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Portada de la novela Cuando la perdí

Cuando la perdí

Libro que precede: Ni contigo, ni sin ti Damián Roberts, es un joven ,adinerado, Guapo y mezquino, hijo de un prestigioso Politico de la ciudad de Nueva York, con el que no se lleva bien, pues es un hombre corrupto y prepotente del que sólo ha recibido malos tratos. Tiene una hermana, Ava, quien desde pequeña fue Diagnosticada con un defecto cardiaco. Ava y su abuela que se ocupó de ellos desde el día en que murió su madre, son las únicas personas que a él le importan. Lo único que le interesa en la vida es ser exitoso en los negocios, darle un futuro a su hermana, y seguir el legado de su padre en la política, pues es lo que su padre quiere y lo que él necesita para destruir a su progenitor. Fue criado para generar dinero. Es una persona intimidante, sexualmente muy activa, práctica el b**m, desde hace un par de años y es un Dominante nato que está acostumbrado a hacer lo que se le da la gana. A diferencia de su hermana menor, aprendió a defenderse solo desde que su madre murió, recibiendo los atropellos y maltratos de su padre, para convertirlo en un hombre fuerte, lo que hizo que su corazón se convirtiera en un témpano de hielo. Su padre, prácticamente arreglo su vida, fue comprometido desde muy joven con Crystal una niña Rica, un poco egoísta pero de buen corazón, su único error es haber aceptado ser la sumisa de Damián y haberse enamorado, es la hija de George, un empresario multimillonario, amigo de su padre que financia las campañas políticas de este y con el que tiene varios negocios. Para Damián, su matrimonio solo es un escalón más para alcanzar lo que su padre tiene dispuesto para él. Pero un día conocerá a Chloe, una chica de clase media, llevada por su abuela para acompañar a Ava. Sin saberlo la mujer que pudo derretir el corazón de su nieto, pero que por cosas del destino no lo logró... Damián tendrá que escoger entre el deber y el amor, sin embargo su decisión no será la más acertada, y el destino le dará una lección que jamás olvidará.
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Capítulo 2

Los pétalos de flores cubrían toda la entrada de la iglesia, esperando a que ella hiciera su gran aparición. Yo la esperaba al pie del altar, emocionado y nervioso; de repente empieza a sonar la marcha nupcial que me indica que ella ha llegado. Levanto la mirada, y en efecto, ahí viene ella, caminando por el pasillo al compás de la música, con su hermoso vestido blanco, y un velo que cubría su precioso rostro, a medida que avanzaba mi corazón se aceleraba, por fin estaríamos juntos, por qué yo la había elegido a ella y solamente a ella, a mi amor, mi único y verdadero amor, mi Chloe.

Sin embargo, pasa el tiempo, ella sigue caminando, pero no llega a mi encuentro, algo pasa, así que la voy a buscar, no puedo esperar más para hacerla mi esposa, pero entre más camino, más se aleja, intento correr para alcanzarla, pues no puedo, no quiero perderla otra vez, corro más y más, hasta que por fin logro alcanzarla, tomo aire y la abrazo fuertemente, pido que prosigan con la ceremonia, pero no está el cura, y los invitados tampoco, ¡no importa!, aun así, ¡nos casaremos!

—Chloe, estaremos juntos, pase lo que pase. —Le digo, y ella solo asiente, así que procedo a levantar su velo.

Cuando lo levanto, para ver su hermoso rostro, ¿qué veo?, tú no eres Chloe, ¿Crystal que haces aquí?, ¿dónde está Chloe?

—Tú la dejaste ir, ¿recuerdas?

—No, no, tú le hiciste algo, ¿dime qué le hiciste?

—Se lo hiciste tú Damián, y me lo hiciste a mí también. —Apenas dice esto, desaparece.

—Crystal perdón, devuélveme a Chloe. CHLOEEEEEE, CHLOEEEE —Grito sin parar una y otra vez. Mientras grito, escucho una voz a lo lejos.

—Damián, Damián, despierta por favor, Damián…

Todo se torna borroso, de repente abro los ojos, mi respiración es agitada y puedo sentir como el sudor me empapa. Intento calmarme

—Damián, ¿estás bien?

