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Portada de la novela El Alfa es mi mascota

El Alfa es mi mascota

El temible alfa Lord encuentra a una pequeña en el bosque y descubre que es su pareja predestinada. Decide criarla, pero un rapto los separa por años. Selena crece como veterinaria, olvidando su pasado, hasta que rescata a un lobo lastimado sin saber que es el líder que nunca dejó de buscarla. El destino vuelve a entrelazar sus vidas de forma insólita: ahora el poderoso guerrero es su mascota, mientras el amor y la verdad aguardan ser revelados.
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Capítulo 3

A pesar de que lo que más Lord deseaba en ese momento era un poco de intimidad y tranquilidad con su mate, eso a veces era todo un lujo. Como ahora. La tela de la puerta fue corrida y un lobo joven entró corriendo como si aquel lugar le perteneciese.

-Lord- gritó con euforia, pero se detuvo en seco al ver la escena que se encontró delante de él y que pocos tenían la oportunidad de ver.

Los ojos del alfa se abrieron lentamente, el brillo dorado en ellos era peligroso y de advertencia. Definitivamente no le había gustado que lo hubieran interrumpido así. El recién llegado retrocedió dos pasos ante la densidad de las feromonas que comenzaron a llenar la habitación.

-Hermano… yo.

Lord comenzó a gruñir ligeramente mostrando sus colmillos, haciendo que el pequeño cuerpo sobre su pecho se removiera incómodo. Esto llamó la atención del lobo que apretó los labios y pasó la mano por la espalda de la cachorra humana, calmándola. Cuando él se alteraba influía en ella. Así de fuerte era el enlace ya entre ellos, aunque la pequeña niña no se diera cuenta.

Suavemente acunó a su mate en sus brazos mientras se sentaba, para dejarla recostada entre los mullidos cojines. Luna se revolvió incómoda ante la pérdida del familiar calor acogedor, pero se quedó quieta al él acariciarle la cabeza. Un minuto después él se levantó y caminó en dirección al lobo más joven.

-Sígueme- le dijo pasando por su lado a modo de orden.

Stive asintió con la cabeza y salió detrás del alfa mirando por encima del hombro a la cachorra humana con el ceño fruncido.

-¿Qué te he dicho de entrar de esa forma?- la voz de Lord era bastante grave cuando se detuvieron varios metros alejados para no perturbar a la niña.

-Hermano, yo…- Stive bajó la cabeza.

-Sabes que no me gusta cuando estoy con mi mate- los ojos del alfa se entrecerraban, no era la primera vez que eso ocurría. Incluso, una vez el lobo más joven se había colado en su baño mientras ellos dos estaban y el gruñido que había dado Lord había sido tan alto que los oídos de Luna habían comenzado a sangrar.

Stive no era precisamente su hermano, solo lo llamaba así casi por cansancio. Realmente era el hermano menor de su beta y se había criado junto a ellos dos. Desde pequeño había tenido casi un fanatismo por Lord y lo seguía a todos lados y el alfa solo lo había tolerado por el beta, pero desde que su mate había llegado el lobo había cambiado un poco. Parecía que quería invadir el espacio de ellos dos. Eso sin contar que detestaba como miraba a Luna. Ya le había advertido que le sacaría los ojos un buen día si lo encontraba haciéndolo de nuevo.

-Lo siento hermano, no lo volveré a hacer- allí estaba otra vez, disculpándose por algo que volvería a repetir más adelante.

Lord frunció el ceño y dio un paso hacia el lobo joven, estiró la mano y agarró con fuerza el cabello rubio algo corto de la nuca, corriendo hacia atrás la cabeza de Stive de un fuerte tirón. Este soltó un leve gemido de dolor, las manos de Lord eran grande y fuertes y no estaba midiendo su fuerza.

-Esta será la última vez que te lo voy a permitir. No juegues con mi paciencia solo porque eres el hermano de mi beta- sus ojos eran casi lava fundida y sus colmillos cada vez más grandes brillando en blancura peligrosa- ¿entendiste?

