Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Alfa es mi mascota

El Alfa es mi mascota

El temible alfa Lord encuentra a una pequeña en el bosque y descubre que es su pareja predestinada. Decide criarla, pero un rapto los separa por años. Selena crece como veterinaria, olvidando su pasado, hasta que rescata a un lobo lastimado sin saber que es el líder que nunca dejó de buscarla. El destino vuelve a entrelazar sus vidas de forma insólita: ahora el poderoso guerrero es su mascota, mientras el amor y la verdad aguardan ser revelados.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

9 años después.

Lord estaba recostado en medio de los cojines de la habitación destinada como su estudio. Revisaba los ultimo informes referentes a la manada. Se acercaba la temporada de caza, y los suministros debían ser controlados para que hubiera repartición equitativa.

-¿Está todo en orden, alfa?- parado frente a él se encontraba Senas con otros papeles en sus brazos.

El lobo solo alzó la mirada para volverla al papel en su mano y seguir leyendo. Una gota de sudor bajó por la sien del beta. Otra cosa que caracteriza a Lord era que no solía hablar mucho, su mirada decía prácticamente todo, y en este caso era que no osara presionarlo. Quería salir de allí. Sollozó ligeramente, su alfa no parecía de buen humor. Y como no estarlo, si su mate se encontraba lejos de él, jugando con los demás cachorros de la manada. Mal momento para hacerlo.

Era un lobo sumamente dominante con ella, pero le deba su espacio, la cachorra humana de ahora 10 años… podía ser bastante terca cuando quería y era capaz de discutir con él a la misma par. Era una escena complicada de ver. Un pequeño cuerpo intentando imponerse ante uno que exudaba feromonas en toda la habitación, feromonas que ella no era capaz de olerlas dada su edad, pero los demás lobos tenían que apartarse metros para no sufrir y aun así temblaban.

Pero Lord no tenía derecho a quejarse, había criado a la niña igual que cualquier loba guerrera de la manada, y la personalidad de ella había adoptado algunos rasgos del carácter de él. Esto era lo que ganaba.

Lord al final dejó de ver el papel y se lo devolvió.

-Sal- ordenó el alfa y se recostó hacia atrás casi sentado en el respaldar de cojines, cruzando las piernas sobre la alfombra. Las aletas de su nariz se movieron como si hubiera captado un olor familiar.

-Alfa, aún faltan algunos documentos que v…-

-LORD- la cortina de la puerta de aquel lugar de pronto se abrió y una pequeña cabellera alborotada de largos rizos marrones muy similares al pelaje del alfa, pasó por al lado del beta.

Ahora comprendía porque lo había mandado a salir. Lord detestaba que otro macho estuviera tan cerca cuando la cachorra humana estaba con él. Era posesivo, demasiado. Así que con una inclinación de la cabeza el beta salió de allí lo antes posible.

-Lord- la niña se lanzó sobre el cuerpo duro del alfa quedando sobre él. Su pelo estaba todo enmarañado, su vestido claro lleno de tierra al igual que su rostro, sus zapatos eran un desastre, pero sus hermosos orbes azules estaban llenos de felicidad.

-¿Qué ocurre?- el lobo rodeó la cintura de ella con su brazo para mantenerla en su lugar mientras la otra la pasó por debajo de su propia cabeza, recostándose hacia atrás.

Ella hizo un puchero y le pellizcó la mejilla.

-Debes sonreír más, te lo he dicho. Eres muy bonito, pero das miedo.

Lord no le hizo caso a la sugerencia de la niña. Su rostro era inexpresivo e incluso daba miedo a algunos cachorros muy jóvenes que no habían interactuado tanto con él. Era alfa, no tenía tiempo para sentir, aunque con su cachorra se relajaba más de lo que ella se imaginaba. Podía dejar de pensar.

-¿A qué viniste?- a pesar del tono tosco de él, ella supo que estaba interesado en su visita cuando él estaba a mitad del trabajo.

Luna sonrió hacia el lobo como siempre lo hacía cuando quería algo.

-¿Puedo ir con ustedes a cazar?-

Los ojos de Lord se entrecerraron.

-NO- su respuesta fue absoluta. No había peros.

Pero Luna… era especial, con ella… si había peros.

La palabra miedo no se aplicaba con ella. No se lo tenía y la mayoría había llegado a la conclusión que era debido al enlace entre ellos.

-¿Por qué no? Los cachorros de mi edad van a ir. Yo puedo ir en tu lomo. Porfa déjame ir.

