
Cuando la Verdad Emerge
Capítulo 2
La pantalla de mi móvil se iluminó, mostrando el contador de espectadores en tiempo real: cien mil, doscientos mil, quinientos mil.
La cifra seguía subiendo.
"Buenas noches a todos, soy 'El Búho'", dije a la cámara, mi voz resonando ligeramente en el vestíbulo polvoriento de la villa. "Como prometí, estamos en directo desde la 'Finca de la Deshonra', el lugar donde, hace cinco años, encontraron el cuerpo de Elena, 'la víbora de Jerez'".
El chat en vivo explotó al instante.
"¡Por fin! ¡Llevo toda la semana esperando esto!"
"¡Búho, eres el mejor! ¡Vamos a ver el nido de la víbora!"
"Esa mujer se lo merecía. ¡Qué asco!"
"Dicen que se acostaba con su propio hermano, ¿es verdad?"
"Y que empujó a la pobre Sofía por las escaleras para que perdiera a su bebé. ¡Un monstruo!"
El odio era un torrente, una ola de veneno que inundaba la pequeña pantalla. El público ya la había condenado. Para ellos, Elena no era una víctima, era el mal encarnado.
"Tranquilos, amigos", dije, levantando una mano para calmar los ánimos, aunque solo me veían a través de la lente. "Esta noche, no estamos aquí para juzgar, sino para explorar. Para sentir la energía de este lugar".
Saqué una pequeña brújula de Feng Shui de mi bolsillo, un truco que siempre funcionaba para añadir dramatismo. "Vamos a ver si el espíritu de Elena sigue aquí, si su maldad ha dejado una marca en estas paredes".
La aguja de la brújula giró salvajemente por un segundo y luego se quedó quieta. El chat se volvió loco.
"¡Se ha movido! ¡Está aquí!"
"¡Cuidado, Búho!"
Mientras tanto, en una lujosa mansión al otro lado de Jerez, Javier, el hermano de Elena, miraba la misma transmisión en su tablet, con el ceño fruncido.
"Apaga eso", dijo, sin levantar la vista de su copa de vino.
Sofía, su prometida, se acercó por detrás y le rodeó el cuello con los brazos. Su voz era suave, un susurro dulce y tranquilizador.
"Cariño, no dejes que te afecte. Es solo un youtuber buscando atención. Ya sabes cómo era Elena...".
Javier no respondió. Apuró el vino de un trago.
"Fue mi culpa", susurró Sofía, con lágrimas asomando a sus ojos. "Si no hubiera vuelto a sacar el tema... No debería haberte dicho que todavía tengo pesadillas con ella. Lo siento, mi amor".
"No es tu culpa, Sofía", dijo Javier, su voz dura. "Nunca lo fue. Ella era un demonio. Nos hizo la vida imposible".
La consoló, abrazándola con fuerza. En la pantalla, yo seguía mi recorrido por la villa abandonada, ajeno al drama que se desarrollaba a kilómetros de distancia.
En el salón principal de la mansión, los padres de Javier y Elena también veían la transmisión en una gran televisión.
"Esa desvergonzada", murmuró la madre, con una copa de jerez en la mano. "Incluso muerta sigue trayendo la deshonra a esta familia".
"Deberíamos estar agradecidos de que se fuera", respondió el padre, con frialdad. "Desde que Sofía está con Javier, la bodega ha prosperado. Ella es una bendición. La hija que siempre debimos tener".
La madre asintió, dando un sorbo a su bebida. "Tienes razón. Brindemos por Sofía. Y porque esa víbora se pudra en el infierno".
Chocaron sus copas, el sonido cristalino llenando el silencio de la opulenta sala.
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