Portada de la novela Desalmada

Desalmada

9.2 / 10.0
En Desalmada, Rosa escapa de un matrimonio abusivo por un amor prohibido. Tras una persecución fatal, su amante desaparece en esta romance novel de acción. Rechazada por todos, ella cruzará límites peligrosos en esta mystery story y modern novel para descubrir la verdad y sobrevivir.
Resumen de Desalmada
Sometida a un esposo abusivo, Rosa encuentra un escape vital en los brazos de su jefe. Sin embargo, este romance prohibido termina en tragedia cuando su secreto sale a la luz. Tras una cacería letal, su amante desaparece y todos lo dan por muerto, pero ella se niega a aceptarlo. Repudiada por la sociedad y sumida en una profunda soledad, la cordura de Rosa empieza a resquebrajarse mientras se arriesga a todo con tal de recuperar al hombre que ama.
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Desalmada Capítulo 1

En un agujero en el suelo, en medio de la selva amazónica, se encontraba oculto. Su reluciente traje blanco, estaba ahora húmedo y sucio.

El olor a tierra mojada y a fango, impregnaban el reducido espacio que lo acogía.

Su cuerpo se encontraba en una posición muy incómoda. La estatura de casi dos metros le dificultaba acomodarse. Comenzaba a molestarle el no poder estirar las piernas como quería. Y su espalda ya presentaba dolor.

En estado constante de alerta, su pulso se aceleraba. Lo menos que le preocupaba era su apariencia. Sucio y con laceraciones en manos y rostro, evaluó la situación.

—¡Estoy agotado, no tengo adónde ir, ni nada que comer!, ¡Que desgracia! —exclamó.

Mientras miraba los gigantescos árboles a su alrededor, se refugió en sus pensamientos. Al tiempo que juntaba sus manos frente a su boca, suspirando.

La imagen de Rosa vino a su mente. Trayendo consigo el recuerdo de aquella primera vez. Su primer acercamiento, el día en que sus pieles se aproximaron y sintieron que eran el uno para el otro.

—Una mañana noté algo diferente. Sus ojos inquietos esquivaban mi mirada y su risa era nerviosa. Un brillo especial y sus pupilas dilatadas fue lo último que vi. Antes de cerrar mis ojos y besar sus labios —dijo, saboreándose.

»El deseo iluminó su delicado rostro y, sin una palabra, me indicó que me aceptaría —susurró, mientras su pantalón se abultaba.

Colocó sus antebrazos en sus rodillas y apoyó su cabeza sobre sus dedos. Encorvado y con su mirada directo a la tierra, apartó el cabello de sus ojos. Notando que una mancha redonda de humedad se asomaba en la delicada tela de su pantalón. Respiró profundo.

Las cosas pasaron así. Despacio, sin imaginarlo. ¡No lo planearon, lo añoraban!

Verla moverse era una maravilla. Cada día se deleitó mirando su silueta perfecta, delgada y curvilínea. Lo ponía loco de ganas. El deseo de poseerla se hizo cada vez más fuerte. No dejaba de imaginarla cuando estaba a solas y sobre todo en las noches, antes de dormir.

Fantaseaba con verla seducirlo al pasar cerca de él. Rosa conseguía despertar su virilidad al máximo. Una mezcla de mujer decente y niña a la vez, que adoraba.

Las risas y complicidad de ambos. Los cuentos, las confidencias y las cosas que compartían, rompieron la monotonía de sus vidas. Añadiendo ese toque de alegría que les faltaba. Haciendo de cada encuentro una cita para dos seres sedientos de amor.

Delicada y hermosa flor. No pudo evitar olerla, tocarla y disfrutarla. Una mujer tan cerca y bajo el mismo techo. Demasiada tentación para un hombre ¿¡Inevitable!?

Es un hecho que a través de la historia de los grandes amantes. El castigo anunciado a los pecadores nunca pudo con las verdaderas ganas. Hay cosas que no pueden detenerse, quizás no sea culpa de nadie.

En medio de la ensoñación, supuso que lograría irse a un lugar seguro. Reacciona y se percata que dejó de llover. Sale de su escondite y corre con todas sus fuerzas, aprovechando cada instante de vida que le queda. Sigue alejándose del sitio donde pasó feliz los últimos diez años.