Era un sueño, todo era un maldito sueño. Intento recomponerme e identificar a la persona que me estaba hablando.

—Sí, estoy bien —Digo mientras levanto la mirada y veo que es mi hermana Ava

—¿Otra vez soñando con Chloe?, pensé que después de 5 años ya la habías superado. —Dice

—¿Qué haces aquí?, deberías estar en la universidad

—Me escapé, quise venir a visitarte, mi padre no me deja verte y además no me gusta la carrera que escogió mi padre para mí.

—Lo sé cariño, pero si se entera de que estás aquí, se va a enfurecer, además solo debemos esperar a que cumplas los 21 y podrás ser libre para venirte a vivir conmigo. Lamento que lo de la emancipación judicial no resultara, pero está claro que nuestro padre tiene demasiados contactos como para dejar que algo así pasara.

Suspira frustrada…

—Está bien, solo un año más, quizás me termine gustando por fin la administración de empresas durante ese tiempo. —Dice y me hace reír. —Ahora aprovechemos que aún estoy aquí, y dime, ¿Aún la extrañas? —Sabía que se refería a Chloe, pero no sé si estaba listo para hablar de ella.

—Si, —Suspiro un par de veces antes de continuar hablando. —Pero no quiero hablarlo en este momento. Más bien dime, ¿cómo va el tratamiento?, ¿te has sentido mejor?

—Mmmmm —Asiente. —Eso creo, no me he vuelto a desmayar, y las taquicardias han disminuido, me siento más fuerte, durante un mes entero he ido a la universidad sin faltar una sola vez, a excepción de hoy.

—Que bueno, no sabes cuanto me alegra oírlo, cuando el médico hablo sobre el trasplante y esperar a un donante, creí que todo empeoraría, pero ahora te ves más fuerte, y eso nos dará tiempo a que aparezca un donante que sea compatible.

Asiente feliz. —Bueno me voy.

—Está bien, deja que mi chofer te lleve.

—No hace falta, tomaré un taxi.

—Ava no es prudente que hagas eso, tu enfermedad... —Me interrumpe

—¿Crees acaso que no lo sé?, pero estoy harta de ser una inútil, en casa estoy rodeada de enfermeras y escoltas, en la universidad igual, hoy milagrosamente pude escaparme y ver al único amigo que tengo, tú, mi hermano, así que te pido qué no actúes también como si yo fuera una inválida porque no lo soporto.

—Está bien, ve con cuidado, me llamas apenas llegues por favor. —Me da un abrazo y se dirige hacia la puerta para salir de mi habitación, antes de girar el pomo me dice

—Hermano...

—Si cariño.

—Sé que no quieres hablarlo, pero para que sepas, yo también la extraño mucho, y créeme que si mi corazón estuviera sano no dudaría en buscarla. —Se gira nuevamente y se va.

Las palabras de Ava me dejan pensativo, ¿acaso debía intentar buscarla otra vez?, no, ella seguramente me odia. Si hace mucho decidió marcharse y desaparecer de mi vida es porque yo no supe amarla, ¿quien era yo para atormentarla nuevamente después de 5 años?, además no tenía como encontrarla.

Decido no pensar más en ello, últimamente me resulta mejor comportarme como un cobarde omitiendo todo, así que me baño y me alisto para ir a trabajar, mientras estoy en la oficina, empiezo a trabajar como loco, reviso los nuevos diseños para el nuevo hotel que será creado en el centro de Manhattan, al cabo rato me llama Ava, para informarme que está en casa, lidiando con mi padre que le ha prohibido verme, pues según el yo no pertenezco a esa familia. Intento calmarla, no quiero que sufra una recaída. Luego de hablar con ella, me siento iracundo. En mi ataque de ira, destruyo todos los diseños que hay sobre mi escritorio. «Si Michael Roberts cree que me va a alejar de mi hermana, está muy equivocado». Se abre la puerta de repente, es mi secretaria Maria

—Señor… —Dice y me mira sorprendida, pero no asustada, ya ella está acostumbrada a mis ataques de ira, los cuales son los únicos que no he podido controlar cada vez que pasa algo con mi padre. —Disculpe, es que el señor Ethan lo busca.

