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Portada de la novela Divinamente Poderosa

Divinamente Poderosa

He construido mi éxito empresarial bajo una norma estricta: separar los negocios de cualquier emoción. Como mujer poderosa y dominante, mi prioridad es el legado de mi padre y el bienestar de mi familia. No confío en el amor, pero un hombre persistente desafía mi control e intenta romper mis barreras. Temo que solo busque mi fortuna, pues mi pasado me enseñó a ser cautelosa. ¿Será posible que alguien aprecie mi verdadera esencia y mi oscuridad?
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Capítulo 3

Estoy en mi auto un Mercedes Benz, es mi máquina potente. Saco el celular, busco entre mis contactos y consigo a mi abogado favorito. No trabaja para mí, pero desde que lo conocí nos entendemos muy bien en la cama. Se llama Andrés, pero le digo Andy y eso le encanta. Siempre que lo necesito salta, oprimo llamar para divertirme. Suena al segundo tono y contesta con su voz gruesa.

—¡Buenas tardes! —respondió y se me escapa mi sonrisa juguetona.

—Reunión y era para ayer. —Me coloco el cinturón de seguridad y activo el altavoz.

Salgo del estacionamiento y me adentro en el tráfico de la tarde.

—Estoy cerca de tu oficina. ¿Dónde nos reunimos? —Escucho murmullos alrededor suyo.

—En la casa de Caparra, avisaré de tu llegada y tendrás la puerta sin seguro. —Cuelgo y me imagino su polla erecta.

Lo sé, soy una enferma y una zorra. No porque sea mujer, tengo que ser distinta. Al contrario, agarro el toro por los cuernos y me disfruto mi vida. La oficina queda cerca de la casa en Caparra, estoy en la luz de la urbanización y sé que Andy llegará pronto. Nunca me deja esperando mucho, siempre disponible y sabe jugar. Entro al garaje y rápido llamo al guardia de la caseta.

—Buenas tardes, soy Kendra Figueroa. —Estoy dentro de la casa y suelto mi cartera en la barra.

—¿En qué le podemos servir, Srta. Figueroa?

—Tan pronto llegue Andrés Maldonado, le permites la entrada —fui directa—. Sería todo.

—Anotado, ¿algo más? —Me quito los tacones y los dejo en el pasillo.

—Nada más, gracias. —Corto la llamada y busco en la nevera.

