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Portada de la novela Eclipse

Eclipse

Charlotte escapa de una realidad cruel tras un hallazgo que destruyó su estabilidad. Pese a sus intentos por huir, las sombras del pasado no dejan de acecharla. En este camino surge una mujer capaz de revelar su identidad más profunda, logrando que olvide al esposo que la rastrea sin descanso. Entre secretos peligrosos y un viejo amor de verano que desconoce la verdad, ella enfrentará las consecuencias de una existencia que ya no siente como suya.
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Capítulo 3

Pov Charlotte

Me miro al espejo por última vez y me pregunto si la mujer que está allí realmente soy yo. He elegido un vestido negro mate, pegado al cuerpo, con escote recto y hombros desnudos. Coloqué una pequeña cadera de oro blanco, que adorna mi cuello mientras que recojo los costados de mi cabello para que no me molestara en la cara y solo dejo dos mechones que caen por los costados. El maquillaje es leve, mis labios tienen un labial nude mate, mis ojos son delineados, lo cual resalta mi mirada.

Carajo, me siento sexy como la mierda.

El ambiente del club es bueno, me gusta la música y parece no haber tantas personas como para estar apretados como una sardina. Lo primo que hago es dirigirme a la barra, de verdad necesito tomar un trago y calentar mi garganta.

Miro mis opciones, mientras comienzo a negar una y otra vez. El tequila suena una buena opción, además es bueno, cosa que me entusiasma aún más.

—Un tequila, por favor —el chico que está en la barra me mira con una sonrisa y veo como me escanea.

Dejo el dinero sobre la barra y quiero poner los ojos en blanco cuando siento el toque de su mano. Lo único que hago es girarme sobre mis pies y termina apoyando mi espalda contra la barra, mirando directamente hacia la pista.

A pesar de que hay demasiadas personas bailando por allí solo puedo centrar los ojos en alguien en particular. Muy dentro de mi sé cuanto me atraen las mujeres, y carajo que lo he intentado mantener oculto pero esta noche ni siquiera pienso que sea la misma mujer de California. Entonces, ¿Porqué por una sola vez en mi vida no puedo atreverme?

El chico me deja el tequila sobre la barra, la sal y el limón, pero tampoco tengo intensiones de volver a girarme. Pongo la sal sobre mi mano, agarro el limón y en cámara lenta siento como primero lamo la sal, tomo el tequila y consumo el limón, ¿Mencioné que la rubia no ha dejado de mirarme?

Bien, esta es mi situación. Sé que está mal, al menos lo está dentro de mi círculo y mi familia, eso es algo de lo que no puedo permitirme en California, sin mencionar a Connor. 

Algo se despierta dentro de mi, hace muchísimo tiempo que no contemplo a una mujer así. Su cabello rubio unos centímetros por debajo de sus hombros, su boca carnosa y sus ojos penetrantes están haciendo estragos dentro de mi. Todo mi cuerpo grita que vaya hacia ella y le invite una copa, pero aún me siento un poco cobarde.

Vuelvo a pedir el mismo trago, lo tomo de un solo sorbo mientras la observo. Ella ahora alejó su mirada y baila con una chica en la pista. Siento el ardor de mi garganta, el alcohol comienza a relajar mi cuerpo, mi mente también se deja llevar.

Mi resistencia al alcohol en el último tiempo provoca que no caiga borracha, aún me siento perfecta, aunque sin dudas más alegre.

Comienzo a buscarla de nuevo, solo me he dado vuelta por un segundo para tomar el trago y ahora no está. Me quejo en silencio.

Mierda, Charlotte. Tienes que ponerle un poco de actitud, ¿Dónde diablos ha quedado tu lado seductor?

Me animo mentalmente, y carajo, quiero dejar de una vez mi vida atrás y concentrarme solo en disfrutar. Quiero buscarla, necesito al menos hablar con ella y saber si está sola, pero lo logro verla.

Me giro para buscar otro trago y me encuentro con la sorpresa de que ella está a unos pocos centímetros. Camina hacia mi, sin poder evitar sonreír y comenzar a mirarla con más detenimiento. Si pensé que desde lejos era hermosa, desde unos pocos centímetros de distancia era caliente como el infierno.

