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Portada de la novela El Amor De Una Reina

El Amor De Una Reina

Elizabeth Sullivan vuelca su alma en un centro infantil, impulsada por un pasado difícil y sin el apoyo de su familia. Obligada por su entorno, la joven se ve lanzada al competitivo mundo de un prestigioso concurso de belleza. Mientras enfrenta las exigencias del glamur y la presión social, su vida da un vuelco inesperado al conocer a dos hombres cautivadores. Ambos iniciarán una intensa batalla por ganar su afecto y protegerla en este nuevo camino.
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Capítulo 1

Bastián.-

Observo a la rubia salir del depósito arreglando su vestido y con las manos peinando su cabello, antes de salir me sonríe guiñándome el ojo, mientras yo subo el cierre de mi pantalón después de una sesión de sexo, afuera la música hace que las paredes retumben en el reducido espacio.

- ¡Feliz cumpleaños Bastián Walker! –da un paso hacía mi moviendo sus caderas de manera seductora–. ¿Quieres que te dé mi numero? Nos podemos divertir de nuevo.

- Lo siento pequeña, pero yo no repito mujeres ese es mi lema –pellizco su mejilla y le guiño el ojo, salgo del depósito dejándola sin habla.

Soy un hombre al que le gusta la diversión y el sexo casual, muy casual, un rato, máximo una noche y luego adiós, no me interesa en absoluto atarme a una sola mujer, porque siendo sincero no creo poder conformarme solo con una y una difícilmente podría complacerme en todo, lo he visto en primera fila no importa lo que haga una mujer para cumplirle a su hombre nunca será lo suficiente.

- ¡Ahí está mi amigo, el cumpleañero! –mi mejor amigo, hermano y futuro cuñado Cory se me acerca con un trago en la mano sonriendo–. veo que sigues en tus andanzas –dice al ver salir a la rubia que me cogí hace un momento un poco furiosa.

- ¿Por qué habría de cambiar? –me encojo de hombros–. además es mi cumpleaños y créeme no será la única ¡Vamos a celebrar! –Grité alzando la cerveza que tenía en mi mano.

- Lamento ser un aguafiestas, pero te recuerdo que, tu hermana y este afortunado hombre –se señala el pecho–. nos casamos mañana y pasado mañana es la presentación a las candidatas del concurso, tus próximas victimas –me da un ligero golpe en el costado.

Por mucho que lo odiara tenía razón mi hermana gemela iba a cometer el mayor error de su vida al casarse con su novio de la secundaria y ese no es más que Cory.

Bella a diferencia de mi es una romántica empedernida, de solo pensarlo se me revuelve la bilis, mi familia es dueña de la empresa que patrocina y organiza los certámenes de belleza en todo el país.

¿Y para qué negarlo? amo mi trabajo, las mujeres más bellas se rinden a mis pies y acceden a cada uno de mis deseos solo por quedar entre las elegidas, incluso lograr avanzar dentro del concurso, claro no siempre eso depende de mí, pero, solo con eliminarlas del certamen tengo, yo solo estoy cuando se hace la selección después mi hermana Bella se encarga de todo lo demás.

Este mundo está lleno de superficialidad, el físico es lo que importa y lo que esas mujeres están dispuestas a hacer solo por una corona.

- Tierra llamando a Bastián –mi amigo me saca de mis pensamientos–. Debemos irnos –le hago caso, dejando la cerveza sobre la barra y salimos del bar. 

Afuera saco las llaves de lamborghini.

- No señor, esta vez yo conduzco, podrás tener agilidad para coger, pero no para conducir.

- ¿Tú vas a conducir mi auto? ¡Olvídalo estoy bien! Igual estás ebrio.

- No tanto como tú, dame las llaves o nos vamos en taxi –ruedo mis ojos con fastidio.

Primero muerto antes que andar en un asqueroso taxi, accedo de mala gana y le lanzo las llaves que él alcanza ágilmente, cuando nos subimos el motor rugió con fuerza, Cory acariciaba el volante con tanta devoción y placer que podía verse la excitación en sus ojos, mi Lambo era un pedido especial y exclusivo, era el único prototipo que había en el país.

- Bueno ¿Qué esperas? vámonos

"Arrancó pisando el acelerador, de haberlo sabido antes, de no haber sido tan prepotente, tan orgulloso mostrar más madurez, hacer lo correcto y no dejar que Cory condujera estando ebrio, no estaría por pasar lo que marcaría mi vida para siempre"

- Cory deberías bajar la velocidad –era adicto a la adrenalina no lo voy a negar, pero un mal presentimiento se había instalado en mi abdomen.

- ¡Tranquilo mi amigo! –fueron las últimas palabras que escuché, luego todo sucedió en un instante.

Recuerdo la sensación de velocidad, el viento golpeando mi rostro mientras Cory conducía por la carretera a más de 140 km por hora, de repente, un destello de luz y una sombra oscura se abalanzó sobre mí.

No hubo tiempo para reaccionar, el estruendo del metal chocando contra algo resonó en mis oídos y el mundo se volvió un torbellino de cristales y metal la última imagen que vi fue la de mi propio reflejo en el cristal roto, antes de que todo se volviera negro.

(...)