La nevera tiene lo necesario, nadie la habita y la uso pocas veces. El mantenimiento está al día, tengo gente que se encarga y busco mi syrup de chocolate. Soy loca con el chocolate, es obligatorio tener en todas mis casas. Voy le quito el seguro a la puerta principal, guardo el celular en la cartera y la agarro. No vaya a ser que hoy alguien le dé con robar la casa, hasta ahora Andy no tiene mañas. Siempre he sido desconfiada, no confío ni en mi otra mano. Me encanta esta casa, todo decorado a mi gusto y las paredes blancas. Es increíble la cantidad que pago para que la mantengan inmaculada, soy loca con la limpieza y odio ver mugre. Aunque me quede cerca de la oficina, no me mudaría a esta casa, mi finca es mi pasión. Estar rodeada de la naturaleza, los caballos y mis recuerdos, es lo máximo. La finca es inmensa, está en Bayamón campo en Dajao. Las tres vivimos juntas, pero tengo la suerte que me puedo escapar y más cuando Solimar está a rabiar. Ella odia venir, a menos que nos quedemos todas juntas. Su razón es porque le apoda a esta casa, el nido de sexo de Kendra. No quiere llegar sin avisar y verme en cueros. Al menos Camillia ama el Penthouse de Condado y se escapa siempre allá para escapar de su madre. Es grande, la casa tiene cuatro cuartos arriba, dos abajo que los convertí en una biblioteca y el otro un gimnasio. Me quedo para descansar de la asfixiante de Solimar. Para olvidar los problemas es el mejor sitio. Voy hacia mi cuarto, subo las escaleras y admiro mi gusto tan sofisticado. Al entrar coloco todo en la coqueta y me acerco a mi equipo de música. Necesito ambientarme, pongo mi lista de música de Pitbull y a menear mi trasero. Me pongo syrup en mi dedo índice, empiezo a lamer de arriba abajo y cierro mis ojos. Es relajante, chocolate, música y bailar. Siento que me agarran la cintura, dos manos fuertes y grandes. Mi corazón se acelera del susto, mis ojos se abren por instinto y desde el espejo diviso a Andy. Él me sonríe pícaro, seguimos bailando lento y al mismo tiempo. Nuestros movimientos son sincronizados, me coloco más syrup en mi dedo y chupo de nuevo. Los ojos de Andy fijos en mi boca, nuestra excitación subiendo y su poderosa mano va subiendo hasta mi seno. Me dejo amasar, me acaricia ambos senos y mis caderas bailando. Mis pezones están firmes, preparados para ser absorbidos y Andy sabe ser un buen amante. Me voltea bruscamente, se me escapa un gemido y me rompe la camisa. Los botones se pierden en el suelo, siempre con Andy se pierde ropa y eso me hace empaparme. Suelto el pote de syrup al piso, jalo su corbata y le robo un beso salvaje. Nuestras bocas están vivas, buscando saciarnos el uno al otro y somos dinamita. Me alza por las nalgas, enrosco mis piernas en su cintura y siento su erección. Se mueve hasta la cama, me suelta y me baja la falda. Estoy en ropa interior blanca de encaje y sonríe con lujuria. Imagino el efecto de su sonrisa en otras chicas, las tendría babeando, lástima que no sirve en mí. Expuesta para él, me abro como una flor y empiezo a tocar mi sexo por encima de mi braga. Estoy tan mojada y mientras se quita la corbata me relamo mis labios, con movimientos rápidos se quita la camisa y su pantalón en tiempo récord. Está en bóxer los cuales vuelan en nada, está todo exquisito para mí y saca su condón. Estoy inquieta por sentirlo, me arranca las bragas y me suelto el sostén. No espera por más, me posee duro y aprieto su espalda. Me deja besos en mi cuello, baja hasta mi seno y lo succiona, se siente la gloria y entra cada vez más fuerte. Entra, sale, entra, sale, entra y sale. Pierdo la cuenta de sus estocadas, somos animales saciándonos. Le jalo el pelo castaño fuerte, nos besamos cada uno tratando de tener poder y nuestros jadeos suben de volumen. Empieza a moverse en círculos, me tenso y me tira una guiñada. Me muerdo mi labio, espeto mis uñas en su espalda y tiro mi cabeza hacia atrás. Me dejo ir en pleno éxtasis, siento que exploto y él se tira encima de mí. Nuestras respiraciones aceleradas, se acopla en mi cuello y vivimos el orgasmo. Estar con Andy es sexo explosivo, sin esperar amor, es placer y más nada. Dejo caer mis manos a los lados, mis ojos cerrados y Andy se acuesta a mi lado. Me coloco de lado, nuestras miradas se encuentran y veo sus facciones perfectas. Se levantó quitándose el preservativo y aprovecho la vista. Él es alto con cuerpo fornido, su tono de piel clara, pelo castaño de ojos marrones y su cara ovalada. Es todo fuerza, un semental, es todo lo que quiere una chica normal y se acuesta a mi lado. Basta de pensar y mirar, me levanto, recojo mi syrup del suelo y me trepo encima de Andy. Me alza una ceja, su miembro sobreviviendo y me remuevo.

—Hola Kendra, siempre golosa —sus manos acarician mis muslos lentamente—. Mi golosa salvaje. —Me tumba en la cama y grito por la sorpresa.

Me empiezo a reír, me quita el pote y me echa en los senos.

—Hola licenciado Andrés, usted siempre es tan amable y preparado para dar un servicio de primera. —Me unta en mi sexo y se siente el cielo.

Me lame en mi apertura, me come completa y le hundo la cabeza más. Es que ser su postre es una delicia y su lengua rápida de arriba abajo me seduce. Me trabaja muy bien el sexo y me paso mi dedo por mi seno. Después que está embarrado me chupo el dedo, sus ojos fijos en mí y mi orgasmo se acerca. Me arqueo, mis piernas se cierran y son frenadas por sus fuertes brazos. Mi grito es fuerte, mis pies se doblan y agarro la sábana. Su boca succiona todo, mi sexo palpita y siento su lengua recorriendo hacia el norte y se ubica en mi seno succionando. La sensual lengua masajea ambos senos y soy su diosa. Me besa tiernamente, dándome a probar mi sabor en su boca y se detiene mirando fijo.

—En otra vida tú serías mi mujer ideal, tenía que soltarlo Kendra. Nadie me ha tenido como tú. —Me besó con pasión y lo recibo.

Lo entiendo muy bien, si no fuéramos tan malditos ambos, seríamos perfectos el uno para el otro. En cambio, somos mejores amantes. Además, él es casado y soy anti matrimonio. Sé que Andy siempre estará para mí, pero no como un idiota enamorado, sino como un amante salvaje. Espero que nada cambie entre nosotros. Se despega, busca en su pantalón el condón y se lo pone hábilmente. Me levanta, me agarro de su cuello y me lleva a la pared. Me mira, sin hablar sé que me poseerá duro y lo mete. Andy me besa mientras entra y sale de mí. Necesitamos ser duros, sacar el romance y llenarnos de placer. Tenemos vidas diferentes, nada nos une y llegamos juntos al orgasmo. Me lleva a la cama, sale de mí y respiramos.

