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Portada de la novela Dragon Fugitivo

Dragon Fugitivo

Ubicada en el universo de Harry Potter, esta historia sigue a Draco Malfoy en una búsqueda de identidad propia. El joven mago se debate entre la lealtad inquebrantable a su familia y la obediencia debida a su Maestro. Sin embargo, diversos obstáculos inesperados lo fuerzan a cuestionar sus principios más arraigados. En medio de un entorno bélico, Draco deberá decidir si mantiene sus ideales o sucumbe ante los dilemas que desafían su destino.
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Capítulo 2

2

Pasaron horas antes de que Draco finalmente oyera cerrarse una puerta escaleras abajo. Su padre había llegado. Nadie más se atrevía a dar portazos en Malfoy Manor. Eso también indicaba que su padre estaba enojado y probablemente no estaría de buen humor como para escuchar las quejas de Draco, pero Draco había esperado demasiado. Iba a correr el riesgo de ser enviado de vuelta a su habitación con brusquedad. Se puso en pie de un salto y corrió al salón de entrada.

—¡Padre! ¡Estás en casa! —gritó alegremente y lo abrazó.

Y entonces lo olió. Su padre estaba ebrio. Era realmente el peor momento para acercársele. Lucius Malfoy era peligroso cuando estaba ebrio, muy peligroso. Draco sabía que debía mantenerse lejos del alcance de su padre a cualquier costo bajo esas circunstancias.

Pero era demasiado tarde. No podía retroceder. Lucius lo miró, sus ojos brillando con furia.

****

Se estaba haciendo tarde. Severus Snape estaba paseando por Diagon Alley inseguro sobre qué hacer. Los alumnos finalmente se habían ido y tenía todo el verano por delante para disfrutar, pero su esposa infortunadamente había decidido que era el momento perfecto "para deshacerse de ese perro", como había indicado ella.

"Ese perro" era un lindo pequeño bastardo de ascendencia irreconocible. Tenía pelaje amarillo con algunas pequeñas manchas blancas. Una oreja se mantenía erguida en un triángulo perfecto, la otra colgaba casi hasta su ojo. Tenía, en opinión de Severus, los más lindos ojitos de cachorrito y una adorable sonrisa cuando miraba directamente hacia él, como estaba haciendo justo ahora. Su larga y peluda cola se agitaba con entusiasmo. Era un perrito muy alegre.

Severus lo había encontrado unas pocas semanas antes justo ahí en Diagon Alley cuando había ido de compras por ingredientes de pociones para la escuela. El perrito yacía malherido y no había nadie cerca que pudiera ser su dueño. Así que Severus lo había recogido y lo había llevado a casa para cuidar de su pata herida.

Su esposa, sin embargo, no había estado muy contenta con eso, así que Severus había prometido regresar al perro con su dueño tan pronto como su pata estuviera sana. Y Sarah había decidido que ese era el día perfecto para hacerlo.

Severus había estado paseando por Diagon Alley y todas sus pequeñas callejuelas laterales por casi el día entero. Había preguntado a cada dueño de tienda y cada residente al menos dos veces y había molestado a montones de compradores, pero nadie sabía a quién pertenecía Ese Perro. Nadie excepto Ese Perro, claro está, quien estaba convencido de que pertenecía a Severus y que nadie tenía permiso de interponerse entre él y su amo, como había descubierto un muy enojado dueño de una tienda de mascotas cuando trató de sacar al animal de su tienda luego de que le diera un gran susto a sus preciosos gatos de raza.

Ese dueño de tienda no había probado ser muy útil, por supuesto, y Severus había tenido que pagar a disgusto la cuenta del medimago. Sarah no estaría contenta de escuchar sobre el incidente. Estaban ya bastante mal de dinero, de todos modos.

Severus y Ese Perro doblaron la última esquina en Diagon Alley por tercera vez en ese día y Severus se preguntó ligeramente qué hacer a continuación. Podía ya fuera irse a casa y volver otro día, o podía tratar de preguntar en Knockturn Alley ahora, lo cual era un mal momento, porque ya estaba oscureciendo y era cuando cuando los clientes empezaban a llegar ahí. Por supuesto que necesitaba preguntar a tanta gente como fuera posible si realmente quería encontrar al dueño de Ese Perro, pero de alguna manera no deseaba hablar con el particular tipo de gente que frecuentaba Knockturn Alley. Preferiría conservar a Ese Perro. Sarah, por otro lado…

Repentinamente escuchó un suave sollozo. Ese Perro empezó a gemir con simpatía. Severus siguió el sonido y encontró una pequeña figura muy familiar acurrucada al final de la esquina, sollozando.

—¿Draco? —preguntó Snape sorprendido—. ¿Qué estás haciendo aquí a esta hora? Se supone que debes estar en casa. ¿Cómo llegaste hasta aquí, en todo caso?

Draco levantó la mirada hacia la figura borrosa de su maestro, con ojos llenos de lágrimas, y continuó sollozando. Ese Perro gimió todavía más fuerte, sintiendo pena por el niño que lloraba.

—Vamos, Draco. Te llevaré a casa —ofreció Snape.

—N… no —sollozó Draco—. Él me matará. No puedo ir a casa… nunca. —¿Por qué no? —preguntó Snape confundido. ¿Qué se suponía que iba a hacer con el muchacho? No podía simplemente llevarlo a su dormitorio o con Madame Pomfrey en mitad de las vacaciones.

—Él la mató —sollozó Draco.

"¿Él la mató?" pensó Severus. ¿No había dicho Draco "Él me matará" antes de eso?

—¿Quién mató a quién? —preguntó al muchacho pronunciando cada palabra muy lenta y claramente. Necesitaba una respuesta clara.

—Mi p… pa… padre —sollozó Draco todavía más fuerte—. M… m… madre.

"¿Qué?" ahora esto se estaba volviendo muy confuso. Snape trató de recordar si había un hechizo para hacer que alguien dejara de llorar. ¿Tal vez Draco podría explicarse si tan sólo dejara de llorar?

—¿Qué hay con tu padre? —intentó pacientemente. ¿Qué otra cosa podía hacer? No conocía un hechizo para eso y no era tampoco el lugar o el momento para preparar una poción aún si hubiera tenido consigo todos los ingredientes necesarios.

—Mi padre… mató… a mi madre —finalmente logró decir Draco. —¡¿Qué?!

—Estaba ebrio… Y lo hice enojar… Me golpeó… Y entonces… Entonces llegó Madre. Se interpuso… Corrí… Padre estaba gritando… Lo escuché golpearla… Y ella gritó… Y… entonces ya no oí nada… me acerqué de regreso. Y había sangre por todas partes. Madre estaba tendida en el suelo y no se movía y Padre estaba de pie junto a ella. Me miró y nada más supe que me mataría si me… si me quedaba… ¡Por favor, no me lleve de vuelta!

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