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Portada de la novela Destruí a los causantes de la muerte de mi hija

Destruí a los causantes de la muerte de mi hija

La vida de Elora Griffiths se desmorona cuando un ataque de bandas rivales acaba con su hija, mientras su escolta huye por miedo. La tragedia se agrava al ver que su esposo, Rodger, protege a la empleada negligente en lugar de buscar justicia. Rota por el dolor y la traición, Elora exige el divorcio y se une a su hermano Hugh para destruir el imperio de su exmarido, cortando su suministro de armas y ejecutando una venganza letal contra todos.
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Capítulo 1

Elora Griffiths iba en camino a dejar a su hija en la escuela cuando los enemigos de su esposo comenzaron a disparar en la calle.

La guardaespaldas que su esposo había asignado personalmente para protegerlas abandonó el auto tan pronto como sonaron los disparos.

Madre e hija fueron alcanzadas varias veces por disparos y se tambalearon al borde de la muerte.

Elora llamó desesperadamente a su esposo, Rodger Griffiths, pero él no respondió.

Su hermano, Hugh Dale, llegó justo a tiempo y las salvó a ambas.

"¿Cómo pudo pasar esto? ¿Rodger no asignó a alguien para que las protegiera?", preguntó Hugh.

Elora lloraba desconsoladamente mientras le contaba: "¡La guardaespaldas se escapó!".

Camino al hospital, desesperada, siguió intentando llamar a su esposo.

Hizo una llamada tras otra...

Finalmente cuando le marcó por enésima vez, la línea se conectó. Al otro lado estaba la guardaespaldas, temblando y apenas podía contener las lágrimas.

"¡Rodger, realmente no es mi culpa! Había tantos asesinos. ¡Si intentaba detenerlos, habría muerto! Tenía tanto miedo...".

Elora contuvo la respiración, esperando que la ira de su esposo se desatara. Pero este solo suspiró y dijo: "Déjalo así. Lo importante es que estás a salvo".

Mientras tanto, su hija respiró por última vez en los brazos de su madre.

El dolor era asfixiante.

Elora mantuvo a la pequeña cerca mientras su cuerpo se enfriaba y se ponía rígido, luego apretando los dientes aseguró con furia: "¡Hugh, me voy a divorciar de él! ¡Cortaré cada envío de armas a la familia Griffiths de la mayor compañía de armas en Crownport!".

...

La pérdida excesiva de sangre y el dolor abrumador, hicieron que Elora soltara un grito antes de que su consciencia colapsara.

Al parecer había estado soñando durante una eternidad.

Las familias Dale y Griffiths habían sido enemigas por generaciones.

Años atrás, Rodger había suplicado y rogado sin descanso a la familia Dale para que le dieran su mano en matrimonio, incluso llegando a cortar uno de sus dedos para demostrar su compromiso.

"Yo prometo amar a Elora por el resto de mi vida. Si alguna la traiciono, que mi destino no sea mejor que el de este dedo".

Con un solo golpe de la hoja, la sangre salpicó en todas direcciones.

Elora aún recordaba vívidamente el color carmesí, pero la sangre que fluía en aquel momento de su hija Franny era mucho más aterradora.

Ella no sabía cuánto tiempo había dormida antes de finalmente despertar.

El dolor nublaba sus pensamientos. Muchas cosas eran confusas al principio.

Estaba en su antigua habitación en la casa de la familia Dale, la cual había sido suya antes del matrimonio.

Tan pronto como abrió los ojos, vio una foto de ella, Rodger y su hija colgada en la pared.

Su nariz se congestionó sin razón, y las lágrimas rodaron por sus mejillas.

Frunció el ceño, confundida y preguntó: "¿Por qué… por qué llegué a casa? ¿Dónde está Rodger? Llámalo, que venga aquí".

La mano de la criada tembló mientras servía agua, sacudiendo la cabeza nerviosamente.

"Ya lo hemos llamado. El señor Griffiths dijo que está ocupado".

Elora frunció aún más el ceño.

Rodger la había amado con tanta intensidad. Cuando estaba en el extranjero negociando proyectos de mil millones de dólares, ella había dicho que lo extrañaba, y él lo había dejado todo, volando de regreso durante la noche solo para abrazarla. ¿Cómo es posible que ni siquiera pudiera localizarlo?

Antes de que pudiera volver a preguntar, Hugh entró con una expresión grave en el rostro.

"Elora, Franny está a punto de ser enterrada. Como su madre, deberías darle un adiós adecuado".

Un zumbido resonante llenó los oídos de Elora.

No podía dar sentido a sus palabras.

