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Portada de la novela Desenmascarando a mi esposa: sus mil caras

Desenmascarando a mi esposa: sus mil caras

Tras sobrevivir a una infancia de abandono y delincuencia, Kathryn regresa decidida a recuperar su legado familiar. Pese al desprecio de la alta sociedad y las críticas hacia Evan por su unión, nadie sospecha que ella es una experta hacker y sanadora de élite. Mientras el mundo empresarial intenta marginarla, su esposo permanece leal. Al revelarse sus talentos ocultos, Kathryn logra someter a sus enemigos y consolidar su indiscutible poder.
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Capítulo 3

Finalmente, la familia Palmer aceptó que Kathryn regresara. No mucho después, ella se enteró de todos los pormenores: la decisión había provocado una seria confrontación entre Rhett y su actual esposa, Rebecca Palmer.

Más tarde ese mismo día, la chica realizó su primera donación de sangre para Anna. Debido a que esta última había sufrido una hemorragia grave, se programaron varias transfusiones más durante los siguientes días. Por conveniencia y seguridad, el hospital gestionó todo para que la donante se quedara en una de sus habitaciones VIP.

De repente, el celular de Kathryn sonó sin previo aviso. Ella lo agarró y miró la pantalla. Descubrió que su amiga Lindsay Simpson le acababa de enviar un mensaje.

"El heredero de la familia Knight, Evan Knight, está buscando por toda la ciudad a una mujer, de unos veinte años, con conocimientos médicos y un tatuaje negro de media luna en la clavícula".

"Qué raro. Parece que me está describiendo", respondió Kathryn, con un tono ligero.

"¡No estoy bromeando! ¿Y si realmente te está buscando?", contestó la otra, casi al instante.

"Eso es imposible. Nunca he visto a ese tipo".

"¿Estás completamente segura de que no lo molestaste de alguna manera? Trata de recordar".

Kathryn puso los ojos en blanco, divertida y molesta por la imaginación de su amiga, antes de contestar.

"Ni siquiera llevo en Wrille mucho tiempo. Probablemente solo sea una extraña coincidencia. No te preocupes", respondió.

Lindsay no envió más mensajes después de eso, así que su intercambio terminó sin más discusiones.

Aun sintiéndose inquieta, Kathryn abrió su navegador de internet e hizo una búsqueda rápida. Apenas escribió el nombre de Evan, la pantalla mostró una sola línea en negrita: "Evan Knight, veintiocho años". Esa era toda la información disponible.

'¿Por qué tanto secretismo?', se preguntó la chica, mirando la pantalla con una expresión inescrutable.

Impulsada por la curiosidad, sacó su tableta de la maleta, insertó una memoria USB y comenzó a escribir comandos rápidamente, mientras líneas de código fluían por la pantalla.

No pasó mucho tiempo antes de que estas desaparecieran y fueran reemplazadas por una interfaz de mensajería en blanco y negro.

"Hola, ayúdame a investigar a alguien", pidió.

"¿A quién?".

"Evan Knight", respondió sin demora.

"Entendido. Dame tres días".

Tras recibir esa confirmación, la joven cerró la ventana y apagó su tableta.

En ese mismo momento, Villa Lakeside, enclavada en una de las colonias más elitistas de Wrille, brillaba intensamente desde cada rincón.

"¿Alguna novedad?", preguntó Evan, de pie junto a la gran ventana de su recámara.

A pesar de las vendas y los moretones, su imponente presencia no se había atenuado en lo más mínimo.

Sostenía un cigarrillo entre los dedos, y su punta titilaba suavemente.

"Nada hasta ahora, señor", informó Kayce Wilson, manteniendo su mirada baja.

Su jefe entrecerró los ojos y apagó el cigarrillo en el cenicero, antes de hablar con autoridad serena. "Sigue buscando".

"Entendido".

Acto seguido, Kayce metió la mano en el bolsillo interior de su abrigo y sacó un sobre con estampado dorado, que extendió a su jefe con ambas manos, mientras decía: "Hay algo más que debería ver".

