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Portada de la novela Después que me caso, me entero... es mafioso

Después que me caso, me entero... es mafioso

La vida de Rebeca parece perfecta junto a su esposo Elvis y su hija, rodeados de lujos pero bajo la sombra del misterio sobre el origen de su fortuna. Todo cambia cuando se revela la oscura realidad: Elvis integra una red de narcotráfico y ha perdido un cargamento invaluable. Enfrentando deudas mortales y el acoso de la mafia, la seguridad de su familia se desmorona. Ahora, Rebeca debe luchar por sobrevivir mientras el peligro acecha su hogar.
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Capítulo 3

Otro fin de semana solas, Elvis se ha ido a pescar. Hoy va en busca de algo para almorzar.

En casa ya se nos ha acabado todo.

Estamos animadas, no sabemos con qué llegará y eso nos produce una sensación especial.

Un reto es preparar los contornos y tratar de adivinar cuál será la proteína que tendremos

ese día en la mesa. Jugamos con la imaginación y nos sirve de entretenimiento.

Mi hija me da mucho amor, siempre es tan considerada y dulce. La miro fijamente con ese

vacío en el pecho. Sabiendo que está aquí por un tiempo, hasta que ese mal nacido se la

lleve. Ojalá que mis ojos nunca vean eso, te lo pido, señor.

Cada vez estoy más segura que las cosas suceden por algo, nada es casualidad. A raíz de

que me detectaron el mal ese, que no quiero ni nombrar, Hernán ha espaciado sus visitas.

Al menos le queda algo de humano. No hay nada que me ponga más estresada que ese tipo

aquí en mi casa. Viendo a la niña, porque aunque disimule sé que la ve como hombre.

Le gusta la muchacha, no me respeta los cachetes.

Mila está cada vez más hermosa. Sus curvas se acentúan y tiene forma de mujer, ha dejado

de ser una niña, a pesar de su corta edad. Aquí en San Juan de Las Galdonas hay mucho

pájaro bravo. No es Hernán el único peligro para ella. Todo el que la ve le llama la

atención, se parece a la sirenita.

Lo raro es que no haya tenido novio aún. La he educado bien, pero es algo que va a

suceder, me guste o no. La naturaleza es así, no lo puedo evitar.

Lo malo es que acá algunos ya tienen carro. Más peligroso todavía, más para inventar.

Ruleteando se la pasa el flaco Julio. Un carajito de nada que ya anda en el carro del papá

sonsacando a las muchachitas. Las madres las dejan por su cuenta, allá ellas. Yo sí velo por

el bien de mi hija.

El mes pasado desapareció un muchacho. La familia anda por allí buscándolo, han movido

cielo y tierra. Y es que como hay tanta mafia, los reclutan y después no aparecen. Se caen

en una entrega o los mata la policía y hasta los mismos compañeros.

Por aquí la traición es un espanto que camina a toda hora. Lo que importa es el dinero.

El flaco Julio anda enamorando a Mila desde hace tiempo. Se conocen de la escuela, luego

no se vieron más porque el chamo dejó los estudios para ponerse a trabajar. Al tiempo

apareció muy cambiado. Aparentando marcas y plata.

A Elvis le cae bien el joven y como es de la edad de Mila no dejaba de visitarla. Un día no

vino más, a veces nos lo encontrábamos. En la feria del pescado apareció todo golpeado y

ni nos saludó. En algún lío se habrá metido. Y después de eso, fue que no lo volvimos a

ver.

A mi hija le pegó, se la llevaban bien. En ese sentido, he tenido suerte de que ella sea

tranquila y no haya salido brincona como otras que conozco. Si no se muere el padre que la

cuida tanto o más que yo.

Mis clientas me alientan a meterme de lleno con la internet y crear mi canal de youtube

para subir videos diarios de lectura de tarot. Muchas ya se han vuelto de confianza y por el

chat me dicen que se gana plata. Ando que quiero y no, a la vez. Con lo apasionada que soy

con los nuevos proyectos, si me meto en eso, me la pasaré grabando.

Puede que eso sea lo que me haga falta. Voy a conversarlo con mi hija, A ella se le va

mejor la tecnología, trabajaríamos juntas y eso si sería genial.

