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Portada de la novela El Amor De Una Reina

El Amor De Una Reina

Elizabeth Sullivan vuelca su alma en un centro infantil, impulsada por un pasado difícil y sin el apoyo de su familia. Obligada por su entorno, la joven se ve lanzada al competitivo mundo de un prestigioso concurso de belleza. Mientras enfrenta las exigencias del glamur y la presión social, su vida da un vuelco inesperado al conocer a dos hombres cautivadores. Ambos iniciarán una intensa batalla por ganar su afecto y protegerla en este nuevo camino.
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Capítulo 2

Elizabeth.-

Bebo un sorbo de agua mientras mis pies se mueven sobre los pedales con intensidad, observo mi reflejo en el espejo, el sudor adorna mi frente y mi pecho, veo como las gotas se deslizan por mi cuerpo.

Cierro los ojos mientras sigo pedaleando sobre la bicicleta estática recordando lo sucedido anoche, sintiendo de nuevo la impotencia recorrer mi sistema así que mis pies se mueven con más rapidez, no sé cómo me pude paralizar ante ese idiota que me atacó, sé defenderme, pero el miedo... el miedo se apoderó de mi como nunca y luego... mi salvador ese hombre, la oscuridad en su aura era evidente.

- ¿Cómo pude reaccionar así? –detengo el movimiento de mis pies alzando la mirada de nuevo hacía la mujer que se reflejaba frente a mí.

Yo no soy una mujer superficial, lo importante para mí es lo que la persona lleva en su interior.

"¿Por qué fui tan gallina?"

Después de correr como una cobarde me sentí tan mal, siempre trato de enseñarles a mis niños que cuidar el cuerpo es para el bienestar y salud del mismo, no por el físico perfecto que los demás se creen con derecho de juzgar y ahí voy yo a actuar de manera contraria.

No puedo dejar de pensar en él, algo me resultó familiar no sé por qué.

La puerta del gimnasio se abrió dejando ante mis ojos la figura de mi madre, Tatiana Sullivan una mujer de cincuenta años obsesionada con la belleza, con siempre estar delgada y tener un buen cuerpo más allá de estar solo saludable.

Crecí en una familia donde el físico es lo principal en una mujer, no su inteligencia, no sus habilidades, no su manera de pensar, tu cuerpo es lo que te llevará al éxito nada más, me exigieron desde muy pequeña a verme bien, siempre estar de punta en blanco, dientes blancos, cabello perfecto nunca grasoso ni con puntas abiertas, piel perfecta.

Y en cierto modo te vuelves también adicta, todas las generaciones de las mujeres de mi familia han estado en la pasarela como modelos o participado en certámenes de belleza, mi madre fue una de ellas al ganar el "Miss Star Beauty Chicago" a los veinte años y desde entonces nunca se quitó la corona, una reina porque... lo es, ya que mi padre siempre la ha consentido en todo.

- Madre –digo bajándome de la bicicleta, con un saludo algo tosco.

Está de más decir que no somos unidas veo la vida de manera diferente lo mío es ayudar a las personas, en especial a los niños, desde que tengo uso de razón supe lo que quería ser en la vida.

Soy una activista social, lucho por defender los derechos de los más vulnerables, con apenas veintiún años logre fundar mi fundación para los niños de bajos recursos, con un gran comedor y a ayudarlos a encontrar un hogar estable donde consigan amor y felicidad, eso ya hace tres años.

Obviamente mi familia no apoya mi vida altruista mi padre siempre me recrimina que debo ser como mi hermana mayor Teressa también una miss. Participó hace cuatro años en el concurso y ganó sorprendentemente aunque según dicen que usó algo más que su pose para ganar, metiéndose en la cama de uno de los hijos del dueño del certamen.

Desde luego ser bonita y tener un cuerpo perfecto me ha abierto las puertas, un guiño por aquí y una sonrisa seductora por allá me ha hecho conseguir donaciones para mi centro, puedo aprovechar mi 1.75 de altura y unos ojos grises heredados de mi padre y si debo hacerlo para algo bueno y ayudar lo haré.

- Mi lizzie –ese apodo no lo había escuchado en años, es obvio que algo se trae entre manos–. Estuve conversando con tu padre, ha pasado mucho y sigues en tu empeño de seguir con... esos niños.

- Es mi trabajo y lo amo –me giro cruzando los brazos sobre mi pecho, ya me sé la cantaleta que se viene.

- No vamos a seguir apoyándote –suelto un bufido.

- ¿Cuándo me han apoyado? –esperé solo un segundo su respuesta–. Nunca y eso no es novedad.

- Voy a ir al grano, tu padre está interesado en hacer negocios con los Walker.

- ¿Y eso que tiene que ver conmigo? –pregunto sin darle importancia a su mención.

- Este año tendrás que participar en el certamen –me quedo mirándola fijamente sin parpadear–. Estoy segura que ganarías, además uniría a las empresas Walker y Sullivan, la recesión económica ha sido bastante fuerte para todos así que estamos obligados a hacer alianzas.

- Ok, uhm... ¿Qué tiene ver eso con que yo participe o gane un concurso de belleza madre?

- Patrocinadores –fue lo único que dijo–. Inversores, después del accidente del heredero de los Walker el mundo de la belleza y el brillo se fue a pique, buscan volverlo a su gloria nuevamente, con todas esas feministas idiotas, feas y gordas criticando y envidiando a las que nacimos con una belleza perfecta muchos han sido los negocios que han sufrido.

Las palabras de mi madre me daban ganas de vomitar, amaba a mis padres solo por eso por ser mis padres, pero su visión sobre el mundo eso era lo que estaba mal.

- No voy a participar –dije determinada dejando clara mi posición una cosa es que a uno la mujer le guste arreglarse el cabello, tener ropa, ir de compras.

Otra es ser expuesta como un pedazo de carne para que los patrocinadores crean que tienen el derecho de poseerte solo por una corona.

- Tu padre te sacará del testamento si no lo haces –me detuve en seco–. Además este año la recompensa para la ganadora será un premio en efectivo de un millón de dólares, piénsalo porque tu padre está dispuesto a cerrarte todas las puertas y a que no consigas que sus amigos empresarios te den más donaciones, es mucho lo que puedes hacer en tu centro con ese dinero.

(...)

Salí del gimnasio furiosa subí las escaleras con rapidez y azoté la puerta de mi habitación con fuerza, maldiciendo cada momento por nacer en esta familia de superficiales y sin sentimientos.

Respiré profundo pensando en sus palabras, tengo veinticuatro años no he salido de esta casa porque siempre anhelé abrir un poco la mente de mi padre para que trabajara conmigo ayudando a los demás, que volviera a ser lo que era antes de conocer a mi madre, pero no, se dejó corromper y lo único que le importa es el estatus, el poder, el dinero.

- Un millón de dólares –susurré–. Ese dinero ayudaría tanto a mis niños, incluso podría ejecutar mi siguiente proyecto enfocado a las adolescentes, pero debe haber otra forma que no sea entrar en ese certamen.

"Otro que ofrezca un millón como premio, imposible ¡Despierta Elizabeth! Ni modo tendré que ser una candidata más"

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