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Portada de la novela Detrás de un susurro

Detrás de un susurro

Tras escapar del control parental, Lía pierde su vivienda y termina conviviendo con el hermano de su mejor amiga. La tensión es constante, pues él es impulsivo y quiere que ella se marche. En medio de este conflicto, la joven descubre que su compañero posee un poder sobrenatural asombroso. Aunque un evento trágico fractura su relación y los separa, el destino podría intervenir para unirlos. ¿Habrá una oportunidad para su reencuentro?
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Capítulo 3

•Oliver•

Había despertado por el sonido de unos pasos cerca de dónde estaba, entre abrí los ojos y pude ver a ésa molesta chica acercándose, por lo que logré ver, ella dejaba un plato de comida, luego tomó un trozo de papel y garabateó algo sobre él, la puso cerca del plato de comida y tomando sus cosas salió de la casa, me senté algo atontado, mi cabeza dolía terriblemente.

—Por fin se fue— dije tomando mi cabeza con fuerza ¿Qué pasó anoche? no lograba recordar nada.

Me levanté por un vaso de agua —¿Dónde está mi camisa? ¿Por qué tengo tantas heridas?— aquella esquina de la casa estaba demasiado desordenada, mi pecho me dolía y lo peor de todo era que no podía recordar nada de lo que pasó —¡¿Y si esa chica intentó propasarse conmigo?!— Fue una terrible idea por parte de mi hermana, sé que la casa era herencia de los dos, que era tan mía como suya, pero era una completa barbaridad lo que se le había ocurrido, podría ser que esa chica fuera una estafadora ¿Dónde quedaré si se lleva lo que tengo? Mi mirada se posó sobre la mesa, específicamente sobre la nota que ella escribió, comencé a leerla «anoche me pusiste en una situación demasiado incómoda» ¿A qué se refería con incómoda? ¿Será que fui yo quien hizo algo malo? Sacudí mi cabeza, era imposible, lo único que ella me provocaba eran ganas de ahorcarla. Mi cabeza dolió más fuerte y pude recordar lo que sucedió:

Estaba viendo la televisión a la mitad de la tarde, después de beber un café el sueño me poseyó por completo, luego vi a un niño, ese era yo hace unos años atrás, caminaba tranquilamente con mi padre, habíamos ido al parque a elevar algunas cometas, cantábamos y recordábamos cosas que nos sucedieron en días anteriores, no sabía lo afortunado que había sido hasta que un tipo alto y con la cara cubierta amenazaba a mi padre con un arma, estaba tan asustado, mis piernas temblaban.

—Oli… corre y pide ayuda— susurró con su voz temblorosa, corrí pero tenía tanto miedo que quedé paralizado, nuevamente volvió a repetir lo que anteriormente había dicho, pero antes de terminar la frase cayó al suelo, corrí sobre él y aquel hombre que me quitó a mi padre, después de tomar lo que no le pertenecía salió corriendo ¿Quién podría asesinar a un padre delante de su hijo? Y ¿Ese hijo por qué no hizo algo para evitarlo? Aún mi corazón se sentía culpable por lo sucedido, después de quince años no había dejado de doler.

Recordé que desperté de repente de mi sueño, me sentía tan mal que decidí ahogar mis penas con Soju, lloraba justo como aquel niño, mi dolor se convirtió en ira así que me desquité conmigo mismo, las heridas en mi cuerpo estaban sangrando, toda mi fuerza se había ido y quedé tirado en el suelo, dormido, hasta que la puerta se abrió y ella entró, no recuerdo lo que pasó después, son recuerdos vagos, ella curando mis heridas y llevándome a la sala para que durmiera ahí, ¿debería agradecerle? Sacudí mi cabeza, no era bueno que ella se quedara ahí, no debía saber nada de mí y yo no iba a permitirlo.

•Lía•

No podía ocultárselo ¿no? Era su hermana y debía saber qué era lo que sucedía con su hermano, no podía guardar un secreto así, a mí no me gustaría que lo hiciera.

