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Portada de la novela DANCE WITH THE DEVIL.

DANCE WITH THE DEVIL.

Briella nunca creyó en mitos ni seres oscuros hasta que la muerte la obligó a enfrentar la realidad. Para escapar de su final, selló un contrato prohibido con Sytry, entregándole su alma a cambio de la vida. Pero el demonio no actuó por bondad; cautivado por la esencia de su sangre, solo buscaba reclamarla como un objeto personal. Tras vivir bajo el peso de esta deuda eterna, ha llegado la hora de que él tome posesión definitiva de lo que ahora le pertenece.
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Capítulo 2

BRIELLA. 

Rojo...

Mis ojos se abren de golpee y respiro con fuerza. 

El sentimiento de estar ahogándome me obliga a arrancarme los malditos cables en mi cuerpo. 

Miro en todas direcciones esto es...

-¡Tranquila! ¡Doctor!

Las manos suaves que reconocería en cualquier lugar apenas me mantienen en la cama. 

Me toco el costado esperando sentir la herida. 

Esta ahí, un parche cubre lo que sospecho es una costura. 

-¿Qué... 

-Cariño,  respira... debes estar asustada dios mío. 

Aprieto los dientes, mierda si no conociera a esta horrible mujer y sus castigos creería que esta preocupada por mi.  

Los recuerdos de la noche que me torturaron hasta que casi muero me golpean como una tormenta arrasando con todo a su paso. 

El doctor entra a toda prisa, me revisa los ojos, la boca, los dedos, todo hasta que sonríe acariciando mi cabello.  

-Briella, estarás bien, tienes mucha suerte. 

Abro la boca para responder, pero,  como siempre, la madre superiora Datura me roba la palabra, sonrie tomando mi mano. 

-Debe ser una bendición, oramos a dios durante todo el mes, tus hermanas pasaron noches enteras en la capilla Briella, cuando vuelvas deberías agradecerles.- esto ultimo me da escalofríos, porque puedo traducir perfectamente sus palabras. 

"Has causado problemas"

-Te haremos un chequeo completo, tal vez puedas irte a casa esta misma tarde.- el. Doctor sonríe ajeno al infierno al que me esta enviando. 

Recuerdo a mi padre, intentando arrancarme lo único que jamás le daría, su risa martillando mis oídos y la manera en la que nadie se atreve a hacer o decir nada, puedo recordarme mirando las estrellas y el destello de sangre en mis mano, pero no tengo idea de como llegue aquí.  

Cuando el doctor abandona la habitación, Datura me mira con los ojos llenos de rabia, sus uñas se clavan en mi piel y mi palma izquierda hormiguea. 

-¿Sabes lo que hiciste Briella?

Agacho la mirada y asiento, no hice nada malo, pero no sirve de nada luchar contra ello. 

-Si, señora.

Sus uñas duelen cada vez mas pero no me muevo. 

-¿Y sabes que mereces un castigo verdad?

Aprieto los dientes. 

-Si, señora. 

-Bien, porque el pastor esta muy decepcionado de ti y cuando volvamos a la iglesia quiere hablarte, mas te vale comportarte como la buena paloma que eres.

-Si, señora. 

Me suelta después de unos minutos y yo escondo las marcas bajando la manga de mi pijama hospitalaria. 

El chequeo termina con una sonrisa del personal, todos me felicitan y se alegran por mi, somos monjas de clausura naturalmente soy un caso especial, nunca salimos del convento y probablemente nunca vuelvan a verme. 

Nos marchamos del hospital sin decir una palabra, debería estar feliz porque estoy viva, pero todo lo que siento es miedo y rabia. 

***

Mi habitación es un pequeño cubo gris, un crucifijo cuelga de la pared sobre la puerta, una silla de madera tapizada de rojo terciopelo espera en la esquina y un escritorio de madera podrida y desgastada alberga mis escasos libros que han sido una donación de las personas que viven en el pueblo. 

Miro el habito nuevo sobre mi cama. 

Papá desgarro el ultimo. 

Suspiro resignándome, me meto en la fría ropa, miro mi reflejo en la ventana que me permite ver la vida que me ha sido privada en el exterior y trago intentando calmarme al tiempo que mi palma izquierda pica y hormiguea. 

Dos golpes en mi puerta me sacan de mi trance y me giro para ver a Zad, uno de los pocos buenos que conozco en este lugar.  

Sus ojos me examinan, entra cerrando la puerta lentamente, él sabe que no debería estar aquí, si lo atrapan me castigaran. 