Solo que, al ver su realidad, decayó. Se sintió desolado. Ellos emprendieron una cacería, salvaje, en su contra. Como si se tratase de un animal peligroso. Lo persiguieron durante tres días y eso significaba que lo matarían. Aquellas personas amigas no le perdonarían, le harían pagar.

No podía perder tiempo si quería salvarse. Volteaba hacia atrás mientras corría sin rumbo.

—¡Sobrevivencia! —se repetía en voz baja, con el poco aliento que le quedaba.

Debía irse, lo sabía. Al menos esa sería la única opción razonable. Solo que, en su caso, quería volverla a ver.

Aquella mañana, poco bastó para que los cogieran en el lecho. Disfrutando del sonido de la torrencial lluvia.

Sus cabellos rubios se enredaban y las pieles enrojecidas por el roce fogoso del amor, se frotaban haciendo realidad sus deseos. Extasiados y temblorosos.

Durante años, las sospechas se acrecentaron ¿Acaso fue su expresión? ¿Qué los delató? Nunca lo sabrán. Lo cierto es que, cuando más confiados estaban, la afrenta llegó a los oídos de los dolientes.

Dejados llevar por los rumores, conspiraron y se reunieron al salir de la iglesia para ir tras sus pasos.

Él iba camino a casa, después de terminar la misa. Con su uniforme blanco, impecable, su bolso con los cuadernos y su guitarra. Cuando le dieron la voz de alto.

Después de tantos años de relación pecaminosa, alguien se había enterado. Todos le vigilaban en secreto. La familia de ella, muy alterada, no deseaban verle más. La ofensa debía ser cobrada con sangre. Un extranjero, a quien acogieron en la comunidad, había manchado el nombre de su familia.

Sin imaginar lo que estaba por ocurrir, poco tiempo después. Pensaba en llegar a casa y descansar.

En medio de una hermosa loma, su casa de la colina, como la conoce la gente de los asentamientos alrededor. Fabricada por un artista del sector.

Cerca de todos y apartada a la vez. Nadie podía acercarse sin ser visto.

Tranquilo y despreocupado, andaba por el camino de siempre, cantando. A la vez que sus zapatos blancos. Se aventuraban, con

cada pisada, a quebrar la armonía del bien cuidado césped. Pasó la cerca que divide la propiedad y siguió por el sendero

confiado. Divisando, a pocos metros, la casa de madera de color azul.

Contaba con una puerta hecha de tablas. Imperfecta, al igual que sus pensamientos pecaminosos. Pintada de varios tonos, predominaba el verde, como las alas de un colibrí, justo en medio de una flor.

La puerta se abría a un vestíbulo cuadrado, similar a una caja de cartón: techo, paredes y piso, todo del mismo material. Provisto de una hamaca y una mesa con sus sillas. Del lado opuesto, un par de ventanas que se abrían de par en par.

Pasaba horas trabajando en el patio de los oficios, rodeado de la naturaleza. Siguiendo por la puerta de la cocina, hay un acceso al lugar.

Allí, cerca de las matas que plantó a su arribo. Construyó esa estructura techada que le servía de carpintería. Tallar la madera era uno de sus pasatiempos.

En sus tiempos mozos fue empresario y llegó allí buscando algo distinto que cambiara su destino. Deseaba descansar y reorganizarse, escapar de la ciudad y explorar lo espiritual. Pero se enamoró del sitio, de la forma de vida y de la doctrina.

Era un hombre acomodado, con dinero suficiente para no tener que trabajar, si no quería. Nadie sabía que su verdadero nombre era Carlos Parra, era un secreto. Solía presentarse como Harry.

Él había vivido en la colina desde que llegó, pagaba un costoso alquiler por la propiedad. La gente lo apreciaba, considerándolo muy respetable, no solo porque era rico, sino que también colaboraba con la iglesia y no se metía con nadie. Lo tenían como un hombre predecible y muy tranquilo.

Esta historia relata, lo ocurrido con Harry. Quien, por una mala decisión, pudo dañarse a sí mismo. Perjudicar a toda una familia y perder el respeto de los miembros de la comunidad. Podría haber acabado con su reputación y hasta con su vida, pero obtuvo… veremos si, al final de la historia, consiguió lo que busca.

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Tabla de contenidos de Desalmada

Ch. 1 Ch. 2 Ch. 3
Ch. 4
Ch. 5
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Ch. 7
Ch. 8
Ch. 9
Ch. 10
Ch. 11
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