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Portada de la novela El amor perdido del CEO

El amor perdido del CEO

Miley soportó un matrimonio gélido junto a Harold, quien siempre amó a otra. Aunque todos esperaban que el retorno de la antigua amante la hundiera, ella sorprendió al firmar el divorcio y marcharse con determinación. Ante un exmarido colérico, Miley reveló su intención de casarse otra vez, harta de sacrificios inútiles. Nadie imaginaba que, tras su fachada de esposa fiel, ella ocultaba el deseo secreto por un hombre completamente distinto.
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Capítulo 2

El viaje del club a la villa fue corto, pero Miley se perdió en un sueño inesperado por el camino.

Fue transportada de vuelta al día de su boda, hace tres años.

Al borde de un alto edificio de catorce pisos, Leyla estaba de pie contra el viento, con lágrimas corriendo por sus mejillas; parecía que iba a saltar en cualquier momento.

"Miley, ¿no puedes simplemente dejarlo ir? Ya tienes mucho. ¿Por qué también tienes que quitarme a Harold? Papá ya está de tu lado. ¿No es suficiente para ti?", dijo Leyla.

Miley observó la escena con expresión indiferente.

Al ver el rostro impasible de Miley, Leyla se alteró aún más y gritó: "¡Miley! ¡¿Cómo puedes ser tan despiadada?! ¡Te maldigo! ¡Perderás todo lo que amas!".

Finalmente, la policía logró bajar a Leyla del tejado y la boda procedió a pesar de la conmoción.

Pero, como había dicho Leyla, Miley terminó perdiendo casi todo.

Había perdido a sus abuelos, a su madre y a su tío, Abel Tucker.

La pesadilla parecía no tener fin. En medio de la neblina, escuchó una voz masculina y profunda.

"Miley".

La voz le resultaba familiar, pero carecía de la dulzura que recordaba. Saliendo lentamente de su sueño, Miley abrió los ojos.

Se topó con un par de intensos ojos negros, borrando por un momento la frontera entre el sueño y la realidad. Se aferró a la manga del hombre y susurró con voz áspera: "Hal".

"¿Cómo me acabas de llamar?".

Harold bajó la mirada y le agarró la barbilla con frialdad. Su mirada se agudizó de repente.

Miley se sintió desilusionada al ver que no era la persona que creía.

"No es nada. Solo estaba soñando".

Se dio cuenta de su error: en su estado somnoliento, había confundido a Harold con Hal.

Cuando recuperó la lucidez, se dio cuenta de que habían llegado a la entrada de la villa. Se desabrochó el cinturón de seguridad, dispuesta a salir del auto.

Pero, entonces, Harold la agarró de la muñeca bruscamente. Entrecerró los ojos y preguntó: "Miley, ¿quién creías que era hace un momento?".

Miley se sorprendió ante su perspicacia.

"Hay un joven apuesto que apareció en el club hace un par de días". Ella alzó las cejas y retiró con indiferencia su pálida muñeca. Al notar que la expresión de él se agrió, dijo lentamente: "Me equivoqué. Realmente no se te puede comparar con un chico de veintipocos años".

Mintió sin inmutarse.

La expresión de Harold se tornó sombría. La abrazó, colocando una mano en su cintura y la otra en su cadera redondeada.

"Es cierto, no soy tan joven como esos gigolós. Sin embargo, si estás de humor para tener sexo, no dudes en llamarme. Después de todo, soy el único que puede complacerte de verdad".

Harold le acarició las nalgas con intención.

Miley se liberó de sus brazos y se acomodó la ropa con gracia. Se burló y dijo: "No, gracias. Deberías guardar tus energías para la señorita Pearson. Yo no estoy tan desesperada".

Durante años, él y Leyla habían sido más que amigos. Era difícil imaginar que no fueran íntimos.

Momentos antes él había sido tan apasionado en el auto... Resultaba difícil imaginar cómo se comportaría cuando estuviera a solas con Leyla.

La idea de que ese hombre pudiera estar con otra mujer hizo que se sintiera un poco incómoda.