Stive lo miraba con los ojos muy abiertos y sentía su espalda empapada en sudor. Había visto al lobo mayor molesto varias veces, pero no como esta. Solo pudo asentir como pudo con la cabeza y algo asustado.

Provocar a Lord solo significaba una cosa. Perder su cabeza.

El lobo no le dijo más nada. No estaba de humor para escuchar lo que tenía que decirle. Así que simplemente dio media vuelta en dirección a su casa de nuevo. Escuchó a Stive refunfuñar y solo le gruñó haciendo que este temblara. Tendría que hablar seriamente con su beta para que le pusiera freno.

Una vez dentro encontró a su mate hecha una bolita entre los cojines. Y parecía que tenía frío. Era normal. Solía dormir acostumbrada a estar rodeada del calor de él. Así que se quitó la ropa y la dejó a un lado, comenzando a transformarse.

Una vez que su cuerpo fuera completamente animal se acercó y la envolvió. Al momento y al sentir el cambio de temperatura la pequeña niña se acurrucó contra él con una sonrisa abrazando la cola del alfa entre sus brazos. Lord por su parte dejó salir sus feromonas y las vertió sobre ella sin importarle si se removía un poco incómoda. También comenzó a lamer detrás de su cuello, donde más adelante dejaría su marca haciéndola completamente suya. Por el momento, solo podría hacer eso para hacerle saber a los demás que Luna era su mate y que nadie la podría tocar.

***

-AAAHHH- Luna gritó cuando su cuerpo fue empujado y cayó duro contra el suelo. Su mano se cortó durante el proceso e hilos de sangre comenzaron a correr por su piel.

-Ah, se hirió la cachorra humana- dijo uno de los cachorros con algo de miedo en sus ojos.

-Esto es un problema, por eso no queríamos que jugaras- dijo otro.

-Ahora el alfa se molesta…- no pudo terminar la frase.

Efectivamente, el lobo que venía corriendo y gruñendo no era nadie más que el alfa. Y se mostraba realmente molesto por la situación. Eso era peligroso y Luna lo sabía. Debía hacer algo antes que él alfa mordiera a alguno de los cachorros. Así que rápidamente se levantó y se puso en medio del alfa que se detuvo en seco.

Los ojos de él rápidamente se fijaron en la mano de la niña y gruñó sumamente fuerte. Los cachorros detrás de ella se transformaron al momento y se hicieron bola en el suelo con la cola entre sus patas. Temblaban más que una hoja.

-No les hagas daño. Yo me caí, fue culpa mía. Solo estábamos jugando- ella le dijo rápido también con un leve temblor, no por tenerle miedo a él, sino a lo que pudiera hacer.

Lord desplazó su mirada de la mano a cada uno de los cachorros. No era una bestia, no los mataría solo por eso, pero que su mate hubiera salido herida…

-Loooordddd- Luna abrazó su cuello como sus brazos apenas llegaron. Sus manos se apretaron en su pelaje- todo está bien. Es una pequeña herida. Estoy cansada. Vamos de vuelta.

Ella le pidió intentando alejarlo de allí. Pocas veces podía jugar con otros lobos de la manada. Por lo que si ocurría una escena no tendría oportunidad de nuevo. El alfa gruñó y sacudió su lomo para quitarse la tensión del cuerpo. Enfocó a Lara y acto seguido se puso de lado y bajó hasta que estuvo a una altura prudencial.

Lara sonrío sabiendo que había ganado de nuevo y se subió sobre él como había aprendido antes. Lord se incorporó y se encaminó hacia su casa. Luna se despidió de los cachorros, aun un poco dudosos, con la mano y se aferró al lomo del alfa para no caerse. Podía sentir sus músculos tensos por debajo del pelaje. Normalmente era así, pero mucho más cuando era algo relacionado con ella. La trataba como si cualquier cosa pudiera matarla y alejarla de su lado.