—Querida, ven que quiero preguntarte algo importante.

—Dime, mamá.

—Tú sabes como se hace para subir videos a YouTube.

—Si claro, es supersimple. Solo necesitamos el internet. Sin eso se nos acaban los datos en

segundos.

—¿Cuánto cuesta eso?

—Vayamos a la alcaldía que hay wifi gratis, en la plaza. Y nos sentamos allí a averiguar,

¿quieres?

—Sí, me visto y vamos.

Caminamos hasta allá, me explica que las ganancias dependen de la gente que te sigue.

Bueno, tocar la puerta no es entrar. Me embarco en esa y de repente la pego, quien quita.

Por algo se empieza.

—Mamá anota, te voy a decir los nombres de los otros canales de ese tipo, cartas y eso.

—Dale hija, así agarramos referencias. Quiero que el mío sea bien diferente, por eso hay

que ver que es lo que ofrecen las demás.

—Estoy de acuerdo, no vamos a necesitar gran inversión, tú tienes las cartas y el mantel

que usas, con eso va para empezar, mientras más plano mejor sin mucho vericueto.

—Muestra a ver, hija. Yo utilizo las cartas que eran de mi mamá, son antiquísimas, eso no

lo venden ahora.

—Mira, estas son las que emplean.

Nos quedamos bastante rato viendo los videos y la pasamos bien. Nos reímos mucho,

porque hay unas que son demasiado dramáticas. De seguro eso le encanta a la gente.

Yo que soy más formal, hago mi lectura bien discreta. Hay cliente para todo, uno lo que

debe ser es original y crear su estilo.

Ahora, eso de la cámara y el video me da medio corte. Será cuestión de probar hasta que

resulte.

—Hija averigua lo del internet, el precio, todo. A ver si podemos pagarlo con lo que nos

entre en estos días.

En contra de mi voluntad, Elvis le está recibiendo algo a Hernán para la educación de la

niña. Sus libros y sus útiles son el mayor gasto, la escuela es gratuita.

Yo no me opongo del todo porque no tengo ni como comprarle unos zapatos. Y ella no

merece eso, es muy buena. Nada más verle la cara cuando elige sus cosas, da gusto.

Las carencias económicas afectan el espíritu y lo llenan de miseria, hay que reconocerlo. Se

siente uno, un desgraciado, un mendigo.

En ocasiones, me pregunto si llegaré a verla el día de sus quince años. La enfermedad me

lleva consumida y sin esperanzas de mejorar, este mal tienen nombre y apellido.

—Hola, buenas tardes, encanto.

—¿Qué tal?, amor.

—¿Estás hablando sola?

— Ja, Ja, en eso me la paso querido.

—Quiero consultarte algo.

—Dime.

—No, te digo hasta que prometas que no te vas a molestar.

—Te encanta estresarme, acaba de hablar de una buena vez.

—Hernán me ha pedido permiso para llevar a la niña a unos quince que le han invitado.

Como él no tiene hijos, quiere que Mila asista a la celebración y que disfrute.

»Ya se acercan los de la princesa de la casa y por lo que dijo nos va a ayudar con la fiesta

de ella. Además, van muchas niñas de su edad. Tiene derecho a conocer gente y salir.

—Tú parece que acabaras de nacer, ¿cómo se te ocurre?

—Mami, papi, ¿de qué hablan?

—Tu padre, con sus vainas, no le hagas caso.

—No, no me vas a hacer lo de siempre. Yo escuché y quiero ir. Nunca salgo a ningún lado.

—Eres una niña, no tienes permiso.

—Mami, por favor.

—No, hija, no puedo permitirlo. Si quiere que vayas que me lleve a mí también.

—Hecho, vamos los tres y papá se queda en la casa, ¿si papi?

—Por mí si hija convence a tu mamá.

Lo miré con odio por primera vez en la vida. Me estaba achacando a mí la decisión que se

supone es de ambos. Se lava las manos y me pone entre la espada y la pared.

—Que conste que lo hago por ti Mila y que sea la última vez que me pides algo así.

Me abrazó y se me aguaron los ojos, accedí porque quiero verla feliz.

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