El disgusto en sus ojos era innegable. Sin ofrecer ninguna explicación, Harold dijo con despreocupación: "Supuse que habías salido a la caza de alguien con quien tener sexo en el club. Si no es así, mejor mantente alejada de esos chicos de juguete".

Sus palabras estaban llenas de connotaciones sexuales, pintando a Miley como una mujer lujuriosa.

Ella le dedicó una mirada fría y subió al piso de arriba.

La sonrisa desapareció del rostro de Harold, que la observó subir con una mirada difícil de leer.

Al final, subió tras ella.

A pesar de que su matrimonio era más bien un acuerdo, no dormían en habitaciones separadas.

Miley regresó a su habitación y decidió ducharse primero. Después de eso, Harold fue a tomar una ducha.

Miley se recostó en el sofá y encendió absorta su computadora portátil. Fue entonces cuando vio un correo electrónico de su asistente.

Se acomodó en el sillón, con las piernas recogidas bajo ella, y abrió el mensaje.

Mientras lo leía, frunció el entrecejo con una clara irritación. Rápidamente realizó una videollamada con su asistente y cuestionó: "¿Me estás diciendo que lo máximo que ofrecerá el Grupo Douglas es un tres por ciento de descuento?".

"Sí. Citaron nuestra estrategia de marketing y nuestras finanzas como la razón para limitar el descuento al tres por ciento".

Miley había calculado los beneficios previstos de colaborar con el Grupo Douglas. Para que el Grupo Tucker alcanzara sus metas, un descuento del cinco por ciento era crucial. Al principio, ambas partes habían llegado a un acuerdo, pero el Grupo Douglas rompió inesperadamente su promesa.

Sus labios se tensaron y una sombra de preocupación cruzó por su rostro.

Perdida en sus pensamientos sobre el proyecto, apenas notó que Harold se acercaba hasta que este le colocó un abrigo sobre los hombros.

Miley alzó la cabeza y vio sus ojos recorrer su escote. Él dijo, claramente molesto: "Cúbrete".

Solo entonces Miley fue consciente de que llevaba un camisón revelador.

A pesar de que su asistente era una mujer, no era correcto que nadie más la viera vestida de esa manera.

"Ordena al equipo de marketing que elabore una nueva estrategia mañana a primera hora. Tenemos que presionar al Grupo Douglas para que nos conceda un dos por ciento de descuento adicional cueste lo que cueste".

Le dio sus instrucciones a la asistente y terminó la videollamada rápidamente.

Harold echó un vistazo rápido a los papeles que ella estaba leyendo y preguntó con indiferencia: "¿Se trata de tu trato con la familia Douglas?".

"Sí".

Miley volvió a revisar el plan de marketing, con una frustración creciente.

Harold la miró, con una sutil sonrisa dibujada en los labios, y comentó: "Tu plan de marketing tiene fallos, y la familia Douglas no está dispuesta a concederte el descuento que buscas".

Había señalado el problema con precisión.

Él apoyó las manos a ambos lados de ella y preguntó con tranquilidad: "Si te echo una mano, ¿qué gano yo?".

A pesar de su renuencia a admitirlo, Miley sabía que Harold tenía mayor habilidad para los negocios que ella.

Sin embargo, él era un verdadero hombre de negocios, y no era una excepción a la regla de participar solo en acuerdos rentables.

El acuerdo con el Grupo Douglas era un negocio de varios millones de dólares. Miley sabía perfectamente lo que tenía que hacer en ese momento.

Envolvió sus brazos alrededor del cuello de Harold y besó suavemente la comisura de sus labios. Mirándolo con sus ojos rasgados, susurró con seducción: "Cariño, necesito tu ayuda".

La mirada de Harold se entrecerró ligeramente mientras colocaba una mano en el muslo de ella y dijo con una pizca de malicia: "Recuerdo que alguien dijo hace poco en el auto que yo no significaba nada para ella".

¡Era un manipulador tan mezquino y calculador!

No solo se aprovechaba de la situación, sino que también sacaba a colación el pasado.

"¿Qué quieres?", preguntó Miley, apretando los dientes.

Harold acarició sus labios y guió la mano de ella hacia la parte baja de su abdomen, murmurando con voz profunda y ronca: "Sabes perfectamente lo que quiero".

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