—¿Ethan?, ¿Ethan Optimus? —Pregunto más calmado. Maria intenta responderme, pero en ese justo momento, Ethan, asoma su cara por la puerta.

—¡Vaya!, tú sí que sabes como mantener el orden en la oficina. —Dice sarcásticamente y nos echamos a reír. Sin dudarlo, intento omitir mi desastre y me acerco para darle un gran abrazo. Ethan y yo nos hemos hecho muy buenos amigos, después de haber ayudado a Linda, ahora incluso soy uno de los padrinos de sus bebés.

—Amigo, que gusto verte, ¿Cómo estás?, ¿y Linda?, ¿y los niños?

—Están muy bien, te envían saludos, que por favor no te pierdas tanto. —Bajo un poco la cabeza cuando dice eso, porque hace varios meses que deje de visitarlos.

—Con su permiso, me retiro y los dejo hablar. —Dice Maria, de quién me había olvidado por completo.

—Adelante. —Le digo y sale de la oficina, dejándome a solas con Ethan. —Disculpa el desorden Ethan, es que yo... —Intento explicarle, pero me detiene.

—No te preocupes, no me tienes que explicar nada, yo más que nadie sé lo que es tener tanta rabia acumulada que lo único en que piensas es en destrozar todo a tu paso.

—Si, así es, mejor no pudiste describirlo. Pero siéntate por favor, y cuéntame, ¿qué te trae por aquí?. —Los dos nos sentamos omitiendo el desorden

—La verdad es que vine en un viaje de negocios por dos días, entonces aproveché para visitarte y renovar nuestro contrato, ya que al parecer se te olvido que hace una semana debías reunirte con nosotros para hacerlo.

—Es cierto, lamento no haber ido.

—Vamos amigo, no digas que lo lamentas cuando has dejado de ir a vernos con premeditación desde hace ya varios meses. Linda está furiosa contigo, y la verdad es que yo también lo estaba, te alejaste sin razón. Así que voy a ser muy sincero contigo. ¿Acaso te alejaste porque aún sigues enamorado de mi esposa? —Pregunta de forma muy seria, y la verdad me toma por sorpresa, pero no puedo evitar ser sincero con él, es lo mínimo que merecía.

—Si, me alejé por Linda. —Él me mira muy sorprendido y se nota bastante incómodo. —Pero no es por lo que tú crees. Es cierto que tu esposa es muy bella, y en algún momento llamó mi atención, y hasta llegué a pensar que me había enamorado de ella, pero no fue así.

—¿Ah no?

—No, Linda es una gran amiga, así como tú lo eres ahora. La razón por la que en un principio Linda llamó mi atención fue porque se parece mucho a alguien, una mujer a la que yo amé profundamente y por idiota la perdí. Llevo cargando con ese peso un largo tiempo, y hay momentos en que creo que la podre superar, pero no es así, y por eso he dejado de visitarlos, porque ver a Linda me la recuerda a ella y a lo imbécil que fui y que sigo siendo. —Apenas termino de hablar, respira con tranquilidad.

—¡Entiendo!. ¿Sabes?, creo que el primer paso para avanzar sería hablarlo y no ahogarte tú solo con todo lo que sientes. —Lo miro con algo de duda, pues jamás he hablado de esto con nadie, ni siquiera con Ava que conoce la historia. —Créeme —Dice. —Te lo dice alguien que hacia lo mismo, y lo único que lograba era alejar a la poca gente que de verdad se interesaba por mí.

Tal vez Ethan tenga razón, quizás sería bueno que alguien escuchara lo que tengo para decir, y lo que siento. Mi historia, mi versión.

—Es que no sé por donde empezar, además la oficina no es un lugar para hablar de estos temas.

—No lo creo, yo pienso que no hay lugar más seguro para un hombre de negocios que su oficina y su estudio, ¿y lo de por donde empezar?, que tal si lo haces por el principio.

—¡Wao!, eso sería mucho que contar.

—Pues yo hoy estoy libre, y tal vez tú no, pero se nota que necesitas hablar, así que... te escucho.

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