—Ya dime qué es lo que sucedió Lía— dijo Aidé sentándose delante de mí con un semblante serio, una sonrisa nerviosa se formó en mis labios —¿Mi hermano se propasó contigo?— preguntó seria, yo negué repetidas veces con mi cabeza.

No era eso lo que había pasado y no deseaba que se hiciera una mala idea de su hermano y tampoco mía, después de luchar conmigo misma decidí decirle lo que pasó la noche anterior, con suma calma y en silencio ella me escuchó pacientemente, asentía regularmente para hacerme saber que me escuchaba, pero a su vez, yo sabía que estaba perdida en sus pensamientos, quizá sus recuerdos le estaban haciendo una mala jugada.

—Estuviste demasiado asustada ¿No es así?— Me preguntó sin apartar la mirada de la ventana, asentí levemente.

—No sabía cómo reaccionar, tenía miedo de que alguien hubiese entrado a robar o algo sí, pero al acercarme más pude ver que estaba ebrio, algo me dice que él se hizo eso, pero no sé cuál pudo haber sido el motivo por el cual se lastimó así— mi voz sonaba entrecortada y tenía un nudo en mi garganta, Aidé me escuchó en silencio.

—Lía— susurró de una vez y añadió al ver que tenía mi atención —por favor cuida de mi hermano— unió sus manos y se inclinó de manera profunda, me partía el corazón verla así, me acerqué a ella y la hice erguir.

—Claro que lo haré, somos amigas ¿no?— la abracé con fuerza y estalló en llanto —te prometo que cuidaré de él mientras pueda— un «gracias» inaudible salió de sus labios ¿qué podría hacer para que se sintiera mejor?

El restaurante crecía rápidamente, habían más personas cada mañana, tuvimos que contratar personal, realmente no nos dábamos abasto, pero esa era una gran noticia, el sueño de Aidé se está volviendo realidad, un restaurante grande pero sencillo, me sentía muy feliz por ella y saber que también he ayudado para que cumpla sus sueños llenaba aún más mi corazón.

Estaba nuevamente sentada en la parada de autobús, era mi lugar para reflexionar acerca de las cosas que estaban ocurriendo, sin haberlo previsto me he comprometido a cuidar de un perfecto y grosero desconocido, sin contar que estábamos viviendo en la misma casa, ¿qué podría hacer para que nos llevamos mejor? No que nos amemos, pero tampoco deseemos matarnos con solo vernos.

—Ya llegué— dije yendo directamente a la habitación, me di una ducha y me senté en el patio de la casa, había un enorme árbol con un par de columpios colgados en una de sus más fuertes ramas, no pude evitarlo y me senté en uno de ellos, cerré los ojos, la brisa meciendo mis cabellos me hacía sentir en paz, pero aquella sensación recorrió nuevamente mi cuerpo, lágrimas comenzaron a caer descontroladamente por mis mejillas, podía sentir sus manos por todo mi cuerpo ¿Por qué no he podido olvidar eso? Secaba constantemente mis lágrimas, pero parecía que estas no querían detenerse.

•Oliver•

Aquella molesta chica había llegado, lo dejó demasiado en claro con aquel grito que al tomarme por sorpresa hizo que dañara la nariz de mi escultura —demasiado molesta— dije frunciendo mi ceño, los momentos de paz desaparecen con sus llegadas del trabajo, música demasiado alta o series demasiado escandalosas, cuando entraba a la ducha gritaba a todo pulmón ¿Por qué podía escuchar cada minúsculo ruido que salía de su boca? Y no hablemos de sus largas llamadas telefónicas con mi hermana ¿No se veían todo el día en el trabajo? Pero ese día algo parecía diferente, estaba en completo silencio. Coloqué mayor atención para ver si se encontraba en casa, pero escuché unos sollozos ¿habrá pasado algo? Bajé suavemente las escaleras, la vi sentada en los columpios que solía compartir con mi hermana, le diré que se baje de ahí, es MI LUGAR… pero mi mano se detuvo en seco antes de llegar al pomo de la puerta, sus palabras al susurrar me dejaron helado: «¿Por qué te llevaste a mamá y no a mí?... fuiste muy malo papá»

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