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Portada de la novela Daniel Moore: Ceo

Daniel Moore: Ceo

La prometedora vida de Ginger da un giro drástico tras conocer al influyente magnate Daniel Moore en una gala. Aunque él es un hombre frío y distante, surge una chispa que los lleva a compartir una noche íntima donde ella se entrega por primera vez. La ilusión desaparece al alba, cuando el multimillonario la desprecia con una crueldad inesperada. Tras la humillación, Ginger deberá lidiar con las consecuencias de un encuentro que marcará su destino.
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Capítulo 2

¿Invitada yo? No puedo creer que el correo diga eso así que me acerco para visualizarlo y asegurarme de que no es una broma de Stella. Espero que no me esté mintiendo porque mi corazón se ha acelerado y está latiendo a mil segundos por hora. Cojo el ordenador y lo reviso, después de todo si he sido invitada al evento del sábado y me impresiona, pero al mismo tiempo me asusta, no quiero conocer a mis compañeros de trabajo, aún no me siento lista para eso. Deslizó el computador a otro lado y miro a Stella nerviosa.

—No puedo creerlo.

—Debes ir. —dice de inmediato entusiasmada.

—No puedo asistir, no tengo ropa y no conozco a nadie de allí.

Cuando digo eso me envían otro correo con dos invitaciones, uno para mí y otra para cualquier persona que quiera llevar. Stella agranda los ojos y sonríe como el gato de Alicia en el país de las maravillas. Odio su sonrisa, la odio porque se justo lo que significa y sé que va a querer que vaya con ella. De hecho, es ella quien irá conmigo.

—No tengo idea de cómo entre a esa empresa y estoy consciente de que todos los que trabajan allí visten bien y tienen dinero, no somos específicamente las chicas con más dinero de la ciudad y te quiero Stella pero me niego a ir.

—No te estoy pidiendo que vayas solo por mí, puedes ir sola si quieres pero quiero que asistas porque será un paso importante para ti. Es la primera vez que te invitan, tienes que ir Ginger.

—Si mamá estuviera aquí…

—No —espeta—. Tu mamá no está aquí, tu papá tampoco y nadie de tu familia está aquí, estoy yo y te estoy diciendo que es la mejor opción que tienes, sino quieres creerme no lo hagas pero es así.

—Iré —respondo—. Tengo que ir por un vestido adecuado para la situación, y necesito estar preparada para que el trabajo quede increíble. No voy a asistir allá a observar como todos critican el trabajo que hago.

—Nadie va a criticarlo, eres la mejor —ella besa mi frente y me sonríe con calidez. Tiene razón, es de lo único que estoy segura cuando se trata de mí, soy buena en lo que hago y he pasado años perfeccionando mi creatividad para este momento, cuando le dije a mis padres que iba a estudiar diseñó gráfico temí que dijeran que no era una buena carrera, incluso me dio miedo de que no me apoyaran en la decisión que estaba tomando pero fue todo lo contrario, estuvieron felices y mamá dijo que era la mejor elección de mi vida, terminé la universidad, ya había conocido a Stella y las dos nos mudamos para Los Ángeles, pagamos un apartamento para las dos y después compré una casa para mis padres.

Desde que tengo memoria he querido vivir cerca de ellos y cuando tuve la oportunidad de comprarles una casa para que fueran a vivir cerca de mi estuve orgullosa de lo que había logrado. Mi trabajo me permite vivir cómodamente y el trabajo de Stella ayuda a que tengamos una vida en excelentes condiciones.

Terminé de preparar mi emparedado y fui directo a acabar con mis labores del trabajo, pase toda la noche trabajando, no pegue el ojo y tenía toda la frustración encima, tomé muchas tazas de café para mantenerme despierta y me quedé viendo videos al finalizar, quería sentir que al menos había descansado algo y creo que no funcionó lo suficiente porque al primer video ya me estaba quedando dormida.

El día siguiente me desperté a las cuatro de la tarde, era viernes y había perdido todo el día durmiendo. Por un segundo recordé todo el trabajo que tenía hasta que vi el ordenador en la mesa de la cocina y observe varias tazas alrededor. Siempre hago eso cuando trabajo, es parte de mi marca personal y de mi desorden. El apartamento permanece limpio solo porque Stella se encarga de limpiar, yo soy la cocinera de la casa y así ambas repartimos responsabilidades pesadas que al final del día nadie quiere hacer.

Me parece extraño que ella no haya recogido las tazas, son las cuatro y no la siento por ningún rincón del apartamento, debió salir o debe estar en casa de María. A veces cuando duermo mucho ella se va para distraerse o simplemente para cambiar de aires.

Byron es una playa a las afueras de la ciudad, en realidad parece más una pequeña ciudad aparte, se respira un ambiente relajado, hay supermercados, tiendas de ropa, clubs nocturnos, hoteles, apartamentos económicos que puedes comprar para cuando quieras ir y hospedarte allá sin pagar y una serie de cosas que sin duda valen la pena. Tengo una lista de acciones que me gustaría hacer en Byron, es como el lugar en el que siempre he querido vivir, desearía que mi vida fuera una película playera y que a donde sea que quiera dirigirme pueda ir sin temores o remordimientos. He pensado mucho en como sería mi vida allá, en si me gustaría vivir cerca de la playa o el pueblo, en si quisiera casarme con un surfista sexy o si me quedaría aquí en Los Ángeles esperando enamorarme de un modelo o actor reconocido. A veces creo que de tantos libros que me he leído he terminado de quemar mi cerebro.

Mi mente está inundada de una vida perfecta, creo que tengo casi la vida perfecta que deseo, me falta tener un novio y un grupo de amigos hombres que me cuiden como si fuera lo más importante de sus ojos. Byron es mi destino para cuando tenga el dinero suficiente y pueda comprar un carro y otro apartamento e instalarme por allá.

—¡Ginger! —grita con emoción María cuando abre la puerta del apartamento, la abrazo confundida porque no recuerdo haberle dado la llave y luego veo que Stella entra detrás de ella.

—Te he traído un vestido —anuncia.

No puedo creerlo.

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