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Portada de la novela Dí que eres mía

Dí que eres mía

Mila es una mujer centrada en su profesión que finge una vida rutinaria ante su familia para proteger su lado más atrevido. Sin embargo, su realidad cambia drásticamente al llegar a un hotel de lujo, un sitio al que se resistía a ir. En ese ambiente cargado de magnetismo y deseo contenido, toma una decisión impulsiva que marca su destino para siempre. Lo que parecía un viaje impuesto se vuelve una aventura cautivadora que rompe todos sus esquemas.
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Capítulo 2

Mila se levantó con una sonrisa en el rostro, ese día comenzaba la época vacacional en la empresa en la que trabajaba y no podía esperar a llegar a la oficina. Nadie estaría emocionado por razones como esas, pero ella era distinta, sabía que con el trabajo y las horas que estaría cubriendo tendría una cuota grande para sus ahorros, por lo que se sentía bastante feliz con esas noticias. Salió de la cama con una sonrisa, se duchó y se vistió como siempre lo hacía para el trabajo, tomó lo primero que encontró en su cocina para después salir. Lo bueno de irse temprano era que no tenía que encontrarse con Nate en la puerta.

Caminó hasta el ascensor, esperó unos segundos a que llegara y bajó al estacionamiento para subirse a su auto. Llegó a la oficina en tiempo record, siempre le sucedía lo mismo en esos días, se sentía mucho más emocionada que de costumbre. Le hubiera gustado decir que se trataba de su devoción por lo que hacía, pero era mucho más por el silencio, el trato con su jefa, que era una persona realmente agradable y los espacios vacíos en la oficina que contenían secretos sobre ella que jamás querría que salieran a la luz.

Entró en el piso cuando las puertas del ascensor se abrieron en la oficina, caminó con una sonrisa saludando a los pocos rostros que quedaban allí y luego se dirigió a su escritorio lista para comenzar su día de trabajo.

-Mila, que bueno que ya estás aquí- dijo su jefa acercándose -ven, vamos a mi oficina.

Ella sonrió antes de levantarse de su escritorio. Entraron en la oficina de Bianca Harman y ella se sentó en la silla que la mujer le ofreció frente al escritorio que ocupaba gran parte del espacio.

-Mira, creo que es mejor que vayamos al grano- anunció su jefa con una mueca -tengo que informarte lo más rápido que pueda sobre tus vacaciones obligatorias.

-No entiendo a lo que te refieres- comentó ella a media voz.

-Al parecer el departamento de recursos humanos ha estado mirando los expedientes de todos los trabajadores que se quedan aquí en estos días- le explicó la mujer -y se vieron realmente preocupados cuando notaron que este sería tu sexto año consecutivo de trabajo en épocas vacacionales.

-Sí, no comprendo cual es el problema- intentó Mila con una mueca -siempre he preferido quedarme y aceptar el dinero, me vienen bien los ahorros.

-Y yo respeto eso- convino Bianca -pero sabes tan bien como yo que por ley, todos los trabajadores tienen el derecho de unos días de vacaciones.

-Lo sé, es por eso que siempre acepto la compensación monetaria- afirmó ella todavía confundida.

-Recursos humano está al tanto de ello- siguió Bianca -sin embargo, no se encuentran contentos por la cantidad de años que has estado sin vacaciones incluso aunque haya un contrato de por medio. Al parecer es demasiado arriesgado para la empresa seguir permitiéndote esto, bajo sus ojos podrías demandarnos por mucho dinero y ganarías. No es conveniente para nadie.

-Yo no demandaría- negó ella con fuerza -¿por qué lo haría? Acabo de decir que prefiero los ahorros.

-Lamentablemente tu palabra no es suficiente para ellos- afirmó su jefa -así que deberás irte de vacaciones.

-No lo entiendo- siguió ella realmente perdida -¿cómo que de vacaciones? ¿Me van a enviar a una playa en contra de mi voluntad?

-No tiene por qué ser una playa- comentó Bianca con una pequeña sonrisa -puedes simplemente quedarte en tu departamento si es lo que prefieres, lo que no puedes hacer es venir a la oficina.

-Y ¿de cuánto tiempo estamos hablando?- Siguió ella sintiendo la resignación -¿por cuánto tiempo tengo prohibido venir a trabajar?

-Por el número de días vacacionales que has acumulado a lo largo de estos años, que serían…- explicó Bianca revisando una carpeta en su escritorio -setenta y cinco días, es decir, un poco más de dos meses, más o menos.

Ella se quedó callada intentado comprender la cantidad de días que había acumulado, no sabía lo que haría en todo ese tiempo. Su rostro debió mostrar sus pensamientos claramente.

-Eres la primera persona que conozco no se siente feliz por tener dos meses de vacaciones- comentó su jefa con una sonrisa -aprovecha el tiempo para hacer algo que te guste, usa algo de esos ahorros y ve a la playa. De hecho, como un incentivo y pago por tu trabajo, la empresa accedió a pagar la estadía en el hotel que decidieras. Te recomendaría un hotel cinco estrellas.

-Lo voy a pensar- comentó ella con una sonrisa antes de levantarse -si eso es todo, supongo que es mejor que no me vean por aquí.

