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Portada de la novela Detrás de un susurro

Detrás de un susurro

Tras escapar del control parental, Lía pierde su vivienda y termina conviviendo con el hermano de su mejor amiga. La tensión es constante, pues él es impulsivo y quiere que ella se marche. En medio de este conflicto, la joven descubre que su compañero posee un poder sobrenatural asombroso. Aunque un evento trágico fractura su relación y los separa, el destino podría intervenir para unirlos. ¿Habrá una oportunidad para su reencuentro?
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Capítulo 2

—¿Disculpa?— pregunté algo ofendida, una de las tantas cosas que me molestaban en el mundo, era que me hablaran de una mala forma, pero no quería ganarme su odio, no en el primer día después de llegar aquí ¿Qué podría pensar Aidé? Sería también comportarme de una manera desagradecida.

—Solo te digo que no te cruces en mi camino, no hagas preguntas estúpidas y no invadas mi espacio personal, entre más rápido te vayas de aquí mejor— Sentenció en un desagradable tono de voz.

—¿Crees que desde un principio quería estar aquí? ¡Mi casa fue destruida! No tengo la culpa de lo que ha pasado, si no fuese por Aidé estaría durmiendo en la calle— respondí de manera brusca, si no me callaba ahora no podría detenerme después.

—Yo no te he pedido detalles de tu vida, simplemente te digo que no me molestes y que no…- no lo dejé terminar de hablar porque ya me había ido a la habitación,no quería pelear con nadie y mucho menos deseaba explotar a causa de mi impaciencia.

—¿Cómo te fue con mi hermano anoche?— preguntó Aidé con una interesada sonrisa al día siguiente.

—Es totalmente opuesto a ti— respondí con poco ánimo —fue demasiado grosero y cortante— me quejé cruzándome de brazos.

—Él no ha tenido una vida tan agradable, sufrió mucho con la muerte de nuestro padre y para acabar de llenar el vaso, nuestra tía lo odia, le ha hecho creer que todo lo que pasó fue por su culpa, por favor, no lo odies— unió sus palmas a manera de súplica.

quedé helada ante sus palabras, no esperaba de que ambos hubiesen tenido una vida tan difícil, yo me estaba quejando de mis padres, pero no eché de ver que hay otras personas que no tienen padres

—Lo siento, quizá estoy juzgando a tu hermano sin haber conocido su historia— ella negó con la cabeza.

—No tienes porqué disculparte, él no es la persona más decente, ni la más sociable, pero te aseguro que tiene un enorme corazón el cual ha sido herido numerosas veces, por favor, no tomes en cuenta sus palabras hirientes, cuando habla así, realmente se lanza esas palabras a sí mismo— Me acerqué a ella y sequé las lágrimas que caían suavemente por su rostro. No podía permitir que pasara por eso ella o sola, éramos amigas.

—No te preocupes por mí, estaré bien, de hecho… He aprendido a ignorar las palabras hirientes que los demás suelen lanzar, tengo un escudo contra las malas palabras ¡Puedo con esto!— Añadí con seguridad y energía logrando que ella lanzara una pequeña risilla, tenía un corazón muy noble —Aidé…— Ee miró —por favor no sufras sola, aquí tienes una amiga que está dispuesta a reír y a llorar contigo, eres parte de mi familia, por favor, no guardes tu dolor para ti misma— dicho esto, ella asintió levemente y me abrazó con fuerza.

Era hora de volver a casa, bueno, si podía llamarla así, debía de estar agradecida de tener un lugar en dónde meter la cabeza, a pesar de que no dejaba de pensar en Aidé y su hermano era curioso que aún no supiera cómo se llamaba, estaba sentada en una de las paradas de autobús, además sentía curiosidad a cerca de él… sentía que había algo totalmente diferente en su interior, algo que anhelaba esconder del mundo y ser agresivo y ermitaño era la manera que tenía de protegerse, no quería involucrarme en esto, pero Aidé, era mi amiga y al parecer ya lo estaba. El autobús llegó y me dejó una cuadra antes de casa, no había mucha distancia para caminar, antes de eso compraré algo para comer, llevaré también al hermano de Aidé, tal vez hagamos las paces con un buen plato de fideos.

Abrí la puerta con una de las copias de la llave de casa, me llevé una enorme sorpresa al entrar, ahí estaba aquel chico tirado en el suelo, estaba… ¿herido? Corrí a ayudarlo, había tomado clases de primeros auxilios que afortunadamente no necesitaba en esa ocasión, su camisa estaba arrancada, lo cual permitía ver las heridas que tenía en el pecho.

—¿Está despierto? ¿Le duele demasiado?— Él solo lanzaba gemidos de dolor por cada uno de mis roces —Me está preocupando, por favor… ¡Dígame qué pasó!— era inútil, no respondía a mis palabras, me acerqué aún más a él y noté un olor bastante familiar —Soju— susurré… —¿por qué estás así?— recordé las palabras de Aidé —es cierto, la vida es demasiado dura con algunos… con todos… yo…— las lágrimas caían por mis mejillas recordando horribles escenas del pasado —Yo… aún puedo sentir sus manos recorriendo mi cuerpo— susurré en medio de un escalofrío— no tienes porqué sentirte solo, la culpabilidad nos hace ver las cosas de una manera muy diferente a la realidad— sentía la necesidad de cuidarlo, mi mano se encontraba en su cabeza acariciando su cabello, de un momento a otro dejó caer su cabeza sobre mi hombro, estaba despierto, lo había estado todo el tiempo, dudaba de que recordara algo al día siguiente.

Me levanté con cuidado y lo coloqué en uno de los sillones de la sala, busqué las cosas necesarias para curar sus heridas, las hallé rápidamente, antes de irse, Aidé me recalcó con muchos detalles el lugar en donde podría encontrarlas si algo pasaba, ya veía el por qué lo hizo.

—Esto te va a doler un poco, pero por favor sé fuerte— comencé a pasar el algodón por cada una de sus heridas, su rostro se fruncía cada vez que lo hacía —a diferencia de ayer, en esta condición pareces bastante indefenso, así te ves lindo— dije con una leve sonrisa, lo mejor que podía hacer era dejarlo durmiendo en el lugar, es demasiado pesado para llevarlo a su habitación, pero antes de eso traería algo para arroparlo, si se llega a resfriar terminaría yo con mucho trabajo. Estaba a punto de abrir la puerta pero algo me recordó las palabras de la noche anterior… Mejor iré por una de las mías, me di media vuelta y regresé, ya con la cobija a dónde estaba, al arroparlo pude sentir como si su mano rozara la mía —Estoy solo imaginando cosas— sacudí mi cabeza y después de apagar las luces me dirigí a mi habitación.

Ya había amanecido, los rayos que se filtraban por la ventana me lo dejaron muy en claro, antes de ir a trabajar prepararía algo para aliviar el malestar de aquel joven, después de haber bebido tanto ha de tener una resaca enorme. Llegué a la cocina, había pasado por la sala y él continuaba durmiendo, eso quería decir que tenía tiempo de sobra para cocinar y llegar al trabajo.

Así lo hice, terminé de cocinar y de vestirme para ir a trabajar, antes de salir había dejado la sopa servida con una nota:

«Oye Tú, cómo sea que te llames,

Anoche me pusiste en una situación demasiado incómoda,

Estoy segura de que tu cabeza te duele tanto hasta el punto de explotar,

Así que de buena voluntad he dejado algo para que comas,

No me importa tu mal actitud, si llego y no lo has terminado

Haré que lo uses de sombrero…» —Atentamente Lía—

PD: No creas que me preocupo por ti, eres hermano de mi amiga.

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