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Portada de la novela De CEO a vaquero

De CEO a vaquero

Balthazar Lennox, un poderoso empresario de Escocia acostumbrado a los lujos y amoríos breves, debe abandonar su vida urbana por mandato paterno. Su misión es supervisar la finca familiar tras el fallecimiento del capataz, pero allí choca con Cassidy Sallow. La hija del antiguo encargado ha tomado las riendas de Las Colinas con firmeza y no piensa facilitarle las cosas al CEO. Ella lo desafía, dispuesta a probar que su liderazgo rural es superior.
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Capítulo 1

BALTHAZAR

LONDRES

Estaba en Londres con Jazziel en una reunión de emergencia con unos inversionistas, mi reunión se había alargado más de lo esperado así que acordamos con vernos en el bar del hotel donde nos quedábamos.

Estoy saliendo de la empresa cuando me llega un mensaje de mi supuesto amigo.

Jazziel: Cambio de planes, conecte con una bella pelirroja.

Y así sin más me dejo botado por una mujer.

¡Genial!

Pedí un trago al llegar a la barra y vi a mi alrededor, ya que estaba desocupado iba a solucionar eso.

Sólo media hora después estaba caminando hacia el ascensor de la mano de una linda morena.

—Vamos —la morena que me tiene agarrado de la mano me lleva arrastras hasta el elevador— házmelo aquí— exige mientras se voltea y sube un poco su vestido.

Me deja apreciar su intimidad y levantó las cejas.

—Mujer traviesa, no llevas bragas —exclamó pasando un dedo por su humedad.

Su cuerpo se estremece por mi tacto y es por eso que me gusta el sexo, es una transacción limpia, puedes ser tan pecador como tu quieras, cualquier posición y lugar te sirven para llegar a fin el acuerdo mutuo entre dos o más personas. Yo amo a todas las mujeres, amo sus cuerpos y como reaccionan a mi toque.

No puedo decir más porque el ascensor llega al piso de la mujer, la conocí en el bar del hotel creo que se llama Jin, Jenn y empezamos hablar de las cosas que tenemos afines, es de curvas modestas, tiene un lindo vestido negro estilo corsé, su rizado cabello color chocolate compite con el exquisito color de su piel tostada, llegamos a trompicones a su habitación y luego abrimos y entramos.

En cuanto lo hicimos cerró firmemente la puerta y comenzó a quitarse la falda de lo que pensé era un vestido, se quito solo eso dejando desnudo de sus caderas hacia abajo, se bajo los tirantes de este dejando sus suculentos pechos expuestos, cuando el aire beso sus pezones estos se volvieron una pequeña protuberancia erguida que pedían atención, se puso las manos en las caderas y puso esa pose que se supone debería verse sexy en las mujeres, pero se ve un poco forzada en ella, queriendo aparentar ser una leona cuando se nota que es una gatita que quiere ser mansa.

Ya es hermosa como es no tiene que destacar nada, pero no se lo digo porque el punto aquí es que ambos nos sintamos muy bien. Me quite la corbata porque en cuanto salí de mi oficina me vine al bar a charlar con un amigo, pero este se consiguió un ligue cinco minutos antes de que yo llegara, así es Jassiel.

—Acuéstate en la cama —dije quitándome los gemelos y desabrochando los puños de mi camisa —ábrete de piernas y déjame ver ese coñito hambriento por una polla.

a mujer acata cada orden sin chistar, quería parecer que tenía la batuta, pero se volvió tan mansa como todas.

—Tócate — continue con mis demandas.

Me quedé solo con el pantalón puesto me acerque hasta donde estaba en la cama y bajo mi cara a su centro, no la he tocado, ella apenas y lo hace un minuto y está mojada esperando por mi verga.

Soplo aire y la veo retorcerse por el cambio de temperatura.

—Por favor — súplica.

—Por favor ¿qué? —le rebatí divertido mientras pasé mi dedo índice por su raja en una caricia efímera.

—Te necesito —ruega y jadea.

Sudor corre por su frente, veo su vagina palpitar y sus muslos temblar y sin más rodeo acerco mi boca a su pequeño clítoris y lo succiono con fuerza. Su espalda se catapulta despegándose del colchón y suelta un grito que está entre angustioso por la espera, extasiada por las sensaciones e incrédula por lo que siente.

Palmeo mi polla para darle un aviso que ya viene su turno, pero, primero las damas.

Jugué con su pecaminoso centro y añadí mis dedos a la ecuación regalándome una sinfonía exquisita y algo exagerada de su primer orgasmo. Mientras ella baja de la nube orgásmica en donde la monte, me puse un preservativo y abrí más sus piernas, mientras acariciaba su hinchado y ahora sensible perlita fui metiendo mi glande sin ms juego previo.

