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Portada de la novela Desenmascarando a mi esposa: sus mil caras

Desenmascarando a mi esposa: sus mil caras

Tras sobrevivir a una infancia de abandono y delincuencia, Kathryn regresa decidida a recuperar su legado familiar. Pese al desprecio de la alta sociedad y las críticas hacia Evan por su unión, nadie sospecha que ella es una experta hacker y sanadora de élite. Mientras el mundo empresarial intenta marginarla, su esposo permanece leal. Al revelarse sus talentos ocultos, Kathryn logra someter a sus enemigos y consolidar su indiscutible poder.
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Capítulo 2

En la mañana, Kathryn se bajó de un taxi que la dejó en el centro de Wrille. Se dirigió directamente al Hotel Summit y sin perder tiempo, se registró.

Una vez dentro de la suite moderna y completamente amueblada, se quitó el abrigo y lo lanzó sobre una silla cercana. Acto seguido, se dirigió al ventanal. La escena ante sus ojos era algo ajeno a su experiencia: edificios imponentes, calles llenas de gente, y el bullicio incesante de la ciudad.

No había visto nada así desde el día en que su mundo se desmoronó. Solo tenía seis años cuando asesinaron a su madre, y a ella la arrojaron a las montañas.

Lo peor era que su propia familia lo había hecho.

De no haber sido por la pareja bondadosa que la encontró, no habría sobrevivido ni una semana. La naturaleza la habría devorado por completo, sin dejar rastro.

Pero aún estaba viva, y no había regresado a la ciudad simplemente para visitar, sino para ajustar cuentas y recuperar lo que le pertenecía.

Un destello de conciencia la sacó de sus pensamientos. Metió la mano en su bolsillo y sacó el colgante que le había quitado al hombre herido.

Lo levantó, dejando que la luz del sol cayera sobre sus bordes. Ahora que estaba limpia, la piedra preciosa brillaba con una especie de arrogante resplandor: se veía fría, clara y obviamente valiosa.

Además, sentía que había algo magnético en la forma en que ese colgante descansaba en su mano. Era como si sus dedos se negaran a soltarlo.

Ella agarró un delgado cordón negro, deslizó la gema a través de él y ató el improvisado collar alrededor de su cuello. Se paró frente al espejo y le dedicó un breve vistazo a su obra. No se veía nada mal; de hecho, le quedaba bien. Decidió que se lo dejaría puesto.

Después de esconder el colgante bajo su blusa, agarró su celular. Con habilidad, ocultó su dirección IP antes de abrir la aplicación de noticias.

La página principal mostraba varias actualizaciones, pero un titular en particular captó su atención.

"Anna Palmer, heredera de los Palmer, en estado crítico. Su familia ofrece grandes recompensas por donadores de sangre".

Kathryn, intrigada, abrió el artículo sin pensarlo dos veces.

De acuerdo con la nota, Anna había estado involucrada en un grave accidente automovilístico. Había perdido mucha sangre y el hospital estaba teniendo dificultades para encontrar donadores de sangre Rh negativo para salvarla.

Los Palmer habían intentado resolver el asunto con dinero, pero prácticamente nadie se había presentado a donar.

Kathryn sonrió, pues parecía que el destino estaba de su lado.

Se había preparado para una larga y ardua batalla solo para colarse de nuevo en el círculo de la familia Palmer, pero ahora se le presentaba una oportunidad perfecta.

Con el artículo aún fresco en su mente, cerró la aplicación, se recostó contra los cojines del sofá y cerró los ojos para ordenar sus pensamientos.

Ella tenía el tipo de sangre que los médicos buscaban desesperadamente. Si quería asegurar su posición en Wrille, necesitaba un título, uno que no pudiera ser borrado ni desestimado. Tras tomar su decisión, se puso su abrigo y salió sin dudarlo.

Ese no era solo su regreso. Se encargaría de que los Palmer se arrastraran; no tendrían más opción que suplicarle que volviera. Y no lo harían en privado, sino frente al mundo entero, reconociéndola como la legítima heredera a la que intentaron robarle todo.

Afuera del Hospital General Wrille, Rhett Palmer salió de su auto, solo para que una persona le bloqueara el camino. Se detuvo en seco, al darse cuenta de a quién tenía enfrente. Cuando hicieron contacto visual, palideció en el acto y todo su cuerpo se tensó, como si hubiera visto un fantasma.

"Tú...", musitó, apenas capaz de articular palabra.

"¿Cómo debería llamarte? Señor Palmer... ¿o sería más apropiado 'papá'?", preguntó Kathryn, sosteniéndole la mirada con tranquilidad, mientras le sonreía dulcemente.

Rhett recibió esa pregunta como un golpe bajo.

Abrió la boca para responder, pero no fue capaz de emitir sonido alguno.

Kathryn no se inmutó ni dio un paso atrás. Dejó que él observara cada centímetro de su rostro. Entre más la mirará, tendría más dificultades para negar lo que había frente: un reflejo de su exesposa.

Si ese hombre sentía aunque fuera el mínimo atisbo de remordimiento, ese era el momento ideal para que lo mostrara.

Ninguno de los dos se movió. El aire entre ellos se sentía denso, por el peso del reconocimiento.

"Kathryn, ¿eres realmente tú?", susurró Rhett, cuando finalmente encontró su voz.

"¿Quieres hacer una prueba de ADN, o vas a confiar en tus instintos, papá?", inquirió la chica, sin inmutarse.

"No hay necesidad. Eres idéntica a tu madre... justo cuando ella tenía tu edad", respondió Rhett, con las manos temblorosas.

Kathryn soltó una carcajada brusca y amarga ante su respuesta.

Después de todos esos años, ¿cómo tenía el descaro de mencionar a su madre ahora? Si no la hubiera abandonado por riqueza y estatus, ella no habría muerto de una forma tan horrible. ¿Y ahora se atrevía a mencionar a la misma mujer que abandonó sin pensarlo dos veces?

"Soy Rh negativa", declaró la chica, con una voz cortante y fría. Sin esperar respuesta, se dio la vuelta y entró al hospital.

Rhett vaciló un instante, aturdido por la intensidad de lo que sentía. Luego reaccionó y la siguió.

Ambos se detuvieron justo afuera de la UCI.

Adentro, rodeada de cables y máquinas, una joven yacía inmóvil en la cama. Su cuerpo se mantenía inerte y su piel se veía pálida. Estaba claro que apenas se aferraba a la vida.

"Donaré, pero solo con una condición", soltó Kathryn, rompiendo el silencio.

No miraba a Rhett, sino a la chica que estaba dentro de la habitación.

Curvó lentamente los labios en una sonrisa indescifrable y añadió: "Restaura mi lugar en la familia Palmer, y que sea oficial. Exijo que todo el mundo lo sepa".

Rhett tensó la mandíbula y su rostro se ensombreció. "Kathryn... si solo buscas un lugar para vivir, puedo comprártelo. Pero reintegrarte a la familia Palmer... eso es complicado".

No necesitaba explicarlo, pues ella ya lo sabía. Incluso si él cedía, el resto de la familia Palmer nunca lo haría.

"Si tu familia se niega a cumplir mi condición, entonces que se prepare para la muerte de Anna Palmer", contestó Kathryn, dándose la media vuelta para irse.

Rhett sucumbió ante el pánico. Se lanzó hacia el frente, la agarró del brazo y le dijo: "Espera, por favor. No te vayas. Yo... hablaré con ellos. Te lo juro".

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