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Portada de la novela El amor no tiene edad.

El amor no tiene edad.

Sunny Van Der Veer habita un entorno conservador en Nueva Zelanda, atrapada en una unión matrimonial carente de afecto. Su estabilidad se desmorona cuando un hombre quince años menor despierta en ella una pasión prohibida. A este dilema se suma el hallazgo de un secreto en su trabajo que la sumerge en una red de hostigamiento y peligro. Abandonada por su círculo y rodeada de traiciones, solo ese joven le ofrece amparo frente a la adversidad. ¿Podrá Sunny hallar su libertad entre tanto engaño?
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Capítulo 2

En la habitación, estando frente al armario discutimos por largo rato el atuendo que usaría. Vanessa  sugería un vestido escarlata –  muy atrevido –  que mostraba la mitad de mis muslos y le acompañaba un gran escote en la espalda; mientras que yo prefería algo más discreto y casual.

 Finalmente, después de un poco de debate, ambas coincidimos. Optamos por un vestido negro, sencillo y elegante que llegaba hasta las rodillas, con un escote en V moderado y mangas cortas. Para darle un toque de color, añadimos unos zapatos de tacón rojos que combinaban con la cartera pequeña del mismo color. Decidí llevar un maquillaje ligero, con una base natural, un poco de rubor para dar color a mis mejillas y un labial rojo intenso como los zapatos de tacón; en cuanto a los ojos, llevaba una sombra plateada que daba brillo a mi mirada.

Por su parte, Vanessa llevaba un top sin mangas de color azul eléctrico y una falda corta, negra, con vuelo. Para completar su look, traía botines negros de tacón y unos pendientes largos y plateados que destacan sobre su cabello rubio. Llevaba sombras de ojos en tonos azules, delineador negro y un labial rosa brillante que le daba un toque de color a su rostro.

Ya arregladas para nuestra noche de diversión decidimos salir. La casa estaba ubicada en Woburn, Lower Hutt. Me gustaba aquel lugar por la paz que podía respirarse incluso en sus calles.

Caminábamos sonrientes mientras charlábamos sobre experiencias tontas de nuestra juventud. La noche era cálida y el ambiente – dado que era un sábado por la noche – estaba muy animado; las luces de los edificios iluminaban las calles, había música sonando por doquier.  Entonces Vanessa alzó la mano para detener un taxi que pasaba.

– A la "Cuarenta y cinco con Sauchiehall" por favor.

Al cabo de unos cuantos minutos llegamos al lugar. 

El bar karaoke destacaba entre los demás establecimientos de la calle por su fachada colorida. Las paredes exteriores estaban pintadas en tonos vibrantes de rosa, azul y amarillo, con detalles en neón que anuncian el nombre del bar en letras grandes: "The Rhythm Box". Había un letrero luminoso en forma de micrófono que colgaba sobre la entrada, indicando que era un lugar para cantar y divertirse. La fachada estaba adornada con luces de colores que destellan al ritmo de la música; había una pequeña terraza con sillas y mesas de colores brillantes. La puerta principal era de vidrio esmerilado con detalles en neón, que permitía ver el interior del bar desde afuera. Era imposible que pasara desapercibido.

Al entrar al bar, se sentía una energía contagiosa que animaba a los clientes a cantar y divertirse. El lugar estaba iluminado con luces de colores que cambian con el ritmo que sonaba por las bocinas; había un escenario en el centro de la sala, donde los clientes podían subir a cantar sus canciones favoritas. Una pantalla gigante estaba ubicada en una de las paredes, donde se proyectaban las letras de las canciones para que todos pudieran seguirla. La decoración era moderna y colorida, con detalles en neón y carteles luminosos que anuncian las bebidas especiales de la noche; la barra estaba equipada con todo tipo de bebidas y licores para satisfacer los gustos de los clientes. Había mesas y sillas distribuidas por toda la sala, algunas de ellas con micrófonos y libros de canciones para pudieran elegir sus temas preferidos. Se escuchaba música a todo volumen y el sonido de las risas y aplausos se mezclaban con las melodías. 

– ¡Es el lugar perfecto para pasar una noche divertida! – gritó Vanessa cuando por fin entramos, alzando los brazos en señal de triunfo.