—Andrés —susurré agitada y llena—. En mi yo joven, estoy segura de que no te hubiera soltado.

—Pequeña, tampoco te hubiera soltado. —Me agarra la mano y la entrelaza.

Él alza nuestra unión, siento su mano gigante y veo su anillo. No siento nada, ni remordimiento por su esposa y mucho menos amor. Me vuelve a mirar, tengo que cortar esto y él lo sabe. No más Andy, veo su mirada vidriosa y suelto su mano. Andrés posa sus ojos en mi dirección, evalúa mi próximo movimiento y me levanto de la cama.

—Éramos perfectos como estábamos. —Me marcho al baño y escucho sus pasos.

Me meto al jacuzzi, pongo la ducha y él golpea la puerta.

—¡Maldita sea, Kendra! —exclamó furioso—. Pides que no te amen cuando es imposible. —Se pasa las manos por su cara y veo su dolor.

—Ahora soy la culpable —rebatí con ironía—, tú sabías a qué jugabas conmigo. Nada de… —me interrumpe y su voz sube.

—¡Nada de amor, solo follar como conejos e irme de tu puta vida! —grita y puedo vislumbrar sus venas marcadas.

Me enjabono, siento la tensión de ambos y seré la zorra que soy.

—Ves no fue tan difícil repetir las reglas, Andrés —hablé calmada y sin darle importancia—. Te pido que te marches —siento sus manos apretando fuerte mis brazos.

—Cuando eres así, me vuelves más loco por ti.

Me besa, pero lo muerdo fuerte y saco sangre de su labio.

—¡Ouch, zorra! —se limpió su labio con la mano.

Agarro mi toalla y salgo con cuidado.

—Vete de mi casa, Andrés, en este momento termina todo —ordené y me mira con tanto dolor e ira.

Salió del baño tenso y lo acompañé.

—Espero que algún día seas feliz, no te deseo mal y siempre estaré para ti. Estaba dispuesto a divorciarme —bufó y recogió su ropa—, todo por ti. Pero veo que te convertiste en piedra y en la cama eres toda una fiera. Increíble, enamorarse de una piedra y una fiera a la vez —empieza a reírse irónico mientras se vestía.

Fui en silencio hacia mi cama, me siento y mantuve la mirada fuerte. Sus palabras son para mí, poder, son un halago y me hacen más grande.

—Siempre fui una zorra, ¿quién te hizo ver otra cosa? —le cuestioné la pelea de novio herido—. En este momento de mi vida no quiero amar y no necesito ser débil. Soy todo lo que has dicho, soy divinamente poderosa. Te recordaré siempre bonito, siempre, Andy —me incorporé y acorté nuestra distancia.

Le ayudé a ponerse la camisa, su expresión es más relajada y me abraza. Lo conozco, nunca me haría daño, le duele, pero entiende y sabe que falló. Me suelta, me da un último beso en los labios, solo un toque y se marcha. Me quedo con la toalla puesta, se voltea en el marco y sus ojos se enfocan en mí.

—Gracias, por ser una zorra fuerte. Si te dañaba me hubiera sentido pésimo, no soportaría lastimarte, a ti no, Kendra. Vales más de lo que piensas y espero que llegue el potro que te apacigüe —se marcha sin mirar atrás y apago la música.

Me asomo en la ventana, lo veo marcharse y suspiro. No puedo repetir, no quiero que se enamoren de mí. Solo busco placer, no repetir Kendra y vivir. Lo menos que deseo es un hombre que me apacigüe, no necesito ninguno en mi vida y espero que seas feliz Andrés. Saco mi celular, marco a mi abogado personal y mejor amigo. Nunca he tenido nada con Peter y se quedará de esa manera. Además, es homosexual, mejor aún.

—Peter, necesito que tengas en la mirilla a Andrés Maldonado. Creo que no hará nada, pero por si las moscas. Si tengo que usar el vídeo con su esposa y joder su ética lo haré —dije sin dudarlo.

—Siempre estoy preparado, zorra —afirmó.

—Hablamos después —no le di tiempo y colgué más tranquila.

Me arrojé a la cama y solté el celular al lado. Soy una fiera cuando se meten conmigo, no confío en nadie y Andrés es un caimán. Si decide hacerme la vida de cuadritos, tengo como responder mi Andy. Me empiezo a reír, mis párpados se sienten pesados y sucumbo en la oscuridad.

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