Aun así, Lord se negó rotundamente, mostrándole sus colmillos. Había momentos en que tenía que ser más duro con ella de lo normal. Luna era terca, algo que había aprendido de él.

-No eres un lobo Luna, eres una cachorra humana.

-Loooooooord- ella siguió insistiendo.

-Un cachorro de tu edad casi es un adulto y puede cuidarse por sí mismo. La caza no es un juego, es una enseñanza- le explicó como siempre hacía con ella- no había escondido sus colmillos dándole a entender que NO era NO.

Al no ser una loba le había dejado las cosas bien claras desde el inicio. Ella era una humana aun cuando él nunca se imaginó que su mate lo sería. Odiaba a los humanos, pero la naturaleza lo había llevado a tener una mate de esa raza. Quizás porque la había recogido desde bebé y la había criado como una loba impregnándola de su olor todos los días, que le era más tolerable la idea de tenerla a su lado y no la había matado por todas las protestas de ella. Otro lobo ya habría perdido el cuello.

Además, siempre le había dejado claro las cosas porque sabía las consecuencias de mentir, la verdad siempre salía a la luz. Incluso le había contado de su relación con él, del destino que los unía, del enlace entre ellos y que en unos años más ella sería completamente de él y llevaría su marca en su cuello, así como su cachorro. Una vez que la marcara sería más fácil que ella no fuera tan rebelde, la controlaría con sus feromonas. Luna nunca había puesto objeciones en esos asuntos. Sin embargo, criarse dentro de una manada donde todos eran muy diferentes a ella creaba diversos conflictos… como el presente.

Luna se mordió el labio inferior hasta que comenzó a aparecer una línea roja en ellos. Conocía bien a Lord, era alguien muy pendiente a ella por lo que pasaban mucho tiempo juntos, le gustaba estar junto al lobo y como olía. Había cosas en las que podía discutir con él, la mayoría de las veces ganaba si decía lo correcto y ponía la mirada correcta, pero había momentos que era mejor no insistir, sobre todo cuando se trataba de su seguridad.

-Tacaño- ella dejó salir y enterró su rostro en el pecho del lobo. Su cabello enmarañado cayó a su alrededor de forma extraña cubriendo su rostro.

Lord pasó su mano sobre la cabeza de ella acariciando ese mar de rizos dorados que aun así se sentían suaves al tacto. Se había vuelto adicto a dormir con ellos enredados entre sus dedos.

-Cuando seas más grande te llevaré, ahora no- y a pesar de todo, a él no le gustaba verla deprimida, era su mate después de todo. Por muy frío y serio que fuera verla triste hacía que su pecho se apretara. Una sensación que solo había experimentado después de haberla encontrado y que no le gustaba para nada.

Ella agitó la cabeza con obstinación, pero no protestó más.

El lobo se permitió cerrar los ojos un rato y descansar. Ser alfa exigía mucho de su tiempo y energía, y Luna no era precisamente una niña tranquila. O más bien era él, si ella no estaba a su lado se la pasaba buscándola con su olfato hasta que la encontraba.  

La niña no se movió de encima de él, su olor solía calmarla y poco a poco la respiración de ella se volvía más pausada, se estaba quedando dormida, y con ella él. Descansar media hora no marcaría la diferencia. Por lo que Lord se permitió dormir. Sin embargo, no pudo disfrutar mucho ese tiempo junto a su pareja.