Desperté en medio de un caos ensordecedor, el sonido de sirenas y voces distantes me envolvía, pero no podía moverme, mi rostro ardía, como si estuviera en llamas, una mano me sujetaba con firmeza, pero el dolor era abrumador, intenté abrir los ojos, pero solo uno respondía moviéndose de un lado a otro con desesperación, no podía enfocar a mirar nada. La confusión me invadió. ¿Qué había pasado?

- ¡Co...Cory! –balbuceé en medio de mi dolor, pero nadie respondía solo escuchaba las voces de quién estaba a mi lado, sentí un piquete en mi brazo.

- ¡Tranquilo, estamos atendiéndote te llevaremos al hospital! –fue lo último que escuché antes de rendirme.

Tres Años Después.-

Despierto sobresaltado en mi cama, bañado en sudor, el mismo sueño se repite una y otra vez mi vida se detuvo esa noche, han pasado ya tres años desde mi accidente y ahí me quedé estancado, oculto entre las sombras de aquello que solo fue mi culpa, no solo arruiné mi vida, la de los que me rodeaban, la felicidad de mi hermana fue empañada por mi tragedia y Cory mi amigo, mi hermano, tres años sin él yo lo maté, por mi culpa su familia, su madre, su padre no volvieron a hacer los mismos, merecía vivir en esta miseria.

Me levanto de la pequeña colchoneta inhalando lentamente el aire que siempre estaba denso en mi pequeña habitación, observé la noche, de inmediato una punzada en mi rostro me hizo soltar un gemido de dolor.

Una vez más, lentamente pasé mis dedos por mi rostro sintiendo las cicatrices que me habían quedado producto de la inmadurez, de todos mis excesos y luego estaba... un lugar vacío, como consecuencia del golpe que un trozo de metal terminó en mi cara, haciéndome perder mi ojo derecho.

La ausencia de mi ojo me hizo sentir incompleto, como si una parte de mi alma hubiera desaparecido con él, yo vivía en un mundo donde el físico era lo único que importaba, a veces, me preguntaba si alguna vez podría volver a ser el mismo.

El reflejo que ahora veía en el espejo fragmentado por uno de mis arranques de impotencia, era el de un monstruo, un desfigurado del que todos hablaban.

Mi accidente estuvo en las noticias por semanas yo había sido un hijo de puta con la mayoría de la gente, así que las marcas de mi rostro perfecto habían sido la sensación en ese entonces obligándome a enclaustrarme en mi refugio, desaparecer del mundo, un recordatorio constante de que mi vida había cambiado. 

Un refugio que no reflejaba mi vida llena de lujos, donde derrochaba dinero para estar cómodo, ahora ya no era el Bastián Walker que todos conocían, era solo un vagabundo.

- No puedo seguir aquí

Tome mi pequeña bolsa donde guardaba las pocas pertenencias que levaba pantalones deportivos y dos sudaderas y lo más importante, el pequeño el accesorio del que dependería el resto de mi vida un parche color negro, lo odiaba, pero con el puesto al verme en el espejo me odiaba menos o con eso intentaba convencerme, me coloqué la capucha sobre la cabeza y salí a correr.

Chicago es una ciudad nocturna, pero me esforzaba en ocultarme lo que más podía, las pocas personas que lograban verme se apartaban, evitaba a toda costa que alguien me viera, nunca pensé que podría llegarme a sentirme tan inseguro, corrí por el lago Michigan con la oscuridad cerniéndose sobre mí hasta que mis músculos dolieron, me detuve para tomar un poco de aire cuando escuché el grito de una mujer.

Corrí hasta llegar a un sendero oscuro apenas iluminado solo por un poste y vi la escena que se presentaba ante mis ojos.

La chica estaba siendo atacada por un hombre que la amenazaba con un cuchillo sobre su rostro, no puedo explicar la furia que creció en mi interior, con dos zancadas ya estaba sobre el tipo golpeándolo con fuerza quitándole el cuchillo, en medio de la pelea él me quitó la capucha y al verme el miedo se reflejó en su mirada, huyó corriendo como el cobarde que es.

- ¡G...Gracias! –oí su voz temblorosa que me hizo petrificarme, le estaba dando la espalda y temía darme la vuelta–. ¿Estás bien? –preguntó con un atisbo de preocupación, su voz era como una melodía suave que me hizo estremecer, calmando sorprendentemente todo el remolino de emociones que siempre había en mi pecho como un bálsamo aliviando el dolor de una quemadura.

- No deberías andar sola por estos senderos tan tarde –dije aún sin girarme.

- Lo sé estaba concentrada en mi carrera y en la música que... no miré por donde iba ¿Por qué no me das la cara? –mi estómago se contrajo ante su petición, sabía que ella huiría como lo hacían todos los que me veían–. Vamos déjame verte

Me exalté cuando tocó mi hombro lo que ocasionó que me girará bruscamente y dejando mi rostro marcado frente a sus ojos, fue inevitable ver la reacción en su mirada, con la poca luz noté que sus ojos eran hermosos, ella era hermosa, pero yo... era un monstruo, alguien que provocaba mucho miedo.

- Y...yo ya tengo que irme –como todos salió corriendo huyendo despavorida, como escudo me había propuesto no dar lastima, sino temor así lograba medianamente protegerme, cubrí mi cabeza de nuevo con la capucha y volví a encerrarme en mi refugio auto impuesto, con la diferencia que ahora me era imposible olvidar esos hermosos ojos.

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