-Sí, es lo mejor- convino Bianca -disfruta de estos días y pásalo bien para que regreses en buenos términos a ocupar tu puesto. No puedo creer que no me dijeras que tienes seis años sin vacaciones y que estuvieras bien con eso.

-Lo haré, gracias- musitó ella antes de alejarse de la oficina.

Se sentía sorprendida, regresando a su escritorio tomó su bolso para alejarse de allí. Comprendía la postura de recursos humanos en esos momentos, pero eso no significaba que tuviera que gustarle. En el estacionamiento se subió a su auto y condujo por las calles sin saber a dónde ir, se detuvo en un café que llamó su atención para desayunar allí. Comió todo lo que quiso tomándose el tiempo que necesitó, no había presión de ningún tipo y aunque sintió un poco de libertad en su pecho también se sintió bastante confundida.

Regresó a su departamento con desánimo rogando por no encontrarse con Nate y se encerró en su espacio. Se quitó la ropa hasta quedarse prácticamente desnuda, deambuló por el departamento hasta que terminó tumbada en la sala viendo un programa cualquiera. Las horas pasaron con una lentitud agobiante y pensó en llamar a sus amigas, pero no tuvo la voluntad de moverse en esos momentos. Se distrajo como pudo hasta que unos pensamientos oscuros se presentaron en su mente como un rayo.

Miró hacia su habitación con una sonrisa pícara antes de levantarse, se tumbó en la cama con el corazón acelerado antes de buscar en su mesa de noche. Mila sonrió cuando vio en su mano el pequeño vibrador rosa que tanto le había costado comprar debido a la vergüenza de esa noche, justo en ese momento no se arrepentía ni un poco. Jugando con sus pechos y sus pezones que ya se alzaban marcándose en la tela, ella disfrutó del calor en esos puntos sensibles hasta que el aliento escapaba de su boca.

Gimió con suavidad mientras se quitaba la ropa lentamente, siguió acariciando su cuerpo mientras usaba esos puntos erógenos que conocía. Con pausa tocó su humedad que comenzaba a crecer mientras pasaban los minutos y ella iba excitándose, el aire se iba de sus pulmones hasta que sintió la necesidad de encender el pequeño vibrador. Su cabeza se llenaba de fantasías decadentes que la hicieron pensar en la cantidad de tiempo que había pasado sin que llevara a nadie a su cama. Ella gimió con fuerza al sentir la primera descarga de placer justo cuando el vibrador tocaba su clítoris y fue entonces que su celular comenzó a sonar con insistencia.

Ella gruñó frustrada sintiendo como el momento se iba al igual que su excitación, guardó el vibrador antes de contestar la llamada.

“-Mila, mi cielo- saludó la voz alegre de su madre -¿cómo va el trabajo? Sé que no puedo molestarte mucho, así que te digo que solo llamaba para decirte que tu padre y yo nos iremos unos días a una pequeña cabaña en la montaña”.

Una sensación de incomodidad la invadió completamente al sentirse desnuda hablando con su madre. Se cubrió con la sábana aunque no pudiera verla.

“-¿Sus vacaciones anuales?- Preguntó ella con una sonrisa”.

“-Sí, sabes que nos gusta darnos un descanso de todo- afirmó su madre -te invitaríamos, pero sé que rechazarás la idea como todos los años pasados”.

Ella consideró comentarle los sucesos del día a su madre, pero se prefirió no hacerlo.

“-Está bien, pásenla bien y disfruten- dijo ella”.

“-Gracias, cielo- comentó su madre -nos vemos en unos días”.

La llamada se cortó y ella suspiró antes de tumbarse en la cama. Pensó en todas las vacaciones que había rechazado, el tiempo que pasaba trabajando y lo muy excitada que había estado. Tal vez todo el mundo tenía razón y necesitaba un momento para ella, unos días en los que pudiera relajarse, disfrutar, solo estar tumbada en un lugar soleado sin pensar en nada. Ella sonrió cuando la imagen de una playa se plantó en su mente.

La necesidad de aventura que había intentado ignorar de pronto se alzó en su pecho con una fuerza que la hizo reír, se levantó de la cama para buscar su laptop. Comenzó a buscar lugares, hoteles y descuentos vacacionales, esperaba que Bianca hubiera dicho la verdad sobre la compañía pagando su estadía en el hotel porque había seguido su consejo y había buscado uno de cinco estrellas que al parecer estaba llamando la atención de todo el mundo. En las fotos al menos, todo se veía increíble.

Cuando estuvo conforme con el lugar y el plan vacacional le envió un correo a su jefa para informarle de sus planes. La confirmación de reserva llegó casi de inmediato, ella sonrió sabiendo que la empresa debía estar desesperada porque iba a quedarse al menos un mes en aquel lugar, eso era demasiado dinero, pero no iba a decir una sola palabra. Terminó de hacer los arreglos cubriendo con sus ahorros lo que faltaba y sonrió cuando recibió en un correo de confirmación del hotel con todas sus peticiones.

Con la emoción recorriendo su cuerpo, se levantó de la cama para tomar la maleta más grande que guardaba en su closet. En una semana estaría en un lugar soleado e increíble, disfrutaría de tragos en la playa y solo se ocuparía de sentir la brisa marina en su pelo. La emoción que la recorría fue todo lo que necesitó para saber que estaba cumpliendo su deseo de aventura.

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