Lleva un vestido color vino, con escote en V que me deja ver sus maravillosas tetas. Sigo bajando hasta que mis ojos se centran en sus piernas, largas y brillantes, terminando por unos increíbles zapatos.

De repente siento mi garganta seca y no me queda más remedio que tomar otro trago. Para el momento en donde me quiero girar y ver dónde ella está, la situación pasa rápido, la rubia se tropieza y termina por caerse contra mi cuerpo, por lo que la abrazo por la cintura y la sostengo. Sus ojos se elevan y se encuentran con los míos, en ese momento siento que aquel pedazo de cielo me atrapa, ella me tiene desde el primer momento.

Ella me ha afectado de verdad, no puedo dejar de mirarla, de sentir su perfume en el ambiente y el calor de su piel que me quema. Ella ha terminado con sus brazos casi en mis hombros, o mejor dicho sobre mis clavículas y en este momento agradezco de que se sienta de la misma manera que yo, porque no dice nada.

—Mierda, lo siento —sus labios carnosos se mueven de una manera sexy

—¿Te encuentras bien? —la vena de mi cuello comienza a latir, siento que en cualquier momento mi pulso comenzará a irse por las nubes.

Ella no hace ningún esfuerzo por salir de mis brazos y tampoco tengo intensiones de soltarla. Mi cuerpo se calienta cuando noto si mirada hambrienta, la rubia ha logrado toda mi atención y lo único que quiero hacer es inclinarme y atrapar sus hermosos labios rojos.

—Estoy bien, solo me he tropezado —murmura

—Aquí estás, pensé que te habías perdido —alguien habla a nuestro lado, pero ni siquiera le doy importancia. Ella tampoco se gira, pero supongo que la reconoce cuando sus manos comienzan a moverse contra mi pecho para salir de nuestra burbuja

—Gracias, por atraparme —ella sonríe, mostrándome sus perfectos dientes blancos

—Cuando quieras, preciosa —le doy una sonrisa de lado y ella me imita.

Quiero suspirar cuando su cuerpo finalmente se aleja del mío, dejando un frío terrible por allí. Ella me da una última mirada que hace que mis pulmones fallen y luego desaparece con aquella chica que ha venido por ella, dejándome caliente, confundida y con ganas de verla una vez más.

No la veo de nuevo, por lo que me apetece sentarme en la banqueta de la barra y disfrutar del ambiente. Tomo unos tragos más y decido que quizás es mejor ir al hotel, quizás no es mi día de suerte, pero la pasé bien de todas maneras.

—¿Un trago?

Siento como un escalofrío recorre mi cuerpo cuando escucho su voz. Mi rostro se gira hacia un costado, cuando logro encontrarla ella está con una sonrisa de satisfacción en sus labios mientras se sienta en la banqueta a mi lado.

Es que todo en esa rubia incitaba al pecado. Aún no puede entender como es que la mira con esa intensidad que logra derribar sus barreras, sacar ese lado que creyó perdido y esa lujuria innegable.

—¿Me estás invitando tú? —con mi lengua termino de quitar los restos de limón del último trago y siento como sus ojos se clavan en mi movimiento, mierda.

—Es mi manera de agradecer, supongo que me has salvado de romperme el tobillo —su mano se eleva y ella peina su cabello para luego morder su labio inferior—. Mi nombre es Octavia, por cierto —la chica le hace señas al que acaba de antenderme,

—Charlotte —sonríe, mordiendo mi labio inferior—. ¿Tomas un tequila?

—¿Estás intentando emborracharme? —una risa sale desde lo más profundo de mi garganta. Ella me está mirando de esa forma que hace que mis bragas terminen arruinadas.

—No, preciosa. No necesito emborracharte, de hecho, quiero que estés muy consciente de lo que pase aquí —aquel chico corta  nuestras miradas, dejando los tequilas delante de nuestras narices.

Me giro y quedo frente a ella, nuestros muslos se rozan y levanto el trago. Ella me sonríe, desviando la mirada por un momento para colocar sal. Trago pesadamente cuando la veo ponerlo en su muñeca, ella no tarda demasiado en demostrarme lo que tiene pensado hacer.

Su lengua comienza a deslizarse lentamente por la muñeca, mirándome a los ojos mientras siento que el azul comienza a oscurecerse, ella está brotando puro deseo por sus ojos y no quisiera nada más que complacerla.