También te puede gustar

Portada de la novela El Ángel de la mafia
9.4
Gio, el imponente líder del clan Moretti, se comprometió a cuidar de Angélica desde siempre. No obstante, con el paso del tiempo, una atracción ilícita brotó entre ellos, ignorando su vínculo familiar de tío y sobrina. Como princesa de la mafia en Chicago, Angélica posee todo, menos al hombre que anhela. El destino cambia cuando Gio desafía las normas sociales y le propone matrimonio, reclamándola para que sea la madre del próximo sucesor de su imperio.
Portada de la novela Hediondo
9.3
Un implacable mercenario habituado al peligro de las armas se cruza con una mujer que solo desea recuperar la normalidad y la pasión. La innegable atracción que emana este asesino desata una tentación capaz de nublar cualquier juicio. Atrapado entre obligaciones familiares y sus propios tormentos, este soldado frío encara una crisis profunda. Solo el calor de un romance prohibido podrá determinar si es posible redimir a un hombre marcado por la violencia.
Portada de la novela La esclava de amos alienígenas
8.1
Ciara anhelaba tranquilidad tras huir de un pasado doloroso, pero una misteriosa luz nocturna truncó sus planes. Raptada y enviada a los confines del espacio, despierta despojada de todo en un mundo implacable, convertida en mercancía para amos alienígenas. Bajo la amenaza constante de la violencia y el hambre de sus captores, debe resistir el tormento físico y mental. En este rincón hostil de la galaxia, su lucha por la cordura y la supervivencia apenas comienza.
Portada de la novela LA MUÑECA DE LA MAFIA 1
9.1
El amor se revela como un motor de agonía constante, dejando cicatrices en el alma que la razón no logra comprender. En esta trama cargada de romance y riesgo, entender el origen del padecimiento resulta inalcanzable. Los lazos sentimentales desafían cualquier lógica, atrapando a los personajes en una red de emociones confusas. Navegar por este laberinto afectivo y distinguir la verdad se convierte en el desafío más complejo de sus vidas.
Portada de la novela La Princesa Perdida: El Renacimiento del Fénix
8.5
La princesa real Yun Shang despierta con solo ocho años, pero su mente alberga las memorias de una existencia previa llena de dolor. Tras haber sufrido la traición de su esposo, el tormento de su propia hermana y el trágico fallecimiento de su hijo, ahora posee la oportunidad de cambiar su destino. Consciente de la maldad que la rodea, esta joven debe decidir cómo encarar a sus verdugos. ¿Conseguirá vengarse de quienes la destruyeron en el pasado?
Portada de la novela Navidad Robada: La Traición Familiar
9.3
Navidad se acercaba, y todo en casa olía a alegría, mi madre, Isabel, radiante como siempre, ultimaba los preparativos para nuestra gran cena familiar. Pero la llamada de Lucía, mi prima, esa misma noche, trajo consigo una sensación agridulce, su voz melosa, siempre tan interesada, escondía algo que me revolvía el estómago. Inesperadamente, lo que prometía ser una noche mágica en "El Mirador del Valle" se convirtió en una invasión, Lucía llegó con su familia, sin invitación, reclamando un lugar en nuestra mesa. "Familia, ¡qué sorpresa encontrarlos aquí!", exclamaron, como si no supieran de antemano el nombre de nuestra reserva, la cual habían investigado con antelación. Mi madre, en su infinita bondad, se dejó llevar, intentando mantener la paz, incluso cuando Lucía y Miguel, su esposo, empezaron a desplazar a mis abuelos a un rincón, mientras sus hijos campaban a sus anchas, molestando a todos. Sentía una impotencia enorme al ver a Miguel encender un puro en medio del restaurante. Sus groserías y burlas hacia mi familia nos hirieron profundamente. "¡Todavía con tu tiendita esa de cosas para bebés? ¿Sí deja para vivir o es nomás un hobby para no aburrirte en la casa?", preguntó Miguel con ironía. La humillación alcanzó su punto máximo cuando Miguel, sin reparo, le arrebató un trozo de comida del plato a mi abuelo. Pero el colmo fue cuando Leo, el hijo de Lucía, empujó a mi hija al suelo, hiriéndola, mientras su madre, lejos de disculparse, se burlaba: "¡Fue un simple empujón de niños, ni que la hubiera matado!". Ver a mi hija herida, la burla de Lucía y el cinismo de Miguel, encendió una chispa en mi madre, Isabel, esa mujer dulce y paciente que creía conocer. Un grito desgarrador brotó del alma de mi madre: "¡La sangre no te da derecho a abusar de mi bondad, a humillar a mis padres, a golpear a mis nietos y a insultar a mis hijas!". Lucía, con una sonrisa torcida, contestó: "Te voy a demandar, tía, vamos a empezar con una compensación de... ¿qué te parece medio millón de pesos para empezar?". No solo admitía la extorsión sobre la que tanto había planeado, sino que además, reveló su verdadero objetivo: "El abuelo dice que tienes que dármela para reparar el honor de la familia!". Fue entonces cuando lo impensable sucedió, mi madre, con una fuerza que nunca le había visto, agarró su teléfono y lo estrelló con furia contra la cara de Lucía. "Esa es mi contraoferta", sentenció mi madre. Esa noche, la batalla por la cena se transformó en algo mucho más grande: la lucha por la dignidad, por la familia que sí nos importaba y por la verdad que Lucía y Miguel intentaron esconder. ¿Sería este el fin de años de abuso o apenas el comienzo de una guerra familiar por venir?