—Oh Dios, es demasiado —se queja al sentir solo la punta de mi grueso falo.

—La vas a tomar toda— bofeteo su coño sensible y ella grita de placer y aprovecho para empujar el resto de mi tronco dentro de ella en un solo empujón robándole el aire de sus pulmones — mierda. Sí, se siente bien.

La dejé unos segundos para que se ajustará un poco a mi tamaño, pero me urgía moverme de nuevo, quisiera metérsela toda pero no me quejo.

—Junta esas tetas para mí —lo hizo cuando mis palabras penetraron la neblina de placer.

Cuando sus pezones estaban unidos le di varios golpeteos húmedos con mi lengua mientras empecé a meter y sacar mi verga de su interior, su cuerpo se retorcía debajo de mí y no sabía si quería quitarme o atraerme a ella. Nadie podía aguantar mi tamaño y a veces se quejaban y se hacía demasiado cuando intentaba darles más de lo que podían soportar, a veces no me importaba, pero días como hoy que quiero liberar el estrés y la frustración por no firmar un tratado que ya estaba listo, pues no me agrada, a nadie le agrada que te frenen tu propio éxtasis.

Le saco la verga sin previo aviso y se queja, hace una mueca de dolor, pero cuando la giro y la pongo a cuatro patas no se queja, sino que pone más su culo en pompas, acarició un poco su espalda para que no tense el cuerpo y vuelvo a acariciar sus deliciosos melones bien tersos y exquisitos. Paseo una mano en su vientre y juego con el pequeño piercing de su ombligo y luego sigo mi camino hasta su monte de venus, separo más sus labios y los recorro con mis dedos, cada vagina es diferente como la mujer que la porta y me gusta conocerla, degustarla, tocarla y reconocerla. Ya le dije que amo a las mujeres, cada coño es hermoso a su manera.

La mano que tenía jugando con sus senos la llevó su espalda y la paso arriba y abajo en un hipnótico masaje, meto mi falo grueso y duro como una piedra en su coñito hambriento y este intenta tragarse lo más que puede.

—Duele— me avisa y dejo de penetrarla tan hondo, encuentro un ángulo que me sea factible a mí y que para ella no sea tan doloroso y roto mis caderas encontrando su punto g en el proceso.

Busco el orificio de su ano y paseo mi pulgar por su abertura rugosa, lo rodeo, lo presionó un poco y me apartó todo sin dejar de prestar atención a sus necesidades, su orgasmo está cerca, curva los dedos de los pies, saca más su cadera y humedad es mucha. Su cuerpo se tensa esperando a recibir placer y desacelero mis acometidas, la veo quejarse hasta que suelto una nalgada y la penetro nuevamente, le frotó el coño con una mano mientras la otra se sigue aventurando en su pequeño agujero fruncido, cuando logró pasar su primer anillo de músculos apretado hasta el primer nudillo ella pierde todo y se corre con un grito.

—Ahora me toca a mí —declaré poniéndola de pie.

La pegué a la ventana que da al exterior y las calles de Londres estaban atestada de gente este viaje de negocios estaba siendo fructífero, cualquiera que volteara a ver hacia arriba la vería desnuda y recibiendo el placer que yo le daba, el verse exhibida hizo que su vagina sensible se apretara alrededor de mi verga nuevamente.

—Te gusta que vean cómo te taladro el coñito moreno —espeté mientras mis caderas arremetían contra su culo.

Ella no respondió, pero su vulva volvió a ondularse alrededor de mi pene dándome una respuesta que me hizo gemir. Enganché su pierna derecha a mi antebrazo y la pegué más al vidrio, su capullo expuesto, así como todo su cuerpo recibió el frío cristal de la ventana y ella gimió y jadeo fuerte. Embestí en su interior una y otra vez soportando la mayor parte de su peso.

—Frota ese bonito e hinchado botón —sus manos sostenían su equilibro del cristal, pero enseguida coló una mano entre su cuerpo en este y comenzó hacer círculos.

Su vagina obtuvo lo que quería un tercer y último demoledor orgasmo que la dejó temblando, su humedad recorrió mis bolas y se escuchaba el golpeteo de nuestras conexión y nuestras pieles sudada en toda la habitación, todo eso sumado a su coño ordeñando mi verga me permití dejarme ir, en cuatro estocadas profundas me corrí profundo en su útero dentro del condón.

Luego de recuperar la compostura la llevé a su cama, la dejé desmadejaba en el mullido colchón y con una sonrisa satisfecha mientras me fui al baño, me encargué del condón y me lavé rápidamente para irme, salí y me puse mi arrugado traje mientras ella volvía un poco en sí.

—¿Ya te vas? —pregunta entre soñolienta y herida.

—Sí, mañana tengo un almuerzo de negocios —le respondí con serenidad.