Ella siempre había sido una explosión incontenible de energía, por lo general se le daba más actuar y luego pensar. Así que no era de extrañarse que en ocasiones se comportara un poco indiscreta y atolondrada.

En una de las paredes del bar había una pizarra que ponía lo siguiente:

“¡BIENVENIDOS A NUESTRA NOCHE DE EVENTO!

Título: "Adivina al cantante"

Hora: 10:00 pm - 11:00 pm

¿Eres bueno adivinando el aspecto de los cantantes? 

Participa en nuestro nuevo juego. 

Un cantante incógnito actuará en el escenario y tendrás que adivinar cómo es su apariencia. 

¡Habrá un premió sorpresa para aquella persona que logré adivinar con mayor precisión a los personajes!”

– Buenas noches hermosas damas – dijo un mesero que nos recibió con mucha educación.

– Por favor síganme para ubicarlas en su mesa. – ambas lo seguimos y habiéndonos ubicado continúo – Hoy es noche de evento, en el cual podrán participar escaneando el Código QR que está ubicado en la parte trasera de la carta de menú – dijo mientras nos extendía la carta – Dicho evento consiste en adivinar el aspecto del cantante que se encuentre en el escenario. Desde sus dispositivos móviles podrán votar en las opciones que se les proporcionaran y la persona con más aciertos se llevará el premio sorpresa que el mismo dueño del bar estará entregándoles personalmente. – Luego añadió – Cuando estén listas para ordenan háganmelo saber. – Dicho esto se marchó a atender a otros clientes.

– Vanessa tomo la carta y comenzó a leerla en voz alta. – Cervezas, cócteles, mojitos – parecía algo indecisa – Hmm... Quizás una margarita o un daiquiri. ¿Qué ordenaras Sun?

– Una gaseosa, alitas de pollo y aros de cebolla – Respondí con brevedad.

– ¿Gaseosa? ¡Vamos Sun, es noche de chicas! Bebamos algo fuerte para entrar en ambiente. Estoy segura que está noche pescaremos a un hombre guapo.

– Lo que vas a pescar es una borrachera y una resaca por la mañana.

– Una resaca de vez en cuando no sienta mal – dijo guiñándome un ojo – Deberías aprender un poco de mí y salir de tu monótona rutina.

– Ya sabes que no bebo alcohol querida.

– Tú te lo pierdes. – Agregó entornando los ojos – Ordenaré un Gin-Tonic y una hamburguesa gourmet.

De pronto todas las luces del bar se apagaron, dejando solo las de neón como iluminación. Una mujer comenzó a caminar por entre las mesas con micrófono en mano.

– Buenas noches, mi gente bella. Bienvenidos a nuestro primer evento de "Adivina al cantante" – la voz de aquella mujer sonaba como la de una animadora de televisión – Como ya nuestros sexys y carismáticos meseros les habrán explicado en que consiste, sin más preámbulo pasemos a dar inicio. ¡CO-MEN-CEMOS!

Todo volvió a quedar sumido en la oscuridad. De pronto se iluminó el escenario. Una cortina negra lo rodeaba, la cual mantenía en completo anonimato a la persona que estuviese sobre el. Un pequeño foco violeta, el cual destellaba una luz tenue permitía percibir una débil silueta entre las sombras.

La melodía comenzó a sonar, era melancólica y triste, como si las notas fueran lágrimas que caían de un piano solitario. Cada acorde parecía suspirar con nostalgia y desolación, envolviendo al público en una atmósfera de profunda añoranza.

La pantalla hizo aparición de la letra de la canción: Il Vaso - Último

La voz del cantante incógnito comenzó a sonar. Era profunda y potente, con un tono grave que parecía emanar de lo más profundo de su ser. Cada nota que salía de su boca era cálida y envolvente, llenando el espacio con su resonancia y creando un efecto hipnótico en el público. Era como si su voz tuviese el poder de transportar a las personas a otro mundo, donde las emociones eran más intensas y la música era la única forma de expresión.

Los ojos de Vanessa se abrieron como platos. Casi a punto de estallar de emoción me tomó de las manos y soltando un susurro, más similar a un chillido que a una oración, dijo:

– ¡Es el Sun, es el! El hombre con voz de tenor.

Yo estaba hipnotizada por la voz de este personaje misterioso, solo logré articular un par de palabras. 

– No es un tenor, es un barítono.

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