-Gracias a Dios...

Me toma de las manos acercándome a él pero me suelta casi de inmediato, empujándome como si le quemara. 

-¿Briella?

-¿Zadkiel?

Abre la boca para decir algo pero se arrepiente a la mitad de camino. 

-¿Qué sucedió?.- pregunta con cuidado. 

-Yo... no lo recuerdo.- miento.  

-La policía estuvo aquí la noche que... 

Frunzo el ceño.  

"Mierda, papá debe estar realmente molesto"

-Zad, puedes decirlo. 

-La noche en que te atacaron. 

Intento obtener la mayor cantidad de información, cuando hable con papá no quiero equivocarme. 

-¿Qué paso?

-¿De verdad no lo recuerdas?

Niego con la cabeza. 

-Un loco entro a la fuerza, atacó al pastor a Datura y te secuestro, afortunadamente alguien te encontró en el bosque y pidió ayuda en el pueblo, de no haber sido por eso no sabríamos si tu...- se golpea la cabeza negando.- por dios no, no sabríamos si volverías. 

-¿Quién era... el hombre que ma ataco?.- digo apretando los dientes. 

-No pudimos reconocerlo, pero tal vez alguien con resentimiento a la iglesia,  tu estabas rezando en la capilla principal te vio de inmediato. 

Asiento respirando profundo. 

Recuerdo a mi padre dejando que Datura hiciera eso... con la boca, de rodillas frente a él, los gritos ahogados y mi biblia cayendo, luego lo recuerdo furioso luego... nada. 

-Es un alivio que estes bien.-  dice sin tocarme, sonríe, sus Cabello castaño baila con una pequeña fuga de viento en mi ventana, es realmente atractivo y se ve tan joven para su edad.

-Gracias por preocuparte Zad, escuche que rezaron toda la noche.  

-¡por supuesto que lo hicimos! Queríamos tenerte de vuelta. 

Alguien toca la puerta pero no entra, la voz de Datura inunda el espacio mientras Zad se queda quieto. 

-El pastor quiere verte Briella. 

Tiemblo debido al escalofrío que me provoca, escuchamos cuando se aleja y soltamos el aire. 

-Tengo que irme.

-Te veré mañana.- se despide mientras abro la puerta y me marcho. 

Camino entre los fríos pasillos de concreto sintiendo que mi cuerpo hormiguea con cada paso que doy. 

Una vez que llego a la capilla principal, las imágenes religiosas se imponen sobre mi cabeza, la alfombra evita que mis pasos se escuchen pero él de alguna manera sabe que estoy aquí. 

-¡Pasa!.- su grito rebota en las paredes. 

Empujo la puerta con el suave rechinado de la misma como mi compañera. 

El olor a madera vieja y libros desgastados me revuelve el estomago, camino suavemente hasta llegar al pequeño atrio que tiene frente a su escritorio, me coloco de rodillas frente a él con la cabeza agachada, para el sacerdote... no... para mi padre nunca ha habido ningún dios, es él quien se proclama como si lo fuera, como si fuera él mismo el que resucito. 

Su mano se enreda en mi cabello aun con el habito puesto, me obliga a mirarlo. 

-¿Sabes lo que has hecho? 

Aprieto los dientes intentando controlar mis impulsos, clavando las uñas en mi palma que quema, arde como si acabaran de calcinarme. 

-Si.- miento, no hice nada malo. 

-Dilo.- me ordena lleno de rabia. 

-Estuve fuera de mi habitación lejos del toque de queda. 

-¿Qué mas?.- su mano aprieta el agarre provocando que mi cuero cabelludo arda. 

-Yo...- cierro los ojos.- lo siento no puedo recordarlo. 

Debe ver algo en mi mirada porque me suelta, luego se marcha poniendo en su rostro esa falsa sonrisa. 

Solo entonces puedo respirar.

-No olvides que mentir en la casa de dios es un pecado imperdonable Briella.

-No, señor.

-Pensaré en tu penitencia.- se acerca a mi de nuevo pasando el dedo áspero por mi barbilla, obligándome a levantar el rostro para observar su mirada lujuriosa recorrer mis pechos incluso bajo el habito provocándome una ola de ira.- Vuelve a tu habitación y reza por tu perdón, hija mía.

Cierro los ojos y salgo inclinándome como si fuera la realeza, le doy una ultima mirada al atrio detrás de él miro a ese dios que se supone debería cuidarme.

Llena de resentimiento cierro la puerta y respiro al fin.

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