—Salud —me tomo el trago de una sola vez, no necesito del jodido limón para pasarlo mejor. Ella sonríe y me imita.

Carajo, no puedo soportar su mirada intensa sobre mi sin pensarla en ropa interior bajo mi cuerpo. No me importa lo que mi cabeza esté pensando en este momento, no quiero saber que es lo correcto y que no, quiero dejarme llevar y eso haré.

Pero de nuevo, ella se adelanta y se pone de pie, para hacer lo que menos creí que haría. Eleva su mano y su pulgar es el que se desliza por debajo de mi boca.

Podría inclinarme y probar sus labios, ella se ha quedado en esa postura y lo único que puedo pensar es que mi pulso se acelera con solo mirarla. Puedo notar que bajo el labio, del lado derecho, tiene un pequeño lugar que termina por hacerme jadear.

Me pongo de pie, quedando unos centímetros por arriba de ella. Sus ojos azules me miran y relamo mis labios.

—¿Quieres otro? —ella levanta las cejas y muerde su labio inferior—. Me gustaría que luego me acompañes, ¿Bailas?

Octavia no dice nada, ella simplemente asiente y toma mi mano. El tacto de su piel hace que falle mi corazón por un instante, sin embargo, la sigo mientras tira de mi. La pista no está tan iluminada, lo cual es bueno, me hace perderme más fácilmente en la rubia que acaba de posicionarnos en una buena zona.

No sé porqué, pero siento que cada minuto que paso a su lado estoy más y más atraída, es una fuerza que va contra mi voluntad, como dos polos opuestos. Es un deseo que va más allá de lo que he experimentado, ella logra calentar cada parte de mi cuerpo.

Ella me sonríe antes de girarse sobre sus pies y darme la espalda, comienza a mover su cuerpo sensualmente. Me estiro para abrazarla por la cintura, mi mano se posa sobre su abdomen y la pego a mi entrepierna, ella sigue moviéndose y la acompaño, comenzando una danza de lo más erótica.

Mi otra mano comienza a acariciar el costado izquierdo, sintiendo sus curvas a través de la tela mientras que Octavia eleva su mirada, y conecta sus ojos con los míos, llevando su mano hacia atrás para posicionarla en mi nuca. La aprieto contra mi, sintiendo su trasero firme contra mi pelvis, y cuando gira su cabeza hacia un lado y mueve su cabello, hundo mi nariz en su cuello caliente.

Todo en ella me incita a pecar, y no me importa, puedo perderme en esta mujer sin importar las consecuencias. Mis labios se entreabren, besando la piel expuesta mientras ella lleva su mano hacia mía, aquella que tengo en su cintura para darme un firme apretón.

—Me estás volviendo loca —no puedo evitar que mi voz salga ronca, estoy conteniéndome para no desnudarla aquí y ahora.

La escucho gemir contra mi oído cuando le doy una leve mordida, su trasero se tira hacia atrás y se clava en mi sexo. Mis manos pican por tocar más allá, en este momento deseo que estemos solas y no con personas a nuestro alrededor, que por más que ni siquiera se dan cuenta de lo que ocurre, están allí. Necesito levantar su vestido, tocar su piel, desnudarla y probar a qué sabe.

Jamás me he sentido tan desesperada como en este momento, el cuerpo de la rubia me hace perder, en este momento no existe nadie más. Y aunque me encantaría seguir besando su cuello, tengo algo más en mente. Mis manos la acompañan para que se gire, ella lo hace y levanta la mirada. Ahora si, siento que se me corta la respiración cuando noto que el azul de sus ojos apenas se puede distinguir, ella está excitada como la mierda y quiero complacerla.

Abro la boca para hablar, pero entonces siento como sus labios carnosos atrapan los míos, dejándome fuera de combate.

Siento que su lengua invade mi boca y no, no es el alcohol el que me ha embriagado, sino sus dulces besos que están a punto de dejarme en un coma etílico. Abrazo su cintura y la mantengo  cerca de mi, por alguna razón sé que la necesito. Por unos largos minutos, no existe nada alrededor, solo me fundo en esos labios que me hacen temblar las piernas.

Le dejo un corto beso en los labios antes de separarnos, necesito recobrar el aliento, por lo que llevo mi boca hacia su oído.

—Vente conmigo —murmura. Siento como tira de mi cabello ante esa petición.

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