—Puedes quedarte e irte en la mañana —me ofrece, agitando sus falasas pestañas.

—Yo nunca me quedo a dormir —le dije mientras arreglaba mis gemelos. Ignoré mi traje arrugado mientras le eché un vistazo rápido —fue un placer conocerte.

—Ni siquiera recuerdas mi nombre ¿cierto?

—Cierto —conteste, no me gustaba mentir, no veía la necesidad.

—Eres un desgraciado hijo de puta —sus palabras salieron enfurecidas.

—¡Ey! Que mi madre no te ha hecho nada —le señalé, giré mis talones furioso y me largué de ese lugar.

Respiré hondo y solté mi rabia, no iba a dejar que una tonta niña malcriada me quitara el buen orgasmo que acababa de tener con ella.

***

Cada lunes llego a mi trabajo a las seis de la mañana como ya es costumbre, nuestras oficinas abren a las ocho d ela mañana, por lo que no hay ni un alma alrededor y eso me gustaba.

Pongo una clave especial que se cambia cada tres días en mi despacho y me siento detrás de mi escritorio, enciendo mi computadora, busco mi pluma de oro en el cajón de mi escritorio, reviso una pila de documentos que tienen que ser firmados, y, en lo que mi computadora se enciende reviso la bolsa de valores, todos los días sigo mi rutina de manera rigorosa. No importa que, mi rutina no se interrumpe.

Mi rutina es una de las cosas más importante para mí, estoy encargado de una multinacional; desde hace diez años que mi padre me dejó a cargo de ella y la he hecho crecer el doble, mi trabajo principal es comprar empresas pequeñas, desmantelarlas, armarla y venderlas al mejor postor, soy como un sabueso en cuanto a ofertas se habla. No por algo me llaman Silver Wolf, secretamente también tengo un pasatiempo y es comprar y remodelar viejos edificios y casas.

Somos la multinacional más grande del mundo, somos innovadores en tecnología, armas, medicina y mi especialidad edificios y empresas antiguas listas para restaurar y vender.

cuento con el mejor grupo de CEO's que también eran mis mejores amigos, Elliot McNeil se encarga del área de medicina, Camilo Baxter es el encargado en el área de armas, Jazziel Dunn es el experto en el área de tecnología de la nueva era y casi todos somos mejores amigos desde la universidad, cuando mi padre me hizo un llamado de querer jubilarse le dije que cambiaría la manera de ver la empresa, la llevaría al futuro y él acepto.

—Señor Lennox, tiene una llamada urgente de su padre —la voz de mi asistente interrumpe mi trabajo por el intercomunicador.

«Hablando del diablo» pienso.

—Dile que estoy en una junta, Jazmín —respondo apretando el botón para responder.

—Ya intenté eso señor, dice que y cito: si no contesta el maldito teléfono estaré montado en un avión para hablar personalmente con él —la asistente se oye apenada.

—Pasa la llamada, Rita y muchas gracias —bufé, tomando la llamada— padre, no es necesario hacer estas cosas.

—Lo son si juegas a ignorar al hombre que te engendró, Balthazar —replica mi padre enojado.

—¿Qué es lo que quieres padre? —pregunté quería ir directo al grano.

Mi padre está en su segunda luna de miel con Rosa, su esposa; que me amenace con que va a interrumpir su luna de miel por mí, es un golpe bajo. Rosa no me lo perdonaría.

—La hacienda Las Colinas, está teniendo problemas y te necesito allá —él también fue al grano.

—Contrata a alguien padre, sabes que estoy saturado de trabajo.

—El capataz murió, Balthazar solo queda su hija Cass. No sé si la recuerdas, y sabes que siento un cariño especial por esas tierras— la voz de mi padre se quiebra un poco al pensar en mamá —solo quiero que estés dos semanas como máximo y que veas como está la hacienda, si todo marcha bien dejo a su hija en el puesto de su padre.

—Es una mujer, padre deberías buscar a alguien más capacitado.

—No subestimes el poder de una mujer, Balthazar esa chica creció entre los caballos de esa hacienda y según lo que su padre me decía, tenía más bolas que cualquier hombre del lugar —dijo con una risa entre dientes.

Resoplé divertido aun así accedí, por la memoria mi madre. Solo por eso, no por que la tal Cass me provoqué curiosidad.

—Bien, en una semana me acerco y solo pasare una semana en el lugar —le dejo claro.

—Gracias, Balthy— dice el nombre que mi madre me decía de niño— me quedo más tranquilo si tú vas.

Me despido de él y quedamos en que nos veremos a su regreso, lo cual no será sino dentro de dos meses.

Me quedo pensando en la hacienda, hace mucho tiempo que no voy al rancho, la última vez que fui mi madre había enfermado y ni mi padre ni yo queríamos nada que nos la recordará.

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