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Portada de la novela Destino Escrito de Nuevo

Destino Escrito de Nuevo

Tras perecer en la indigencia por el engaño de Ricardo y Carmen, Sofía regresa inexplicablemente al pasado en la Hacienda Rojas. Situada en el día de su compromiso y con la memoria de su tragedia previa, decide no repetir su ruina. Frente a su abuelo y sus detractores, rompe con lo establecido y elige vincularse a Mateo Garza, el tosco adversario de su linaje. Bajo el sol de Jalisco, ella buscará venganza y un nuevo amor para alterar su fatalidad.
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Capítulo 2

El sol de Jalisco pegaba fuerte, como si quisiera derretir hasta las piedras del patio de la hacienda Rojas. El aire olía a tierra mojada, a ganado y al perfume caro de los invitados que murmuraban bajo los toldos. Hoy era el día de la elección, un ritual tan antiguo como nuestra familia, una forma de sellar alianzas y asegurar el futuro de nuestro rancho.

Estaba de pie, con el vestido blanco que mi abuelo había mandado a hacer, sintiendo el sudor frío en mi nuca. Pero no era por el calor. Era por el recuerdo, uno tan nítido y doloroso que me helaba los huesos.

En mi otra vida, en este mismo patio, bajo este mismo sol, elegí a Ricardo.

Ricardo, mi amor de la infancia, el hombre con la sonrisa perfecta y las promesas dulces. Lo elegí con todo mi corazón, ingenua y ciega. Y él me pagó llevándome a la ruina, me arrebató la hacienda de mi familia, se burló de mi amor y me dejó morir sola, en la miseria, mientras él celebraba con mi supuesta mejor amiga, Carmen.

Recuerdo la lluvia fría de ese último día, el sabor amargo de la traición y el vacío en mi pecho. Cerré los ojos entonces, deseando una sola cosa: una segunda oportunidad.

Y aquí estaba.

Abrí los ojos. El mundo no era un recuerdo borroso, era real. Los murmullos de la gente, el rostro preocupado de mi abuelo, todo estaba aquí. Era el mismo día, la misma hora. El destino me había escuchado.

Mi abuelo, un hombre recio y de pocas palabras, se acercó.

"Sofía, es hora. Todos esperan tu decisión."

Mi mirada recorrió a los presentes. Ahí estaba Ricardo, de pie, con su traje de charro impecable, sonriéndome con esa confianza que antes me derretía. Esperaba que mi nombre saliera de sus labios, daba por hecho que lo elegiría a él, como siempre. A su lado, Carmen me miraba con una sonrisa que ahora me parecía una mueca venenosa.

Sentí una náusea. No volvería a cometer el mismo error. Esta vida sería diferente.

Mis ojos pasaron de largo a Ricardo, ignorando su rostro que empezaba a mostrar confusión. Busqué entre la multitud hasta que lo encontré.

Apoyado contra una de las columnas de cantera, lejos del centro de atención, estaba Mateo.

Mateo Garza, nuestro ranchero rival. El hombre con el que había competido toda mi vida. Nuestras familias se odiaban desde hacía generaciones. Él era rudo, directo y nunca me había dicho una palabra amable. Siempre nos mirábamos con desafío, con una mezcla de odio y un respeto que ninguno de los dos admitiría jamás. Era honesto hasta la médula, un hombre de trabajo, no de palabras bonitas.

Era la elección más ilógica, la más inesperada. La elección perfecta.

Respiré hondo, reuniendo todo el valor que había forjado en el dolor de mi vida pasada.

"He tomado mi decisión," dije, con la voz más firme que pude.

Todos guardaron silencio. La sonrisa de Ricardo se hizo más ancha, seguro de su victoria.

"Elijo a Mateo Garza."

El silencio se rompi-o en un millar de susurros y jadeos de sorpresa. Vi el rostro de mi abuelo, atónito. Vi a Carmen, con la boca abierta, sin poder creerlo.

Y vi a Ricardo.

Su sonrisa se congeló, se quebró y se convirtió en una máscara de pura incredulidad y furia. Dio un paso al frente, como si fuera a reclamarme.

"Sofía, ¿qué demonios estás diciendo? Esto es una broma, ¿verdad?"

Su voz ya no era dulce, era dura y afilada.

Lo ignoré por completo. Mis ojos estaban fijos en Mateo, que me miraba con el ceño fruncido, tan sorprendido como todos los demás. No se movió, solo me observó, tratando de entender.

Me dirigí a mi abuelo, con una calma que no sentía.

"Abuelo, por favor, anuncia mi compromiso con Mateo Garza. Y que empiece la fiesta para celebrar nuestra unión."

Mi declaración fue como un trueno en un día despejado. Ricardo se quedó paralizado, con el rostro pálido de ira. Sabía que mis palabras eran definitivas. Ante toda la élite ganadera de Jalisco, yo, Sofía Rojas, había elegido a su mayor rival y había sellado mi destino.

Esta vez, para bien.

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