"¿Quién lo envió?", preguntó Evan, mirando el sobre, con una expresión de confusión en el rostro.

"La familia Palmer. Sus miembros organizan un banquete para darle la bienvenida a la hija ilegítima de Rhett a casa. El señor Andrew Palmer pidió específicamente su presencia".

"¿Pidió o exigió?", preguntó Evan, mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro.

"¿Le gustaría que enviara una negativa?", sondeó Kayce, tras una breve pausa.

Por lo general, ese tipo de invitaciones se desechaban sin pensarlo dos veces. De hecho, si Andrew, el jefe de la familia Palmer, no hubiera insistido personalmente, Kayce no se habría tomado la molestia de entregar la invitación. Evan tomó el sobre, y su mirada se oscureció por la curiosidad.

Quienquiera que fuera esa hija ilegítima, debía haber causado una gran impresión para que la familia Palmer se esforzara tanto.

"No. Dile a Andrew... que asistiré", respondió, cambiando de opinión abruptamente.

El día del banquete, el cielo estaba despejado. Toda la ciudad estaba bañada por la luz del sol.

Kathryn salió del hospital y manejó hacia la zona montañosa a las afueras de la ciudad. El camino era empinado y estaba lleno de curvas, pero conducía con la confianza de alguien que lo conocía a la perfección.

Finalmente, llegó a una tumba aislada y sin nombre: ese era el sitio donde descansaban los restos de su madre. No había ninguna marca allí, solo un parche abultado de tierra oculto bajo capas de maleza indomable. De no ser por las innumerables visitas que había hecho a lo largo de los años, hasta ella podría haberlo pasado por alto.

Kathryn se agachó y comenzó a arrancar la hierba con cuidado. Sus movimientos eran lentos y cuidadosos, como si temiera perturbar la paz del sepulcro.

Después de un tiempo, se inclinó profundamente y apoyó su frente contra el suelo helado. Se quedó así por un rato. Ya no faltaba mucho: por fin, su madre estaba a punto de recibir la justicia que le habían negado.

Finalmente, Kathryn se levantó y se dio la vuelta, sin mirar atrás ni una sola vez.

El banquete estaba programado para más tarde ese día, así que cuando regresó al hotel, se puso un vestido de gala y llamó a un maquillista para que se encargara de su apariencia.

Cuando estuvo lista, el cielo ya estaba ligeramente oscuro.

Ella iba ligeramente atrasada. Además, su celular mostraba que tenía muchas llamadas perdidas. Rhett la había marcado más de veinte veces.

Aun así, Kathryn siguió a su propio ritmo. Después de bajar para recoger algo, hizo los arreglos finales y se preparó para irse.

Mientras tanto, en la finca de los Palmer, los invitados esperaban expectantes a que la misteriosa "hija perdida" finalmente se presentara. Los minutos pasaron lentamente, pero la persona por la que se había organizado esa celebración seguía ausente. Pronto, los susurros comenzaron a resonar por todo el lugar.

Rebecca, más molesta que nadie, mostraba abiertamente su frustración. Nunca se molestaba en ocultar cómo se sentía respecto a ese asunto, así que dijo: "En cuanto vi la fecha, supe que tenía malas intenciones. De todos los días, escogió el aniversario de la muerte de su madre. ¡Está haciendo esto para agitar las aguas!".

Luego, con una mueca de desagrado, añadió en un tono cortante: "¿No te parece sospechoso? Justo después del accidente de Anna, toda la ciudad se quedó sin sangre Rh negativa. ¿Y luego ella apareció de repente? Esa chica es una maldición. Mientras esté aquí, no habrá paz entre nosotros".

Cada una de sus palabras aterrizó con una precisión mordaz.

Rhett permaneció callado, con la cabeza baja. Una vena palpitaba visiblemente en su sien.

De repente, estalló un disturbio en la entrada.

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