"¿Qué… qué dijiste?".

"Franny era demasiado pequeña. Le dispararon diez veces. Para cuando llegó al hospital… ya había muerto".

Los recuerdos de antes de perder la conciencia volvieron a inundarla.

Los disparos, ser alcanzada, el tono ocupado en el teléfono, la guardaespaldas…

Las lágrimas brotaron incontrolablemente y sentía como si le hubieran arrancado el corazón.

"¡Ah!". Elora gritó y sus lamentos resonaron por toda la habitación.

Se quitó las cobijas y salió tambaleándose, moviéndose tan imprudentemente que sus heridas sin sanar se abrieron, empapando las vendas con sangre. Pero ni siquiera notó el dolor.

En el cementerio, la pequeña urna rosa estaba sobre la mesa. Ese era el color preferido de la niña.

Elora temblaba, extendiendo la mano, pero no se atrevía a tocarla.

Deseaba desesperadamente que todo fuera un sueño y que al despertar, Franny todavía estuviera riendo, llamándola "mamá".

Enterraron la urna lentamente hasta que desapareció de la vista de todos.

Elora lloró hasta casi desmayarse.

Desde la muerte de su hija hasta la cremación y el entierro, Rodger, el padre, nunca se presentó por todo eso.

Recordó la llamada justo antes del último aliento de su hija.

Mientras ella y la pequeña se tambaleaban al borde de la muerte, él coqueteaba con la guardaespaldas, Lilah Phillips.

Las manos de Elora temblaron mientras daba órdenes: "Preparen los papeles de divorcio. Iré al Grupo Griffiths".

Necesitaba enfrentarlo cara a cara y exigir respuestas.

El carro se detuvo fuera del Grupo Griffiths. Elora ignoró la recepción y subió directamente a la oficina del CEO en el último piso.

Tan pronto como abrió la puerta, se quedó de piedra. Dentro, Rodger y Lilah estaban besándose apasionadamente, perdidos el uno en el otro.

"Rodger, Elora te llamó tantas veces, y tú la ignoraste para consentirme. ¿No tienes miedo de que se enfade?", Lilah bromeó.

La mano del hombre se deslizó dentro de su camisa, rozando su piel suave.

"Abandonaste tu puesto y ella vino a mí, pidiéndome que te castigara. ¿Realmente quieres que lo haga? Simplemente no puedo soportarlo".

"No te preocupes. Deja que se calme unos días, luego me encargaré de ello. Me aseguraré de que no te culpe".

Elora se quedó petrificada en la puerta y su cuerpo temblaba como si sostuviera un bloque de hielo.

Su única hija había muerto, ella misma había sido gravemente herida, y el hombre que decía que la amaría para siempre estaba enredado con otra mujer.

Una sola lágrima resbaló por su mejilla.

El hombre que una vez la amó lo suficiente como para sacrificarlo todo, incluso su vida, se había ido, desapareciendo sin dejar rastro.

A los quince años, Rodger había gastado todo su dinero en una subasta para comprar el último brazalete solo porque ella dijo que le gustaba. Todavía lo llevaba en su muñeca.

A los dieciocho años, cuando la llevó a casa por primera vez, desafió a sus padres para protegerla cuando la maltrataron, incluso amenazando con cortar lazos con la familia Griffiths para que sus padres se disculparan.

A los veintidós, mientras viajaban juntos, él la protegió de una emboscada por parte de los enemigos de la familia Dale, recibiendo dieciocho heridas de cuchillo, quedando inconsciente durante medio mes, y todo para que ella saliera ilesa.

Pero en ese instante que tenía veintisiete, él se había buscado otra mujer y nada de lo relacionado con Elora le importaba.

Esta se limpió las lágrimas de los ojos para evitar llorar.

Tomó su teléfono y escribió un mensaje: "Recuperen todas las armas vendidas a la familia Griffiths ahora. Regresaré en una semana para hacerme cargo".

La pantalla de inicio aún mostraba a los tres sonriendo juntos.

Al ver la brillante sonrisa de Franny, a Elora le dolió muchísimo el pecho.

Dudó, luego cambió el fondo de pantalla a una foto donde solo estaban ella y su hija-

Ya no necesitaba a ese hombre.

Su hija era la encarnación de su amor. Y en ese instante que ella no estaba, ese amor ya se había destrozado.

Elora cerró los ojos.

Cuando los abrió de nuevo, estaban llenos solo de una resolución helada.

Reservó un vuelo a Ravencrest siete días después.

Ese matrimonio absurdo de cinco años necesitaba llegar a su fin.

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