Le gustaba toda la atención que él le daba, pero por momentos… era asfixiante.

Una vez dentro de la casa Lord la dejó bajar.

-Mano- no era una petición. Se lo exigía.

Lara extendió el brazo hacia donde estaba él para que revisara el daño que no era tanto. Y como se esperó, el lobo abrió la boca y lamió su palma. Luna se crispó cuando el dolor recorrió su cuerpo. No le gustaba ese método de cura, dolía incómodamente. Pero el lobo no pareció tomarla en cuenta o más bien sí. La estaba castigando por hacerse daño.

Lord… era así.

-Te quedarás aquí adentro el resto del día- le dijo él de forma seria.

-¿Qué?- ella replicó, claro que lo haría, era la única en la manada que no se quedaba callada- ¿Por qué? No puedes hacerme esto.

-Si puedo- el lobo se dispuso a salir- No puedo estarte vigilando en estos momentos y no toleraré que te vuelvas a herir.

-Lord. Estás siendo irracional- ella no lo podía creer- ¿Me estás castigando solo porque me hice una pequeña herida?

-Hoy una herida, mañana a saber que-

-Pero Lo…

-Cállate- el alfa giró su rostro y le mostró sus colmillos.

Ese día el lobo estaba realmente molesto y con muy poca paciencia. Había cazadores rodeando sus terrenos y eso lo tenía de muy mal genio, y eso lo estaba expulsado con su mate sin darse cuenta.

La niña apretó los labios junto con sus palmas con marcada frustración. Tenía muchas cosas que decirle al lobo. Demasiadas, pero estaba tan molesta que no aguantó más y le lanzó uno de sus zapatos que golpeó sin fuerza el lomo del animal. Si él tenía carácter ella también, solo lamentaba ser tan pequeña. La estaba castigando y encerrando allí como si ella fuera una malcriada de cristal. Había vivido años en una manada de lobos y hasta el momento estaba bien.

Lord cerró los ojos. Tratar con Luna requería tener mucha, pero mucha paciencia. Algo que no tenía en ese momento.

-No salgas- su tono de advertencia la estremeció antes de salir por la puerta.

Luna sabía que no debía desobedecerlo. Era el lobo con más poder en la manada. Pero de igual forma le dolió que le hubiera tratado de esa forma. Lord era naturalmente duro, sin embargo, por momentos parecía mucho más tranquilo a su lado y permisible. Todo lo contrario, a la breve escena que se había desarrollado.

***

-¿Alfa, todo está bien?- Senas, su beta, caminaba a su lado mientras revisaban los terrenos.

Los cazadores habían estado cerca, pero habían sido ahuyentados, de igual forma inspeccionaba los terrenos para estar seguros.

-Tuve una discusión con Luna- dijo él con confianza.

El beta apretó sus dientes.

-Eso… es un problema. ¿Cómo quedaron ustedes dos? Ambos son fuertes de carácter así que no debió ser algo lindo de ver.

-Me lanzó un zapato- había indignación en la voz del alfa.

Senas se detuvo en seco y si estuviese transformado hubiera alzado una ceja.

-¿Su mate hizo qué?

-Me lanzó un zapato cuando le gruñí. No me hagas repetirlo.

Senas volvió a su lado.

-Me imagino la escena. A Luna roja de la indignación queriendo responderle y a usted gruñéndole,

Gruñido fue el que le dio Lord a su beta para que no tuviera la intención de burlarse si lo tenía en mente. El beta bajó la cabeza.

-En ese caso ¿qué piensa hacer? Lo más seguro es que Luna esté molesta todo un día. Después de eso es como si se le olvidara y volviera a hacer la misma niña de siempre.

Lord sacudió la cabeza.

-Lo acabas de decir. Yo no voy a hacer nada. No debe desafiarme aun cuando es mi mate.

Y Senas no siguió hablando o el que dejaría de hablar sería él si seguía provocando a Lord. Últimamente estaba muy irritable.

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