando y que evidentemente no lo tiene él... eso, sería lo ideal porque así como tú tienes todo el derecho a tirarte a otro —puntualicé furiosa y gruñendo las muy escogidas palabras que le estaba diciendo —él tiene el derecho a saber que su historia contigo ha terminado. Cosa que aún no  sabe, porque es más fácil para tí... simplemente ser egoísta y callarte.

Ninguna de las dos dijo nada y me recosté en mi sofá mirando a lo lejos, como mi marido, Sergio y Conrad hablaban tan ajenos al asunto que trataban sus mujeres.

—A ver chicas —intervino Natalie —todos sabemos que la infidelidad es un punto con su respectiva coma en muchos matrimonios y la mayoría salen adelante. Lo importante aquí —se giró para mí cuando vió que me había dejado boquiabierta con su comentario que jamás esperé oír de sus labios y levantó una mano para que la dejara explicarse hasta el final —es saber, qué tan importante o decisivo es ese hombre en tu vida. Tampoco es que Sergio sea un santo —enmarcó la frase más cliché del planeta —los hombre son todos iguales...lo más probable es que también tenga algún tanto anotado.

—Yo es que estoy flipando con ustedes —acoté anonadada.

—Solo han sido dos polvos épicos y él dice que no volverá a pasar, que quiere a su mujer y bla bla bla —ella trataba de restarle importancia a algo tan grande como lo que estaba haciendo. Y supuesta y evidentemente a la vez, lo dejaba todo en manos del hombre al que estaba viendo. O follando, según sus propias palabras

—¡Ah!,¿Por qué encima es casado? —mi asombro iba en aumento y me empezaba a replantear la valía de mi amiga.

Ya no solo era ella la infiel, es que él también lo era.

¡Menudos cabrones!

—Sí, lo es Rynha. Es la cosa más normal del mundo. Deja ya de ir de mosquita muerta que estoy segura que si un tío te tira los tejos te lo llevas por delante como hacemos tantas, por dios que no es un asesinato.

Siempre había notado cierta rivalidad de Nuria hacia mi manera de ser, lo más correcta posible. No es que fuera una santa virgen pero intentaba al menos ser congruente con mis ideales. Si bien nadie es perfecto, al menos respetuosa intentaba ser.

Mi matrimonio no atravesaba su mejor momento.

Siete años nos empezaban a pasar factura y a pesar de no ser tantísimos, las cosas estaban un tanto frías con oliver; pero no me planteaba engañarlo. No hallaba el motivo. Intentaba que las cosas mejoraran y de no hacerlo, un día tomaría la decisión de dejarlo.

—Sinceramente no pienso ni de cerca parecido a tí  —comenté sincera y tomé mi móvil de la mesa para revisar una notificación de mensaje entrante, dejando de lado aquel asunto en el que no llegaríamos a ningún puerto seguro —pero si en algo tienes razón, es que no has matado a nadie, así que tu verás... es una pena por Sergio pero —alcé los hombros indicando falsa apatía y concluí —yo ya estoy casada y por suerte no es contigo.

—Yo también te quiero cariño.

Con la ironía de ella y la indiferencia mía,me dediqué a mirar en mi móvil el mensaje, que era nada más y nada menos que de el engañado.

*Te conozco lo suficiente para saber que ya estás de campaña contra Nuria *

Sonreí y busqué sus ojos con los míos, mientras mis amigas se disponían a preparar las siguientes bebidas para todos.

*Tu chica me supera a veces cariño, pero tranquilo que por suerte es toda tuya. La sangre no llegará al rio*

Con un guiño por mi parte, dejé el móvil sobre la mesa para cortar así la comunicación y dejar de fingir que todo estaba bien, cuando lo veía más que mal.

Habíamos sido amigos por años. Sergio y Oliver incluso desde la universidad. El primero cirujano y el otro arquitecto,pero junto a Conrad el esposo de Natalie que era obstetra, habíamos formado una especie de familia indestructible a la que hacia tan solo dos años se había sumado Nuria, que era generalmente la nota discordante pero la novia de Sergio al fin y al cabo.

Ya yo veía más fin que cabo, pero bueno.

Todas las semanas, viernes o sábados,según los trabajos de los doctores sobre todo, nos reuníamos para pasar tiempo de calidad juntos y era como un ritual inamovible en nuestras vidas.

Curiosamente ninguno de nosotros tenía hijos, aunque Natalie y Conrad se estaban planteando adoptar. Ellos eran los mayores y a los cuarenta y dos años, sentían que las opciones eran cada vez menores para un embarazo y buscaban alternativas.

Estaba claro que Nuria, que solo tenia veintitrés no estaba por la labor, a pesar de los treinta y ocho de Sergio.  Y, en nuestro caso, yo aún tenia treinta y dos y Oliver no era un amante de los niños, se podía decir.

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